Con la canícula de alta humedad que estamos padeciendo, no hay muchas ganas de tocar temas serios; dejarían el teclado demasiado pegajoso. Así que aquí he preparado otra entrega de píldoras con tebeos que he disfrutado en las últimas semanas y de los que apetece hablar un poquitín.
Shanna. Este cómic contiene la historia más estúpida que he leído en mucho tiempo. Para que se hagan una idea, sitúa en una isla perdida unas instalaciones nazis que han sobrevivido más de sesenta años y un grupo de militares perdidos que encuentran en unas cubas el fruto de un experimento de una nueva generación de la especie humana: Shanna. Una tía superbuena 120-60-100, rubia, de larga melena al viento, a prueba de golpes, sansónica, ágil, inteligente, que gusta de ir desnuda (en bikini en la edición censurada),… La fantasía sexual canónica en acción. Y alrededor suyo cienes y cienes de dinosaurios de todo tipo. Meses después del encuentro un extraño virus en el que estaban trabajando los científicos nazis se libera (como no podía ser de otro modo, de forma estúpida) y, a todo correr, se monta una expedición hasta la base nazi para conseguir la cura (uno no sabe por qué no se quedaron allí; supongo que Cho se habría quedado sin historia)
Pero uno se olvida de todo esto y de la narrativa no del todo depurada, en cuanto se ven los dibujos de Cho, que se reducen a poner cuerpos en acción, fundamentalmente el de Shanna en todo su esplendor, y dinosaurios. Muchos dinosaurios. No sé si sabe dibujar algo más, pero aquí da lo mismo, y más con la preciosa edición de Panini. Un tomo en formato álbum, papel satinado y tapas duras ideal para degustar una y otra vez las continuas peleas y persecuciones. Y a Shanna, claro.
Un cariz no muy distinto tiene Nekomajin. El gato mágico, de Akira Toriyama, de la que habló Xoota aquí. Otro tebeo sin complejidad alguna hecho para ser disfrutado de un modo muy básico, en el que el humor absurdo es lo primordial. Es la historia de un gato con poderes mágicos que se enfrenta con modos más que peculiares a todo tipo de enemigos. Especialmente divertidas son las últimas cuatro historias en las que Toriyama se ríe que da gusto de sí mismo y su máxima creación, Dragon Ball, enfrentando a Nekomajin a varios de los enemigos que se las hacían pasar canutas a Goku y sus amigos en el laaarguíííííísimo estertor final de la serie.
Un humor diametralmente opuesto encontramos en Nosotros somos los catalanes, un mítico tebeo del tándem Francisco Pérez Navarro y Jan felizmente recuperado por Glénat, en una edición que vale cada euro que cuesta.
La tarea que abordaron en 1978 fue peliaguda: trasladar al cómic la historia de Cataluña en un tebeo de poco más de 60 páginas. demasiados hechos y sentimientos para una extensión tan exigua. Sin embargo salieron airosos. Obviamente, no estamos ante un análisis de la Historia sino ante la plasmación de los hechos fundamentales que explican, desde el interior, la Cataluña de hoy en día. Quizás hay periodos que reciben demasiada atención en comparación con otras como las 36 páginas, más de la mitad del cómic, empleadas en relatar el avispero de la Edad Media, mientras otras épocas con mucha miga quedan un tanto desdibujadas.
A destacar el mencionado trabajo sintetizador de Pérez Navarro, el delicioso equilibrio que realiza con el humor, poniendo el punto justo de ironía ante situaciones ciertamente trágicas, y las encantadoras ilustraciones de un Jan en la cumbre de su carrera, con una secuenciación de viñetas estudiada al milímetro que convierte en narradores a los personajes secundarios que viven y padecen la historia. Chapó. Si alguien está interesado, en la página de Glenat se pueden leer las cuatro primeras páginas.
Por último quería referirme al primer número de Solo, la curiosa experiencia abordada por DC (y abortada a las pocas entregas) que les da un cómic de 48 páginas a algunos de los mejores ilustradores del momento para que hiciesen de su capa un sayo con sus personajes fundamentales. Una manera ideal para ver cómo Mike Alrred, Sergio Aragonés, Richard Corben o Jordi Bernet, sin cortapisas, trasladaban hasta sus particulares estilos a personajes tan arquetípicos como Batman, Green Latern, Superman, Aquaman, Wonder Woman,… Aquí nos encontramos con Tim Sale, un dibujante que ha tenido sus mayores éxitos en sus colaboraciones con Jeph Loeb y que ha desarrollado un estilo característico en el que muestra un enorme dominio de las luces, las sombras y los volúmenes.
El medio elegido tiene un problema de partida: la industria estadounidense mainstream se ha estandarizado tanto en la historia de 22 o 48 páginas que se ha atrofiado su talento para extensiones más cortas. De ahí que muchas veces la historieta en cuestión no sea más que un alarde de estilo en la que el autor, en este caso Sale, adapta sus modos al estilo del nimio argumento que han puesto ante él los guionistas. Así Darwyn Cooke le ofrece una persecución entre Batman y Cactwoman, puros superhéroes pirotécnicos; Diana Schultz una historia de amor y olvido a lo años 50 (en todos los sentidos); Jeph Loeb una secuencia anecdótica de Superman-Superboy yendo a un baile de fin de curso en Smallville, que perfectamente habría entrado en Superman: Para todas las estaciones; y Brian Azzarello, quizás en la más conseguida de estas cuatro, una historia de género negro tan tópica como efectiva. Sale se atreve con dos historias más en las que toca por un lado el género negro, con unos resultados análogos a la guionizada por Azzarello, y una historia de amor cotidiana y muda.
Un tebeo para disfrutar de su dibujo… y poco más.
Sobre el Solo, añadir que el número de Tim Sale, dentro de que es más o menos bueno, es flojito dentro de la serie. Y el tema es que la serie, como bien comentas, está muy centrada en el dibujante. Por tanto, los «solos» que más brillan son los de autores completos, como Darwyn Cooke, Paul Pope o Mike Allred (este último es el mejor), mientras que los dibujantes que necesitan guionista son incapaces de sacarle partido (el de Bernet te lo puedes ahorrar… Se apoya en guiones demasiado nimios [excepto quizá una de Joe Kelly, que es fallida por ser demasiado experimental] en vez de haber hecho historias de género negro como dios manda).
A mí personalmente me ha fastidiado un poquillo que se cancelara, más que nada porque estaba esperando ansioso a Jay Stephens rescatando su historia de los titanes, como bien hizo Darwyn Cooke rescatando alguna suya inédita. Pero bueno, cosas que pasan…