Siento una presencia que no había sentido desde…

Ahora que ya ha acontecido El Estreno y se pueden leer en centenares de blogs, listas de correo, foros,… incontables opiniones a favor, en contra, fifty/fifty, interpretaciones de todo lo jedi y lo sith… resulta absurdo resistirse a hacer lo mismo. Sobre todo cuando este blog versa *casi* al ciento por ciento sobre puro vicio y subcultura fantásticos. También es el momento de reconocer que, a imagen y semejanza de esa legión que orgullosamente lo repite como si fuese un certificado de pedigrí, llevaba 28 años esperando el final la saga. Aunque en mi cargo he de confesar que no me acuerdo de nada de la primera película porque apenas tenía 3 años. Cosas de mi padre, que me llevó al Casino de Santander, por aquél entonces reconvertido en cine, a ver una de esas del espacio que siempre le han gustado (aunque después pase bastante de la ciencia ficción literaria; cosas veredes)

Pues bien, puesto a decantarme he de decir sin sonrojo que disfruté más que mucho con La venganza de los Sith. Sin duda una experiencia gratificante. EMHO no sólo es el mejor episodio de la última hornada (no era difícil) sino que casi iguala al que se tiene como mejor entrega de la primera tanda, El amperio contra paca. Sus 140 minutos cumplen con donaire su función narrativa en la saga, tiene una factura visual intachable, ofrece una serie de secuencias de una espectacularidad prodigiosa, los personajes… pues son personajes de Star Wars, su guión… pues es un guión de Star Wars con los fallos y aciertos habituales en las mejores películas de la serie, y, por ir terminando la enumeración, no se hace para nada larga. Cosa que no me ocurrió con la anterior entrega en la que, aun gustándome, me dejó ligeramente aburrido.

No puedo esconder que cualquier análisis que mi rutinaria mente puede hacer está constreñido por una lectura autoreferencial del film, situación que me resulta del todo inevitable. No tengo manera de separar La venganza de los Sith de todo lo que implica y significa para mi el fenómeno de Star Wars ni establecer un análisis compartimentado de cada una de las facetas que componen el todo. Para entender la razón de esta incapacidad (por si alguien no lo entiende, claro, que me da que mi público se lo sabe de memorieta), nada mejor que leer lo que Rodolfo Martínez escribió ayer en su blog, y que resume a la perfección lo que tantos sentimos cuando oímos hablar de esta mitología moderna que se ha ganado un lugar en muchos corazones.

Desde luego hay detalles que resultan demasiado evidentes y que le dan a la narración toques algo más que artificiosos (y absurdos), como ese «mira tú qué casualidad que cuando va a pasar el meollo de la cuestión Obi-Wan sea enviado a detener al Señor de la Guerra de los Droides y Joda se vaya a Kashyyyk porque es amigote de los wookies«. Otros que me levantan los mismos sarpullidos que en los últimos años, como los consabidos gags payasetes protagonizados por el dúo sacapuntas de androides (R2D2, que C3PO emula a Jar Jar quedándose en casita, esta vez haciendo de chacha a Padme) o ese royo compadreo entre Anakin y Obi-Wan cuando están de misión que se antoja igual de natural que los postizos del Dioni.

Este deporte friki de buscar pegas, haya o no, está dejando numerosas perlas en mil y un sitios que van más allá de estas meras trabas para hablar de los sempiternos «agujeros» en el guión. Que si el embarazo de Amidala tiene lugar a velocidad de vértigo (cuando hay hechos que permiten calibrar que entre el comienzo y el desenlace del film pasan varios meses); que si los Jedis son una pandilla de mediocres que se merecen lo que les pasa porque no se dan cuenta de lo que ocurre a su alrededor (cuando en nuestro mundo tenemos incontables ejemplos de actividades mucho más evidentes que pasan desapercibidas hasta que se precipitan los hechos); que si el paso de Anakin al lado oscuro en la secuencia en la que salva a Palpatine de morir ajusticiado no tiene sentido con lo que se ha visto anteriormente (cuando es una consecuencia lógica de a donde le han llevado sus actos y acciones); y docenas más.

EMHO, lo miremos por donde lo miremos, independientemente de su condición como buen o mal guionista, buen o mal director, buen o mal productor, George Lucas ha conseguido cerrar su ciclo galáctico con un ladrillo que, analizando sus virtudes y defectos y considerado dentro del contexto que es Star Wars, se me antoja notable. Nos ha regalado un space opera clásico sumamente gozoso, un relato de aventuras básico que se disfruta de principio a fin con el mismo espíritu que la primera película, una conclusión completamente coherente consigo misma y una serie de secuencias que subliman lo mejor del llamado cine palomitero (obviando lo mejor). La única decepción que me he llevado está en que me esperaba una trama más oscura y triste y en estos apartados la encuentro un pelín light.

Centrando unas palabras en La venganza de los Sith, las dos secuencias en torno a las que pivota la película (la conversión de Anakin y el duelo final a dos bandas) son vibrantes. Lo mismo se puede decir de parte de la secuencia inicial (justo hasta que el torpedo que impacta en la nave de Obi Wan revela su ridículo contenido), la tragedia del templo Jedi y el ajusticiamiento de los caballeros que estaban luchando en la guerra, el asesinato de los líderes rebeldes en el «infierno», los múltiples guiños a sí mismo que tapizan el metraje (como el recurso de Obi Wan a un arma «incivilizada» para solucionar cierto combate) o el que es, para mi, el momento más emotivo de la película. Ése en el que Maestro y Aprendiz se despiden en Coruscant por última vez como tales.

Obviamente después también tengo mis propios y particulares «agujeros», como que el momento más vistoso del film, la lucha final, tenga lugar a veinte centímetros de un gigantesco río de lava que, sin forzar mucho la credulidad, puede encontrarse a más de 1000 ºC y ante el que nuestros aguerridos Jedis se muestran como si estuviesen encima de una playa de Benidorn, por eso de sudar un poco y no prenderse fuego…

Pero son circunstancias insignificantes si confieso que, por primera vez en muchos años, sentí ganas de visionar otra vez una película nada más verla terminar.

P.S.: Y todo a pesar del penoso doblaje con el que nos ha llegado, que vuelve a privarnos de un correcto disfrute de la película, sobre todo en los momentos en los que Anakin o Palpatine entran en acción donde no hay color respecto a las voces originales que pudimos oír en los trailers vistos por internet. Parece mentira que hoy en día los progresistas que salen por la tele vean como ideal el doblaje a las diversas lenguas que se hablan en este país y no el que las películas se distribuyan únicamente en V.O. con subtítulos en el idioma que sea. La de inglés que aprendería la gente y lo que disfrutaríamos degustando las películas tal cual son.

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4 respuestas a Siento una presencia que no había sentido desde…

  1. vincent vega dijo:

    Anoche la ví, de gorra, en un pase especial y debo decir que si no me decepcionó es porque no esperaba nada de ella.
    Creo firmemente que Lucas ha traicionado la mitología que había creado – con la ayuda de Brakett y Kasdan – en la trilogía original, y ha desperdiciado una gran oportunidad para hacer una historia realmente oscura en la que los protagonistas sean arrastrador por los acontecimientos que marcan su destino. Pero bueno, por eso Polanski es un gran director de cine y Lucas un vendedor de muñequitos.
    Decepcionante ha sido también la planificación de los duelos, contaminada por esa moda reciente de abusar del plano corto y los movimientos frenéticos de cámara. Lástima que haya desaprovechado incluso lo único salvable de las dos anteriores entregas.
    Por último, una pregunta: ¿quién ha escrito los lamentables diálogos de esta película?

  2. Errantus dijo:

    Calla, lagartijo, calla. Será que yo no vi las 2 primeras entregas de esta trilogía, pero quedé fascinada. No podía haber muchas sorpresas, pues esto era la «Crónica de una caída anunciada». Será cuestión más bien de las ganas que tenga uno de creer y suspender la realidad.

  3. Nacho dijo:

    Hola Vincent:

    Cierto, los diálogos carecen del punto que tenían en la primera trilogía, y creo que Lucas debería haber vuelto a echar mano, sobre todo, de Kasdan (que tan buenos resultados le dio también en «En busca del Arca perdida»). Pero no creo que sean tan lamentables.

    Por ejemplo la gente suele hurgar en las conversaciones entre Anakin y Padme, donde comparados con los grandes dramas románticos de la historia del cine dan grima. Y, sin embargo, yo me los creo y los veo coherentes cuando estamos ante dos tardoadolescentes que proceden de dos ámbitos donde su experiencia en lances amorosos es nula (alta política desde bien joven y una orden monjil). Y viendo que no hay un sólo libro a su mano, lugar donde uno suele cultivar sus dotes oratorias en las «distancias cortas», así se han quedado.

    Y el resto de conversaciones… pues no las vi tan mal. De todas formas el doblaje me pareció tan vergonzoso que puede condicionar mucho cualquier juicio (desde luego, el mío es el primero). Por ejemplo, y estoy convencido que parece una osadía, creo que Hayden Christensen tiene presencia. Y es mucho mejor actor de lo que se está diciendo por ahí. En «El ataque de los clones» ganaba cantidad cuando se ponía en V.O. y prescindías del doblaje, que es el mismo que aquí.

    En el resto… llevas toda la razón en el asunto de la oscuridad. Te la venden como triste, desesperanzadora, de salir llorando del cine… y yo me emocioné más dos días antes viendo un avance por la tele pensando que se cerraba el ciclo (y un ciclo de mi vida) que viendo la película.

    P.D: Eso sí, estuve rodeado de infieles. A mitad de los títulos de crédito me quedé solo con mi novia en la sala. Nadie parecía querer cerrar la serie como debe ser (desde el primer fotograma del logo de la 20th del año 78 hasta la última letra de los títulos de crédito de esta; puro frikismo)

  4. vincent vega dijo:

    Tienes razón en lo del doblaje, sobre todo cuando caían bajo el influjo del lado oscuro – sigo prefiriendo aquello del reverso tenebroso de la fuerza – y Anakin Skywalker parecía un yonki con el mono.

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