Soy leyenda

Soy leyenda en la edición Sciece Fiction MasterworksAtención. Múltiples spoilers para los que no hayan leído la novela de Richard Matheson ni la película dirigida por Francis Lawrence y protagonizada por Will Smith. Advertidos quedan.

[…]

La calle estaba llena de gente. Se agrupaban y movían en la luz gris de la mañana. El sonido de sus voces llegaba a él como el zumbido de un millón de insectos. Neville los miró con la mano izquierda en los barrotes, los ojos encendidos por la fiebre.

Entonces alguien lo vio.

Durante un momento las voces se elevaron un poco. Se oyeron algunos gritos.

Pero luego el silencio cubrió las cabezas, como una manta pesada. Todos volvieron hacia Neville unos rostros pálidos. Neville los observó serenamente. Y de pronto comprendió. Yo soy el anormal ahora. La normalidad es un concepto mayoritario. Norma de muchos, no de un solo hombre.

Y comprendió, también, la expresión de aquellos rostros: angustia, miedo, horror. Tenían miedo, sí. Era para ellos un monstruo terrible y desconocido, una malignidad más espantosa aún que la plaga. Un espectro invisible que había dejado como prueba de su existencia los cadáveres desangrados de sus seres queridos. Y Neville los comprendió y dejó de odiarlos. La mano derecha apretó el paquetito de píldoras. Por lo menos el fin no llegaría con violencia, por lo menos no habría una carnicería…

Neville miró los nuevos habitantes de la Tierra. No era como ellos. Semejante a los vampiros, era un anatema y un terror oscuro que debían destruir. Y de pronto, nació la nueva idea, divirtiéndolo, a pesar del dolor.

Tosió atragantándose. Se dio vuelta y se apoyó en la pared mientras se metía las píldoras en la boca. Se cierra el círculo. Un nuevo terror nacido de la muerte, una nueva superstición que invade la fortaleza del tiempo.

Soy leyenda

Soy leyenda – Richard Matheson – 1954
Traducción de Manuel Figueroa para Ediciones Minotauro 1988

Will Smith paseando por Nueva York Así termina Soy leyenda, el mejor acercamiento al mito del vampiro que se ha realizado desde la ciencia ficción, una novela tan breve como intensa que se ha convertido en la obra de referencia de su autor, Richard Matheson. El viernes fuimos a ver la adaptación protagonizada por Will Smith, dirigida por Francis Lawrence y producida por Akiva Goldsman, y salí razonablemente contento del cine. Independientemente de que los vampiros no sean vampiros sino, como mola ver ahora, zombies/infectados, que se haya desaprovechado la oportunidad para mostrar que una persona normal también puede protagonizar una película (y no un supermilitar superdoctor yo me lo guiso yo me lo como),…

Lo más destacable, sin duda, el excepcional diseño de producción en lo que a escenarios se refiere. Basta ver los paseos de Robert Neville/Will Smith por una Nueva York vacía para comprobar hasta qué nivel llega hoy en día la recreación de la realidad en el cine. A su altura está la primera mitad de película, la «rutina» de Neville por las calles de la urbe, con un pulso magnífico que elude la problemática de tener un único personaje soportando todo el metraje sin nadie que le dé réplica; la tensión que se genera cuando debe abandonar la protección del sol para meterse en la guarida de los vampiros;… Sin embargo todavía me estoy preguntando por qué se ha mantenido el título de la novela cuando el motivo por el cual su autor se lo puso ha sido dinamitado o, si lo prefieren, traicionado de forma bastante innecesaria.

En el nudo del argumento, cuando los guionistas lo tenían a huevo para continuar por la línea marcada por Matheson y conseguir un final armónico, conducen la narración hacia un desenlace en la línea de la anterior adaptación protagonizada por Charlton Heston, El último hombre vivo, añadiéndole esa faceta mesiánica/hay un designio divino en los hechos casuales bastante de moda en el Hollywood actual y que mueve, por ejemplo, gran parte de la nueva versión de Galáctica (hasta el punto que cuando la chica tiene la conversación trascendental con Neville pensaba que realmente era el decimosegundo cylon; sí, aquí también hay un plan). Hay otros supervivientes, una colonia a la cual dirigirse, una cura para la enfermedad… y el espectador puede volver a casa tranquilo. Los desmanes de los científicos que juegan a ser dios tienen enmienda, hemos esquivado nuestra segura destrucción, hay un mundo que reconstruir y personas como nosotros que seguirán portando el fuego. Todo por obra y gracia del héroe que salva el mundo y se convierte en una leyenda en las antípodas de la que proponía el Soy leyenda literario; no lo olvidemos, motivo fundamental que explica por qué ha perdurado hasta convertirse en un hito imprescindible de la moderna literatura de terror.

Debería haberse titulado...

Matheson no podía dar esperanzas con una sociedad humana superviviente (además respetuosa con el medio ambiente; qué bonitos los molinos de viento al final de la peli) porque había sido exterminada; los números, el tamaño de nuestro planeta y los vampiros así lo impedían. Tampoco había cura para la enfermedad porque, primero, tal posibilidad quedaba fuera del alcance de un hombre normal trabajando en solitario y, segundo, la enfermedad ya no era tal y, por tanto, no necesitaba cura.

Además está la jugada maestra que, sibilinamente, articula la novela y queda genialmente resumida en el fragmento que abre esta entrada. Matheson subvirtió el mito vampírico y transformó a su superviviente (y a nosotros) en un «monstruo» (sí, un amante padre de familia puede ser un monstruo). Neville es un anatema para el nuevo orden surgido tras la catástrofe, un científico «loco» que experimentaba, torturaba y mataba a los «otros» sin cuestionarse lo que hacía. Un hombre que, una vez capturado y situado ante nuestros herederos, llegaba a una conclusión reveladora por lo que supone como replanteamiento de las convenciones sociales y del orden ético que hemos creado para regirnos. Un giro que da sentido al «Soy leyenda» del título, una de esas conclusiones perfectas que muy pocas veces se dan en la ciencia ficción más popular y que en esta película, tal y como se ha cocinado, pierde su razón de ser. No hay leyenda positiva, un personaje al que dedicar estatuas en las plazas de los pueblos, sino el nacimiento de un nuevo icono del terror en un mundo que ya no es el nuestro.

Deberían haberla titulado «El último hombre de la tierra no está solo». O algo parecido.

Es triste que para una vez que una superproduccción tenía a huevo hacer algo diferente, incomodando al espectador con un final agobiante, se hayan decantado por el tradicional final feliz por mera falta de testiculina. Aunque, ahora que lo pienso, con esos vampiros pirotécnicos (y un tanto chapuceros; hay CGIs en juegos de consola de última generación más verosímiles) era imposible terminar de otra forma.

¡Ah, las cosas que hay que hacer por dar espectáculo!

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4 respuestas a Soy leyenda

  1. Ricardo dijo:

    Hola. Coincido con tu crítica. La primera parte está bastante bien, especialmente en lo visual, pero luego se va estropeando, hasta el final que es lacrimógeno y lamentable. Pero pensaba que iba ser peor, se puede ver. Eso si, muy poco que ver con la genial novela de Matheson.
    Saludos. Ricardo

  2. Nacho dijo:

    Interesantísima la reflexión que hace Eduardo Larequi en su bitácora sobre esta adaptación y sobre «Expiación»
    http://www.labitacoradeltigre.com/2008/01/20/dos-peliculas-dos-libros-dos-adaptaciones/

    Acerca de «Soy leyenda», no puedo resistirme a anarrosear lo siguiente:

    Ahora bien, los guionistas no se conforman con un acierto ocasional, y de la misma manera que estiran el celebérrimo tema de Bob Marley hasta el punto de construir en torno a él una filosofía bastante ridícula, parece como si se hubieran juramentado para arrojar por la borda los indudables méritos del film (que, en su conjunto, no está del todo exento de audacia y hasta de cierta grandeza) y, a partir de la muerte de la perra a manos del propio Neville y de la consiguiente caída del médico en la locura y el ansia de autodestrucción, convertir la trama en un ejemplo más de cine de acción en su versión más pueril y gratuitamente espectacular. En alguna crítica he leído que la larga secuencia del asalto de los mutantes a la casa del protagonista parece más propia de un videojuego que de una puesta en escena cinematográfica, y desde luego que a tal juicio no le falta razón. El cine, y el cine de ciencia ficción en particular, no va a ninguna parte por el camino de esa estética oscura, fragmentaria, espasmódica e hiperviolenta. Luego se extrañan algunos de que los espectadores hayan decidido desertar masivamente de las salas de cine; ¿para qué van a moverse de casa si la gran pantalla, en vez de ser grande en todos los sentidos, sólo es un equivalente hipertrofiado de las televisiones conectadas a consolas o de los monitores de ordenador?

  3. Sol_Arrakis dijo:

    Que le vamos a hacer Holliwod es así. Pero no deseperemos. La novela es la novela y disfrutamos con ella. Me ha gustado la peli, pero aparte de quedar absurdo el titulo, como apuntas, lo que más he echado en falta es el caracter de antiheroe de la novela. Ese perdedor alcoholizado y amargado por haberse quedado solo. Como dices les falta huevos de presentar a un peronaje mucjo más realista y no pueden evitar ponernos al machote de turno (me gusta Will Smith en ese papel, si se les ocurre pone un tipo Scharzy o Stallone quemo el cine). Ese sufrido solitario que recuerda más al Holden de El guardian entre el centeno y que dice (siento no poneros la cita exacta porque he prestado la novela y no lo puedo reproducir): Yo creía que los pájaros cantaban porque todo estaba bien pero en realidad los pájaros cantan porque son unos debiles mentales.

  4. Nacho dijo:

    Por si a alguien le interesa, el final que habían pensado guionista y director de la película

    http://www.firstshowing.net/2008/03/05/must-watch-i-am-legends-original-ending-this-is-amazing/

    mucho más coherente que el que pudimos ver en los cines.

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