La cámara oscura

Hace casi un año leí Perdidos, la novela con la que Minotauro insufló un poco de vida en su maltrecha colección de terror. Me gustó la manera en que su autor, Peter Straub, enfocaba dos temas fundamentales del terror, el asesino en serie y la casa encantada, mediante un planteamiento en el que también destacaban la construcción de personajes y el clima cotidiano que gobernaba la narración. Recientemente Minotauro ha publicado la última novela de Straub, La cámara oscura, una especie de continuación de Perdidos en la que el terror se ha difuminado del todo para abrirse a la fantasía oscura y potenciar una serie de ideas relacionadas con el hecho creativo que, a pesar de estar ya presentes en ella, habían quedado atenuadas.

La cámara oscura comienza con el protagonista fetiche de Straub, el escritor Tim Underhill, en el trámite de promoción de “Perdidos”, su última novela, que versa sobre lo que vivió en Millhaven tras el suicidio de su cuñada, la desaparición de su sobrino y la tenebrosa casa detrás de la residencia de su familia. Hechos que leímos en Perdidos, novela dentro de la novela que es toda la novela. Un día recibe unos correos extraños que, aunque lo parezcan, no tienen nada que ver con el correo basura, y en una cafetería se topa con un aficionado desquiciado que pone delante suyo varios ejemplares de “Perdidos”, que todavía no debería estar a la venta, para que se los dedique. Dos acciones que perturban su existencia y acaban conectados con lo ocurrido en Millhaven y lo que ha puesto negro sobre blanco en el libro.

A su vez, intercalados entre los capítulos dedicados a Tim, aparece la historia de Willy, escritora juvenil de éxito que perdió a su marido y su hija, asesinados, y que está en el trámite de casarse con un hombre un tanto déspota que trabaja en una sociedad de inversiones de éxito. Una lectora que cuando tiene una crisis se refugia en la lectura de las novelas de Tim Underhill. Como está mandado, Tim y Willy acabarán cruzando sus caminos… de una forma insólita; después de haber leído unas cuantas páginas uno no espera los derroteros por los que Straub conduce el argumento.

La cámara oscura es uno de esos libros de los que no conviene desentrañar nada porque es muy fácil revelar los giros y claves argumentales en los que se basan y que acostumbran a ser su principal virtud. Aunque algún detalle se puede desvelar. Para empezar su estructura parece más meditada y mucho más asentada que la errática de Perdidos, generando una cadencia de lo más adecuada. Igualmente el relato está lleno de tensión y sentido; nada se ha dejado al azar y hasta la más mínima inconsistencia que se puede apreciar en alguna de las dos historias o en el retrato de los personajes, especialmente en la historia de Willy, encuentra debida explicación.

Lo desconcertante llega porque esta novela dista una enormidad de ser terror. Digan lo que digan los electores del premio Bram Stoker del año 2005, que la señalaron como mejor novela de dicho género publicada durante el año 2004. Lo que Straub ha abordado es otra cosa. A través de una serie de piruetas metaliterarias, ya presentes en Perdidos (y creo que en otros títulos de Straub, pero sólo he leído estos dos), inicia una deconstrucción de su manera de escribir que le lleva no ya a cuestionar la fidelidad de los narradores, comenzando por él mismo, sino a contarnos cómo erige el argumento, cómo lo hace crecer, cómo se relaciona con sus personajes,… Así inicia un sugestivo juego de reflejos entre realidad y ficción, lo que les pasa a los personajes y lo que le ha pasado a su creador, inteligente y, todo hay que decirlo, un tanto superficial al recrearse demasiado en el humor (cómo viven los personajes las elipsis entre dos secuencias narrativas; el encoñamiento entre un creador y sus personajes, sobre todo las heroínas femeninas cañón; de qué se alimentan en el mundo de papel;…) y pasar de puntillas sobre otros detalles apenas apuntados a los que podría haber sacado mayor partido.

Tampoco se puede decir que la extensión esté bien medida. Aunque no estamos ante una novela de longitud desmedida, se nota que una vez pasada la página 200, con la totalidad de las cartas sobre la mesa, lejos de resolver el enigma y propiciar el final del juego, Straub inicia una serie de movimientos redundantes que dilatan la función de forma innecesaria. Entra en un tiempo muerto de diálogos entre Tim y Willy que no hacen avanzar la trama, repiten nociones ya expuestas y desvirtúan levemente su labor.

Una (pequeña) lástima porque, como ocurría con Perdidos, estamos ante una novela elegante que, lejos de devolvernos a un lugar común en el que ya hemos estado otras veces o explotar el efectismo gratuito, trata de hacer algo nuevo con los fantasmas, las casas encantandas, las posesiones y los asesinos en serie.

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4 respuestas a La cámara oscura

  1. Farseer dijo:

    ¿Se puede leer esta novela sin haber leído Perdidos o no es muy conveniente?

  2. Nacho dijo:

    Podrías enterarte, pero lo mejor es intentarlo con “Perdidos”, que también me parece una buena novela. Y si gusta pasar a ésta.

    Por lo que he leído, hay otras novelas protagonizadas por Underhill: “Koko” o “La garganta”. Pero “Perdidos” es bastante autónoma.

  3. Farseer dijo:

    Gracias. La verdad es que el terror dista mucho de ser mi género favorito, pero está bien tener referencias para cuando me apetezca alguna novela de ese tipo.

  4. Nacho dijo:

    El terror tampoco se puede decir que sea mi género predilecto… ni mucho menos. De ahí que apenas haya leído obras de este tipo salvo los grandes referentes (Lovecraft, King, Poe, Machen, Baker, James,…)

    De lo último que ha salido, me han hablado muy bien de “La chica de al lado”, de Jack Ketchum, que ha publicado La Factoría. Lo tengo sobre la mesilla a la espera del momento propicio.

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