
El poder del perro
Mis últimos tres años como lector han sido “perezosos”. Después de haber leído desde mi adolescencia unos 50 o 60 libros al año, me he “estancado” aproximadamente en la mitad. Y tras haberme aficionado a las novelas de entre 200 y 300 páginas, cualquier ficción que sobrepase esa extensión me cuesta una odisea terminarla; muy muy buena me tiene que parecer para que me anime a ello. Así que cuando leo una novela de 700 páginas en apenas cinco días, estando casi todos fuera de casa… algo tiene de especial. Más cuando viene hiperrecomendada por lectores agudos como Nemes o Nasandi, culos inquietos que no se casan con nadie. Menudo descubrimiento.
El director de la colección Roja y Negra de la editorial Mondadori, Rodrigo Fresán, en una de las frases promocionales que se ha utilizado para darla a conocer, habla de El poder del perro como de una versión narcomex de El Padrino. No estoy muy de acuerdo con él. Aunque comparte ciertos elementos con ella, carece del componente “familiar” que es el sustrato fundamental de la novela de Mario Puzo. A mi me ha recordado más, salvando las distancias (y reconociendo mi profundo desconocimiento de la novela negra), a la trilogía de James Ellroy formada por América, Seis de los grandes y la todavía inédita en España Blood’s A Rover, cuya traducción aparecerá en apenas dos meses.
Si en ellos Ellroy recrea en clave mafiosa la historia de EE.UU. desde finales de la década de los 50 hasta comienzos de la década de los 70, tocando hitos tan memorables como la elección de JFK, la invasión de Bahía de Cochinos o los asesinatos del propio JFK, Martin Luther King o Robert F. Kennedy, Don Winslow aborda aquí un repaso a la historia reciente de México en clave de narcotráfico. Cómo los diversos cárteles se hicieron con el control de la sociedad, la economía, la política… llegando a límites que, desde la distancia, tendentes a olvidar los grandes titulares a los dos días de haberse producido, dejan a uno patidifuso. Para ello se sirve de un punto de vista múltiple con unos personajes estigmatizados, protagonistas a su pesar de los hechos que enhebran tres décadas de la historia del país.
La tarea de Winslow no era fácil. La erradicación de las plantaciones de heroína mexicanas a finales de los 70, el surgimiento del nuevo narcotráfico de la coca a comienzos de los 80, las acciones de la CIA para evitar el ascenso al poder de cualquier partido político de izquierdas en latinoamérica, las grandes cagadas de la DEA en su lucha contra el narcotráfico, el papel de la mafia de Nueva York, el reinado del PRI en México, el asesinato del Cardenal Posadas y del candidato a la presidencia Luis Donaldo Colosio… no conforman una cadena causa-efecto sino que, más bien, constituyen una red deformada en la que un hecho conduce a otros tres, que desencadenan dos más, que convergen en otro que a su vez… Hay numerosos cambios de personaje y de localización, saltos en el tiempo, viajes desde EE.UU. a Colombia pasando por Guatemala, El Salvador o Hong Kong. Se involucran todo tipo de organizaciones legales e ilegales que abarcan de la DEA o el FBI hasta el mismo Vaticano, pasando por diferentes familias de la mafia, los paramilitares colombianos… Sin embargo Winslow acierta a exponer todo con claridad, manteniendo el elevado nivel de complejidad sin que por ello el lector se sienta perdido, haciendo uso de un estilo ágil en el que el diálogo y el monólogo interior dominan la narración y donde abundan las sentencias lapidarias/guays.
Siempre queda la duda de descubrir dónde termina la realidad y en qué punto comienza la ficción. Qué hechos se han plasmado tal cual ocurrieron y cuáles se han recreado, deformado, enmascarado… para potenciar la tensión narrativa, mantener la complejidad de la trama dentro de lo admisible o desnudar el drama de un país que se desangra, año tras año, sin que haya manera de evitarlo… más allá de legalizar el consumo. Haya hecho lo que haya hecho Winslow, no me cabe duda que nos ha regalado una de las novelas negras más negras de los últimos años, un pasapáginas demoledor que sin estar narrado con los testículos enfrenta al lector a algunas de las peores pasiones que anidan en el interior del ser humano, en un escenario real como la vida misma. Si no la habéis leído todavía, no sé a qué estáis esperando.
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