Los hombres son de Robert A. Heinlein y las mujeres de Danielle Steel

Esta tarde Paula me ha enviado con toda la intención del mundo el típico mail viral que, con todos los peros que se le pueden poner (si es demagógico y reduccionista, si refleja una realidad o una deformación tendenciosa, si es machista o feminista…), en el círculo en el que se mueve este blog y sus visitantes más habituales, puede resultar muy divertido. Al menos a mi me ha alegrado una tarde de lunes que iba camino de ser infernal.

Aquí la comparto con vosotros, a ver qué os parece

¿Recordáis el libro «Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus»? Un profesor de lengua inglesa que trabaja en una universidad americana nos ofrece este excelente ejemplo.

«Hoy vamos a experimentar con una nueva forma llamada historia en tándem.

El proceso es simple. Cada persona se emparejará con la persona que se sienta a su lado. Uno de ellos escribirá entonces el primer párrafo de una historia corta. Su compañero leerá ese primer párrafo y añadirá un segundo párrafo a la historia. Después, la primera persona añadirá el tercer párrafo y así sucesivamente. Recordad releer lo que se ha escrito cada vez para mantener la coherencia de la historia. Está absolutamente prohibido hablar; la única comunicación entre ambos miembros de la pareja la constituye lo que hay escrito en el papel. La historia termina cuando ambos estén de acuerdo en que lo ha hecho.»

Esto que sigue lo presentaron dos de mis alumnos de lengua: Rebecca y Gary (no voy a poner sus apellidos).

HISTORIA:
(primer párrafo, por Rebecca)
Al principio, Laurie no podía decidir qué tipo de té quería. La camomila, que solía ser su favorita para las perezosas tardes en casa, ahora le recordaba demasiado a Carl, quien una vez, en tiempos mejores, dijo que le gustaba la camomila. Pero necesitaba mantener a Carl fuera de su mente a toda costa. Su posesividad era sofocante y, si pensaba demasiado en él, volvía a tener ataques de asma. Así que la camomila quedaba descartada.

(segundo párrafo, por Gary)
Mientras tanto, el sargento Carl Harris, jefe del escuadrón de ataque en órbita sobre Skylon 4, tenía cosas más importantes en que pensar que las neuras de una cabeza hueca asmática con la que había pasado una sudorosa noche hacía más de un año.

«Sargento Harris a Geoestación 17», dijo en su comunicador transgaláctico. «Órbita polar establecida. Por el momento, sin signos de resistencia…»

Pero antes de que pudiera cortar, un rayo de partículas azulado surgió de la nada, haciendo un agujero en la bodega de su nave. La sacudida causada por el impacto le proyectó a través de la cabina.

(Rebecca)
Se golpeó en la cabeza y murió casi instantáneamente, no sin antes sentir un último remordimiento por haber tratado tan mal a la única mujer que había sentido algo por él. Poco más tarde, la Tierra cesó sus futiles hostilidades contra los pacíficos granjeros de Skylon 4.

«El Congreso ha aprobado una ley para abolir permanentemente la guerra y los viajes espaciales», leyó Laurie una mañana en el periódico. La noticia la estimuló y aburrió a un tiempo. Miró por la ventana, soñando con su juventud, cuando los días pasaban lentos y despreocupados, sin periódicos que leer, ni televisión que la distrajera de esa sensación de asombro inocente ante todas las maravillas que descubría a su alrededor.

«¿Por qué hemos de perder nuestra inocencia para convertirnos en mujeres?», se preguntó melancólicamente.

(Gary)
No sospechaba que le quedaban menos de 10 segundos de vida. A miles de kilómetros sobre la ciudad, la nave nodriza Anu’udriana lanzó el primero de sus misiles de fusión de litio. Los estúpidos pacifistas que hicieron que el Congreso aprobara el Tratado Unilateral de Desarme Aeroespacial habían convertido la Tierra en un blanco indefenso para los imperios hostiles alienígenas que habían determinado destruir la raza humana. Dos horas después de la aprobación del tratado, las naves Anu’udrianas se dirigían a la Tierra con suficiente armamento para pulverizar el planeta entero. Sin nadie que les detuviera, iniciaron de inmediato su diabólico plan. El misil de fusión de litio entró en la atmósfera sin oposición. El Presidente, en su cuartel general secreto submarino junto a la costa de Guam, sintió la tremenda explosión que desintegró a la pobre tonta de Laurie, junto con otros 85 millones de americanos.

El Presidente dio un puñetazo en la mesa de conferencias. «¡No podemos consentir esto! ¡Voy a vetar el tratado! ¡Vamos a borrarlos de nuestro cielo!»

(Rebecca)
Esto es absurdo. Me niego a continuar este simulacro de literatura. Mi compañero de escritura es un adolescente semi-analfabeto, violento y chauvinista.

(Gary)
¿Ah, sí? Pues tú eres una neurótica aburrida y ególatra, cuyos intentos de escritura son el equivalente literario del Valium. «¡Oh! ¿Me tomaré un té de camomila? ¿O debería tomarme algún otro PUTO TÉ? Oh, no, sólo soy una descerebrada que ha leído demasiadas novelas de
Danielle Steele.»

(Rebecca)
Gilipollas.

(Gary)
Zorra.

(Rebecca)
¡CABRÓN!

(Gary)
Guarra.

(Rebecca)
¡QUE TE DEN POR EL CULO, NEANDERTHAL!

(Gary)
Anda y tómate un té, puta.

(Profesor)

10. Me ha encantado.

Viendo los niveles de lectura en los que se mueve la ciencia ficción literaria no me parece demasiado realista, pero aplicado al mundo del cine y el tipo de películas que, por lo que tengo comprobado por los alumnos, gustan a «niños» y «niñas» no anda demasiado desencaminado. Ni tampoco el tipo de «colaboración» a dos manos que se puede producir. En las últimas semanas estamos trabajando en tutoría a varias manos para sacar el guión de una pequeña representación teatral para el festival de navidad del último día de clase y las cosas apuntarían en ese sentido si no fuese porque papá Nacho tira bastante de las riendas para que todo resulte coherente.

Por cierto. Sirva la ocasión para recomendar un artículo de La bitácora del Tigre que enlazaba a comienzos de este año: ¿Por qué no les gusta a las mujeres la ciencia ficción?. Muy recomendable.

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10 respuestas a Los hombres son de Robert A. Heinlein y las mujeres de Danielle Steel

  1. Kano dijo:

    La verdad es que el texto ya lo conocía y me gustó bastante cuando lo leí. Y enlazandolo con la ciencia ficción, personalmente creo que echo MUCHO de menos el humor entre la literatura de ciencia-ficción.

    A excepción de algún caso excepcional (la nominación especial que se llevó un texto de los premios UPC del 96 «Dar de comer al sediento», por ejemplo, o «Por no mencionar al perro» de Connie) hay, creo, pocos casos. Quizá sea un área dificil para asociarla con el humor, aunque lo que creo es que a los autores de ciencia ficción el humor no les interesa.

  2. Anraman dijo:

    Kano, supongo que te referirás a la cf de AHORA porque tradicionalmente en la ciencia ficción el humor siempre ha estado presente. Sin ir más lejos Asimov y Heinlein de vez en cuando dejaban caer alguna que otra, y eso por no hablar de Fredric Brown, Robert Sheckley e incluso Philip K. Dick. Yo he llegado a llorar de la risa con Stanislaw Lem.

  3. Kano dijo:

    Te agradecería que me pasases libros de Stanislaw Lem que sean divertidos.

  4. Nacho dijo:

    También está el humor cínico y corrosivo en las novelas de Vonnegut como «Cuna de gato», «Las sirenas de Titán» o «Matadero cinco», parodias como «Bill, héroe galáctico» de Harry Harrison o «¿Quién anda por aquí?» de Bob Shaw (que no es que me hiciese especial gracia, pero ahí está), humor absurdo y ligeramente surrealista en muchos cuentos de R. A. Lafferty… Pero sí que es cierto que tengo la sensación de que es un campo que no se trabaja lo suficiente… quizás porque es mucho más difícil escribir una novela en esta clave que funcione que hacer un buen tecnothriller o una narración hard.

    Sobre libros de Lem con humor, no te pierdas sus historias de Trurl y Clapaucio recogidas en «Ciberiada» y «Fábulas de robots» o, en una clave completamente distinta, «Diario de las estrellas». Todos en bolsillo en Alianza.

  5. gandalf dijo:

    Probablemente por eso Lem es mi favorito y «Diario de las estrellas» la recomendación que hago a todo el que me pregunta por un libro de cf. Descojonante.
    Sí hay algún autor español actual que combina el humor y lo fantástico. Sé que próximamente habrá ejemplos para leer.

  6. Anraman dijo:

    Nacho: sí, se me había pasado Vonnegut. Y bueno, en cf reciente, yo me río a base de bien con los nombres que le da Iain Banks a las naves de «La Cultura».

    Lo cierto es que, si bien lo piensas, la extrapolación que hace la cf puede dar pie a la sátira y la parodia con facilidad, sólo es cuestión de que los autores no se pongan trascendentes, sean «juguetones» y quieran aprovecharse de esto, como ya hizo Karel Capek en «La guerra de las Salamandras» en los años treinta y puede que haya ejemplos anteriores. Ah, y no se nos olviden los anacronismos que pueden derivar de los viajes en el tiempo. El gran Mark Twain ya explotó esto en «Un yanqui en la corte del Rey Arturo».

    gandalf: ¿el gran Gabriel Bermúdez Castillo? Igual no te refieres a ese, pero justo es nombrarlo aquí.

  7. Kano dijo:

    Si me permites, «La guerra de las Salamandras» no es un libro gracioso ni que haga reir. Al contrario, creo que es un libro bastante desesperante, donde la historia deja un maravilloso regusto amargo. Ya escribi hace tiempo que el libro es sobretodo, inquietante porque «ha sido desagradable ver como el autor mete un final… postizo, que no pega ni con cola, que no puedes creerte. Y sin embargo, el final te deja tranquilo y te gusta. Porque sabes que es un final falso, que solo sirve para descargarte la conciencia y permitirte respirar tranquilo, pensando que todo va a salir como te gustaria. Pero que aun asi, te hace sentir mas tranquilo.»

    Nombrarme la Guerra de las Salamandras como libro de humor, o un Yanqui en la corte del Rey Arturo, emparejando el humor con el anacronismo me parece que no son buenos ejemplo. Me parece mucho mejor el de «Por no mencionar al perro», en el que realmente utilizan de un anacronismo que si que hace reir, y bastante.

    Voy a probar con el de Lem o los recomendados por Nacho, a ver que tal.

  8. Anraman dijo:

    No he dicho que La Guerra de las Salamandras sea un libro de humor, pero que es una sátira y una parodia sin duda alguna, no creo que se pueda dudar (yo me lo leí no riéndome, pero sí con una sonrisa).

    En cuanto al yanqui, yo que quieres que te diga, me moría de la risa con los periódicos que saca el yanqui (siguiendo el modelo de los diarios del medio oeste), con los caballeros anunciando jabón, con lo de la «desilusión monetaria» tras la reorganización que lleva a cabo el yanqui, y también con los chistes que a todo el mundo les parecen muy graciosos y al yanqui desperadamente viejos.

    Igual soy yo el que se ríe con cualquier cosa, no sé.

    En cambio, ya ves tú, los libros de Douglas Adams no me parecen lo descacharrantes que les parecen a otros, por eso no los he nombrado.

  9. Yago dijo:

    Pues de lo que se está publicando actualmente, hay bastante humor en la serie de Thursday Next, de Jasper Fforde (Nova ha publicado los dos primeros y parece que va a seguir con los demás), y sin caer en el campo de la sátira o la parodia.

  10. Viv dijo:

    No hay que olvidarse, hablando de humor y ciencia ficción de mercaderes del espacio de Pohl y Kornbluth y la continuación, a mi gusto mejor que la anterior, la guerra de los mercaderes de Pohl.

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