Lem según Capanna

Pablo Capanna, entre otras muchas cosas, es el teórico de la ciencia ficción más importante que tenemos en nuestra lengua. Autor de libros indispensables como El sentido de la ciencia ficción o su versión actualizada El mundo de la ciencia ficción, o exhaustivos ensayos sobre la obra de Philip K. Dick, Cordwainer Smith o J. G. Ballard.

Hace unos días, (gracias a Sergio Gaut vel Hartman por el enlace) en el periódico argentino Página 12, ha publicado un artículo sobre Lem. Como cualquier cosa que haya escrito, merece la pena leerlo. Ojalá tuviésemos más pensadores/divulgadores tan capacitados como él. No sólo para explicar fuera por qué merece la pena dedicarle un poco de atención al género. Dentro su labor «didáctica» es de lo más necesaria. Si no, presten atención a lo siguiente:

Era un superdotado intelectual y un infatigable lector de publicaciones científicas. Cuando le preguntaban por sus métodos de trabajo daba respuestas bastante pintorescas. Solía compararse con una vaca. El input de la vaca es el pasto y el output es la leche, pero nadie encuentra briznas de pasto en la leche, explicaba. Al igual que la vaca, Lem hacía pastar su imaginación en las fronteras de la ciencia, sólo para secretar una peculiar literatura. Isaac Asimov leía tanto como él, pero esa información que él se limitaba a procesar, Lem la metabolizaba. Con la misma dieta de celulosa libresca, Lem lograba transmutar la información. Produjo textos llenos de trampas, apelando a la complicidad de lectores que quizá nunca se acercarían a ellos, una literatura más cerebral que vivencial, pero sin limitaciones genéricas. Lem era capaz de novelar ensayos, de poetizar las matemáticas, de zambullirse en la metafísica con la excusa de una trama policial y burlarse de los poderosos del mundo, incluidos aquellos que podían ejercer poder sobre él. Escribió policiales como La fiebre del heno y La investigación (1959) donde la física cuántica ocupaba el lugar de la inducción detectivesca.

Entre una obra y otra, pasaba largos períodos sin publicar, dedicado al estudio. Se justificaba con extrañas razones: decía que su inteligencia era tan primitiva como la del mono de Köhler, que primero tenía que apilar cajones para poder alcanzar las bananas. O bien que su mente funcionaba como el depósito del baño, que tarda un rato en llenarse, antes de que alguien apriete el botón.

Cualquiera diría que no hay nada más perecedero que la ciencia ficción “dura”, considerando la obsolescencia de la información. Sin embargo las ficciones de Lem, que en su tiempo era calificado de “duro”, no envejecen. No explicaba, sino fabulaba; no regurgitaba información, sino jugaba con las palabras. La tecnología de sus astronaves podía ser errónea, pero cuando hablaba de “intelectrónica” y “fantasmática” no hay duda de que estaba pensando en cosas tan actuales como la informática y la virtualidad.

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1 respuesta a Lem según Capanna

  1. Instantón dijo:

    Muy lúcidas las palabras de Cappana. Estoy de acuerdo en todo lo que ha dicho. Es cierto que hacen falta más analistas de este nivel para el género en lengua castellana, tanto en el campo del análisis como de la divulgación.

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