Ayer se celebró en Louisville el Kentucky Derby, la carrera de caballos más famosa de EE.UU. Todo un acontecimiento en el estado del bluegrass, el bourbon y los pollos. Y mientras veía la victoria de Orb por la tele, recordé cómo conocí su existencia a través de esta canción de los Stones. No de las más conocidas por el gran público pero una de las que más me gustan.
Realmente me di cuenta de su importancia años más tarde cuando, en Mayo de 2010, pasé mi primera entrevista como candidato a ser profesor visitante; en aquella ocasión por el estado de Kentucky (lo hice lo suficientemente bien como para no ser rechazado pero no lo bastante como para terminar seleccionado. La crueldad del estado de reserva). Pósters del acontecimiento por toda la habitación de las mujeres que hacían las entrevistas, un folleto para los candidatos, y su inevitable aparición durante la conversación (más una divertida casualidad; las mujeres habían estado un par de días por Cantabria aprovechando la visita a España, y pasaron por Santander, Comillas y Santillana del mar. Es complicado explicar en inglés por qué este último pueblo es el de las tres mentiras. O dejarles claro que el Boo de Boo de Guarnizo no es una onomatopeya. Pero esa es otra historia).
Sobra decir que no les dije nada sobre la canción, no fueran a espantarse (el derby aparece justo antes de una cuchara, una aguja y una chica llevándose las penas de alguien). Pero me apetecía contarlo por aquí.
Con ustedes, los Stones en todo su esplendor hace 40 años. En Texas.