El espíritu del mago

Hace dos días Javier Negrete anunciaba en el foro de fantasía de cYbErDaRk.NeT lo siguiente

Tan sólo quería comentaros que acabo de corregir las pruebas de EL ESPÍRITU DEL MAGO, la continuación de LA ESPADA DE FUEGO. Lo que significa que he terminado. Algo que creí que nunca diría.Escribir este libro ha sido una tarea mucho más dura de lo que esperaba en principio, pero espero que el resultado haya merecido la pena. Los lectores lo diréis a partir de abril.

Aparecerá justamente dos años después de La espada de fuego. Es necesario recordar que el éxito de esta obra, con tres o cuatro ediciones, fue el punto de partida del actual mini boom de la novela fantástica escrita en nuestro idioma y del especial interés que ha llevado a Minotauro a convertirse en el puntal de esta producción. Esta editorial, apoyada en lo que ha recuperado de los participantes en su premio de novela y en obras de autores «punteros» (Elia Barceló, Juan Miguel Aguilera o Rafa Marín), ha pasado a publicar casi una novedad «nacional» al mes, algo impensable hace dos años y medio cuando no había publicado ni una sola novela escrita por un autor español. El resultado en ventas todavía es incierto, pero en calidad, por las que he leído, no desmerece frente a las obras foráneas que nos van llegando mes a mes (otra cuestión es qué ocurrirá cuando los primeros espadas no tengan más que publicar y dependamos de los subalternos dispuestos a recibir la alternativa).

Volviendo a Negrete, hay que recordar el excelente sabor de boca que dejó a sus lectores. A pesar de que la historia era una de las de toda la vida sin innovaciones argumentales, contaba con unos personajes con una vertiente humana nada desdeñable, unos malos muy malos y unos buenos tan buenos y tontos como lo han sido siempre.

Su gran triunfo residía justo donde la mayoría de sus competidores acostumbra a naufragar: desde el mismo comienzo presentaba un universo complejo, asequible y veraz. Con La espada de fuego entramos en un mundo nuevo repleto de lugares que situar en un mapa, neologismos a los que encontrar significado, costumbres ignotas y una historia pasada nada trivial. No obstante esta aparente dificultad era casi inexistente y se suspendía la incredulidad con manifiesta verosimilitud. Todo fluía con naturalidad y nunca se hacía necesario acudir al amplio glosario de nombres y términos situado al final. Normal si se tiene en cuenta que Negrete no inventaba mucho sino que recreaba a partir de su conocido bagaje clásico o sus queridísimas lecturas (que, en su mayor parte, también son las nuestras)

Tampoco conviene olvidar su prosa habitual, repleta de hermosas descripciones nada alambicadas, unos diálogos inteligentes y espontáneos y una estructura narrativa que, si bien no era tan compacta como en sus celebradas novelas cortas, estaba plagada de hallazgos, como cuando se permitía el lujo de experimentar al narrar un combate a espada desde los pensamientos que tienen los dos personajes que lo estaban librando, en una deliciosa secuencia.

Si mantiene esto y consigue introducir un motivo argumental novedoso, será, sin duda, todavía mejor.

La cuenta atrás ha comenzado.

Nota final: Hace casi dos años en cYbErDaRk.NeT, le dedicamos a esta novela y a Javier un especial como dios manda, con una reseña de la novela escrita por Julián Díez, y una entrevista y un artículo sobre su obra confeccionadas por un servidor. Dos años más tarde cambiaría muchas cosas de mi trabajo, pero creo que son un fiel testimonio de lo que Negrete ha venido haciendo desde comienzos de los años 90.

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Reedición imprescindible: la ciencia ficción de Fredric Brown

Este mes de Marzo que comienza dentro de na nos vamos a encontrar con la publicación de un libro inexcusable: la obra completa de ciencia ficción de Fredric Brown. Primero saldrán dos volúmenes con todos sus relatos: Ven y enloquece, y otros cuentos de marcianos y Luna de miel en el infierno, y otros cuentos de marcianos. Y para más adelante quedarían dos más recogiendo sus cinco novelas de ciencia ficción (Universo de locos, Marcianos Go Home!, Por sendas estrelladas, Vagabundo del espacio y El ser mente) y alguna curiosidad que todavía no se ha hecho pública.

Ahora mismo podría ponerme a vender sus excelencias, pero he leído en la web de Gigamesh la presentación del segundo volumen, realizada por César Mallorquí y se me han quitado las ganas. Lo hace tan bien…

Hay escritores cuyo talento reside en la prosa, la composición de personajes o la arquitectura narrativa. El talento de Fredric Brown (Cincinnati, 1906-1972), su descomunal talento, radicaba en el ingenio. No carecía de esas otras virtudes, ni mucho menos. Su prosa, de engañosa sencillez, posee tal grado de sobriedad y precisión que al leerlo sentimos que no sobran ni faltan palabras (algo, créanme, extremadamente difícil de lograr). En cuanto a los personajes, sus protagonistas jamás son los héroes de una pieza del pulp, sino seres humanos corrientes enfrentados a situaciones extraordinarias de las que no siempre logran salir airosos. Y respecto a la estructura narrativa, sus relatos están construidos con precisión de relojero.No obstante, lo que convierte a Brown en un escritor extraordinario es el ingenio. En sus cuentos siempre hay un final sorpresa, un giro inesperado, una última vuelta de tuerca que altera radicalmente el sentido del texto. Esos imprevisibles cambios de perspectiva generan tal placer intelectual que el lector llega a plantearse no ya que esas historias puedan ser reales, sino que deberían serlo, pues la vida ganaría mucho con ellas. De hecho, varios relatos de Brown han abandonado el reducto de lo literario para ingresar en la mitología moderna de las leyendas urbanas; por ejemplo, dos de sus «pesadillas», “Pesadilla en amarillo” y “Pesadilla en gris”, corren de boca en boca como si fueran historias verídicas.

Hay otro párrafo que quisiera destacar, porque lo firmo palabra por palabra (bueno, como el resto)

No hace mucho, le oí comentar a José María Merino (quizá el mejor narrador español de literatura fantástica) que, mientras las antologías de Julio Cortázar podían adquirirse en cualquier librería, resultaba casi imposible encontrar los relatos de Brown, un autor, en su opinión, tan valioso como el argentino. Afortunadamente, las presentes recopilaciones de todos los relatos fantásticos de Fredric Brown reparan tal injusticia

Parafraseando a Stan Lee, ‘nuff said.

Por último, para el que no sepa nada de Fredric Brown o apenas haya leído algún relato suyo, quisiera recomendar el siguiente artículo de Santiago Díez San José que publicamos hace año y medio en cYbErDaRk.NeT: Fredric Brown, vagabundo del pulp.

Las fichas de los libros:

Fredric Brown, «Ven y enloquece, y otros cuentos de marcianos» («From These Ashes», 2000)
Traducción de Núria Gres
Prólogo de Barry Malzberg
Ilustración de portada: Juan Miguel Aguilera
ISBN: 84-96208-03-6
480 págs., 16,95 €

Fredric Brown, «Luna de miel en el infierno, y otros cuentos de marcianos» («From These Ashes», 2000)
Traducción de Núria Gres
Prólogo de César Mallorquí
Ilustración de portada: Juan Miguel Aguilera
ISBN: 84-96208-04-4
528 págs., 17,95 €

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Elegía de la infancia eterna: Descubriendo Nunca Jamás

Hay gente que dice que soy un blandengue, que por mis venas en vez de sangre corre mermelada de melocotón, que los trucos más sensibleros hacen mella en mi como el cuarzo en el talco. Y con películas como ésta, tan sencillas como previsibles, está demostrado que llevan razón: llegar el momento emotivo y ponérseme el nudo en la garganta es todo uno. Aunque en este caso no fue sólo por lo evidente…

Descubriendo Nunca Jamás se inspira en los hechos que llevaron al dramaturgo y novelista James M. Barrie a escribir Peter Pan. La historia no es novedosa: desarrolla el típico argumento de autor de calidad con un matrimonio rutinario que no carbura porque ella no comprende el talento de su marido, conoce a una persona o grupo de personas singulares que inspiran «lástima» (por así decirlo) y que, una vez puesta en marcha la máquina de la amistad y el calor humano, le sirven de inspiración. Todo resuelto satisfactoriamente, con unas actuaciones notables (después de ver a Depp en Piratas del Caribe o en La ventana secreta aquí parece otro; muy centrado y contenido), unos diálogos sobresalientes, un ritmo sostenido, un diseño de producción vistoso, una buena dirección…

Pero lo que más me ha llegado, como me ocurrió con la obra original cuando la leí hace eones, son dos aspectos que la película dirigida por Marc Forster borda. Por un lado la reivindicación de la imaginación como método para asombrar al «espectador» y contar historias, sublimada en los pasajes en los que Barrie nos traslada a las diferentes fantasías que va imaginando y que pone a disposición de los que le rodean. Y por otro su acercamiento al niño que una vez fuimos y que, en cierta forma, todavía somos. Fundamentalmente en el momento en la que se estrena la obra de teatro y se produce la «comunicación» entre esa infancia silenciada y los adultos, simbolizada por la transmisión de la alegría y el jolgorio de varios niños repartidos por la sala a los serios y reprimidos burgueses victorianos. Una escena que se antoja «facilona» pero sumamente efectiva.

Ese aspecto tan maravilloso y a la vez amargo de darse cuenta de que hubo un etapa en nuestras vidas que éramos de otra manera y veíamos el mundo con ojos distintos; que había cosas que nos hacían reir y que ahora, analizadas con detenimiento, no son más que paparruchas; que el paso del tiempo va haciendo mella y caminamos hacia un final que tardará en llegar pero que antes no tenía ningún ascendente porque ni siquiera pensábamos que el mundo fuese perecedero;… Pura melancolía surgida del inexorable paso del tiempo.

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Juego de tronos: Westeros sobre el tablero

Hubo un tiempo fui asiduo jugador de juegos de mesa en entorno fantástico como el mítico Imperio Cobra o el legendario Hero Quest. Después pasé al rol y, más tarde, me acabé diluyendo como suele ocurrir con estos asuntos. Sin embargo, friki reconocido que es uno, estas navidades me han regalado mi primer juego de mesa en la última década y media: Juego de tronos. Algo tendrá que ver mi condición de fan acérrimo de George R. R. Martin desde que leí a finales de los 80 Los viajes de Tuf, y mi actual situación como lector incondicional de su macrosaga Canción de hielo y fuego. Por ahora sólo he jugado dos partidas, pero las he disfrutado tanto que estoy completamente enganchado.

Describir el juego se hace un poco complicado. Desde mi limitada experiencia es una mezcla variopinta entre juego de dominación mundial a lo Risk con componentes de estrategia y control de recursos, una parte que recuerda a los juegos de cartas… Todo tratado con suma sencillez, lo que lo hace idóneo para los que apenas hemos jugado a estas cosas.

Está pensado para 3, 4 o 5 jugadores. Cada uno controla una casa diferente colocada en un punto estratégico del mapa de los Siete Reinos (son Lannister, Stark, Baratheon, Tyrell y Greyjoy). La misión es hacerse en 10 turnos con la mayor cantidad de poder posible. Hay que ir moviendo las tropas disponibles por los diferentes territorios ampliando cada reino, reclutando tropas, entrando en batallas, protegiendo lo ganado, fastidiando al contrario sin que este te fastidie a ti, estableciendo alianzas (que se pueden romper en cualquier momento),… Como en el libro.

Todo está muy balanceado. Salvo que uno sea un as (que seguro los hay a docenas), si los jugadores tienen una pericia similar es muy difícil que nadie llegue al final desahuciado y otro sabiendo que va a ganar seguro. En el turno 10 cualquiera puede dar la vuelta a la tortilla (vamos que siempre estás en tensión). Por último, aunque haber leído los libros le da una vidilla adicional, no es imprescindible para disfrutarlo. Lo digo por propia experiencia al haber jugado con personas que ni se habían planteado leer un libro.

Vamos, que si hay tiempo y ganas, proporciona entre dos y tres horas de entretenimiento de calidad.

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Fábulas: Leyendas en el exilio

Ésta es una de las series que más estoy disfruntado en el último año. Un cómic de la línea Vertigo, creado y guionizado por Bill Willingham y dibujado por varios autores dependiendo del arco argumental, entre los cuales han aparecido gente de la talla (alguno más que otros, claro) de Mark Buckingham, Brian Talbot, Graig Hamilton y P. Craig Russell y uno bastante competente, Lan Medina.

Su punto de partida rápidamente invita a la complicidad. Los protagonistas de los cuentos populares más conocidos han sido forzados a huir desde sus reinos hasta nuestro mundo «empujados» por un Adversario que amenazaba con acabar con todos. Después de un par de cientos de años se han adaptado como han podido a nuestra civilización, algunos a la perfección y otros… con serios problemas. Es a partir de estos de los que surgen los conflictos que relata Willingham.

El primer tomo, «Leyendas en el exilio» es el más convencional de los tres que han salido hasta el momento; cuenta una historia de misterioso asesinato de las de toda la vida. Sin embargo la recreación de esos personajes viviendo en nuestro mundo real se hace sumamente agradable; cada uno conserva su magia original sin perder el contenido adulto que se espera de una serie de Vertigo. Salvo por Feroz, el protagonista, que es el enésimo detective privado a lo Hammet, Chandler o Spillane travestido de John Constantine, rol que está bien pero que utiliza un estereotipo muy trillado, el resto de su reparto (mayormente coral) funciona de fábula (nunca mejor dicho).

El segundo, «Rebelión en la granja», creo que es el más conseguido. En vez de desarrollarse en la Nueva York en la que moran las fábulas antropomorfas, lo hace en la bucólica granja donde se ven obligados a vivir los animales parlantes, caso de los tres cerditos, los compañeros de Mowgli, los protagonistas de El viento en los sauces,… Hartos de vivir en este ambiente aislado para salvaguardar el secreto y envidiando pegarse la gran vida que se dan sus compañeros urbanitas, bajo la guía de una estalinista Ricitos de Oro emprenden una sangrienta rebelión para cambiar su status e intentar volver a sus reinos de origen (claro, debidamente pertrechados con armas ultramodernas para darle bien dado al Adversario)

El último en salir ha sido el reciente «El último castillo», el más variado de los tres. Recoge un fill in ilustrado por Brian Talbot un tanto simplón (como «buen» número de relleno), una historia en dos partes dibujada por Lan Medina y el especial «El último castillo», dibujado fundamentalmente por Craig Hamilton y 6 páginas de su «maestro» P. Craig Russell. La secuencia ilustrada por Medina es una cachonda vuelta de tuerca a periodista sensacionalista descubre el gran secreto, con las fábulas obligadas a intervenir para salvaguardar su modo de vida utilizando los recursos que tienen a su alcance: los del mundo real pero también los propios de su condición mágica. Muy divertido. Además, después de los arcos argumentales bastante cerrados de los dos primeros tomos, sitúa nuevas tramas en acción y permite observar que la serie promete más chicha en el futuro.

Mientras, «El último castillo» ofrece información sobre la desesperada contienda emprendida contra El Adverdario al trasladarnos al último castillo que aguantó en pie sus envites. Una narración de resistencia heroica futil con un alto contenido épico y aderezada con una triste historia de amor bastante previsible.

Resumiendo, a pesar de el excesivo convencionalismo con el que se mueve Willingham para construir sus historias, Fábulas ofrece una lectura placentera que establece un glorioso nexo con esa parte de todos nosotros que anida en los estratos más antiguos de nuestra personalidad.

Como apunte final, me llama la atención observar cómo la postmodernidad y el mestizaje funcionan a toda máquina en el mundo de la fantasía; cómo una vez que parece todo inventado no hay más que coger varios ingredientes de diversos puntos creativos para construir las nuevas historias que nos llegan. Poniendo unos pocos ejemplos, Neil Gaiman ha fundamentado su carrera en arrasar con toda una serie de influencias para hacerlas suyas metiéndolas todas en el mismo mundo (el suyo); China Miéville ha hecho lo mismo en un terreno diferente para conseguir también unos resultados alucinantes; Sapkowski ha conseguido singulares logros partiendo de los cuentos centroeuropeos y la tradición de su país; la serie de El códice de Merlin de Robert Holdstock mezcla elementos mitológicos aparentemente antagónicos como los griegos, célticos y fineses y el resultado final carbura;… ¿Falta de ideas? ¿Estamos llegando al fin de La Fantasía en esta época o es sólo el fin de un ciclo?

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Próximamente: «La flor de cristal» y «Musgo de vida»

Acabo de recibir la información del próximo volumen de la colección El Doble de Ciencia Ficción de Ediciones Robel. Contiene dos novelas cortas: «La flor de cristal», de ese Titán de la narración que es George R. R. Martin, y «Musgo de vida», que presenta en nuestro idioma a Ian R. MacLeod, uno más de ese fluir continuo de nuevas promesas del fantástico procedente de la cantera británica.

Sobre «La flor de cristal», la presentación dice:

Entre todas sus novelas cortas, una de las más personales y preferidas de su autor es sin duda La flor de cristal, un ambicioso fresco más allá del tiempo y del espacio en donde una serie de personajes emblemáticos juegan a un mortífero juego de poder en un entorno fascinante, sin parangón en el universo de la ciencia ficción mundial. Siguiendo el ejemplo de otras grandes obras suyas George R. R. Martin enjuicia en La flor de cristal la realidad a través de su más completa disgregación. El dilatado cosmos que constituye su telón de fondo; el planeta donde transcurre la acción, Croan’dhenni; el palacio de obsidiana sobre zancos en medio de los pantanos; la protagonista, Cyrain de Ash, y sus Apóstoles; Kleronomas el ciborg; y sobre todo el juego de la mente, forman un apasionante escenario de desbocada imaginación dentro del cual se mueve la más real de las irrealidades. Pocas veces un texto ha creado un nudo tan grande en la garganta del lector, pocas veces le ha dejado tan en suspenso hasta las últimas palabras.

Sobre «Musgo de vida»:

Musgo de vida (que da título a su última recopilación de relatos, aparecida en los Estados Unidos en 2004) es su novela corta más reciente, más ambiciosa, y también una de las de mayor éxito. Aparecida originalmente en 2002 en la edición norteamericana del Asimov’s magazine, fue elegida por los lectores de la revista como la mejor novela corta publicada dentro de aquel año, y fue nominada para los premios Hugo y Nebula. Musgo de vida, contiene apreciables dosis de fantasía, aunque nadie podrá discutir nunca que su trasfondo es estrictamente de ciencia ficción. Envuelta en una atmósfera casi onírica, la apasionante historia de Jalila, la muchacha que baja de las heladas montañas para establecer una nueva vida con sus tres madres en la ciudad costera de Al Janb en el planeta Habara, capta la atención del lector desde la primera hasta la última palabra, dejándole que llene con su imaginación numerosos detalles leve pero sabiamente esbozados.

Promete mucho. La información editorial:

El DOBLE de ciencia ficción 5
Títulos: «La flor de cristal» y «Musgo de vida»
Autores: George R. R. Martin y Ian R. MacLeod
Encuadernación: Rústica
Medidas: 120 x 220 mm
Número de páginas: 224
ISBN: 84-96232-36-0
PVP: 10 euros

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La estación fantasma

Después de Hartree, otro colaborador de cYbErDaRk.NeT que se lanza a divulgar en su propio sitio sus «neuras» es fonz (Alfonso García). El título del blog: La estación fantasma. En su primera (y escueta) entrada escribe lo siguiente:

Sí, todos lo sabemos, lo último que internet necesita es otra bitácora donde un desconocido les cuente lo que lee, escucha, piensa o digiere. A mí también me parecía absurdo y sin embargo aquí estoy, ansioso de pintar la mona. Contradicciones. Total, sólo somos 34 millones, uno más no se va a notar. Háganse con un sitio cómodo y bienvenidos.

Hum! No dice mucho de lo que allí se va encontrar. Conociéndole, habrá literatura, cine, cómic y música, pero un poco diferentes a lo que os vais a encontrar por aquí o en la mayoría de foros. fonz presume de ser un poco «rarito» y sus gustos se alejan del común de la plebe. No le deis novelas de George R. R. Martin, Robert J. Sawyer o Neal Stephenson; dadle M. John Harrison, Jonathan Carroll o Gene Wolfe. Ni se os ocurra llevarle al cine a ver un blockbuster en plan Spiderman 2; ofrecedle películas de distribución limitada, a ser posible en versión original y subtituladas en iraní. No le llevéis a un macroconcierto de U2; el tío disfruta más en una sala minúscula de 3×2 escuchando a todo volumen grupos de culto como The Smiths. Todo con mucho conocimiento, una argumentación de nivel, alguna frase de esas que sólo se leen en las críticas de alta escuela y gotas de humor brillantes. Para que os hagáis una idea, éste es el comienzo de su última crítica publicada en cYbErDaRk.NeT

«Creo en los próximos cinco minutos«, escribía James Ballard en el poema «I Believe», credo de una necesaria nueva religión para el presente milenio, un culto que sin duda sería oficiado por psiquiatras solitarios en hoteles desiertos y piscinas vacías ante retablos surrealistas del espacio interior. En ese revelador aforismo se basan las obsesiones que han alimentado las ya cuatro décadas de corpus ballardiano; la ciencia ficción como herramienta para vislumbrar el futuro que se nos viene encima mediante el análisis de la evolución tecnológica y su impacto sobre el hombre, la dinámica social, la psique y, si se tercia, el espacio-tiempo. Porque Ballard no podría escribir otra cosa que ciencia ficción; su interés por el mundo que nos rodea le condena a ello. Y de este interés surge Milenio negro, que, a pesar de las apariencias, es Ballard haciendo lo que mejor sabe; pura especulación psiquiátrica y sociológica, ciencia ficción de los próximos cinco minutos.

La imagen que he puesto al inicio de esta entrada es una retrospectiva de su promiscuidad exhibicionista: un vistazo a los diferentes iconos que han acompañado a su avatar en el universo naranja. Habrá que visitarlo a diario para seguir con detenimiento esta maldita costumbre de cambiar de imagen.

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Mi última portada de cYbErDaRk.NeT

Este mes de febrero supone, para los usuarios de cYbErDaRk.NeT, un mes lleno de despedidas. La página cierra sus puertas y hay que buscar un nuevo terreno donde llevar la existencia virtual. En mi caso el cese de la actividad supone matices adicionales: ahora mismo estoy terminando de corregir la maqueta que será la última actualización de su portada. E, inevitablemente, me están viniendo muchos recuerdos a la cabeza.

Quería dejar constancia aquí de lo triste que resulta dejar de lado el trabajo que empecé a desempeñar en noviembre de 2002 cuando nacieron los especiales, y más tarde a mediados de 2003 cuando me hice cargo de la coordinación definitiva de la cuestión editorial. Han sido unos dos años de trabajo intenso, de desempeñar una labor para la que quizás no era el más indicado (je, ni siquiera ahora sé si lo soy), y en el que he suplido con ganas las dificultades que me he encontrado. Un tiempo que me ha deparado la ilusionante compañía de decenas de personas que me han ayudado a hacer más fácil mi trabajo y que han convertido la portada de cYbErDaRk.NeT, a pura fuerza de empeño y ganas de divulgar sus conocimientos, en una referencia obligada a la hora de hablar de literatura fantástica en la red.

Ponerme a citar colaboradores sería olvidarse de mucha gente, pero no me resisto a nombrar algunos de los que más me han apoyado este tiempo.

Por un lado a Iván Fernández Balbuena (cebra), amigo al que descubrí en el año 2000 haciendo El Camino de Santiago y que, cosas de la vida, ha sido y es un gran conocedor de los géneros fantásticos. Las conversaciones que hemos mantenido este tiempo, plenas de opiniones nada condescendientes, y los soberbios artículos y reseñas que ha entregado, me han hecho mucho más llevadera la labor. Quisiera recomendar especialmente su excelente y conciso repaso a la historia de la fantasía épica occidental y sus celebradas y divertidas críticas a la fidelidad de la adaptación de El Señor de los Anillos realizada por Peter Jackson.

Por otro a Enric Quílez (Yarhel), Francisco Javier Esteban (sisko) y Gael Piguillem (kenset), por el apoyo prestado en la parte técnica. Primero maquetando los contenidos y, más tarde, subiéndolos también a portada. Han realizado un trabajo ímprobo, de muchas horas, sordas, mudas, escasamente reconocidas, que nadie podrá pagarles nunca. Además los dos primeros, solos o en colaboración, han escrito algunos de los artículos más celebrados, caso de las tres entregas de «La mano izquierda de la ciencia ficción» o el especial sobre «Viajes en el tiempo.

Tampoco conviene olvidar la ayuda que ha supuesto todo este tiempo Daniel Gonzalo (dgonzalod). Desde octubre de 2003 a mi lado como adjunto editorial, descargándome de parte del trabajo, colaborando a la hora de definir la línea de la portada y soportando con donaire el peso de lo que teníamos encima.

O Iván Olmedo (Odemlo), usuario poco ruidoso, que en los foros siempre pasa desapercibido (por su escaso interés en ellos), pero que ha sido uno de los más solicitos colaboradores, dispuesto a echar un cable con aquel tema que se terciase.

O alguien con tanto predicamento como Julián Díez, el divulgador más importante del panorama actual de la literatura fantástica, que aportó su trabajo y sus conocimientos siempre que se le pidió. De hecho su contribución más valiosa es la menos apreciada: fue el primer miembro del fandom oficial que ofreció su trabajo para ser publicado por cYbErDaRk.NeT, de forma completamente desinteresada. Simplemente porque creía en nosotros.

O Iñaki Bahón, crítico cinematográfico con el que he tenido discrepancias manifiestas a la hora de valorar muchas películas pero que ha demostrado con su inteligencia, conocimientos y (especialmente) habilidad expositiva que su meta está mucho más allá que una página amateur en internet. Como curiosidad, su texto más conocido, que ha llegado hasta sitios impensables, la crítica de Matrix: Revolutions, estuvo a punto de perder su introducción porque el propio autor pensaba que podía disgustarme (alguna que otra vez le dije que en las presentaciones se iba por las ramas, y que tenía que ser más directo). Claro, era tan bueno que hubiese sido un suicida si le hubiese puesto algún pero.

Y podría seguir hablando de otra gente, como María Jesús Sánchez (Starhawk), otra colaboradora solícita que me apoyó enormemente a la hora de traducir entrevistas intraducibles; Raúl Ruiz (Nemes), que a pesar de la falta de tiempo me dejó embarcarle en escritos que le han traido de cabeza; comentaristas de libros como Alfonso García (fonz), Pau Martínez Medrano (blackonion) o David Quirós Nuño (Lobokell) que ven varios artículos suspendidos;… Tantas cosas que agradecer, tan poco espacio para hacerlo,…

Pero no podía terminar sin hablar de David Fernández (cYbErDaRk), el dueño y alma mater del invento, que desde el comienzo tuvo una confianza ciega en mis posibilidades y que me ha dado en esta aventura más de lo que le podré devolver.

Lo único que tengo atravesado del cierre es todo el trabajo entregado por los colaboradores que ahora mismo anida en el disco duro y que espero vea la luz (estamos trabajando en ello).

Otro día hablaré del legado que queda, y de otros temas que resumen mis poco más de tres años de permanencia en cYbErDaRk.NeT. Total, es darse a la nostalgia, y este universo de bitácoras que se abre ante mi es tan dado a ello que resistirse es imposible.

Ahora toca corregir la crítica de Los Increíbles de Iñaki. Después abriré el correo y esta parte de mi vida quedará cerrada. Fue bonito mientras duró, ¿no?

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La guerra de los mundos, de Steven Spielberg

En Verano nos llegará la próxima película de Steven Spielberg: La guerra de los mundos. Afirmar que es una adaptación del libro de H. G. «yo soy el padre de la ciencia ficción» Wells es una patraña. Al igual que ocurrió con la versión de Byron Haskins, el clásico sólo será un punto de partida para enhebrar la historia con la mente del espectador, que seguro la tiene como referencia haya leído o no la excelente novela seminal (decir que se va a hacer, como parece, Independence Day en bueno no sería lo mismo).

Quizás para los aficionados a la ciencia ficción que gustamos de IA o Minority Report no es el Spielberg que más nos agradaría. Pero no se puede negar que como espectáculo puro y duro se hace sumamente atractiva.

Los trailers de La guerra de los mundos

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