La estación fantasma

Puestos a crear secciones, he aquí una nueva. Bajo Sospechosos habituales irán apareciendo comentarios centrados en lo que colegas de la blogsfera vayan introduciendo en sus respectivas bitácoras. Muy especialmente aquéllos que, como servidor, provienen de la diáspora naranja, que son con los que mantengo más relación.

En esta primera entrega quería centrarme en el trabajo de Alfonso García, fonz, que en La estación fantasma está dando, entrada tras entrada, un festival de clase, personalidad y eclecticismo orientados hacia la divulgación de toda manifestación cultural que forma su circunstancia. Entre sus comentarios más recientes hay una multitud especialmente recomendable. Extracto tres.

Cuentos de hadas. Creo recordar que fue hacia el año 92 o 93 cuando cayó en mis manos el primer volumen (y me da que único publicado en España) que recogía las adaptaciones que el ensoñador P. Craig Russell realizó sobre los cuentos infantiles de Oscar Wilde. Y claro, quedé sumamente maravillado; no tanto por los cuentos en sí, que ya conocía de haber leído anteriormente, como por el brillante trabajo de adaptación. En esta entrada, fonz realiza un recorrido por los cuatro tomos publicados en EE.UU. He estractado dos párrafos que resumen muy bien lo que se pueden encontrar

Así que cuando se publicó en España el primer volumen de las adaptaciones de los cuentos de Wilde por P.Craig Russell, fue una noticia estupenda. Por aquella época Russell era un dibujante que me encantaba tras el impacto que supuso para mí su majestuosa adaptación de «La ciudad de los sueños» de Michael Moorcock. Influenciado por los prerrafaelitas, el Art Noveau en general y Aubrey Beardsley en particular, era un dibujante imaginativo de trazo y entintado exquisitos, logrando preciosas composiciones de viñeta y página, no exentas de fuerza. Además de ser un narrador fluido y original.

Y un poco más adelante

Pero se impone la habilidad narrativa de Russell que esquiva el habitual síndrome «corta y pega» tan extendido en las adaptaciones literarias a historieta, evitando que los textos abarroten las viñetas entorpeciendo la narración y logrando que el tebeo no sea un «Narraciones Ilustradas», sino una historieta por derecho propio (incluso se permite el lujo de prescindir del texto de apoyo y el diálogo en secuencias enteras brillantemente resueltas). Porque uno de los méritos más sobresalientes de Russell, por encima incluso de sus habilidades como dibujante, son sus virtudes como narrador, que habitualmente quedan ocultas por la pirotecnia.

Sobre la labor de Russell como «adaptador» de clásicos (ya sea de la fantasía épica o de óperas) recomendar la edición que Planeta hizo hace un par de años en cuatro vistosos tomos de El anillo del nibelungo. Visualmente ejemplar.

Maison Ikkoku. Como mucha gente de mi generación que, entre otras cosas, lee mangas, sigo con interés el trabajo de Rumiko Takahashi desde que en el primer lustro de los 90 Antena 3 ofreció en horario de mañana la adaptación de su manga más conocido, Ranma 1/2. Comedia de situación ejemplar, con una mezcla turbulenta de locura, romance, aventura, humor, desbarre y un punto «picante». El recuerdo es tan bueno que me da un poco de miedo revisionarla hoy en día. Maison Ikkoku es una obra anterior, menos conocida por el gran público, pero quizás más lograda, que pierde en el apartado del humor, mantiene el de los personajes (en otro registro) y gana en el de las historias, más apegadas a la realidad, menos desmadradas y con un hueco mayor para el «intimismo».

¿Qué dice fonz?

El planteamiento es, engañosamente, muy simple. A una casa de huéspedes llega una nueva administradora, joven, guapa y viuda. La casa en cuestión es un gallinero demencial compuesto de los mejores secundarios vistos en un tebeo en mucho tiempo: Godai, un estudiante fracasado y capullete, Mr. Yotsuya, un tipo misterioso y gorrón, una camarera pendón llamada Akemi, la señora Ichinose, una mujer de mediana edad, bebedora, cotilla y con un agudo punto de sabiduría popular y su hijo pequeño Kentaro. Todos ellos gustan de reunirse en la habitación de Godai a celebrar fiestas, gorronear, emborracharse y putearle en general. ¿Y cuál es el conflicto?. Evidentemente, el cateador se enamora de la administradora, un amor aparentemente imposible. Y nosotros asistimos a la evolución de su relación en capítulos cortos que van enriqueciendo la historia, un clásico culebrón romántico trufado de los habituales equívocos, dudas, temores, si, no, me quiere, no me quiere, añadiendo matices del pasado de los personajes, de su personalidad, de la de los secundarios, construyendo un panorama coral de deliciosa cotidianeidad.Y como esto es un tebeo japonés, la tensión amorosa se estira durante tomos y tomos (diez) enredando la trama hasta el agónico final, añadiendo nuevos giros argumentales en una apabullante exhibición de técnica y recursos narrativos con la mínima cantidad de elementos posibles. La capacidad inagotable de Takahashi y sus ayudantes para fabricar un tebeo divertidísimo de gente hablando en una habitación, de crear situaciones con apenas media docena de elementos sin ser repetitivos, es deslumbrante. Aún así, poco a poco, se van añadiendo personajes a la fórmula; la abuela de Godai, Mitaka, un profesor de tenis que configura el inevitable triángulo cateador-casera y otras muchachas que se enamoran de Godai o Mitaka, convirtiendo el triángulo en cuadrado, en pentágono… Todo con exquisito cálculo, de una narrativa tan fluida que ni se nota.

Doy fe de que lo consigue. (Nota para Paula: a ver si te lo dejo de una vez y enganchamos a tu madre con otro cómic. Que no sólo va a vivir de Leyendas o El escorpión)

Y para no extenderme mucho más, resaltar un último comentario. Sobre El tiempo del lobo.

«El tiempo del lobo» está ambientada en una Europa de un futuro indeterminado en el que algún tipo de catástrofe que desconocemos provoca la huida de la población urbana hacia el agro. La acción se centra en una familia que, al llegar a su casa de campo, la encuentra ocupada por un matrimonio armado que les despoja de todas sus posesiones y a partir de ahí peregrinan buscando sin éxito ayuda por los pueblos cercanos hasta llegar a una estación en la que se hacinan los refugiados con la esperanza de que llegue un tren y se los lleve al norte, lejos del caos y el desastre que ha destruido la civilización y sus vidas de paso.Si hay una idea que Haneke tiene clara es que la sociedad occidental se autoengaña con ilusiones de moral, bondad, solidaridad y demás chorraditas bienintencionadas que, cuando las cosas se ponen difíciles caen en jirones como una piel seca que diera paso al pelaje del lobo. Esta es la tesis y la película se estructura en base a ella. La familia protagonista sigue su particular via crucis, cargando con la cruz de unos valores de clase media que ya no sirven en un mundo asolado y desierto por el que están condenados a vagar. Pero Haneke, a diferencia de un Von Trier que se hubiera regodeado en putear a los protagonistas hasta lo indecible en su línea de drama para hacer de reír, opta por una contención de mal rollo, construida a base de detalles sutiles que van machacando a los miembros de la familia (el caso casi anecdótico de la mascota del chico pequeño, un periquito que muere, es especialmente tremendo en su sencillez y resonancia). Los personajes contienen sus emociones, aún devastados por dentro, incapaces de explicarse lo que ha sucedido, colapsando como estrellas agonizantes y alejándose unos de otros hasta que, finalmente queda destruida la unidad familiar e incluso, la cordura.

Da un mal rollo impresionante, hasta el punto que, como soy un cagueta, me entran sudores fríos de sólo pensar en la historia. Pero oye, si a pesar de los malos momentos que me produjo me leí (y disfruté) Los genocidas en la tarde de lectura más acojonante que recuerdo, supongo que soportaré esta película.

P.D: Joé, parezco el OCR de los chicos de Pulp funcionando a todo trapo. Menos mal que hay confianza y el sospechoso habitual de hoy no me denunciará por anarrosear sus palabras.

Esta entrada fue publicada en Sospechosos habituales y etiquetada , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

1 respuesta a La estación fantasma

  1. fonz dijo:

    Pero tioooooo, que ya casi me acojona clicar en el enlace a tu blog para no ponerme colorao . Te lo perdono porque esto se ve claramente que es una estrategia para que, disimuladamente, te escribamos los post los demás cuando vas apurao de tiempo. Así que nada de escaquearse, ya te me estás poniendo a currar. Quiero una reseña del Zivkovic, un estudio de lo publicado en España por Brubaker y otro de futurología: «Norma se queda sin DC», pero ya.

    Ah y la peli del Haneke no la aconsejaría alegremente, hay que tener en cuenta que nosotros somos dos titanes que una vez nos atizamos una peli de Manuel de Oliveira sin dormirnos y sin matar a nadie de la sala por desesperación ni nada, demostrando una resistencia al aburrimiento casi inhumana. A partir de aquel momento cualquier película con subtítulos en iraní ya nos parece La jungla de cristal. Pero si a uno le apetece cf profunda de mal rollo es una elección perfecta.

Los comentarios están cerrados.