La legión del espacio

Desde que se inició a finales del año pasado tengo una cita quincenal con la tira cómica La legión del espacio, de Alfredo Álamo y Fede, que publica puntualmente El sitio de ciencia ficción. Dado que hay una opción para sindicarla he decidido poner un enlace en el panel de la derecha para que mis contadas ovejas puedan disfrutarla si no visitan El sitio

De paso he estado remodelando los comentarios y he vuelto a los orígenes; a los que trae por defecto blogger. A mediados de febrero evolucionaron un poco y no tienen el problema de Haloscan, que sólo permitía mensajes de hasta 1000 caracteres.

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Bibliópolis primera mitad de 2005

Esta semana recibí un correo de parte de Bibliópolis para renovar mi suscripción a la colección, con el listado de los ocho libros que se van a publicar entre Marzo y Junio de este año. Esta modalidad de compra que pone en práctica la editorial regentada por Luis G. Prado es sumamente atractiva. Dependiendo de los intereses como lector se puede elegir entre suscribirse a todos o decantarse exclusivamente por cuatra de ellos, con unas rebajas de precio sustanciales. En el primer caso los ocho volúmenes saldrían por 120 € (además de conseguir como regalo la primera entrega de Jabberwock, un anuario teórico que recogerá ensayos y críticas), y en el segundo por 60€.

La lista es la siguiente

25. Cismatrix, de Bruce Sterling
La gran novela de culto de uno de los padres del ciberpunk. Una guerra fría hace estragos en el espacio circunsolar: los formistas, expertos en manipulación genética, conspiran desde el Consejo Anillo de Saturno, mientras los mecanistas, ciborgs repletos de implantes, prosperan en el Cinturón de Asteroides.
Fecha prevista de edición: marzo de 2005

26. Fénix exultante (La edad de oro, Libro II), de John C. Wright
Por su crimen, Faetón ha sido exiliado de la Ecumene Dorada. Desprovisto de todas sus posesiones, su única esperanza es alcanzar la ciudad de Talaimannar, donde puede hallar la clave que le devuelva a los mandos de su gigantesca nave estelar, la Fénix Exultante.
Fecha prevista de edición: abril de 2005

27. Arpista en el viento (Juego de Enigmas, Libro III), de Patricia A. McKillip
Premio Locus 1980. Se acerca el final de la partida iniciada en Maestro de enigmas. Tras reencontrarse por fin con Raederle en Anuin, Morgon, el Portador de Estrellas, invoca al ejército de los reyes muertos de An para ponerlos al servicio de la protección de Hed, su patria. Mientras, los hechiceros liberados de su esclavitud de siglos convergen en Lungold para desafiar al usurpador del trono del Supremo.
Fecha prevista de edición: abril de 2005

28. Sherlock Holmes y las huellas del poeta, de Rodolfo Martínez
En plena Guerra Civil española, el genial detective Sherlock Holmes sale de su retiro para ponerse al frente de la búsqueda de un increíble artefacto de poder por cuya posesión luchan diversas facciones: el Necronomicon, grimorio infernal escrito por el poeta loco Abdul Alhazred.
Fecha prevista de edición: mayo de 2005

29. La trascendencia dorada (La edad de oro, Libro III), de John C. Wright
Última entrega de la trilogía de La edad de oro, la mayor saga futurista del momento, en la que Faetón, Dafne y Atkins se enfrentan en las mismísimas entrañas del Sol a los misteriosos agentes que buscan la perdición de la Ecumene Dorada, una utopía hecha realidad.
Fecha prevista de edición: mayo de 2005

30. Bautismo de fuego (Saga de Geralt de Rivia, Libro V), de Andrzej Sapkowski
Quinto volumen de la saga de fantasía épica que ha conmovido los cimientos del género. Geralt, Jaskier y compañía marchan hacia el sur en busca de Ciri, cruzando el territorio devastado por la guerra, donde será cada vez más difícil distinguir a los amigos de los enemigos.
Fecha prevista de edición: junio de 2005

31. Nocturnos de Viriconium (Viriconium, Libro III), de M. John Harrison
Tercer y último volumen de la clásica secuencia de Viriconium, la ciudad definitiva al final del tiempo. Incluye varios relatos ambientados en las diversas versiones de Viriconium y una novela, «En Viriconium», galardonada con el premio Guardian.
Fecha prevista de edición: junio de 2005

32. La verdadera guerra de los mundos, de Joao Barreiros
Algún tiempo después de los sucesos de La guerra de los mundos de H.G. Wells, con los marcianos ya muertos y la tecnología que dejaron tras ellos convenientemente asimilada, los terrícolas la aprovechan para organizar una expedición de castigo a Marte.
Fecha prevista de edición: junio de 2005

La selección es variada. Aparte de la quinta entrega de la imprescindible serie de Geralt de Rivia; la sorpresa que supone el nuevo pastiche de Sherlock Holmes de Rodolfo Martínez; el enigma que se oculta detrás de La verdadera guerra de los mundos, del desconocido Joao Barreiros; la culminación del pasaje de Viriconium de M. John Harrison; la conclusión de la aburrida Juego de enigmas; o el final de la llamativa (aunque todavía no he leído el primer volumen) serie de John C. Wright iniciada en La edad de oro; hay un libro que me llama la atención por encima de todos. Cismatrix, de Bruce Sterling (con una preciosa portada de un Alejandro Terán en continua evolución).

Hace unos doce años, en los últimos momentos como editorial de Ultramar, publicó un libro de relatos: Cristal Express. Yo venía de la decepción que supuso Islas en la red, una historia puro cyberpunk que, a pesar de glosar en un mismo libro todo lo que esta temática ofrece y desarrollar decenas de situaciones presuntamente moviditas, se me hizo mortalmente aburrida. Era como un parque de atracciones con decenas de montañas rusas de todos los tipos en las que no se sobrepasasen los 30 Km/h (al menos así queda en mi recuerdo). Sin embargo la colección de cuentos era harina de otro costal. Había piezas delicadamente humanas sobre lo que supone el cambio, como el melancólico «Flores de Edo» o «Cena en Audoghast». Pero las que realmente me cautivaron fueron los cuatro o cinco cuentos de ciencia ficción «dura» que abrían la selección y que estaban enclavados en un universo muy particular: el conocido como formador/mecanicista. En estas historias se postulaba un posthumanismo surgido de la excisión de la humanidad en dos ramas; una más apegada a la parte tecnológica, que utiliza todo tipo de herramientas y artilugios implantados para potenciar sus capacidades (cyborgs), y otra más biológica, que usa para conseguir el mismo fin la ingeniería genética, a un nivel ahora mismo impensable.

Bibliópolis nos trae después de veinte años la novela que salió a partir de este concepto, y que Alfonso García, fonz, ha descrito como

influyente novela fundamental para entender mucha de la cifi reciente (sobre todo el Space Opera moderno)

Gustándome como me gusta el space opera, y teniendo el recuerdo que tengo de los relatos (especialmente de los impactantes «Enjambre» y «Rosa araña»), es una de mis opciones para la suscripción.

No obstante la traducción no se salva de una nimia polémica debido al cambio de nomenclatura. Ya no es formador/mecanicista, sino formista/mecanista. Una alteración que no deja de ser circunstancial pero que resulta molesta; la anterior denominación era igual de buena y ya estaba bastante asentada. Ligera molestia que también surge al descubrir que no se ha optado por la edición de Schismatrix Plus, que recopilaba la novela y los cuentos, cosa que sí se ha hecho con los libros de Viriconium, que además de las novelas incluyen los relatos de la colección Viriconium Nights. Por un lado se entiende; Sterling no es un autor superventas y el libro habría salido pelín voluminoso, incluyendo un precio de aúpa. Por otro rompe esa filosofía de Bibliópolis de ofrecer la edición definitiva sobre la obra en cuestión. Los lectores interesados me temo que tendrán que seguir recurriendo a la edición pirata de Ultramar para hacerse con ellos.

¿Cuáles son mis otras elecciones? El libro de Sherlock Holmes, que espero esté a la altura de la anterior entrega, y los dos de John C. Wright. Quizás sea un tanto «alocado» lanzarse sin haber leído todavía la primera parte (no son novelas precisamente fáciles), pero el relato que aparecía en Semillas de tiempo y los comentarios que voy leyendo por ahí me hacen ser confiado. Total, es ciencia ficción «total», y como lector siempre estoy a la caza de otro Hyperion, otro Neverness u otra historia a lo Cultura de Iain M. Banks.

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Un día para el recuerdo

Simplemente, nunca más.

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El complejo de Peter Pan siempre presente

El ilustre compañero de fatigas interneteras, Pau Martínez Medrano, a.k.a. blackonion, me ha enviado la siguiente ilustración; le ha recordado a mi humilde personalidad en la red. Y dado que soy un enamorado de las tiras de Calvin y Hobbes, del estilo y la forma de entender el mundo del autor al que homenajea (Bill Waterson), del espíritu que anidaba detrás de cada panel, de la personalidad de tan señalados personajes, de la necesidad de atesorar y manifestar siempre que sea posible los «restos» de esa infancia pasada,… ha dado de pleno.

Mil gracias

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El proyecto Apolo según John Varley

En Trueno rojo, novela que ofrece un curioso y divertido cruce entre las vetustas novelas juveniles de Robert «Heil» Heinlein, la primera hora de Misión a Marte y Sensación de vivir costa Este (se desarrolla en Florida), John Varley, se marca una escacharrante imagen sobre lo que supuso el proyecto Apolo que llevó al primer hombre a la Luna.

Durante una conversación en la que un laureado astronauta caído en desgracia alecciona a sus jóvenes pupilos sobre la carrera espacial, después de explicar razonablemente bien cómo debieran haber ido las cosas, se luce sagazmente con la siguiente diatriba. Lean, lean…

Pero había otra forma de llegar a la Luna. ¿Os suenan las palabras «rápido, barato y sucio»? Podéis llamarlo el proyecto von Braun: rápido, muy caro y muy sucio. Pero era la única manera de poder estar allí el 31 de diciembre de 1969. Digamos que Colón escoge la ruta Apolo para llegar al Nuevo Mundo. Comienza con tres naves. Al llegar a las Islas Canarias hunde la primera deliberadamente. Es la mayor de ellas. Una vez en las Bahamas, se desembaraza de la segunda. Llega al Nuevo Mundo… pero su tercera nave no puede desembarcar allí. Bota una balsa salvavidas, hunde el tercer barco y rema hasta la costa. Recoge algunas rocas de la playa, vuelve a hacerse a la mar, cruza el Atlántico… y al llegar al estrecho de Gibraltar hunde el bote y regresa nadando a España con un neumático como salvavidas […]

[…]El Programa Apolo fue posiblemente la forma más estúpida creada jamás por la mente humana para resolver un problema… pero era el único modo de ganar la «carrera»

Real como la vida misma.

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Homínidos

Estoy pasando una etapa un tanto aletargada; me cuesta centrarme en lecturas que requieren un cierto esfuerzo mental. Así que, con varios títulos en la pila comenzados, he decidido optar por el camino fácil y desatascarme con sendos libros facilitos, ágiles y frenéticos que no deparen excesivas complicaciones. Uno de ellos es El honor de la reina de David Weber, segundo volumen de la serie de Honor Harrington; uno de esos space operas militaristas políticamente risibles y literariamente mediocres con los que tanto disfruto. El otro es el premio Hugo de 2003: Homínidos, de Robert J. Sawyer. Una novela de ciencia ficción que mezcla antropología con universos paralelos y que abre una trilogía que continúa en Humanos y se cierra con Híbridos.

Es una obra de la que se podría hablar largo y tendido analizándola desde diversas facetas, narrativas, conceptuales o, incluso, transversales. Por ejemplo del premio que se llevó, al ser el título de ciencia ficción que rompió la racha de fantasía en el Hugo de los últimos años (Harry Potter y el cáliz de fuego en el 2001, American Gods en el 2002 y Paladín de almas en el 2004). Sin entrar a fondo en el asunto, confirma la sensación de que a la ciencia ficción «clásica» norteamericana le están comiendo la tostada una vez sí y otra también elementos ajenos a ella, y no se puede rechistar mucho; sin ser una mala novela dista de ser una gran historia que vaya a pasar a los anales del género.

También daría pie a comentarios malidicentes sobre el hecho de que Sawyer ganase el Hugo justo el año en que la convención donde se vota se celebró en su Canadá natal. O, siguiendo con este registro tendencioso, se podría ahondar una vez más (y van…) en la presentación de Barceló, donde (de nuevo) vuelve a otorgar el rol (y la losa) de herederos de Clarke y Asimov a otro autor. Un recurso clásico de sus presentaciones (que se lo pregunten si no a Cherryh, Benford o Brin) que bebe del mismo sitio de los que etiquetan sus libros con el reprobable El heredero de J. R. R. Tolkien.

Pasando a la novela en sí, originalidad en el planteamiento inicial tiene muy poquita. Partimos con dos mundos paralelos. El primero el nuestro de toda la vida y el otro uno en el que los Neanderthales no desaparecieron sino que ocuparon el lugar que nos deparó la evolución de la especie humana, hasta el punto de convertirse en la única especie de homínidos que se desarrolló hasta la actualidad. En este escenario dos Neanderthales prueban el primer computador cuántico y debido a un accidente uno de ellos viene a parar a nuestro mundo. A partir de ahí seguimos la «recepción» que se le realiza en nuestro Canadá mientras en su universo de origen tratan de averiguar qué fue del científico desaparecido (con historia de juicios incluida)

Homínidos destaca en la construcción de la sociedad Neanderthal, la gran baza sobre la que se sustenta y que le rinde nutridas ganancias al autor. Completamente opuesta a la nuestra, está forjada a partir de la más absoluta fidelidad al orden natural. De hecho su elaboración se ha llevado por el camino del desarrollo sostenible puro y duro. No hay agricultura, la población está controlada, se respeta por completo el medio ambiente, no han aparecido religiones que condicionen el desarrollo cultural,… Como curiosidad, han desarrollado una especie de dictadura de las que provoca un leve cosquilleo en el estómago por lo bien que parece funcionar; no por nada se asemeja a una utopía bucólica. Todos los Neanderthales llevan en sus muñecas el llamado Acompañante, un aparatejo que registra su vida segundo a segundo y que facilita esa información a unos bancos de memoria donde queda almacenada hasta que pueda ser necesitada (por ellos mismos o la autoridad competente). Asimismo cualquier individuo cuya culpabilidad quede demostrada en un juicio es castigado en consecuencia mientras se esteriliza a todos aquellos que compartan el 50% de su material genético (padres, hermanos e hijos), de forma que la malformación no se perpetúe en las siguientes generaciones.

El «cosquilleo» no viene tanto de la propuesta, que en algún momento aparece como reprobable, como en la blandura con la que se aproxima Sawyer. En Homínidos se establece un diálogo entre las características del mundo en el que vivimos y el idílico entorno Neanderthal. Las conversaciones entre los cariacontecidos humanos y el visitante giran en torno al conflicto cultural y sus diferentes visiones de la vida, y es aquí donde se ve a kilómetros que, en el fondo, lo que una y otra vez Sawyer nos dice (al menos así lo interpreto) es mirad lo bien que nos podría haber ido si nuestro camino hubiese sido más cercano a la naturaleza de la que nos alejamos una y otra vez. Y detrás viene el consabido para hacer una buena tortilla hay que romper siempre algún huevo. ¿Acaso no es una ley natural?

Pero también hay que reconocer que dentro de esta comparación que establece está el segundo gran motivo por el que leer Homínidos resulta interesante para el lector tipo de ciencia ficción. Las conversaciones a las que aludía son ciertamente cinéticas y resulta sumamente atractivo dejarse llevar por todos los temas que tratan indiscriminadamente; historia, evolución, física, medicina, demografía, antropología, sociología, religión,… van saltando a la palestra una detrás de otra y siempre con reflexiones «enjundiosas». Como su explicación de cómo ven los Neanderthales la Mecánica Cuántica, a mitad de camino entre la interpretación de Copenhague y la de los universos paralelos. Sawyer es un excelente divulgador que sabe comunicar estas ideas como muy pocos.

¿Dónde la caga entonces para quedarse en el triste terreno entre el suficiente y el bien? Justo en lo de siempre. Este señor, libro tras libro, repite con contumacia la misma receta donde la novedad reside en la idea científica que alberga detrás. Ideas que, no duele reconocerlo, se curra «cantidubi» y que son atractivas. Pero su manera de envolverlas y que se alejan de la mera divulgación son arena de otro costal.

Por ejemplo, en Homínidos topamos una vez más con los típicos personajes Sawyer a lo dramón de sobremesa. Tras el enfermo del mal de Huntington de Cambio de esquemas, el caso de pedofilia inventada de Factor de humanidad o el enfermo terminal de El cálculo de dios, aquí, aparte de una mujer despechada o sendos maridos que han perdido a sus amadas «esposas», explota (lo de explorar sería muy superficial) a una mujer violada un día antes de salir a escena simplemente para darle a la trama un punto dramático artificioso. Puro culebrón impostado del que se sirve para llegar al final a esa idea de señores, independientemente de nuestro aspecto externo, lo que nos define como humanos está en el interior. Alrededor nuestro hay monstruos que tienen nuestro mismo aspecto y tíos cojonudos cuya fachada provoca risa o pavor. Algo que no por escuchado deja de ser loable y que se podría haber conseguido sin la ración de exhibicionismo sensiblero gratuito absolutamente banal.

A esto hay que unir que como personajes no se puede decir que ofrezca mucha variedad ya que chicha aparte de sus dramas «privados» no tienen. Tenemos el físico necesario para entender cómo ha podido ocurrir el viaje, la genetista que por su carrera juega también el papel de antropóloga, el médico para darnos unas lecciones de morfología y hacer las preguntas pertinentes para que se luzcan los otros dos (y el lector sin excesivos conocimientos hile las ideas),… Pero da igual el nombre. Son eso, roles sin variaciones que tienen detrás la misma personalidad que un libro de divulgación sobre evolución humana escrito por un jornalero de la escritura.

Después les mete en unas situaciones que dan grima. El juicio Neanderthal por asesinato más que beber de las grandes historias de este tipo emana de los episodios más chungos de las últimas temporadas de La ley de Los Ángeles. Una trivialización del argumento también observable en otras facetas. La civilización Neanderthal está repleta de conceptos de los que hay que descubrir su significado. Algunos relativamente ajenos a la nuestra, como todo lo que rodea a su sexualidad y su reproducción. Pero otros son una mera transposición de ideas, conceptos, objetos, experiencias,… que hay en nuestra sociedad pero que se llaman diferente para hacer «extraño». Pero claro, hay que crear sólo un ligero punto de extrañeza porque si se va más allá es posible que el lector tipo se pierda, se desazone, no entienda y pase. Así que el Sol es el Sol y no (por poner algo) el Lucero, los electrones, muones y piones son electrones, muones y piones, el computador cuántico es el computador cuántico (y no la máquina de todas las posibilidades),… Se queda a mitad de camino porque hay que entregar una novela cada ocho meses y currarse también esa parte no haría más que 1)dilatar el trabajo y 2)necesitar más documentación.

Aunque seguramente pique con las otras dos novelas me quedo con la sensación de que por muchos años que pasen Sawyer no acierta a evolucionar como escritor; no hay diferencia entre leer El expermiento terminal, las novelas cortas con las que participó en el UPC o esta novela. Y, para redondear la desazón, aquí había material para uno o, a lo sumo, dos libros. Pura teoría del chicle. ¿Hace falta explicarla?

Homínidos (Hominids, 2002)
Robert J. Sawyer
Ediciones B
Noviembre de 2004
Traducción de Rafa Marín
353 páginas
Ilustración Xavier Martínez
P.V.P. 19 €

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La estación fantasma

Puestos a crear secciones, he aquí una nueva. Bajo Sospechosos habituales irán apareciendo comentarios centrados en lo que colegas de la blogsfera vayan introduciendo en sus respectivas bitácoras. Muy especialmente aquéllos que, como servidor, provienen de la diáspora naranja, que son con los que mantengo más relación.

En esta primera entrega quería centrarme en el trabajo de Alfonso García, fonz, que en La estación fantasma está dando, entrada tras entrada, un festival de clase, personalidad y eclecticismo orientados hacia la divulgación de toda manifestación cultural que forma su circunstancia. Entre sus comentarios más recientes hay una multitud especialmente recomendable. Extracto tres.

Cuentos de hadas. Creo recordar que fue hacia el año 92 o 93 cuando cayó en mis manos el primer volumen (y me da que único publicado en España) que recogía las adaptaciones que el ensoñador P. Craig Russell realizó sobre los cuentos infantiles de Oscar Wilde. Y claro, quedé sumamente maravillado; no tanto por los cuentos en sí, que ya conocía de haber leído anteriormente, como por el brillante trabajo de adaptación. En esta entrada, fonz realiza un recorrido por los cuatro tomos publicados en EE.UU. He estractado dos párrafos que resumen muy bien lo que se pueden encontrar

Así que cuando se publicó en España el primer volumen de las adaptaciones de los cuentos de Wilde por P.Craig Russell, fue una noticia estupenda. Por aquella época Russell era un dibujante que me encantaba tras el impacto que supuso para mí su majestuosa adaptación de «La ciudad de los sueños» de Michael Moorcock. Influenciado por los prerrafaelitas, el Art Noveau en general y Aubrey Beardsley en particular, era un dibujante imaginativo de trazo y entintado exquisitos, logrando preciosas composiciones de viñeta y página, no exentas de fuerza. Además de ser un narrador fluido y original.

Y un poco más adelante

Pero se impone la habilidad narrativa de Russell que esquiva el habitual síndrome «corta y pega» tan extendido en las adaptaciones literarias a historieta, evitando que los textos abarroten las viñetas entorpeciendo la narración y logrando que el tebeo no sea un «Narraciones Ilustradas», sino una historieta por derecho propio (incluso se permite el lujo de prescindir del texto de apoyo y el diálogo en secuencias enteras brillantemente resueltas). Porque uno de los méritos más sobresalientes de Russell, por encima incluso de sus habilidades como dibujante, son sus virtudes como narrador, que habitualmente quedan ocultas por la pirotecnia.

Sobre la labor de Russell como «adaptador» de clásicos (ya sea de la fantasía épica o de óperas) recomendar la edición que Planeta hizo hace un par de años en cuatro vistosos tomos de El anillo del nibelungo. Visualmente ejemplar.

Maison Ikkoku. Como mucha gente de mi generación que, entre otras cosas, lee mangas, sigo con interés el trabajo de Rumiko Takahashi desde que en el primer lustro de los 90 Antena 3 ofreció en horario de mañana la adaptación de su manga más conocido, Ranma 1/2. Comedia de situación ejemplar, con una mezcla turbulenta de locura, romance, aventura, humor, desbarre y un punto «picante». El recuerdo es tan bueno que me da un poco de miedo revisionarla hoy en día. Maison Ikkoku es una obra anterior, menos conocida por el gran público, pero quizás más lograda, que pierde en el apartado del humor, mantiene el de los personajes (en otro registro) y gana en el de las historias, más apegadas a la realidad, menos desmadradas y con un hueco mayor para el «intimismo».

¿Qué dice fonz?

El planteamiento es, engañosamente, muy simple. A una casa de huéspedes llega una nueva administradora, joven, guapa y viuda. La casa en cuestión es un gallinero demencial compuesto de los mejores secundarios vistos en un tebeo en mucho tiempo: Godai, un estudiante fracasado y capullete, Mr. Yotsuya, un tipo misterioso y gorrón, una camarera pendón llamada Akemi, la señora Ichinose, una mujer de mediana edad, bebedora, cotilla y con un agudo punto de sabiduría popular y su hijo pequeño Kentaro. Todos ellos gustan de reunirse en la habitación de Godai a celebrar fiestas, gorronear, emborracharse y putearle en general. ¿Y cuál es el conflicto?. Evidentemente, el cateador se enamora de la administradora, un amor aparentemente imposible. Y nosotros asistimos a la evolución de su relación en capítulos cortos que van enriqueciendo la historia, un clásico culebrón romántico trufado de los habituales equívocos, dudas, temores, si, no, me quiere, no me quiere, añadiendo matices del pasado de los personajes, de su personalidad, de la de los secundarios, construyendo un panorama coral de deliciosa cotidianeidad.Y como esto es un tebeo japonés, la tensión amorosa se estira durante tomos y tomos (diez) enredando la trama hasta el agónico final, añadiendo nuevos giros argumentales en una apabullante exhibición de técnica y recursos narrativos con la mínima cantidad de elementos posibles. La capacidad inagotable de Takahashi y sus ayudantes para fabricar un tebeo divertidísimo de gente hablando en una habitación, de crear situaciones con apenas media docena de elementos sin ser repetitivos, es deslumbrante. Aún así, poco a poco, se van añadiendo personajes a la fórmula; la abuela de Godai, Mitaka, un profesor de tenis que configura el inevitable triángulo cateador-casera y otras muchachas que se enamoran de Godai o Mitaka, convirtiendo el triángulo en cuadrado, en pentágono… Todo con exquisito cálculo, de una narrativa tan fluida que ni se nota.

Doy fe de que lo consigue. (Nota para Paula: a ver si te lo dejo de una vez y enganchamos a tu madre con otro cómic. Que no sólo va a vivir de Leyendas o El escorpión)

Y para no extenderme mucho más, resaltar un último comentario. Sobre El tiempo del lobo.

«El tiempo del lobo» está ambientada en una Europa de un futuro indeterminado en el que algún tipo de catástrofe que desconocemos provoca la huida de la población urbana hacia el agro. La acción se centra en una familia que, al llegar a su casa de campo, la encuentra ocupada por un matrimonio armado que les despoja de todas sus posesiones y a partir de ahí peregrinan buscando sin éxito ayuda por los pueblos cercanos hasta llegar a una estación en la que se hacinan los refugiados con la esperanza de que llegue un tren y se los lleve al norte, lejos del caos y el desastre que ha destruido la civilización y sus vidas de paso.Si hay una idea que Haneke tiene clara es que la sociedad occidental se autoengaña con ilusiones de moral, bondad, solidaridad y demás chorraditas bienintencionadas que, cuando las cosas se ponen difíciles caen en jirones como una piel seca que diera paso al pelaje del lobo. Esta es la tesis y la película se estructura en base a ella. La familia protagonista sigue su particular via crucis, cargando con la cruz de unos valores de clase media que ya no sirven en un mundo asolado y desierto por el que están condenados a vagar. Pero Haneke, a diferencia de un Von Trier que se hubiera regodeado en putear a los protagonistas hasta lo indecible en su línea de drama para hacer de reír, opta por una contención de mal rollo, construida a base de detalles sutiles que van machacando a los miembros de la familia (el caso casi anecdótico de la mascota del chico pequeño, un periquito que muere, es especialmente tremendo en su sencillez y resonancia). Los personajes contienen sus emociones, aún devastados por dentro, incapaces de explicarse lo que ha sucedido, colapsando como estrellas agonizantes y alejándose unos de otros hasta que, finalmente queda destruida la unidad familiar e incluso, la cordura.

Da un mal rollo impresionante, hasta el punto que, como soy un cagueta, me entran sudores fríos de sólo pensar en la historia. Pero oye, si a pesar de los malos momentos que me produjo me leí (y disfruté) Los genocidas en la tarde de lectura más acojonante que recuerdo, supongo que soportaré esta película.

P.D: Joé, parezco el OCR de los chicos de Pulp funcionando a todo trapo. Menos mal que hay confianza y el sospechoso habitual de hoy no me denunciará por anarrosear sus palabras.

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Elegía a los foros nonatos

Tenía dudas sobre qué asunto abordar en la segunda entrega de Nostalgia naranja; hay mucho de que hablar, algunas cosas conocidas, otras no, y no dosificar bien la información puede llevar a una relativa desilusión (no es mi intención vender humo). La cabeza me pedía trazar una trayectoria en espiral in crescendo, partiendo de cosas que eran públicas para pasar a otras que no lo eran tanto, y terminar con un gran aldabonazo. No obstante, qué mejor homenaje para cYbErDaRk.NeT que convertir esta serie en un recorrido un tanto anárquico sin imponer una estructura definida. Que sean la improvisación, la remembranza y el interés de este humilde y disgresivo juntapalabras los que vayan tejiendo la exposición según ésta vaya surgiendo.

Así que empezamos a lo grande con los foros nonatos.

Huelga comentar que todo surge de mi débil memoria, que recuerda las cosas a su manera. Vamos, que no me invento nada aunque puede haber algún que otro error no intencionado en los datos. Y las interpretaciones… eso ya sí que se me puede achacar al ciento por ciento. Mi visión de la web, su filosofía y funcionamiento interno fue, es y será tan personal como las otras miles que atesora cada usuario de los que vivieron la impresionante experiencia fandomítica que fue el universo naranja.

Los nuevos foros surgieron la primera semana de abril de 2003. La relación con el servidor que hospedaba hasta entonces cYbErDaRk.NeT había atravesado momentos tormentosos. Desde comienzos de 2002 el sitio no había hecho más que de crecer y de crecer, con un número ascendente de usuarios, participaciones cada vez más numerosas en los foros, nacimiento de abundantes grupos, un uso de la biblioteca en aumento, comenzaron a proliferar los artículos de portada con actualizaciones cada vez más pobladas,… Esto hacía que los planes de contratación se nos quedaran pequeños ante el ancho de banda consumido y el tráfico mensual de información, que subía y subía y subía.

Y, después de abundantes contratiempos (algunos sonados, como el que llevó a buscar una cuestación popular a comienzos de 2003), el 1 de abril de 2003 nos quedamos sin proveedor; a imagen y semejanza de los clientes que pasan dos o tres partes a la compañía de seguros en un «corto» periodo de tiempo nos vimos de patitas en la calle. Curiosamente dinero había debido a las aportaciones desinteresadas de muchos usuarios. Para asegurar la continuidad se desconectaron los foros mientras se preparaba la mudanza a una máquina nueva, esta vez especialmente dedicada (creo que fue entonces cuando nació el servidor mundosaparte), y se procedía a segmentar la web en dos: por un lado los foros, que se quedaban con el dominio foros.cyberdark.net, y por otro el resto de contenidos, que permanecían en cyberdark.net

Casualidades de la vida, entre los administradores se estaba planificando un poco una nueva estructura de la página, más racional, de forma que se pusiese un poco de orden entre el relativo caos en el que se vivía. Y como esos días sin tráfico supusieron un remanso de paz, David sacó tiempo para empezar a plantear unos foros nuevos. En un par de días ya tenía un nuevo aspecto y entró en una fase de pruebas que, como se pueden imaginar, sólo fue eso, una fase de pruebas que no pasó a más.

Esta es la imagen que tenía el invento

Realmente el aspecto, vistoso, no le hace justicia a su funcionamiento. Para que se hagan una idea era un sistema relativamente dinámico. Por ejemplo los grupos, ahora anidados dentro de sus respectivos foros temáticos, en un principio no se veían, sino que había que pinchar sobre un botoncito y entonces aparecían imitando los menús desplegables, con mucha suavidad. Se podía entrar dentro de cada uno de ellos y seguir las participaciones, aunque no se llegó a implementar (si no recuerdo mal, que ya he dicho que ha pasado bastante tiempo) la opción de introducir opiniones, y la última versión (ver las imágenes del final) incluía un buscador de hilos siguiendo varios criterios.

¿Por qué el asunto no pasó de aquí y quedó en agua de borrajas? Volvimos a tener pronto el servidor, David tuvo que hacer la mudanza (bastante complicada porque había que poner en contacto los dos segmentos que residían en «lugares» diferentes) y posteriormente no sacó tiempo para seguir con ello. Además, por el camino, se dio cuenta que después de 3 años el código sobre el que había construido la página necesitaba una reescritura desde la base. Todas las innovaciones introducidas en los meses anteriores (y después de este momento que estoy hablando) o la solución de los diversos problemas que se habían atravesado se afrontaron siguiendo el lema construyamos a partir de lo que hay, en plan «parche», quizás sin un criterio demasiado estructurado (la página, a pesar de su éxito, siempre adoleció, entre otras cosas, de una cierta incapacidad para preveer el futuro y las necesidades que podrían llegar con el crecimiento desmesurado que tuvo). Supuestamente esa reescritura podía haberse realizado durante el verano de 2003 pero entre el trabajo habitual del jefe y que los siguientes seis meses fueron mucho más plácidos, quedó en suspenso sine die.

Un par de vistazos más a otros diseños en fase de pruebas

Desde luego, desde el punto de vista del diseño, da mucha rabia que nunca se llevasen a cabo. Eran una pasada.

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Gotham Central: Ser un buen policía en Ciudad Gótica

Siempre ha supuesto un aliciente para los lectores de tebeos de superhéroes más entregados establecer la comparación entre las dos grandes urbes del universo DC, Metrópolis y Gotham, y sus respectivos guardianes, Superman y Batman. La primera habitualmente ha jugado el papel de ciudad dorada; todo ocurre a la luz del sol, las amenazas superheroicas son de gran calado y los villanos buscan algo más que hacerse ricos o sembrar el caos. Por pura contraposición, la segunda ha sido la ciudad de la noche, un escenario donde priman las guerras de bandas, los atracos, asesinatos y secuestros, y «sus» villanos carecen de poderes especiales, aunque aúnan mentes privilegiadas con serios transtornos mentales.

Esta dicotomía, consciente o inconscientemente, ha sido explotada por los guionistas de rigor, que han situado en ambas tramas nítidamente diferenciadas, creando a su vez una serie de estructuras organizativas y personajes diametralmente opuestos. Sirvan de ejemplo los STAR Labs de Metrópolis, institución en la que se han desarrollado todo tipo de investigaciones fantacientíficas, foco de múltiples amenazas o aventuras vividas por los superamigos. A su vez el departamento de policía de Gotham City, durante casi seis décadas regentado por Jim Gordon, ha tenido una importancia creciente en las correrías de El Señor de la Noche hasta el punto de nutrir sus tebeos de múltiples secundarios que, en algunos casos puntuales, tenían un papel protagónico por delante del propio superhéroe (algo también observable en la exitosa serie de animación creada por Paul Dini, Eric Rodomski y Bruce Timm hace una década y que se ha convertido, por derecho propio, en la mejor serie de televisión hecha nunca sobre ningún superhéroe)

Sin embargo, mientras que el entorno de Superman en tiempos recientes no da para mucho más (aunque, como se vio en el divertidísimo Superboy de Karl Kesel y Tom Grummett, en los STAR Labs había cantera para conseguir decenas de historias de aventuras, científicos locos, viajes a universos paralelos,…; es una cuestión de habilidad creadora), en el cuerpo de policia de Gotham sí que hay cantera para buenas historias. Y más ahora que lo policiaco y, en menor medida, lo noir están pegando con fuerza entre el gran público. Ya sea en el mundo del cine, de la televisión, de la literatura o del propio cómic.

De ahí arranca Gotham Central, uno de los tebeos de la temporada que reúne bajo su cabecera a tres grandes nombres del cómic americano actual: los guionistas Greg Rucka y Ed Brubaker, dos prima donnas que gustan mucho de introducir en las historias superheroicas elementos que derivan de la literatura policiaca y la novela negra más pura, y el ilustrador Michael Lark, dibujante que despunta tanto a la hora de diseñar escenarios derivados de las ilustraciones pulp de los años 30 y 40 (Terminal City o Legend of the Hawkman) como cuando hay que desarrollar una historia en ambientes urbanos con mucho juego de personajes, una atmósfera ligeramente oscura o, por qué no, un poco de acción.

La idea en torno a la que se articula es tan sencilla como efectiva: tenemos un cuerpo de policia enfrentado a criminales endemoniados, que tanto pueden ser personas normales con un avieso propósito como tipos enloquecidos que acostumbran a jugarse sus lentejas con Batman, caso de Mr Hielo, Dos Caras o el mismísimo Joker. Y mientras realizan sus pesquisas establecen todo tipo de relaciones entre ellos, se enfrentan a los problemas internos derivados de su trabajo o intentan conciliar su labor con una vida privada bastante compleja. Una receta nada novedosa que funciona a pedir de boca.

Todo aquél que eche de menos las buenas temporadas de Canción triste de Hill Street o esté enganchado ahora mismito a series como CSI o El comisario debería darle una oportunidad porque es más o menos lo mismo y, además, bien hecho. Tenemos unas historias poco originales pero sólidamente construidas, unos diálogos sublimes, una caracterización de personajes espectacular, un trabajo artístico del mismo nivel que el que realizó David Mazzuuccheli en el casi insuperable Batman: Año uno y un tratamiento del mundo superheroico serio y alejado de estridencias; ajeno a la que estamos acostumbrados del mainstream. Quizás este último detalle explica que en EE.UU. no esté funcionando demasiado bien entre el gran público y sólo se mantenga gracias a sus excelentes críticas o un grupo de tenaces seguidores.

Norma ha publicado hasta el momento tres tomos que mantienen un nivel uniforme rondando el notable alto. Quizás el mejor de los tres sea el segundo, «Media vida», centrado en los problemas que tiene la detective Montoya para mantener su vida privada al margen de su trabajo.

El último aparecido hasta el momento, «Blancos fáciles», que es el que me ha llevado a escribir este comentario, es otra sólida y vibrante muestra del potencial de esta colección. Primero con un capítulo de pura interacción de personajes en el que se nos introduce en la dinámica de sus relaciones a través de un observador externo, una empleada de la comisaria que va entrelazando varias historias para ofrecer un vistazo diferente a lo que habíamos leído anteriormente.

Y, a continuación, se sitúa un arco argumental de cuatro números en el que la ciudad de Gotham es amenazada por un francotirador que empieza a «retirar» grandes piezas. En sí este tema no sería muy novedoso… si no fuese porque éste es el señor J. Sí, sí, el mismísimo Joker. Y es una jodienda reventar así la sorpresa, que los guionistas intentaron mantener durante un tiempo. Pero como los sagaces chicos de Norma nos lo han puesto tal cual en la portada no hay mucho que desvelar.

Su hilo central no deja de ser la habitual sensación de indefensión bajo la que vivimos, pero el hecho que sean los propios guardianes los que se ven amenazados por el loco disfrazado de payaso y que estén por momentos más perdidos que esquimal en una playa de Benidorn le proporciona una tensión absorbente.

A ver qué tal se desarrollan las próximas historias, que habrá que degustar con calma. Según cuentan las noticias Brubaker ha firmado un contrato en exclusiva con Marvel y deja la serie, y otro tanto le ocurre a su ilustrador. Habrá que confiar en que Rucka siga adelante y que se encuentre alguien adecuado para dibujar estas historias de polis y cacos de las de toda la vida que se leen con sumo deleite.

Para información sobre su edición visitar el siguiente enlace

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