Absolute Watchmen

Andaba haciendo la patrulla diaria por los enlaces de rigor, deseando desconectar la máquina (hoy ha sido un duro día de evaluación) y me he encontrado en La cárcel de papel con una noticia que hace que me caigan sudores fríos por la nuca.

Se prepara una reedición definitiva deluxe de la obra definitiva sobre superhéroes: Watchmen (a falta de echarle la zarpa a Miracleman). 464 páginas, con 48 páginas de material extra, tamaño extra grande (más o menos similar al formato álbum en tapa dura), recoloreado por John Higgins para la ocasión,… Supongo que algo similar a lo que publicó Glénat a comienzos de los 90 y que sólo llegó hasta la mitad de la serie limitada.

Para alguien que tiene los tebeos originales que publicó Zinco a finales de los 80 y el tomo recopilatorio integral que sacó Norma hace cuatro o cinco años… una compra obligada (independientemente del precio que le vayan a poner). Watchmen es un tebeo para leer y releer, y que merece la pena disfurtar en un formato como éste. Aparte, no duele reconocer que me falta un tornillo (y soy extremadamente friki)…

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La nueva biblioteca

Después de un hiato de dos semanas, retomo la serie de entradas titulada Nostalgia naranja con una sección que no pillará a nadie de improviso porque era público y notorio que se estaba trabajando. La nueva biblioteca.

Cuando cYbErDaRk.NeT nació no era más que una discreta biblioteca, sin foros o artículos, con un valor añadido que otras páginas bibliográficas no habían implementado: la posibilidad de que los internautas fuesen a la ficha de un libro que hubiesen leído recientemente y poner directamente, sin pasar por un filtro previo, una opinión que recomendase o denostase su contenido (a ser posible, debidamente razonada). Esta interactividad, unida a la informativa propia de una base de datos, le dotaba de un atractivo adicional para el lector de a pie, muchas veces perdido entre la marea de novedades o sin saber si un libro de segunda mano es o no recomendable. Ahora era él mismo el que podía recomendar sus preferidos al resto del mundo, valorarlo en su justa medida o señalarlo con su particular marca de Caín.

Más tarde, cuando se implementó el sistema de usuarios, se ganó otra opción bastante apreciada por todos esos vagos que no tenemos en nuestros ordenadores una base de datos con nuestros libros. Se podía controlar a través de internet, sin necesidad de rascarse mucho la cabeza ni manejar nada que no fuese un navegador, un gestor de biblioteca. En principio trivial (lo tengo, no lo tengo y una opción para añadir notitas), pero con la potencialidad de ver añadidas mejoras que, dicho sea de paso, nunca llegaron.

Como curiosidad, cada ficha contenía una opción sumamente interesante que después se perdió. Un botoncito a través del cual cualquier navegante podía sugerir un enlace a una página sobre el libro, donde el lector interesado pudiese informarse de la correspondiente reseña o artículo (y del que hice buen uso para promocionar mi pequeña página web). Y el sistema de votación hacía gala de un sentido del humor muy peculiar ya que no eran cuadraditos sobre los que pulsabas para definir tu nota entre 1 y 10, sino unos graciosos marcianitos cabezones que se perdieron con la nueva imagen de la biblioteca.

El sistema, desde luego, era mejorable. Y después de mucho remolonear, tras un cambio de aspecto que le dotó de una mayor seriedad, se comenzó a trabajar en dicha mejora a mediados de 2004. Aunque, como es sabido, jamás dejó de ser una prueba que no se llevó a la realidad a pesar de su avanzado estado de gestación (que permitía observar la biblioteca de los usuarios tal y como se vería con el nuevo aspecto). Vamos a echarle un vistazo.

He aquí un pantallazo de su aspecto general nada más entrar en ella, con el listado de libros por título. Aparte de una factura gráfica preciosa, ahora la información bibliográfica sería mucho más completa. Incluso se podría elejir la edición de cada libro que se tuviese.


Asimismo se incluirían nuevas opciones para cada entrada. La usabilidad sería máxima al incluir opciones tan necesarias como «lo he leído», «lo he dejado», el últimamente de moda «lo tengo en la pila» o el siempre apetecible «lo tengo en la lista de la compra».

Otro pantallazo, esta vez a la ficha tal y como se vería el contenido clasificado por autor.

Una de las mejoras más interesantes para los habituales opinadores estaría en la ficha de cada libro. Se podría acceder a la opinión o la puntuación dejada en cada uno de ellos, no ya para recordar lo que habíamos escrito en ellas sino, también, cambiarlas si en algo no nos satisfacía.

De paso, también se podría acceder a nuestro particular top y obtener automáticamente toda la información concerniente, más allá del título. He aquí un vistazo a mis últimos puestos

Como se puede observar, un conjunto de mejoras que iban a potenciar todavía más esta sección y que, si no me han informado mal, van a ser retomadas por la nueva biblioteca que surgirá en La tercera fundación una vez haya echado a andar. Desde luego, como servicio público, recoger este testigo nos hará condenadamente felices a todos los que pensamos que es una herramienta imprescindible. Mucha suerte y ánimo con el trabajo.

P.D.: Para todo el que quiera informarse sobre el pasado de la biblioteca en cYbErDaRk.NeT no hay lectura más recomendable que «La biblioteca: Un proyecto afortunado«, del ínclito Iván Olmedo. Todo lo que quiso saber sobre ese proyecto y no se atrevió a preguntar.

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Estúpidas, estúpidas monstrorratas

Haciendo el calentamiento en el gimnasio, mientras me machacaba un poco en la bicicleta poniendo a tono los músculos activando la circulación, me he acordado no sé por qué de un tebeo al que tengo mucho aprecio desde hace una década, cuando comencé a seguirlo en inglés a través de unos gloriosos tomos recopilatorios. El tebeo en cuestión es Bone, una creación de Jeff Smith que debiera ser mucho más conocido (parece mentira que los últimos bodrios de Ibáñez o cantidad de estúpidos mangas vendan incomparablemente más).

Pocos tebeos me he encontrado tan accesibles como éste. Una mezcla excelente entre los grandes clásicos de la Disney, las gloriosas historias del Pato Donald (y, posteriormente, el tío Gilito) de Carl Barks o Don Rosa, las historias de funny animals de Walt Kelly y la mejor fantasía medieval juvenil, desarrollado con una narrativa gráfica prodigiosa.

Uno de los momentos más celebrados, el primero en venirme a la mente, se encuentra en el número 2 de la colección. En él Phone Bone, cándido protagonista del tebeo, después de salvar a unas pequeñas zarigüellas de las manos de las Rat Creatures (en la traducción, monstrorratas), es perseguido por dos de ellas con unas consecuencias hilarantes. He aquí el extracto.

Las páginas anteriores y posteriores se pueden seguir en el siguiente enlace

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Constantine: Expectativas no consumadas

En la entrada del 8 de febrero comentaba las nulas expectativas que tenía sobre el film Constantine, adaptación de los tebeos de Hellblazer protagonizada por Keanu Reaves y próxima a estrenarse. Sin embargo, después de visionarla hace un par de semanas, me veo en la necesidad de enmendarme levemente la plana: no se consumó la catástrofe sino que salí del cine moderadamente contento a pesar de los pesares. Y eso que arranca amenazando catástrofe total.

Un par de mejicanos encuentran en una excavación azteca la punta de la Lanza del Destino, envuelta, cómo no, en una bandera nazi. La sobada concatenación ocultismo-nazismo-cataclismo, que aquí estaría de más, parece que tiene que figurar por narices en cualquier película de superhéroes a la que se necesite dotar de un matiz sobrenatural; decisión que aburre y llena de estupor (¿cómo llegó el objeto hasta esas ruinas?).

A continuación se presenta a John Constantine, y la sensación de zozobra continúa. Sí, es un detective de lo extraño que fuma como un carretero (¿su único icono definitorio desaparecida la gabardina y su rubia cabellera?), pero ahora recorre la ciudad de Los Angeles (cambio de continente; Constantine es un genuino producto de las islas británicas) a lo Robin Hood satánico, desfaciendo exorcismos y demás mandangas demoniacas. Destinado a ir al infierno por un intento de suicidio en su juventud, intenta redimirse haciendo el «bien» (no es todo lo altruista que podría ser). Ni que decir tiene que no parece haber rastro del cínico cabrón hijo puta manipulador más duro que el adamantium que va a lo suyo sin compadecer a sus semejantes. A su lado se alista el preceptivo trío de coleguillas, carne de cañón, que le ayudan en su labor. Chass, un conductor de Taxi que le lleva a todos los lados, convertido para la ocasión en un jovencuelo imberbe que juega el rol de secundario cómico; un cura alcohólico lastimoso que le pone sobre la pista de trabajillos y el habitual Q sobrenatural que le surge de un arsenal de recursos contra las fuerzas del averno.

Casi parece una versión de la lamentable Van Helsing.

Sin embargo el desastre no se consuma. La historia no deriva hacia un nostálgico de Tercer Reitch quiere plantar el infierno en casa del enemigo sino que se orienta a lo que se espera de un tebeo de Hellblazer; eso sí guionizado por una mezcla de escaso octanaje entre Garth Ennis y John el simplón, con unas gotas de Jamie Delano. Bajo la trama subyace el precepto del famoso tebeo «Hábitos peligrosos«; después de toda una vida fumando como un carretero, Constantine tiene cáncer, y la gran C le va a llevar sin remisión hasta el Averno. Por mucho que corra o aliados extraterrenos que busque, no puede esconderse. En su camino se cruza con Rachel Weisz, que ha perdido a su hermana gemela después de un suicidio y que necesita saber por qué cometió tal afrenta contra su fe (católica profunda) y qué la llevó hasta ese grado de desesperación.

A su vez, el personaje, aunque ya digo que dista de ser el que conocemos, tiene los suficientes matices Constantinianos como para no convertirse en una afrenta. Quizás porque el inexpresivo y marmóreo Keanu Reaves da el pego y los diálogos, muy especialmente en sus primeros encuentros con Rachel Weisz, tienen la carga de cinismo y mala leche que se puede esperar del tío John, brillando en algunas escenas, como el celebrado momento en que atrapa bajo un vaso a la araña (cucaracha en el cómic) y resume en una lacónica frase la historia de su vida.

Constantine, como película palomitera, es bastante entretenida, está bien hecha y, aunque quede detrás de otro producto del mismo tipo que nos ha llegado en los últimos meses: la adaptación por parte de Guillermo del Toro de Hellboy, no desmerece. Ya podrían tener todas las pelis basadas en cómic la factura visual, el guión, los diálogos, el montaje o el diseño de producción de ésta. Si no miren la reciente Blade: Trinity, donde David S. Goyer echa carretadas de oprovio sobre su ya depauperada carrera. Uno no sabe si lo más deplorable está en el guión, el montaje, la dirección, las interpretaciones,…

Y como adaptación, aún reconociendo que hay secuencias que son lastimosas, caso del gratuito «homenaje» a Resident Evil (¿no se concibe una película de este tipo sin acción?), y que el propio personaje mute a una especie de Castigador en busca de redención (con un final risible con John pasándose a los chicles con nicotina), ofrece una receta similar a la que David Hayter bordó en los guiones de los X-Men: coger los elementos más idiosincráticos de la fuente y ofrecerlos, sin excesivas traiciones, debidamente regurgitados al público masivo de los cines.

Aunque en este juicio, tan benevolente como es habitual en un servidor, sin duda interfieren las nulas esperanzas que tenía puestas en la película.

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La primera temporada de Babylon 5 en DVD

La noticia no es nueva, pero en ZonaDVD ya se pueden observar la carátula y las características que va a tener la edición de la serie que llegará a las tiendas el 5 de Abril.

Para un servidor (y muchos otros antes de mi, claro) Babylon 5 es la mejor serie de televisión de ciencia ficción que he visto (en mi caso no es decir mucho ya que tampoco he visto demasiadas). Plena de acción, protagonistas con carisma, secundarios de lujo, buenos efectos especiales, guiones y diálogos sobresalientes, tensión, thriller, diplomacia, humor, camaradería,… Y una solvencia descomunal a la hora de manejar los recursos propios del género. Lo que empieza siendo un space opera con fuertes gotas de intriga política termina jugando con muchos conceptos derivados de la buena ciencia ficción y además de forma nada trivial. Un menú variado y excelsamente cocinado por un creador de lujo: J. M. Straczynski.

Aún recuerdo lo que supuso descrubir la primera temporada, emitida en aquel horario demencial los fines de semana a primerísimas horas de la mañana (cuando a la noche todavía le quedaba una hora por delante), o la segunda y tercera temporadas, que seguí de forma casi íntegra durante un verano (era la rutina habitual después de volver de la playa; sentarme a merender a eso de las siete con Babylon 5). Claro, cuando TVE dejó de emitir la serie al final de la tercera temporada, con ese cliffhanger demencial en Z´Ha´Dum, me quedé más colgado que un yonqui de pueblo el día en que la Guardia Civil detiene al único camello en 100 kilómetros a la redonda. Gracias sean dadas a diso, ha llegado el momento de descubrir qué ocurre a continuación. Aunque supongo que habrá que esperar a que vayan saliendo las distintas temporadas.

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El señor C aterriza en la blogsfera

David Fernández, webmaster de la desaparecida cYbErDaRk.NeT, ha abierto un blog bajo el sonoro título de Monólogos bajo el árbol del ahorcado. ¿Por qué empezar esta «aventura»?

Ganas, diría yo, de decir algunas cosas de vez en cuando. No creo que llegue a ser un blog especialmente interesante; no estará enfocado a ningún tema específico, no será regular (postearé cuando tenga algo que postear), y no tendrá magníficas piezas (comentarios, reseñas de libros) como en otros sitios, porque no va conmigo.

La modestia le puede. Es posible que no hable de esos libros que todos estamos deseando leer, la última película que ha visto o nos regale unas cuantas foros de arte y ensayo. Pero habrá que pasarse de cuando en cuando para leer los incendiarios y sentidos comentarios que vaya dejando.

Y me estoy imaginando hordas de antiguos usuarios de su página acudiendo hasta el árbol donde mora el padre fundador para escuchar sus palabras, alabarle o, por qué no, mandarle ipso facto a Parla por cerrarles su particular grifo de la felicidad virtual. Yo me escondía debajo de una piedra…

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La venganza de los Sith (trailer)

Ya está disponible el trailer definitivo de la conclusión de la «última» trilogía de Star Wars. Como fan total de la serie, me he quedado con la boca abierta. No hay palabras para describir las ganas que tengo de que llegue el 19 de Mayo.

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Ash, la historia secreta

Hace unos meses, en uno de sus habituales hilos en los foros de cYbErDaRk.NeT, Manuel Santos, Hartree, nos puso sobre la pista de un libro muy voluminoso que recordaba a un concepto que a los lectores de John Crowley no nos resulta extraño. Hay una Historia secreta del mundo que cuenta que en otro tiempo las cosas fueron diferentes; e, incluso, la magia o la alquimia llegaron a funcionar. Pero hubo una alteración de la materia misma que forma el universo y entonces Cambió a lo que nosotros sabemos ahora; vamos, que la magia o la alquimia dejaron de operar y los hechos que ahora conocemos reemplazaron a los que entonces se daban por ciertos. Sin embargo existen legajos de ese pasado perdido que nos permiten aprehender todo eso que se ha perdido y que ya no existe.

Aunque conceptualmente la idea no era la misma (pero puede servir de incidador), el libro del que hablaba era Ash y su autora la desconocida Mary Gentle. Este mes nos llega de la mano de La Factoría en una divisón bestial, cuatro libros, la misma que se ha hecho en el mercado anglosajón para su publicación en bolsillo, que irán apareciendo a lo largo del año (a ver si para navidad está enterita)

Como supongo que la referencia a Crowley habrá sonado muy críptica y escueta, no hay nada como el texto de contraportada para testar el contenido

Un historiador estudia unos extraños manuscritos que relatan un periodo de la edad media que parece inverosímil, pero que podría haber sido real.Europa dominada por el reino de Borgoña; Cartago bajo el yugo de los visigodos; ejércitos que cuentan con gólems entre sus filas. En aquella época de guerras y locura, nos encontramos a Ash, una guerrera temible, la capitana de un invencible grupo de mercenarios, poseída por una extraña voz que le murmura tácticas imbatibles al oído. Una voz que la llevó a una cima que no podrían alcanzar ni las leyendas más poderosas.

¿Hay más de una historia del mundo, y nos la han querido ocultar?

Buff, una compra obligada. La mezcla de historia secreta del mundo, investigación en el presente, batallitas medievales, ucronía,… me pierde.

Título original: Ash, A Secret History
Autor: Mary Gentle
Fecha de publicación: Marzo 2005
Formato: 21 x 13 cms
Encuadernación: Rústica con solapas
Páginas: 352
PVP: 14,95 €

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Solaris: El arduo camino hacia la calidad

Hace dos años y unos meses abrí un hilo en los fenecidos foros de cYbErDaRk.NeT sobre la revista Solaris, que por aquél entonces estaba a punto de dejar de comprar. Mis palabras y lo que se originó dieron pie a una reflexión de Francisco José Suñer Iglesias en El sitio de ciencia ficción, bajo el título de «¿Revistas o catálogos?«. Todo surgió, básicamente, del estupor que número tras número me producía el sistema de puntuaciones que se utilizaba en las reseñas que publicaba (y publica) la revista.

Servidor no es que sea precisamente un crítico muy duro; sólo hay que observar las calificaciones que en mi web otorgo a los libros que voy reseñando. Sin embargo en una publicación que presume de reseñarlo TODO, era raro encontrar una nota por debajo de un 6. Vamos, que en España no se publicaban libros mediocres o malos. Esto sin considerar las elevadas puntuaciones que recibían muchos libros de la casa (La Factoría de Ideas, a la sazón editora de la revista) mientras otros, manifiestamente mejores, se observaban bajo un lupa menos benigna; o ciertos aspectos referidos a la línea editorial que condicionaban lo que los colaboradores escribían o publicaban.

A la par había algo adicional que no saqué entonces (la razón la retomaré en una futura entrega de Nostalgia naranja, seguramente en el segundo egotrip) sobre lo que me gustaría reflexionar ahora que tengo tiempo. Solaris, como revista, estaba mal planteada. Su papel como guía de lectura quedaba en cuestión por el comentado asunto de las reseñas. ¿Puede uno fiarse de unos criterios tan laxos como los utilizados? A su vez, la parte teórica, el otro caballo de batalla que debe cuidar una publicación eminentemente de contenido, estaba condicionada de serie. Los artículos tenían a lo sumo tres escuetas páginas y ahí prácticamente no hay más terreno que para la divulgación más simplificadora y volátil. Difícilmente en una distancia tan corta (haciendo cuentas la mayoría tenían entre 1700 y 2500 palabras; en cYbErDaRk publicamos bastantes reseñas de la misma extensión) se puede aportar información relevante sobre un autor, temática, corriente, premio,… más allá de cuatro datos muy generales y siete ideas resumidas.

La excusa detrás de este «capado» a la hora de plantear los textos surgía de dos aspectos. Por un lado el limitado número de páginas para este apartado con el que contaba la revista. En algún número apenas 6. Pero el otro, no menos importante, partía de una idea que se me antojaba errada de partida: el lector blanco de la publicación es el lector de a pie, ese que no está interesado en indagar en su afición, sólo en descubrir, sin sudar, otros autores/obras/temáticas/perspectivas.

¿Por qué errada? Ese lector jamás se gasta 3 o 4€ en una revista sobre libros; invertir ese dinero implica que se está dispuesto a realizar ese esfuerzo por ir más allá de lo evidente para profundizar. Asimismo en estos tiempos de internet proliferan las webs que ofrecen ese mismo contenido «superficial» completamente gratis (o, incluso, en algunos sitios yendo mucho más lejos y aportando exhaustividad, completitud,…). Dado el alcance que estaba teniendo este medio quedarse anclado en este esquema abocaba al más absoluto fracaso (que, creo, estuvo a punto de tragarse la cabecera). Sin olvidar que entre el material Gigamesh, el sesudo que se tiene como referencia y que espanta a muchos lectores, y lo que ofrecía Solaris había un término medio.

Ya en su momento me pareció obvio, y de hecho dejé de comprar la revista hacia el número 17 después de 3 años de lectura (soy de espoleta retardada)

Y el tiempo pasó y en la revista hubo cambios importantes que le proporcionaron un lavado de cara. Los esenciales: se aumentó el número de páginas, desde las usuales 50 hasta las actuales 66, ganando de paso un formato más vistoso al cambiar grapa por lomo. Y pusieron detrás a un chico inteligente, con una incuestionable capacidad de trabajo, buenas ideas y ganas de hacerlo bien. Alberto García-Teresa. Bajo su batuta la revista no ha hecho más que mejorar, pasando de ser el patito feo de la divulgación de la literatura fantástica en nuestro idioma a ser un «primer espada». Expresión, dicho sea de paso, un tanto absurda ya que espadas, lo que se dice espadas, hay contadas con los dedos de una mano y sobran dedos. Pero la metamorfosis es manifiesta. De hecho ya no es sólo un boletín informativo con abundantes reseñas y publicidad de La Factoría, sino que ofrece un material que merece la pena leer y que es algo más que un texto de solapa. La divulgación ha abandonado el terreno de lo venial para penetrar en lo capital.

¿Sigue siendo una revista sesgada? Desde luego. Aunque lo ha limitado, no ha perdido su condición de revista de cámara que publicita los autores y libros de la casa. Pero entre que La Factoría es la editorial más importante en volumen del panorama actual, los contenidos son más satisfactorios y extensos (con buenas entrevistas y artículos sólidos), la nómina de colaboradores es de postín, se presta una atención importante a lo que podríamos llamar la competencia en igualdad de condiciones que a los productos de la casa (en lo que a calidad de contenidos se refiere), se potencia la visión del género fantástico con artículos y contenidos de fondo como el celebrado número 25 con un notable canon de relatos de ciencia ficción (incluyendo el glorioso «Pájaros lentos» de Ian Watson), el repaso a las utopías y distopías escrito por Juanma Santiago en el nº 26, la sección de Mariano Villarreal sobre los premios de ciencia ficción,… Se olvida.

De ahí que el artículo de repaso a la historia de la revista, escrito por José Miguel Pallarés, del pasado número 25, me parezca totalmente errado. No dedicar ni un mísero párrafo al actual curso de la revista que ha potenciado todo esto es de una cortedad de miras pasmosa. Claro, se podría aducir que está mal hablar de uno mismo, en este caso la propia etapa de la revista. Pero eso no parece molestar a alguien que no duda en calificar los primeros números de Solaris como los mejores todavía no superados. Un alarde de ombliguismo reprobable; no por nada estaba por aquel entonces en la «cúpula» de la revista.

Ahora toca echar el freno; ya he escrito un buen trozo y el ronquido del mínimo rebaño que regento empieza a notarse. Pero en breve espero poder comentarles el último número de la revista: el 27. A pesar de no ser el mejor ejemplo sobre la trayectoria de la revista (les ha quedado un pelín flojo), trae como contenido estrella un artículo y una entrevista con Robin Hobb. Con Martin y Sapkowski, para el que esto suscribe, la escritora de fantasía heroica del momento. A ver si convenzo a alguno de ustedes para que al menos le den una oportunidad.

Nota 1: Casualmente he empezado a colaborar con la revista en esta última etapa, lo que podría invitar a poner en cuarentena todo lo que escrito anteriormente. Claro, hay atenuantes como que mi participación haya sido marginal o mis beneficios exiguos (3 o 4 libros en pago por las reseñas). Pero, como el resto de lo que escribo en este blog, es una verbalización de mis ideas. Más o menos contradictorias, acertadas, peregrinas… pero argumentadas.

Nota 2: Sobre los relatos, de lo que se podría hablar largo y tendido, me reconozco incapaz de valorarlos; entre las muchas discapacidades que acumulo una de las más señalas es que me resulta harto complicado leer cualquier narrativa que no esté encerrada entre las tapas de «algo» que se parezca un libro. Algunas veces puedo hacer el esfuerzo por un autor que me encanta o que estoy interesado en descubrir. Pero son excepciones. De ahí que prácticamente desconozca la mayoría de los que han publicado. Aunque sólo por publicar una joyita como «El mejor hombre del amigo» (nº 26), del sin par Jonathan Carroll, merecen todos los parabienes del mundo.

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