Identida secreta, Los muertos vivientes, The Fall y Dontar

Por lo que se ve, en los últimos días sólo me interesa hablar de cómics. Comprensible si tenemos en cuenta en qué fechas estamos. Con unas 300 novedades rondando las librerías especializadas, en plena vorágine del Saló de Barcelona (nota: para estar informado en tiempo real, no perderse las crónicas que se escriben tanto en Dreamers como en La cárcel de papel), resulta muy difícil escapar de este tema de divagación. Y empiezo por…

Identidad secreta, el primer tebeo de Superman que publica Planeta después de hacerse con los derechos de DC. La elección se antoja perfecta. Estamos ante una historia fuera de la continuidad (uséase, independiente), autocontenida de cabo a rabo. Cuenta la vida de un chico llamado Clarke Kent que vive en un mundo donde Superman sólo es un personaje de cómic y que, un día, descubre que tiene esos poderes. A partir de ahí surge una historia donde se dan cita el biopic, las acciones superheroicas que sería posible observar en nuestro mundo (nada de supervillanos deseando hacerse con el mundo), la intriga de averiguar el por qué de sus poderes, la tensión debido al interés del gobierno en su persona, el romanticismo que surge de su relación con su particular Lois, el humor autorreferencial (imagine el juego que daría tener un compañero de clase que se llamase Roberto Alcázar, Jabato, Mortadelo o Mafalda),…

Aunque en sí mismo, más allá de su punto de partida, el tebeo carece de originalidad (p.e. la primera parte es una innecesaria vuelta de tuerca a las chanzas que sufría Peter Parker en el insitituto, mezclado con Smallville), recupera el buen feelin de las que son, sin duda, las dos grandes obras de Kurt Busiek: Marvels y Astro City. Tanto por el tono de la historia (superhéroes tratados desde un punto de vista nostálgico), como de la parte gráfica (impresionante Stuart Immonen), lo agradable y cercano del tratamiento,… El tebeo que daría a leer a alguien que no haya leído superhéroes y tenga interés por degustar algo de ellos. Lo discutible es que con las prisas la edición no ha acabado todo lo bien que debiera, habiendo fallos que con un poco de calma se habrían pulido. Pero ya se sabe que estamos en los tiempos de publica mucho y corrige poco…

Pasando al terror, Los muertos vivientes es el primer tebeo de Robert Kirkman que leo, uno de los guionistas que, según cuentan los entendidos, está llamado a conseguir elevadas metas en los próximos años por su frescura, eclecticismo, pulso,… Aquí presenta una narración digna, bien hecha, resultona,… pero poco más. Para los que gusten de las historias de zombies en plan La noche de los muertos vivientes, o su versión moderna, El amanecer de los muertos vivientes, y que no estén cansados de estas historias, depara una buena lectura. Personalmente me siento satisfecho porque me chiflan estos retratos de supervivencia de gente enfrentada a un mundo colapsado y asediados por villanos de cualquier tipo (aunque sea un cagueta y las pelis de zombies me den un miedo de espanto). Pero no sé si a alguien que no le vaya esto le parecerá lo mismo.

En otro registro se mueve The Fall, una novela gráfica de 48 páginas creada por dos autores que uno no esperaría encontrar trabajando juntos. Bueno, a Ed Brubaker sí que es habitual hallarlo en historias como ésta. Lo que se hace extraño es encontrar a alguien que trabaja en solitario, como Jason Lutes, ilustrando su guión. Entendible si se tiene en cuenta que estamos ante la recopilación de un serial publicado años ha en la extinta revista Dark Horse Comics Presents, cuando ambos estaban en periodo de rodaje. Como curiosidad es posible que haya versión cinematográfica (aunque si el encargado es David Goyer, el director de la deplorable última entrega de Blade, no estoy seguro de si es una suerte… o una desgracia)

Estamos ante una narración sólida que acerca la serie negra a personajes que pocas veces son sus protagonistas: gente de veintitantos años. Algo que Brubaker bordó posteriomente con particular éxito en La escena del crimen. Aquí nos presenta a un joven que trabaja en una gasolinera y que, por azar, descubre mientras limpia el jardín de la mujer de su jefe un bolso. Bolso que, como no podía ser de otra manera, pertenece a una chica que murió asesinada nueve años antes. A partir de ahí un relato pausado, bien construido y satisfactorio, con un Lutes dejando entrever lo que después ha desarrollado, bastante clásico pero poco memorable. En el fondo no es más que una historia corta y venial publicada a lo grande, con un formato que la hace parecer más de lo que es. La edición, para ser tapa dura, asequible (7 €).

Y por último, aunque no sea novedad del Saló, quería terminar recomendando un tebeo que leí hace un par de semanas: Juego de niños, primer álbum de la serie Dontar, obra de Enrique Corominas. El excelente portadista de las obras de fantasía que publica Gigamesh. Estamos ante una historia de fantasía histórica enclavada en la Inglaterra de la segunda mitad de La Guerra de los 100 años, donde una madre con su hija debe visitar a un primo que, aparentemente, ha perdido la razón y ha traicionado al rey de Inglaterra.

Juego de niños adolece de lo mismo que el 99% de los álbumes de presentación de serie: no pasa prácticamente nada; apenas se presentan la situación y los personajes. Sin embargo las ilustraciones son una pasada, con un trabajo de acuarela portentoso que luce sobremanera por el el formato elegido por Recerca, a la altura de las circunstancias (y de precio sale hasta bien, comparado lo que se llega a cobrar por ahí por un álbum de estas características). Además la narrativa, sin ser sobresaliente, es consistente. Me había hecho a la idea que Corominas iba a ser otro gran ilustrador de esos que no saben narrar y me he llevado una sorpresa.

A ver cuándo sale la siguiente entrega, aunque supongo que tardará ya que (si no me equivoco) sólo ha salido éste en Francia.

Por último, anoche estuve leyendo la primera historia de la última recopilación que se ha publicado de Taniguchi, Tierra de sueños, y me emocioné como pocas veces. Qué maestro es este hombre y qué poca atención se le está prestando…

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