Réquiem alemán

Réquiem alemán

Réquiem alemán

Réquiem alemán es la novela con la que Philip Kerr cerró en 1991 la, entonces, trilogía Berlín Noir. Una serie que retomaría quince años más tarde y que verá este 2011 aparecer su séptima entrega: “Gris de campaña” (o “Gris militar”, que no encuentro fuentes que coincidan).

Lo primero que se hace notar es su escasa continuidad respecto a Violetas de marzo y Pálido criminal, fruto de la voluntad de Kerr por no quedar estancado en otra historia policiaca con nazis en el Berlín de preguerra. De hecho, corta por lo sano y traslada la acción hasta finales 1947, hacia un Berlín desolado donde la tensión entre los dos grandes bloques están a punto de “descorchar” la guerra fría. Entre las ruinas físicas y psicológicas de un país y una ciudad en plena bipartición, un oficial de la MVD (el post NKVD y pre KGB), el coronel Poroshin, contacta con Bernie Gunther para que investigue el asesinato en el que se ha visto involucrado Emil Becker; un antiguo compañero en la Policía Criminal de Berlín, especialista todo tipo de trapicheos, detenido como presunto asesino de un oficial estadounidense en Viena. Pese a sus dudas iniciales, Gunther acepta e inicia una investigación que le trasladará hasta la capital austriaca. Un escenario que, la verdad, conocemos muy bien.

Durante más de la mitad de su extensión, Réquiem alemán evoca el recuerdo que tiene el lector de El tercer hombre, ya sea a través de la novela o, más (por su tremendo poder visual), de la adaptación que Carol Reed hizo poco después. No es sólo que Kerr se mueva por los mismos escenarios del submundo vienés y que estos fuesen bien capturados por ambos clásicos. Hay escenas que remiten, directa o indirectamente, a ella: una visita de Gunther al cementerio de la ciudad, esos paseos nocturnos por calles en penumbra absolutamente vacías, el sonido de la cítara en los clubes, la necesidad de penicilina… Incluso en varios momentos de la narración se alude a unos productores ingleses que preparan la grabación de una película en la ciudad.

Una muleta destinada a dar mayor verosimilitud a la ficción.

Independientemente de esto, el gran acierto de Réquiem alemán está en lo bien que se mueve Kerr entre la novela negra y el thriller de espías menor. Un terreno ideal para relatar la descomposición de una Alemania que purga los males del nazismo, apesadumbrada por las atrocidades que había cometido y en pleno proceso de reacción ante las que (también) se habían cometido contra ella. Y, sobre todo, para poner negro sobre blanco el nacimiento del nuevo orden mundial. La desaparición de la “claridad” que había conducido a la Segunda Guerra Mundial para embarcarse en un proceso más borroso y velado donde los nazis eran algo más que unos criminales a los que castigar (quizás una posible ayuda contra la creciente amenaza “roja”). La génesis de una (nueva) ambigüedad moral que reinaría en las relaciones internacionales durante cuatro décadas, hasta que fue reemplazada por una nueva ética (tan o más turbia).

Se disfruta viendo a un Bernie Gunther que mantiene su integridad, cinismo y sensibilidad habituales en un ambiente todavía más hostil al de las dos primeras novelas. A sus consabidos problemas con las viciadas estructuras nazis (no debería haberlo escrito, pero hay un spoiler a lo “habéis matado a…” en el texto de la cubierta trasera) y los criminales de diversa estopa, aquí debe sobrevivir a un clima postbélico depresivo y unos compañeros de reparto de lo más escurridizos con los que el cinismo, la hipocresía y el verbo afilado ya no bastan para salvar el día. De hecho, todavía más sobrepasado por los acontecimientos, Kerr necesita de una conversación final con el mago que mueve los hilos para poner al día a Bernie de todo lo que no ha sido consciente, que no es poco. Un recurso narrativo incómodo que acentúa la sensación de indefensión del personaje.

Réquiem alemán es una narración con un buen pulso, salvo un par de tiempos muertos, a la que sólo puedo achacar una edición no del todo depurada en la que se aprecia una falta de corrección que, la verdad, siendo una reedición de un libro impreso varias veces, toca la moral.

Ahora dejaré descansar a Philip Kerr y a Bernie Gunther unos meses. Sé que en cuanto me lance sobre la siguiente novela de la serie, Unos por otros, van a caer el resto todas seguidas. No conviene quedarse sin este tipo de lecturas compulsivas con tanta alegría. Después acabo frustrado al no encontrar más. Si no de lo mismo, sí de obras… semejantes.

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4 respuestas a Réquiem alemán

  1. Egan dijo:

    Lo de la ambiguedad respecto a los antiguos nazis y el clima postbélico, que ya es más parecido al actual, me llaman muchísimo. Te leía las reseñas anteriores de esta serie y, la verdad, no me animaba porque tenía cierto hartazgo de nazis.
    Pero lo de que salga un oficial soviético ya me provoca un poquillo. Y encima, no he leído “El tercer hombre”, con lo que la ambientación vienesa me pillará de nuevas. Así que comenzaré la compulsión por la que parece ser la tercera. Veré si la puedo controlar, je, je…

  2. Pues yo te voy a recomendar a estas alturas “Gorky Park”, de Martin Cruz Smith, y las posteriores “Estrella Polar”, “La plaza Roja”, “Bahía de la Habana”, “El tiempo de los Lobos” y “El fantasma de Stalin”. Me parece que describen de manera genial tanto la Rusia como el Occidente desde los cuasipeores tiempos de la Guerra fría ya en los 80 (con Breznev, Chernienko y Andropov en la cima de la URSS, Dios mío, como ha pasado el tiempo…)

  3. Nacho dijo:

    Había visto la peli de “Gorky Park”, pero no sabía que estaba basada en una novela. Tomo nota para una próxima lectura. Muchas gracias 🙂

    Egan, creo que deberías comenzar con “Violetas de marzo”. Aunque se pueden leer más o menos independientemente, así al menos tienes una primera toma de contacto para detectar algunas “evoluciones” que se producen desde el comienzo de la serie. Después, si quieres, sáltate “Pálido criminal”, que es la más “nazi” de las tres que he leído hasta el momento.

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