Santuario

Han tenido que pasar más de diez años para que alguien se acordase de aquel vibrante manga de yakuzas que Planeta dejó colgado durante los inicios de este tipo de tebeos en nuestro país. Un tebeo de lectura compulsiva, con fuertes dosis de violencia, sexo, misoginia, sexo, chulería, sexo, corrupción, sexo,… que llamaba la atención por una trama que mezclaba política y conflictos mafiosos y unos dibujos fotorrealistas de Ryoichi Ikegami, que no sabe nada de ofrecer movimiento en sus viñetas (y poco de narrativa) pero que tenía (y tiene) una fuerza indescriptible.

Y, con todo el dolor de mi alma (y de bolsillo), los que han recuperado el tebeo (Otakuland) no se pueden llamar a sí mismos editores, porque el desbarajuste que están haciendo es considerable. Los tomos en los que están publicando la serie son de pura vergüenza ajena. Todas las páginas están mutiladas y les faltan un centímetro de viñeta por la parte superior y otro por el inferior. Supongo que el “precio” que hubo que pagar para que les entrase en los tomos. Claro, cuando hay margen blanco no hay problema, pero en muuuuchas páginas a los personajes les cortan, literalmente, el pelo o la frente. Y por abajo… los pies, la barbilla,… lo que se tercie.

Sólo hay que comparar con la edición de Planeta para comprobar el desbarajuste. Lo mismo se puede decir de la traducción, la rotulación, la calidad de la impresión,… Y aun así… pues ya me he pillado los tres tomos que han salido (necesito saber cómo termina).

Lo que recuerdo de él sigue ahí. Un guión bien construido por Fumimura, muy bien secuenciado para su lectura semanal. Aunque toma prestado el esquema que Alberto Cairo llamó narración videojuego (trama general compartimentada en diferentes fases, cada una con su enemigo final), se perdona porque se lee solo. Tiene fuerza, personajes con carisma, una situación atractiva, ritmo, mucha violencia,… lo dicho anteriormente.

Sobra decir que a Fumimura se le ve una vez más el plumero. No sólo por su juego de buenos de moralidad dudosa, violentos pero honorables, y malos muy malos violentos y sibilinos. Sino porque no se corta un pelo al sacar ideas fascistoides y ultranacionalistas sobre los lobos y los corderos, los fuertes y los débiles, lo viejo es corrupto y lo nuevo tiene que cortar con ello, occidente es un cáncer,… Eso sí, hay que reconocerle que ejecuta el difícil arte de engatusar serpientes con un grado de excelencia tal que hasta te tragas a un personaje que no duda en violar a toda aquella mujer que se le pone por delante. Supongo que habrá muchos yakuzas así.

E Ikegami… en mi humilde opinión nunca ha rayado al mismo nivel de Mai, una historia que sigue siendo uno de los mejores mangas que han llegado a nuestro país (y que nadie ha reeditado), donde demostró que sabía hacer algo más que tíos hablando, armas ultradetalladas o mujeres exhuberantes follando con tíos cachas. Pero en lo que hace bien hay muy poquitos iguales, y aquí goza del gancho que no ha tenido en otra obra más reciente, Strain.

En fin, que si podéis pasar sin esta colección tan horripilantemente mutilada por gente que no tiene ni idea de lo que es un tebeo, pasad. Pero si os quedásteis como yo, colgados hace una década, me parece que terminaréis picando. Y recuperando buenas sensaciones.

Datos de la edición:

Guión: Syo Fumimura
Dibujo: Ryoichi Ikegami
Edita: Otakuland
Serie de 6 tomos de 450 páginas
12 €

Esta entrada fue publicada en Cómic e Ilustración y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Santuario

  1. fjvidiella dijo:

    Hola. Pasaba por aquí…

    Desgraciadamente, soy de los que he picado. También me quedé colgado con la edición de Planeta y, tras tantos años de espera, pues como que me conformo con lo que están sacando. Entre tanto manga adocenado este es uno de los que destaca, así que crucemos los dedos para que lleguen al tomo 6 y, esta vez, veamos el final.

  2. fonz dijo:

    Joé, pues yo no voy a picar, me da palo dos talegos por este desastre. Y lo peor es que creo que la versión americana es chunga de encontrar. Al final me quedaré sin saber si los dos protagonistas se acaban enrollando…

    Por lo demás, el facherío de Fumimura hasta me resulta divertido (sin creerme nada, claro), porque es tan macarra el tono general de la serie que hasta le pega. Como Harry el Sucio pero en nipón y pasado de vueltas. Ah, a mí Ikegami me gusta más en Santuario aunque la historia de Mai es bastante mejor, mucho más sólida y equilibrada. Aunque algo de narrativa “videojuego” también había.

Los comentarios están cerrados.