Sicko

SickoInconsciente que soy, estaba esperando el estreno de Sicko, el último libelo cinematográfico escrito y dirigido por Michael Moore. Pero como parece que no va a ser distribuida en España, a diferencia de una treintena de países donde ya se ha hecho (a no ser, claro, que ocurra como con Bowling for Columbine y haya expectativas de que gane un Oscar), puse a funcionar el p2p y…

Sicko continúa la línea de Bowling for Columbine y Fahrenheit 911 en su denuncia de algunas de las facetas más oscuras de la sociedad estadounidense. Moore deja caer su talento incendiario sobre el negocio que rodea a su sistema sanitario, que deja a decenas de millones de personas sin ningún tipo de cobertura. Como era de esperar, arranca con una puesta en situación a base de las tropelías que realizan las compañías aseguradoras: las tretas para evitar pagar las facturas de sanitarias de sus clientes, la denegación de servicios cuando un asegurado se transforma en un sujeto de riesgo, la manera en que se trata a los que carecen de cobertura (con múltiples ejemplos acojonantes como el de un hombre que se seccionó dos falanges de la mano y tuvo que elegir entre pagar 12000 dólares por salvar una o pagar 60000 dólares por la otra)… para bucear después en los motivos que explican por qué ha ocurrido, cómo las seguradoras han ido consiguiendo aumentar su negocio a base de «comprar» a la clase política de Washington, etcétera.

Todo por el beneficio.

A nadie se le escapa que Moore es un demagogo y un manipulador nato. Donde más «canta» esta faceta es en cómo vende su argumentación. En cierta forma, haciendo un símil con la ciencia ficción, juega a ser una especie de dopplegänger de Larry Niven y Jerry Pournelle y la manera en que estos escritores lustraban sus ideas, personajes favoritos o sistemas sociopolíticos predilectos en novelas como La paja en el ojo de dios o Juramento de fidelidad, a base de situarlos al lado de otros completamente incapaces, ineptos, estúpidos, ingenuos, corruptos… En Sicko abusa de este recurso en la comparación que establece entre el sistema estadounidense y los de los países que visita posteriormente: Canadá, el Reino Unido, Francia y Cuba. Moore se pasea por sus centros de salud y hospitales, habla con sus médicos, con compatriotas que han sido atendidos por ellos y muestra cómo funciona la sanidad en otros países. Quizás el momento determinante está en una conversación con estadounidenses residentes en Francia que le van contando cómo han descubierto un paraíso de asistencia social hasta el punto de sentirse culpables por disfrutar de una serie de medidas que sus padres y familiares al otro lado del charco ni sueñan. O cuando visita hogares de clase media-alta como si fuesen la medida de la calidad de vida en estos países y les pregunta por sus preocupaciones y sus gastos más importantes (vamos, que me lo pregunte a mi a ver si respondo lo mismo).

Moore preparándose para purgar una vez más a su paísMoore vende estos sistemas, parecidos al español, como una especie de paraíso sin mácula sin referirse en ningún momento, ni por aproximación, a sus puntos débiles, que seguro tienen como el excesivo coste del sistema francés (los del nuestro, que no sale en la película, los conocemos de maravilla). Una exageración que podría haber sido «pesada» con una mínima información adicional y que ensombrece su argumentación alejándola de la realidad más de lo que sería tolerable en una película pretendidamente documental. Sin embargo este exceso, como suele ocurrirme con Moore, es tolerable si no se pierde de vista el objetivo de Sicko (y de las anteriores): mostrar a los estadounidenses que otro modelo social es posible. Que tener una sanidad que cubra todo y a todos, con limitaciones, no supone vivir en un estado alienante, controlador, hiperburocratizado, que recorta las libertades y la calidad de vida que sus ciudadanos. Que, como dice en la película un parlamentario británico, si se tienen los recursos para mantener una guerra, fabricar armas y acabar completamente con el paro, como ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial, cómo no se va a poder mejorar la vida de los ciudadanos dándoles una cobertura que ahora mismo no tienen.

Dura más de dos horas y, a diferencia de Fahrenheit 911, no se me hizo pesada. Los mejores momentos, por divertidos, ácidos, contradictorios, su acritud… son el repaso al intento de una Hillary Clinton recién llegada a la Casa Blanca por sacar adelante el programa de universalización de la sanidad HealthCare. Un proyecto que tuvo varios años a la entonces primera dama enfangada en una lucha contra la maquinaria política y económica del lobby de las aseguradoras y que terminó en un fiasco. La coda de cómo se ha olvidado del tema y cambiado de estrategia, no alumbra un futuro esperanzador para el país si gana las elecciones de este año.

Y cuando varios voluntarios que ayudaron en los atentados del 11S, que padecen graves secuelas físicas desde entonces (a saber qué respiraron) y que fueron dejados de lado por sus compañías de seguros, viajan hasta Guantánamo para intentar disfrutar de las medidas sanitarias que el ejército americano pone a disposición de los presos allí encerrados, no vaya a ser que se les mueran de una enfermedad curable. Paradojas de la vida, se atiende mejor a un reo de aquella prisión que a un ciudadano de a pie cuyo único error fue ir corriendo a las Torres Gemelas a echar una mano. Parias, que se dice.

Por último, desde que he visto la película me preocupa todavía más el curso que está siguiendo nuestro sistema de seguridad social y el riesgo de que acabe transformándose en primo hermano del estadounidense. En algunas comunidades ya se han empezado a mover los hilos…

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5 respuestas a Sicko

  1. Fidel dijo:

    En la comunidad de Madrid vamos a una velocidad de vértigo hacia ese modelo de sanidad desde que la Sra. Aguirre gobierna esta comunidad. Y como bien sabes, podemos poner nombres y apellidos de amigos que se han visto afectados, dando altas médicas cuando no está recuperado el paciente y esa recuperación no se puede hacer en casa, e incluso llegan a meterse en limbos legales donde por un lado tienen el alta y por el otro no están aún preparados para realizar la actividad laboral que realizaban. Todo ello gracias a esta constante derivación de los servicios sanitarios públicos a los privados, cuyo objetivo es el beneficio económico. Y aún hay quienes dicen que la Sra. Aguirre es una gran gestora, en fin, será para sus familiares (tios constructores) y amigos; y esto no es una cuestión de derechas ni de izquierdas, sino de decencia moral y humana.

  2. juan dijo:

    Bueno como todo lo de moore bastante tendencioso ya depende de tí creerte lo que cuenta. Por cierto que alguien me explique porqué todos los politicos que defienden el sistema público de salud están en uno privado.

  3. Farseer dijo:

    A mí me parece una pena que demos tanto bombo al Michael Moore y tan poco a otra gente que hace documentales no menos interesantes y mucho más rigurosos. Pero así somos, nuestra cultura es del tipo «comida basura». Y el caso es que los documentales de Moore consiguen el objetivo de darle dinero, pero no el de convencer a nadie, porque son tan tendenciosos que la gente que no esté convencida de antemano no puede sino concentrarse en las manipulaciones y no en las verdades que dice.

  4. Nacho dijo:

    No sé cuántos documentales se estrenan donde vives, pero aquí en Santander casi no llegan ni estos (cuando se estrenan comercialmente, que con «Sicko» no es el caso ;)).

    Y sí. Moore hace panfletos que carecen del rigor y la profundidad que serían deseables. Pero son un grito de aviso necesario que, por su afán de provocación y sus cualidades de bufón, sabe hacer llegar a la gente. Que se haga de oro no me quita el sueño, como sí lo hace lo que denuncia en su película y que, como comenta Fidel, ya está empezando a pasar en España.

  5. Farseer dijo:

    No, a mí tampoco me parece mal que se haga de oro (oye, él se lo ha currado y muchos otros se forran con menos méritos). Por donde vivo (Madrid) se estrenan más documentales, pero soy el primero que reconozco que no voy a verlos, mientras que sí fui al de Bowling for Columbine. El tío lo hace atractivo, genera polémica… todo eso hay que reconocerlo. Pero también estoy seguro de que sólo convence a los que ya estaban convencidos de antemano y que por lo tendencioso que es incluso reafirma en sus convicciones a los que piensan lo contario. En fin, que me parece una pena que no demos más bola a documentales más serios, que los hay (y yo soy el primero que me incluyo en esta crítica).

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