La guerra de los mundos (divagando)

Leí La guerra de los mundos cuando tenía 12 años. En el colegio en el que estudié la E.G.B. (Salesianos de Santander), en sexto o séptimo se hacía una biblioteca comunitaria a la que los alumnos aportábamos varios libros, se arrejuntaban en un lugar creado ex profeso y se podía acudir un día de la semana para poder dejar el que tenías y llevarte uno nuevo. A final de curso todos recuperábamos nuestros libros (un poco demacrados).

No recuerdo muy bien cuáles leí (sí cuáles aporté; El prisionero de Zenda, La isla del tesoro, un par de Lobo Solitario y El gran sol de Mercurio). Sé que devoré Ben Hur, bastantes títulos de las diferentes colecciones de elige tu propia aventura (entonces en la cresta de la ola) y algún clásico de aventuras de Rider Haggard, Dumas y Doyle (guardo un glorioso recuerdo de El mundo perdido). Pero sin duda, si un libro me marcó entonces como pocas cosas han hecho en mi vida como lector fue éste.

No recuerdo con nitidez los hechos concretos que narraba, sólo flashes puntuales como el cilindro que cae del cielo en forma de estrella fugaz, esos marcianos de piel olivácea que producen pánico y repulsión entre los cariacontecidos espectadores, la emisión de los rayos calóricos que convierten en teas a todos los que alcanzan, la impotencia de los seres humanos ante los colosales trípodes, el dramático éxodo de Londres,… Desarrollado, como era habitual en Wells, por una excelsa prosa en primera persona (je,je. De esto me he dado cuenta posteriormente) que consumaba un nexo perfecto entre realismo y fantástico. Un fantástico que jugaba un papel de fábula social que merece la pena rescatar (a ver si Valdemar se decide a seguir publicando su obra completa en la colección Avatares, que quedan muy chulas en las estanterías de casa).

Quedé deslumbrado y cariacontecido ante una narración que lejos de asentar un mensaje positivo o concatenar una serie de pequeños triunfos de su personaje principal, me ofrecía una historia de esas más grandes que la vida donde el protagonista pocas veces salía del fango por el que se veía obligado a arrastrarse en su continua lucha por la supervivencia (¡Ah! Ese agujero desde el sótano en pos de las alcantarillas de una población cercana), enfrentado a un peligro inabordable.

Como curiosidad he de confesar que con la reciente película de Spielberg me emocioné en varios momentos porque me encontré contemplando un film que, sin esperarlo, era una fiel traslación de lo que recordaba. No puedo negar que toda la parafernalia paterno filial mi familia y yo, un redescubrimiento, termina siendo tan empalagosa como cargante para todos los que formamos el batallón anti happy-end porque yo lo digo. Sin embargo además de que hasta casi el final está muy bien llevada, ofrece una perspectiva del cine palomitero que, sin dejar de serlo, recupera como mandan los buenos cánones un clásico mayúsculo y lo actualiza con buena mano. Sobre todo en tres aspectos.

Primero, el alzamiento de los trípodes y la huida de la ciudad. La estupefacción, el caos, el desconcierto, la impotencia, el terror, la inmersión,… están conseguidas hasta un nivel que aquéllos que todavía no han perdido la capacidad de impresionarse se sienten trasladados al maremagnum que viven los ciudadanos de a pie que los están experimentando. Ante una inteligencia con medios superiores, cuando en su mano está el destruirnos del todo, no hay manera de escapar; la fragilidad humana en su máxima expresión. Una representación fiel del original donde los medios están totalmente supeditados a la historia, algo que no es muy frecuente hoy en día.

Segundo, durante la acojonante escena del coche. Ésa en la que Cruise y sus hijos se aproximan a no se qué río para franquearlo en un trasbordador y proseguir su camino hacia Boston. Y cuando están a unos kilómetros del lugar, conduciendo entre una marea de gente desesperada que envidian su vehículo, se desata el caos. Zarandeos, rotura de cristales,… (lo que ocurre al final con el coche es sobrecogedor) Un linchamiento colectivo relatado con una crudeza inesperada y que situado en el “mejor” país del mundo, donde la frontera que separa a la civilización del salvajismo es tan tenue como en el resto del globo, tiene una trascendencia especial (¿por venir de donde viene en los tiempos actuales?).

Y tercero, la escena del sótano, repleta de tensión y suspense. No recuerdo si, aparte como atalaya desde la que contemplar a los trípodes pululando por los alrededores, había algo así en el original. Pero la atmósfera que se crea, concatenada con la desesperanza anterior, me hizo acordarme de Los Genocidas. No había caído hasta qué punto la obra y las obsesiones de Disch podían llegar a estar unidas a alguien tan clásico como Wells del que es difícil encontrar rastros en la ciencia ficción de las últimas décadas.

Sin olvidar que la película es completamente coherente consigo misma y no se preocupa en dar respuesta a alguna de las preguntas que se plantean como por qué los marcianos vaporizan al principio y después se dedican a recolectarnos; para qué nos chupan los jugos internos; qué es toda esa vegetación que empieza a cubrir todo;… Al elegir, como en el original, el punto de vista del hombre de la calle, sin mucha querencia por el conocimiento, nos introduce en un sarao “nuevo” que es ajeno a las películas y narraciones de invasiones extraterrestres a las que estamos acostumbrados.

¿A qué viene todo esto? No lo tengo muy claro ya que, en el fondo, lo que pretendía era invitarles a visitar el siguiente enlace, donde figuran ilustraciones de diversas ediciones de La guerra de los mundos publicadas a lo largo de sus más de cien años de carrera editorial (donde se incluyen algunas de las que se encuentran en la edición de la genial colección Tus Libros de Anaya, la que leí hace ya casi veinte años). Aunque les falta resolución, son un documento histórico que a todos los que sientan algo por Wells y esta obra en particular les complacerá.

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1 respuesta a La guerra de los mundos (divagando)

  1. Blackonion dijo:

    Hola Nacho,

    Yo tambien he encontrado la pelicula de Spielberg mejor de lo que esperaba, y, sorprendetemente, muy fiel al libro. En cuanto me acabe el libro de barreiros yo tambien meteré una reseñita ;).

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