Sobrevolando la ciudad del pecado

Hubiese comentado extensamente lo que me ha parecido Sin City, pero mi opinión iba a ser un tanto redundante con la que se puede encontrar en Naufragios en una taza de café, La cárcel de papel o Drímar. Así que me dedicaré a ejercer el divertido deporte del anarroseo, sin intentar engañarles y poniendo buena cara. Comienzo por Rita Vicencio

La película es un pulp total, una novela negra sin concesiones que, curiosamente, gira en torno a varias historias de amor. Toda la sangre, toda la brutalidad y violencia giran y se justifican en historias románticas pasadas por el filtro del alto contraste, donde no hay lugar para la ternura, no en un mundo regido por las pasiones más básicas, donde eros y tanatos se disputan el equilibrio.

En la Ciudad del Pecado no hay santos, sólo pecadores; existen los antihéroes, hombres con una ética y código de honor especiales, capaces de matar sin dudarlo, y de las formas más sanguinarias posibles, siempre y cuando estén convencidos que el contrario lo merezca; existen verdaderos monstruos, seres obscenamente desequilibrados; y existe una visión muy radical de las mujeres como víctimas o victimarias: musas hermosas, crueles y peligrosas, o simples objetos decorativos, jamás compañeras. Así es Sin City, un mundo de instintos desatados sin concesiones a la corrección política o las buenas conciencias.

Una opinión especialmente valiosa al venir de alguien que afirma no haberse sentido atraído por el cómic; buena medida de que el film puede ser apreciado más allá de los seguidores de Miller (o Rodríguez, que alguno tendrá). Además su lectura es certera. Si algo funciona a la perfección en esa obra sumamente imperfecta que es el cómic de Miller reside en la genial síntesis entre forma y fondo. Esa dicotomía Milleriana en dos colores que en la película es rellenada por toda una gama de grises, convierte un pulp sobreactuado, vodevilesco y un tanto absurdo en un festival primario, frenético, irreal y violento, donde el honor es el catalizador que nos salva de la corrupción y el poder absoluto. Una historia de samurais modernos observada bajo un prisma deformado capaz de producir belleza allí donde sería imposible hallarla bajo condiciones normales.

Pasamos a Álvaro Pons, que reflexiona sobre cómo el cine se ha transformado en cómic en las manos de Rodríguez y Miller

…En Sin City, Miller (y no sé hasta que punto Rodríguez) ha conseguido trasladar el lenguaje de la historieta a la gran pantalla de una manera única y nunca vista hasta ahora. Ang Lee intentó tímidamente hacer en Hulk alguna prueba de este traslado, pero Miller y Rodríguez han ido mucho más allá en un salto al vacío sin red. Si nos olvidamos de la impactante visualidad de la fotografía, del maquillaje y demás parafernalia (que ya existía casi idéntica, excepción hecha del color, en la versión de Dick Tracy de Warren Beatty), lo sorprendente es cómo la película reproduce el ritmo de lectura de un tebeo, llevando al celuloide el tebeo viñeta a viñeta. En Sin City, cada plano se convierte en una viñeta, casi estática, donde la composición y puesta en escena son las de la historieta, con pequeños movimientos que tan sólo llenan el espacio en blanco de las viñetas. Encuadres que son movidos reproduciendo el ritmo de lectura, casi llevándonos a alargar la mano y pasar la página. Pocas veces he visto una experimentación tan radical con el lenguaje cinematográfico, tan rupturista y vanguardista que, además, está inmersa dentro de un espectáculo visual de estética arrebatadora.

Como curiosidad, ese ritmo calcado del que habla Pons es tan marcado que hasta en la historia de Marv, la primera realizada por Miller a comienzos de los 90, se identifican con nitidez los pequeños capítulos que construían la historia (en origen fue publicado en entregas mensuales de ocho páginas), lo que provoca que de las tres historias sea la más floja desde el punto de vista de la continuidad y de la coherencia temporal.

Por cierto, que hay un detalle del film que sobrepasa al original: el sobresaliente uso del color. No sólo rompe el blanco y negro produciendo nuevos contrastes. La manera en que sirve para acentuar miradas, lo psicodélico de alguna situación, la violencia desatada,… revela matices que en las viñetas serían imposible enfatizar. Tengo ganas de verla pronto en DVD para revisarla con más calma.

Por último, copypasteo a Rodolfo Martínez

…Nunca estamos contentos. Lllevamos años quejándonos de lo poco fieles que son las adaptaciones del cómic a la pantalla (que si a Batman le cambian el traje, que si Kingpin es negro, que si Lobezno resulta demasiado alto) y ahora, cuando nos encontrarmos con una película en la que, casi viñeta a viñeta, se ha traducido el cómic original a la pantalla cinematográfica, respetando no sólo la estética, el aspecto de los personajes la narrativa y, a veces, hasta los encuadres, vamos y nos quejamos de que resulta demasiado fiel.

Pero es que es así. Lo que funciona en cómic no lo hace necesariamente en cine. Ciertos diálogos (o, como en el caso de Sin City, monólogos) que resultan creíbles y narrativamente eficaces al ser leídos, chirrían al oírlos en voz alta y pierden toda su carga dramática. Determinados acontecimientos (el atropello sucesivo de Marv a cargo de Wendy, por ejemplo) no sólo quedan bien el cómic cuando se exageran, sino que a veces es necesario exagerarlos para que tengan toda la intensidad necesaria. En cambio, si lo haces exactamente igual en el cine, el resultado es grotesco y a menudo (y contra las intenciones del director) hilarante.

En lo que lleva parte de razón. Aunque las exageraciones acaban siendo divertidas y no son contradictorias con el (relativo) sentido global que tiene Sin City; al igual que uno no se puede tomar en serio muchos pasajes de las películas de los hermanos Marx, hay que abrirse a esta experiencia nueva y rompedora. Tíos que reciben tres balazos y siguen dispuestos a matar al malo, protagonistas que sufren la explosión cercana de varias granadas y que no tienen el menor resto de metralla en su cuerpo, alucinantes conversaciones con interlocutores de ultratumba que no se explican por qué ocurren,… son coherentes con el lenguaje deliberadamente pasado de rosca, la estructura del guión (por cierto, mal conjuntado; era difícil conjugar las tres historias y se han dejado intentando casarlas pero sin casar. Salvo por el soberbio arranque que expone lo que se va a ver durante el resto del film), la fotografía, el atuendo del personal,… Se trataba de llevar un universo que no es el nuestro a la gran pantalla y desde la huida de Marv se comprueba que las normas del mundo de Miller son ajenas. Ni su forma de expresarse, ni los ropajes, ni el modo de vida,… De ahí que, con mi entregada complicidad, me haya funcionado.

Por último quería hacer un último comentario referido a cómo se tratan la violencia y el sexo. La primera se traslada tal cual aparecía en el cómic (salvo algún detallito que comentaré ahora mismo). Sólo hay que ver cómo termina Kevin. Sin embargo los detalles concernientes al sexo… Por poner un simple ejemplo. No es que tenga intención de ver los encantos ocultos de Jessica Alba, pero se hace chocante que a ese cobarde bastardo le arranquen su arma a pura fuerza de brazos y a esta chica no la hayan caracterizado de la misma manera en que era dibujada en el tebeo. Detalle que da idea de la doble vara de medir que tienen los productores. Violencia desatada toda la que quieras y por arrobas. Pero un sugerente baile con desnudo integral no, que después ocurre como con la Jackson y los chicos del lobby las mujeres con las vergüenzas tapadas, que mi hijo se desvía del camino “recto” nos la meten hasta el fondo. Puritanismo de vía estrecha.

Nota final: No perderse este enlace que puso Hartree en una entrada que escribí en el mes de Abril. Viene una comparación de la película con el cómic, cogiendo fotogramas y viñetas significativos. El nivel de mimetismo alcanzado es soberbio.

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4 respuestas a Sobrevolando la ciudad del pecado

  1. fonz dijo:

    A mí me ha gustado muy poco Sin City pero el material de base tampoco es que fuera santo de mi devoción. Recuerdo que después de leer “Ese cobarde bastardo” me dije; “hasta aquí hemos llegao”. Su machacona visión de hombres rectos/psicópatas/masoquistas en mundos llenos de corrupción y maldad, ya me parecía ridícula y cansina. Le salvaba que narraba y componía las viñetas y páginas como nadie.

    Estoy totalmente de acuerdo con Rudy, el calco viñeta a viñeta del tebeo perjudica a la película totalmente; los diálogos son, a ratos, de sonrojo y la voz en primera persona/textos de apoyo resulta cargante. En cada plano con esa voz contándote lo que pasa en la pantalla siempre me imaginaba leyendo el cuadro de texto por alguna parte, deseando que se callase. Además así se cargan el ritmo de la película; la historia de Marv, que es la única historia de Sin City que me gustó en su día (y eso que es un cachondeo), parece que la ha montado un tipo que se moría de ganas de ir a mear.

    Por lo demás, formalmente no es más que el expresionismo alemán que adoptó el cine negro clásico pero con maquillaje moerno un poco hortera; que si los coloritos, que si el maquillaje que sobró de Dick Tracy, que los coches que se mueven como en los dibujos animados… Hombre, que Sin City no nos tenga que descubrir a estas alturas lo bonito que es el blanco y negro.

  2. Nacho dijo:

    “Ese cobarde bastardo” es, con la historia de Marv, lo que más me ha gustado de Sin City. Visualmente era casi tan impactante, narrativamente otro prodigio made in Miller y argumentalmente… pues no estaba nada mal. Servidor aguantó hasta “Ida y vuelta al infierno”, donde la fórmula se agotó del todo (algo así debió de pensar Miller; si no me equivoco no ha hecho nada más después)

    A Miller, cuando se encarga de guión y dibujo, lo veo siempre haciendo ejercicios de estilo y estos me gustan hasta cuando me aburren (relativamente), como me ocurrió con “Ronin”.

    Lo de los diálogos de sonrojo… pues sí si tomas como elemento seminal de novela negra las historias de Raymond Chandler. Pero si coges el pulp negro que, me da (desde mucho desconocimiento), es el ladrillo fundamental del que bebe Miller, es una translación soberbia que da origen a frases escacharrantes como cuando ¿Dwight? dice que se sentía como un cirujano con parkinson operando con una llave inglesa. Creo que no se puede tomar como serio algo que jamás se tomó en serio a sí mismo (serio en el sentido de real; esto es un bolsilibro)

    Y no creo que Sin City sea, ni mucho menos, una obra maestra del cine. Pero como cine para consumo del gran público que es, ofrece elementos insospechados que la convierten un film estimable. Y no, no es Murnau o Lang, pero tampoco es Michael Bay o Roland Emmerich. Ni mucho menos.

  3. fonz dijo:

    Buf, entre mi lentitud de reflejos y tu velocidad de posteo nadie se mirará ya este post pero bueno.

    En cuanto a los diálogos es que hay cosas, sobre todo la voz en off, que en pantalla me chirrían cuando en los tebeos tienen bastante fuerza dramática. No sé, el final de “La gran masacre” con Dwight amarrao a la señorita profesional del amor soltando un discursito sobre “su guerrera, su walkiria…” queeee… A Miller si le veo un tío con sentido del humor pero a veces ya no sé cuando está de cachondeo y cuando no (en DK2 se le notan las ganas de juerga, en Sin City no tanto).

    Mi problema con “Ese cobarde bastardo” es que es como “El duro adiós” pero en extremo, el tema del hombre recto contra el mundo corrupto contado a puñetazos y sin el punto de redención y de romanticismo desquiciado que tenía el personaje de Marv y que es lo que más me gusta de “El duro adiós”. Miller narrando se sale como siempre, pero yo no pude entrar en esa historia, no me la creía ni como exageración. Supongo que es cosa mía que no acabo de entrar en su juego, porque, por lo general, es una historia que gusta bastante.

    Por lo demás creo que tienes razón en tu último párrafo, yo es que iba con el exigenciómetro subido. Porque a la novia le gustó y pasó un rato entretenido cuando yo pensaba que estaría espantada. Aunque para golosina visual posmoerna me sigo quedando con “Kill Bill parte 1” que es extraordinariamente milleriana también.

    P.D. Coñe, pues a mí me gustó Ronin y creo que la historia tiene su chicha. Ahora, claro, si digo que también me gustó DK2 es cuando pensarás; “el rato que he estado perdiendo discutiendo sobre Sin City” con este tío…”

  4. Nacho dijo:

    > Buf, entre mi lentitud de reflejos y tu velocidad de posteo nadie se mirará ya este post pero bueno

    Je,je. Estoy agotando la última semana de vacaciones y me he marcado el objetivo de conseguir mantener cinco días seguidos el contador por encima de las cien visitas. Al menos ya voy cuatro, y hoy pinta bien para cerrar la racha. A ver si se cumple 😛

    En los diálogos… no me sigo obcecando. El ejemplo que pones es perfecto para desmontar cualquier defensa, porque lo de la walkiria repetido dos veces… en fin. Leído en el cómic tenía una carga ¿poética? Con la voz en off es porno cutre y, lo que es peor, pretencioso. Lo que no quiere decir que (siento ser como esos pimientos que repiten y repiten y repiten) dentro del contexto general me sigan pareciendo coherentes. No se puede poner el nivel de comparación en Chandler o Ellroy. Las fuentes, gusten o no, que DELIBERADAMENTE elige Miller son del pulp. Y no consigue un mal resultado con esa base.

    En lo del humor… es, como a otros, en lo que más me ha sorprendido la película, pillándome a pie cambiado. La translación de los hechos del cómic a la pantalla le daba otra dimensión a la violencia. Increíble, pasada de vueltas, absurda, risible. Cuando es exactamente la misma que se puede observar en las viñetas, donde producía otro efecto (la arrancada del arma, mismamente), más sobrecogedor, instintivo, primario. ¿Una demostración más que parte importante del lenguaje del cómic se desnaturaliza cuando salta a la gran pantalla? Se está discutiendo mucho en los foros y blogs sobre este tema. Mismamente en “Crisei” había ayer un extenso debate.

    Y curioso lo de “Kill Bill”; aun siendo básicamente lo mismo rodado por un director que sobrepasa en todos los sentidos, y por mucho, a Rodríguez, ni me impresionó, ni me engatusó, ni me atrajo,… Me pareció un timo vacío, quizás porque iba con la preconcepción de ver al Tarantino de sus tres películas anteriores.

    Mi capacidad para la crítica cinematográfica es nula, pero creo que visualmente, aun teniendo una estética muy cuidada, está por detrás. Y en otras facetas (diso me perdone), incluyendo el guión, también.

    Por último… no he leído todavía “DK2” (como no habría leído una continuación de “Watchmen” o “V de Vendetta”). Pero tu opinión y la que he podido leer en el blog de Pepo Pérez me animan a romper el prejuicio. Ya contaré.

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