El señor «ausente» desplaza al señor «desierto»

En esta serie de comentarios sobre la pasada IberCon, toca ahora entrar en algunos de los asuntos más peliagudo que llevan coleando desde el miércoles en diversas listas de correo, foros y blogs. Cómo ha ido la convención en sí. A poco que se hayan movido por esos sitios, sabrán que el evento, referido a los actos del programa, a falta de la valoración final por parte de los promotores, ha sido reconocido unánimente como un fracaso sin paliativos.

Primero por la ausencia de público, tanto nacional como portugués (curioso lo de una IberCon sin portugueses). Esta «espantada» en masa respecto a las últimas convenciones se explica por varios factores. El primordial, la nula publicidad que se le ha dado al evento en los diferentes medios disponibles.

En la propia ciudad no sé lo que se habrá preparado, y es completamente aventurado hacer un comentario. Pero en la entrada del centro Caixanova no había ni un mísero cartel sobre lo que se estaba celebrando en el interior, y dando vueltas por Vigo sólo encontramos dos carteles anunciando la IberCon: en el chino «oficial» (no podía ser menos si en cada kit de bienvenida venía un menú) y una librería de segunda mano. Cierto es que, p.e., el sábado por la mañana la TVG estaba con un equipo grabando. Pero quizás habría sido mejor que no hubiesen aparecido, porque el desangelado aspecto que presentaba la sala de abajo hablaba por sí solo (y los comentarios y gestos del periodista micro en mano durante la mesa redonda con los editores, cuando sólo había cinco o seis personas esperando a que comenzase, fueron elocuentes).

En los foros más frecuentados por los lectores de fantástico todo el ruido necesario ha sido generado casualmente por gente que o era de Vigo y no estaba entre el colectivo promotor o asistentes entregados deseando organizar una cena de bienvenida. A su vez, en las diferentes listas de correo donde la cabeza visible de la IberCon hacía acto de presencia para responder preguntas relativas a temas privados de los posibles asistentes, vivimos varios meses de silencio administrativo entre el cuarto informe de progresos (11 de mayo de 2005; a la sazón el último que se subió a la web de la IberCon) y el quinto (22 de octubre de 2005; una semana antes de la convención) (nota: para leerlos hay que estar dado de alta en la lista de la aefcft de yahoogroups). Una buena manera de ir mostrando el progreso que se estaba haciendo, y que nos llevó a muchos a temer si realmente íbamos a encontrarnos algo en Vigo (de ahí mi entrada del día 27 de Octubre.

Después tenemos el tema de los autores invitados. Por un lado Laura Gallego, un puntazo al ser el autor de fantástico hispano que más está vendiendo en la actualidad, invitada por la aefcft. Y por otro João Barreiros, autor de La verdadera guerra de los mundos, traído por Bibliópolis y que ya había hecho acto de presencia durante la pasada AsturCon. Dos nombres interesantes, el uno supongo que porque es portugués, acaba de publicar su primer libro en España y a la gente siempre le gusta ver a uno de los tuyos triunfar en el país vecino; y el otro para atraer a público que no suele acudir a una HispaCon (el joven, la cantera de las próximas décadas) y, de paso, permitir que la escritora figurase donde debería haber estado antes.

Sin embargo… sin embargo las convenciones se nutren de otro tipo de público; uno que no fuese de una tarde y que acudiese varios días. Aunque la gente con la que departí en Vigo tenía ganas de verla, tampoco es un nombre que invite a recorrer media España; la mayoría de los que suelen ir a estos eventos la han leído bastante poco (me incluyo). Y Barreiros… Lo siento, tampoco es que mueva montañas (aunque algo hace; su libro acaba de estrenar segunda edición). La gente necesita algún gancho importante que proporcione ese plus adicional que le haga decir coño, viene un autor de los que leo (anglosajones en la mayor parte de los lectores).

Y ya que a la organización se la quitaba del peso de sus dos invitados de honor, teniendo cubierto otros gastos como el local, cedido por Caixanova, o el premio Domingo Santos, sufragado por la propia asociación, bien que podría haberse gastado el dinero de las entradas (21 euros para los no socios que se apuntasen todos los días; ahí queda eso) en algo más (o haber involucrado a otra editorial). No para traer a un gran nombre, que seguro diría no. Pero sí que podría haber imitado a la convención que se celebra en Lisboa este fin de semana, que tiene a Zoran Zivkovic o Paul McAuley como cabezas de cartel (envidia, devórame). Cierto, son nombres que no suenan lo mismo que un Banks, un Spinrad o un Carroll, tres autores que viven en Europa y que seguro habrían supuesto ese plus adicional para algunos de acercarse hasta Vigo. Pero suponen granitos de arena a la hora de generar expectación.

A lo que se une la extraña circunstancia de que no se hiciese referencia a ningún otro autor español de los que suelen acudir habitualmente y que este año nos han dejado bajo mínimos. Entre los que los lectores entendemos como grandes nombres faltaban Rafa Marín, Javier Negrete, León Arsenal, Juan Miguel Aguilera y Elia Barceló. Algunos invitados de honor en las últimas convenciones, presentes en varias AsturCones y tal. Pero ayudan. Supongo que cayeron por motivos personales. Después entre los que podríamos llamar «segunda fila» (aunque haciendo oposiciones a entrar en la primera) brillaron por su ausencia Eduardo Vaquerizo o Pedro Pablo G. May, dos de los publicados por Minotauro este año. Y sí, había escritores consagrados como Rodolfo Martínez, José Antonio Cotrina o Daniel Mares, y en ciernes (algunos una realidad) como Santiago Eximeno, Juan Antonio Fernández Madrigal, Sue Burke, Alfredo Álamo, Juan Díez Olmedo,… Todos a título personal. Pero lo mismo. ¿Se dijo que acudían?

Si quieres que venga gente, forma un cartel de invitados de honor y escritores en mesas redondas y presentaciones importante. Si no… se hace lo que se ha hecho. Un alarde de poder de convocatoria orientado a que venga poca gente, no vaya a ser que aun así se apunten y sea una convención exitosa.

Por último me gustaría hablar de la estúpida y dañina ausencia de un programa de actos con un mes de adelanto, pero prefiero dejarlo para la próxima entrada, que llevará por título «Por qué el Cosmos se convirtió en muchos momentos en la HispaCon oficiosa». Ahora a dormir y a soñar con que ésta sea la excepción y próximas convenciones tomen como modelo Xatafi y Gadir 2K4.

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