La literatura fantástica española y la especulación (V): Dos ideas más

Se va agotando la pólvora que alimenta estos comentarios sobre la literatura fantástica hecha en España y el grado de especulación en los diferentes obras que se pueden encasillar como tal. Haciendo una síntesis de lo expuesto hasta el momento en las cuatro entregas anteriores, por aquello de refrescar la memoria a los que me hayan seguido:

a) No existe una tradición establecida de la literatura fantástica española del siglo XX con una clara vocación crítica respecto a la sociedad, su Historia, política,… (lo que no quiere decir que no haya ejemplos aislados)

b) Cuando se podría haber originado dicha corriente (finales de los sesenta, comienzos de los setenta) el franquismo y la realidad editorial de la época cohartaron cualquier posible despunte.

c) Resulta difícil escribir algo en ese sentido cuando el elemento inspirador que puede empujarte a ello no coincide y se encuentra tan atrasado respecto a lo que se está publicando allende nuestras fronteras.

d) La literatura mainstream es tan abundante y avasalladora que puede disuadir de hacer lo mismo.

e) La sociedad española no vive de espaldas al (mal llamado) primer mundo y sus preocupaciones acerca de una serie de asuntos han quedado bien reflejadas a través de la última corriente que ha revolucionado la ciencia ficción: el cyberpunk. Una corriente que ha prendado en nuestros autores, que han sabido abordar un tratamiento personal y vigoroso.

A todo esto, mejor o peor hilado, hay que añadir un par de ideas más que no voy a desarrollar porque incumben a aspectos en los que mi capacidad resulta todavía más limitada que hasta el momento.

Como indicaba en la tercera entrega, la ciencia ficción española ha estado orientada hacia el relato durante muchos años (no se publicaban novelas de género, al menos escritas dentro de él), y, además, ha estado constreñida por el tejido netamente amateur con el que ha sobrevivido hasta el presente. Un presente en el que, todo sea dicho, comienza a haber atisbos de un relativo profesionalismo; no tanto porque nuestros autores puedan vivir de sus creaciones como porque empiezan a ver cómo se publican sus narraciones en igualdad de condiciones que los traducidos, aguzando sus artes a niveles que pueden considerarse parejos (aunque de dentro del fandom no haya habido todavía nada que se acerque al calificativo de obra maestra… salvo un caso que me guardo para la sección de libros sabrosos de enero). Pero quería hablar de la dualidad relato/novela.

Los relatos constituyen un vehículo genial para lanzar al ruedo en las mejores condiciones ideas de todo tipo, como cualquier lector mínimamente avezado puede testimoniar. Pero cuentan con desventajas manifiestas respecto a las extensiones largas, como el circuito en el que se publican, con una difusión mucho más restringida que el correspondiente a las novelas. En los últimos treinta años la literatura fantástica de este país ha pasado de ver cómo las revistas y antologías eran más o menos aceptadas entre el público a verlas proscritas y abandonadas a un lado del camino.

Igualmente, a no ser que un relato sea condenadamente bueno (en la séptima y, presumiblemente, última entrada hablaré de unos cuantos que permanecen en mi frágil recuerdo), suelen ser rápidamente olvidado por el común de los lectores. Si en un foro cualquiera se hace un sondeo de qué historia de ciencia ficción ha denunciado mejor el peligro de la industria química sobre el ecosistema del planeta rápidamente saldrán a colación novelas como El rebaño ciego o Cronopaisaje. Pero… ¿y relatos? Hagan la prueba. Tristemente, lo que no permanece… perece.

Esto sin considerar que a efectos de desarrollar un concepto (o varios) la novela permite una exhaustividad y una mulitateralidad analítica que un relato no proporciona. No le corresponde. Lo suyo es presentar un hecho e inducir a la reflexión de forma más directa (independientemente de lo sibilino, turbador o subversivo que resulte). Con este panorama encontrar ejemplos de especulación pura se hace complicado. Es difícil que en un campo que apenas ha dado (no sé, seamos sumamente optimistas) una veintena de novelas de empaque abunden precisamente las buscadas. Si no miren la proporción en que se encuentra la especulación que se pide entre aquéllas que nos llegan de anglosajonia.

La segunda noción que quería apuntar en esta entrada reside en que, a diferencia de otros países, las ideas políticas de nuestros autores actuales, que tenerlas las tienen, no se manifiestan expresamente a través de sus narraciones. Yéndome hasta la comparación extrema, ahora mismo parte de los autores ingleses que más fuerte están pegando, capitaneados por los evidentes Iain M. Banks o China Miéville y seguidos por dignos segundones como Charles Stross o Ken MacLeod, o guionistas de cómic que han hecho excelente literatura fantástica en viñetas, caso de Alan Moore, Jamie Delano, Neil Gaiman o Peter Milligan, han escrito una serie de obras en las que la política juega un componente fundamental en sus tramas. La utopía comunista de La Cultura de Banks, la opresiva urbe de Nueva Crobuzón de Miéville, la sátira de los regímenes más conservadores y la apología del software libre de Stross, el terrorífico reflejo de la Gran Bretaña de la Dama de Hierro en los múltiples tebeos de los ochenta de Moore y Delano,… ponen de relieve que cuando la mentalidad política sale a pasear, las ideas de sus autores sobre la sociedad y el camino que sigue, podría o debería seguir ebullen, y se unen a la aventura, el thriller, el conflicto entre personajes,…

¿Por qué no ha ocurrido aquí lo mismo? ¿Hay un menor grado de militancia? ¿Se vive la política de otra manera? ¿Ha ocurrido, ocurre y no nos damos cuenta?

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1 respuesta a La literatura fantástica española y la especulación (V): Dos ideas más

  1. Yarhel (Enric Quílez) dijo:

    Estoy de acuerdo con todo lo que dices. De hecho, en tu último párrafo planteas el quid de la cuestión: ¿por qué aquí no hay apenas especulación política en la cf?

    Desde luego no será porque los escritores sean unos pasotas en este sentido, pues muchos de ellos tienen opiniones claramente definidas en política (aunque en este tipo de temas es difícil de saber con seguridad).

    A falta de mayores conocimientos personales, tal vez uno de los motivos sea que ninguno de ellos está políticamente comprometido como lo puedan estar (o estuvieron) en sus respectivos países autores como Ursula K. LeGuin, China Miéville o en el otro extremo Robert A. Heinlein o Jerry Pournelle.

    Tampoco parece que sobresalgan posturas personales comprometidas al estilo de Thomas Disch o de Joana Russ o Suzette Hadel Elgin.

    Muchos de ellos se dedican a una fantasía escapista, donde rara vez interesa introducir elementos políticos.

    Otro posible elemento a considerar es que la política española ha sido durante muchos años muy activa y la gente está bastante cansada de movidas, por lo que no suele buscarla en la literatura.

    Finalmente, las tendencias generales del mainstream español tampoco van por esos derroteros. Sólo suelen tocar la política para hablar de la Guerra Civil, pero rara vez de la actualidad (aunque existen algunas excepciones), así que es normal que en la ciencia ficción se repita el modelo.

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