Gigamesh 43: Sexo y literatura fantástica

El último número de Gigamesh, sin igualar la calidad de los dos números anteriores, mantiene la tendencia marcada durante la última etapa. En este caso con unos contenidos centrados en la literatura fantástica, principalmente ciencia ficción, y el sexo.

Lo más destacado sin duda son los relatos. Abre la revista «Agenesia congénita de la ideación sexual, por K. N. Sirsi y Sandra Botkin», de Raphael Carter, ganador del premio Tiptree, Jr. de 1998, muestra de lo que se podría llamar ciencia ficción hiperreal. Corriente que, de existir y denominarse así, tendría un par de muestras en el relato de Ted Chiang (posterior) «¿Te gusta lo que ves? (Documental)» o en, un paso más lejos, la bufonada «Hombre de acero, mujer clinex» de Larry Niven. Carter ha construido un artículo como el que podríamos leer en una revista de investigación de fuste acerca de una desviación genética que, simplificando, impide a los individuos que la poseen distinguir el sexo de las personas que están ante ellos.

Sin personajes, con un lenguaje técnico tan elaborado como equilibrado, desgrana la investigación realizada por un neurólogo y una psicóloga de lo que se cataloga como una anomalía cerebral y que esconde bastante más. Ese plus adicional entronca con el hilo conceptual que Juanma Santiago, el editor de la revista, ha creado entre la mayoría de los contenidos: responder a la pregunta ¿cuántas formas de ver y vivir la sexualidad existen? Aunque lo que más me ha llegado es la crítica que hace Carter de la visión unívoca y fundamentalista de la realidad.

Como plato fuerte contamos con un relato de Robert Silverberg publicado en 1973, «En grupo», que aborda un futuro en el que los seres humanos han erradicado las relaciones monógamas y forman grupos de seis hombres y seis mujeres para explotar el sexo compartido. Sexo que experimentan sólo dos de ellos y a los que los demás se conectan para participar y disfrutar de todas las sensaciones liberadas durante el contacto. El protagonista, enamorado perdidamente de una de las mujeres del grupo, intenta hacer todo lo posible porque ella acceda a satisfacer sus deseos y cambiar su modo de vida, aunque sin demasiado éxito.

Resulta chocante que habiéndose publicado la mayoría de los grandes relatos del decenio mágico de Silverberg «En grupo» estuviese inédito. Sin ser una obra maestra y con un regusto carca (no se entiende que la heterosexualidad sea la única opción), recupera el tono de sus mejores historias en las que explotó el descontento de un personaje que, a contra corriente, se rebelaba contra las costumbres establecidas y desea expresarse con libertad, visto en novelas como Tiempo de cambios y relatos como «Ismael enamorado» o «Ver al hombre invisible«. Además el protagonista, lejos de caer en el clasicote enamoramiento romántico, cortés y honorable, se comporta de forma hosca, posesiva, caprichosa, dominante,…

Como colofón se incluye un ensayo crítico sobre este relato escrito por Pere Gallardo, director del departamento de Filología anglogermánica de la Universidad Rovira Virgili de Tarragona, publicado (al loro) en el número 83 de Foundation, probablemente la publicación crítica más importante que tiene como objeto la ciencia ficción. Uno no deja de sorprenderse ante lo limitado que es el mundo aficionado español cuando contamos con gente con esta capacidad de análisis, apareciendo en una publicación extranjera de prestigio y del que nada se sabía dentro del fandom (bueno, salvo una crítica de La guerra de las salamandras en Gigamesh)

El tercer y último relato es «El útero de la noche», de Lawrence Schimel y Billie Shue Mosiman, con una relación más tangencial o, mejor dicho, más superficial con el asunto central de este número 43: la eterna fascinación y atracción que produce el vampiro. Sin embargo, lejos de caer en el amaneramiento y el vulgar refrito que he observado en historias de cierto éxito publicadas últimamente, caso de la serie de Sookie Stackhouse, «El útero de la noche» se sale de la marca con una segunda parte y un desenlace tan efectista como intenso y revulsivo.

Mientras los ensayos y artículos me han parecido más flojos. Quizás el mejor sea «Ciencia ficción y teoría queer», de Wendy Peterson, que expone entre otras ideas la importancia de la ciencia ficción como vehículo para explorar nuevas formas de sexualidad y cómo le ha ido en esta tarea. Aunque lo he notado desequilibrado: demasiado prolijo en su presentación y escaso en su desarrollo.

Con potencia arranca «Los nuevos alienígenas de la ciencia ficción» de Nicola Griffith, una buena piedra de toque para testar cómo ha tratado la ciencia ficción tanto las relaciones heterosexuales como las homosexuales, aunque peca de superficialidad. Cuando llega el momento de poner ejemplos y desglosarlos para apoyar sus argumentos Griffith pasa de puntillas y se esconde en la generalización más fácil. Postura comprensible cuando me he enterado que es el discurso de aceptación del premio Nebula que ganó con Río Lento; no era ni el momento ni el lugar para hacer sangre. Queda el consuelo de que sacó un tema escasamente condescendiente y con intención de zaherir a sus compañeros de profesión.

Mientras, el estudio que David Panadero y Jesús Fernández sobre la adaptación que hizo Tony Scott de El Ansia apenas lo he hojeado; ni he visto la película ni he leído la novela de Whitley Strieber. Cierran estos contenidos dos críticas extendidas de Francisco J. Ortiz y las habituales secciones, incluyendo mi comentario sobre La mujer del viajero en el tiempo, a la que se puede acceder aquí.

Nota: Se pueden leer los comentarios de Juanma Santiago sobre cómo se gestó este número en su blog Pornografía emocional. Como es habitual lo enseña (casi) todo.

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Novedades Saló 2006: Mi selección

Ahora que llega el Saló de Barcelona los compradores de cómic nos las vemos y las deseamos para ajustar nuestro escueto presupuesto al desproporcionado número de novedades que se nos echa encima. Algo que en dificultad viene a quedar entre la demostración del teorema de Fermat y la cuadratura del círculo. A imagen y semejanza de otros blogs, como La cárcel de papel, La zona negativa o Volatilis, he preparado la siguiente lista limitada a unos 100 € a la que espero ceñirme. Si se me escapa algo, que se me escapará, quedará para los próximos meses. Vamos con ella.

Shenzhen – Guy Delisle – Astiberri – 18 €. Cuenta Álvaro Pons que una vez leído Pyongyang no es lo mismo, pero la visión que de la sociedad china tiene Delisle seguro que da que pensar.

Más malas ventas – Alex Robinson – Astiberri – 10 €. El equivalente al DVD de contenidos extras de Malas ventas. Una serie que a pesar de un dibujo torpe y amateur constituía uno de los mejores culebrones que se pueden encontrar hoy en día. Personajes entrañables, situaciones próximas a nuestro entorno cotidiano, un punto de frikismo muy satisfactorio,… Eso sí, imprescindible haber leído la serie original.

Liberty Meadows nº6 – Frank Cho – La colla de la pesigolla – 10.50 €. Hay tiras cómicas que son más divertidas y más trascendentes, o están mejor resueltas. Pero ninguna está ilutrada con el mismo derroche gráfico, ni tiene unos personajes tan cafres, ni demuestran este conocimiento del mundillo del vicio y la subcultura. Me lo paso teta con cada libro (¡Y hay que ver cómo está Brandy!)

El Escorpión nº6. El tesoro del Temple – Desberg y Marini – Norma – 9 €. Como el resto de la gente, ando pelín hastiado del curso que ha tomado la serie. Como todo superventas, se está estirando más de lo debido y la diversión de los primeros tomos se va diluyendo, y diluyendo, y diluyendo. Sin embargo, todavía queda la esperanza de que la serie remonte. Al menos con el trabajo de Marini está garantizado el disfrute plástico del álbum.

Valerian, agente espaciotemporal nº2 – Christin y Mézières – Norma – 25 €. Segunda entrega de la reedición en tomos de este clásico del cómic de ciencia ficción. Todavía no he leído el primer tomo, pero tiene una pinta…

Gotham Central nº1 – Ed Brubaker, Greg Rucka y Greg Scott – Planeta de Agostini – 6,50. Continuación de los tres tomos que publicó Norma en su momento. La versión de Canción triste de Hill Street en las calles de Gotham, con unos agentes del orden enfrentados a todo tipo de criminales y, como ingrediente adicional, el Joker, Dos Caras, Enigma,… Género policiaco notable, con tensión, buena interacción entre personajes y diálogos con garra.

Cowboy Wally – Kyle Baker – Planeta de Agostini – 12,95 €. Recuperación de uno de los tebeos básicos de Kyle Baker, uno de los dibujantes humorísticos fundamentales de las dos últimas décadas. A ver qué tal.

Es un pájaro – Steven T. Seagle y Teddy Kristiansen – Planeta de Agostini – 9,95 €. Un tebeo sobre Superman que no se parece en nada a cualquier otro tebeo de superhéroes. Una exploración del arquetipo mezclado con una historia semiautobiográfica, de hondo calado emocional. Cuando el mal de Hunttington hace acto de aparición es difícil mantenerse impertérrito.

Echando un vistazo no he podido meter ni la recuperación de La casa de los secretos, ni la conclusión de La leyenda de la madre Sarah, ni El derrotista, ni la primera entrega de Solo con Tim Sale de protagonista, ni Ex-Machina,… Títulos que sin duda tendrán que esperar a los meses de Julio o Agosto. Ni tampoco los que ya tengo y que bien merecen un puesto en cualquier lista, como las reediciones de Agujero negro o Locas, o la publicación de una serie de superhéroes que nos devuelve al mejor Walter Simmonson: Orión (si eres fan de su versión de Thor es una compra imprescindible). O los que ya han salido y están en mi poder, como Zits. Pero ha llegado el momento de cortar, que me he pasado, aunque por poco, de los 100 €.

Ahora aprovecho para enviarle esta meme a tres colegas, para que desde sus atalayas realicen esta labor de triage: blackonion, fonz y xoota. Que recojan el testigo o no depende sólo de ellos.

El listado con todas las novedades, cortesía de La cárcel de papel (y también la mayoría de las imágenes que he utilizado)

Editando:

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Cloud Atlas, de David Mitchell

Leo en Stardust que Tropismos ha traducido ya la novela de David Mitchell Cloud Atlas. Su título, El atlas de las nubes. Ya lo tengo encargado a mi librería de referencia.

El texto que ponen en la web de tropismos:

El atlas de las nubes es una novela que da la vuelta al mundo y recorre desde el siglo XIX hasta un futuro apocalíptico, a través de seis historias entrelazadas. El relato se abre en 1850 con el regreso del notario estadounidense Adam Ewing desde las islas Chatham a su California natal. Durante el viaje, Ewing traba amistad con un médico, el doctor Goose, que comienza a tratarle de una extraña enfermedad causada por un parásito cerebral… Repentinamente, la acción se traslada a 1931 en Bélgica, donde Robert Frobisher, un compositor bisexual que ha sido desheredado, se introduce en el hogar de un artista enfermizo, su seductora esposa y su núbil hija… De ahí saltamos a la Costa Oeste en la década de los setenta, cuando Luisa Rey destapa una red de avaricia y crimen que pone en peligro su vida… Y, del mismo modo, con idéntica maestría, viajamos a la ignominiosa Inglaterra de nuestros días, a un superestado coreano del futuro próximo regido por un capitalismo desbocado y, finalmente, a Hawai, a una Edad de Hierro post-apocalíptica que corresponde a los últimos días de la historia.Sin embargo, la historia tampoco termina ahí. La narrativa vuelve, como si de un bumerán se tratara, en el tiempo y en el espacio hasta el punto de partida recorriendo, en sentido inverso, la trayectoria trazada. Durante la travesía, Mitchell va revelando los lazos que unen a personajes tan distintos, el modo en que se entrecruzan sus destinos y la forma en la que sus almas se desplazan a través del tiempo como las nubes por el horizonte.

David Mitchell, es un visionario posmoderno que se mueve con maestría por una multiplicidad de estilos y sabe combinar a la perfección los ingredientes básicos de la novela de aventuras con una debilidad muy nabokoviana por el puzle, un ojo clínico para retratar a los personajes y un gusto por la reflexión filosófica y científica en la línea de Umberto Eco, Haruki Murakami y Philip K. Dick. En esta novela, Mitchell derrumba las fronteras del tiempo, los géneros y las lenguas para ofrecernos una visión fascinante de la voluntad de poder que mueve a los seres humanos, y de adónde nos conduce.

Recordar que su anterior libro en castellano y opera prima de David Mitchell es finalista de los premios Xatafi-Cyberdark. Citando a un aquilatado crítico de literatura fantástica, en Escritos fantasma

David Mitchell realiza un viaje de Oriente a Occidente que retrata el caótico mundo globalizado en el que vivimos. Una obra multidisciplinar que hace de la mezcla de géneros y registros su seña de identidad.

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Idios Kosmos

Hay libros teóricos que nacen con vocación de llegar a la mayor cantidad de lectores y ser discutidos, rechazados, admirados, olvidados… sin excesivas complicaciones. En lo que a la literatura fantástica se refiere, tenemos las listas y guías de lectura, enciclopedias visuales, libros de divulgación general escritos por conocidos autores de género,… Mientras, otros bien se decantan o por un nivel de complejidad mayor, entrando en contenidos teóricos sumamente especializados, o por un foco mucho más concreto, y quedan automáticamente indicados para un público más reducido; un lector que sabe de qué se está hablando, penetra en la propuesta y disfruta de sus matices.

Entre estos últimos en ocasiones surgen libros con una audiencia potencial más amplia porque fijan su atención en un tema popular. Es el caso de este Idios Kosmos de Pablo Capanna, el mejor teórico de la ciencia ficción en nuestra lengua, que a partir de una figura como la de Philip K. Dick despliega con maestría, una tras otra, las claves necesarias para comprender la inmensa e intrincada complejidad de su obra.

Hay que recordar que Dick es un autor muy famoso. Pese a haber fallecido hace casi 25 años, sigue creando expectación allí donde aparece, ha trascendido las barreras del género en el que se vio obligado a confinarse para sobrevivir como escritor, se cita habitualmente como una referencia al hablar de la literatura (y cine) de las últimas décadas,… y no se puede decir que esté libre de polémica.

Leer a Dick no es fácil, y no sólo por los temas que trata. Su escenarios futuros acostumbran a ser de cartón piedra, todavía más que los que construían sus compañeros de generación; si se afronta exclusivamente con la parte racional del cerebro entra en colisión directa con todo lo que llamamos lógico; su narrativa poco tiene que ver con las que hemos mamado de la ciencia ficción estadounidense; sus delirios y derroches místicos son muchas veces difíciles de tragar (me reconozco incapaz de concluir Valis, y no será por las veces que lo he intentado; haciendo una confesión, fue el espíritu de preservación lo que me hizo abstenerme de votarla del hit parade Gigameshiano en el especial que le dedicaron en el número 39. Si hubiese sido otro autor le habría cascado un 1 sin paliativos); la repetición de determinados motivos en alguna de sus etapas termina aburriendo al más entregado seguidor;…

Sin embargo… sin embargo sus obras contienen una riqueza conceptual singular que escapa a cualquier definición directa; acertó a crear una serie de personajes humanos, vehículo de unas preocupaciones para nada ajenas a las nuestras; transmitió como nadie ese extrañamiento ante la realidad que tanto trastocó su vida; buceó en nuestra naturaleza para indagar en aquello que nos hace humanos; ilustró con mano sabia toda una serie de trastornos psicológicos que han marcado una parcela importante de la sociedad occidental; imprimió, hasta en la más absurda de sus historias, un extraordinario poder de convicción;… Y, lo que le hace realmente memorable, poseía una personalidad única e intransferible, tan poderosa como obsesiva, que convierte la lectura de sus creaciones en algo genuino, reconocible, valioso…

Fue un pionero irrepetible que se alejó tanto de lo que había antes, de lo que se hizo durante su vida y, lo que resulta más increíble para alguien que ha creado escuela, de lo que se ha escrito tras su muerte.

(ahora pueden llamarme papanatas dickiniano)

Y llegado a este punto es necesario reconocer que como lectores, a la hora de enfocar su narrativa, nos hallamos limitados. En lo que a mi respecta (y, supongo, les pasará a otros lectores) ahí está siempre la escasa formación, el haberme tomado algunos de sus títulos como productos meramente evasivos, la escasa atención que muchas veces se presta a lo que se lee, su alejamiento de cualquier canon establecido, la dificultad inherente a sus textos, el desconocimiento del entorno en que trabajó, sus intenciones, influencias,… Asimismo nos hemos acercado a ella de higos a brevas, siguiendo un curso ajeno al que siguió la obra original del autor, definido por el caprichoso fluir de las editoriales que las han ido publicando según se iban haciendo con los derechos, o del caprichoso fluir de nuestras adquisiciones y posteriores lecturas. Un detalle que enmascara muchas percepciones que con una lectura secuencial serían evidentes.

Capanna en Idios Kosmos rescata a los que necesitamos ser rescatados y mediante una síntesis de estudio del material teórico sobre Dick (¡quién pudiera echarle el guante a algunas de las fuentes citadas, como la tesis de Kim Stanley Robinson!), un intenso análisis de su vida y obra y una enorme capacidad expositiva, despliega las claves para interpretarlo. Así comienza con lo más evidente y fundamental, la habitual biografía, para después dividir su bibliografía en etapas: Fase política (1951-1960), Fase metafísica (1961-1970) y Fase mesiánica (1970-1981). División ligeramente distinta a otras que se han realizado.

Una vez expuesto el sustrato sobre el que fijar el contenido, a partir de una estructura por capas y un movimiento en espiral, comienza un embriagador tour de force por los temas recurrentes en su narrativa. Inicia el recorrido por los más tratados, caso de la preocupación por los simulacros, la lucha del hombre contra la entropía o el choque entre los universos individuales y los universos compartidos, para pasar por otros menos explotados y más peliagudos, caso de los trastornos mentales con los que se vio obligado a convivir Dick y que han permeado sus libros, el complicado entramado religioso y espiritual presenta en su vida y que le llevaron a adoptar posiciones de lo más extrañas para el ciudadano de a pie y espiritual, un pensamiento político a la deriva o las connotaciones gnósticas que se pueden encontrar en parte de su producción.

Dick me libre de decir que éste es un libro sencillo. Cuando Capanna entra con detalle a estudiar la última etapa, surgida a partir de la experiencia 2-3-74 y la posterior exégesis, me ha costado seguir las ideas… en parte por falta de referentes, pero también porque es lo que menos me ha interesado siempre de Dick. Pero el resto es muy recomendable para todo lector que haya leído tres o cuatro novelas y quiera saber qué hay detrás de su talento sin par.

Como ingrediente adicional, la guinda del pastel, incluye un apéndice que bajo el lema «Crítica androide y crítica empática», y partiendo de cómo la crítica profesional y amateur, de dentro y de fuera del género, ha enfocado a Dick, expone las ideas que Capanna tiene sobre cómo se debe valorar la obra completa de un autor. Revaloriza todavía más el contenido de Idios Kosmos, además de suponer un testimonio valioso sobre el trabajo (y la pasión) de su autor.

La edición de AJEC es digna, aunque resulta funesto que un libro tan importante se vea reducido a un formato feo, rústico y minúsculo que lo aboca, prácticamente, a su venta exclusiva dentro de las barreras del ghetto, sepultado en las estanterías de las librerías por volúmenes más grandes y vistosos. Sin embargo al menos el interior es legible y puede disfrutarse sin que elementos accesorios distraigan nuestra atención.

Siendo realista, tampoco hay que engañarse. Una edición en formato más vistoso y grande probablemente tendría unas ventas similares.

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Cine y cómic en Santander: Del 2 al 8 de Junio

Sé que esto en ciertas ciudades (Avilés, Gijón, Alicante, San Sebastián,…) sonará a poca cosa, pero aquí en Santander es aire fresco. Porque, tristemente, en lo que se refiere a eventos culturales ajenos a lo que se conoce como cultura oficial (la promovida por las instituciones importantes, aquí Gobierno Regional, Ayuntamientos y la obra social de los bancos), Cantabria es Camino Desolación. Prácticamente no hay iniciativa privada y cuando surge alguien con espíritu emprendedor el ánimo le dura lo que le tarda en observar la mínima repercusión que genera. Sin embargo últimamente el panorama parece estar cambiando y muestra de ello es el trabajo realizado por el único cine comercial que queda en Santander ciudad: el Groucho. Dos pequeñas salas con una capacidad para 96 personas cada una dedicadas a la proyección de películas de distribución minoritaria, muchas veces en versión original, y que compiten no ya con los grandes espacios de los centros comerciales sino con las salas financiadas con dinero público, caso de la Filmoteca o el cine Los Ángeles, que lejos de realizar una labor cultural de difusión cinematográfica entran en la competencia desleal aprovechando las subvenciones con las que cuentan.

Los Groucho, inasequibles, siguen programando sus películas y organizando, según pueden, festivales temáticos. Si el verano pasado prepararon unas sabrosas jornadas de cine y gastronomía, este año, con la colaboración, entre otras, de la librería especializada Nexus – 4, se han lanzado a juntar cine y cómic. El cartel es el siguiente

Además junto a la terraza que se pondrá en el callejón de acceso, se situará un puesto de venta de cómics en el que, si hay suerte, estarán listas algunas de las novedades publicadas durante el Saló de Barcelona.

El momento cumbre, para un servidor, vendrá el miércoles 7 cuando a las 20:00 se haga un coloquio en torno al cómic con Mark Buckingham. Me llevaré para que me firme alguno de los tomos de Fábulas. Y no sé si habrá tiempo, y ganas, de hacer un bocetillo de Miracle Man.

Nosotros nos acercaremos a ver, seguramente, American Splendor y, si lo consigo, Ghost World. El resto ya están vistas. Sólo falta esperar que haya habido suerte y hayan conseguido copias en versión original.

Para más información, consultar el siguiente enlace.

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X3: Mucho ruido y algunas nueces

A modo de breve apunte, he de confesar que ando pelín pasmado tras la visión de X-Men 3. Es un nítido ejemplo de que la habitual táctica de ir subiendo la «espectacularidad» a cada nueva entrega termina pasando factura. De hecho en la ecuación más dinero, más efectos, más personajes y más egos el balance queda ya completamente desequilibrado, con un guión que cojea por doquier. Apenas destaca la traslación de todo el tema de Fénix Oscura al universo cinematográfico, alejado del tono kitch del cómic de superhéroes y explotando al máximo el «realismo» que Brian Singer aportó a las dos primeras historias. Sólo hay que observar el nulo tratamiento aplicado sobre la mayoría de los personajes, el excesivo protagonismo del que goza Tormenta (Halle Berry se debió poner duri para hacer la peli) o el tiempo muerto en que cae la historia a mitad del film y que dilata más de la cuenta su resolución.

No obstante… no obstante el gran final en la bahía de San Francisco tiene la carga piroclástica que uno espera de un cómic de superhéroes. Ese toque épico, destrucción a mansalva, fuego, ruina, poses, frases lapidarias, combates y más combates,… y un enemigo aparentemente indestructible. O la espectacular irrupción de Fénix Oscura en casa de sus padres. Además el guionista y el estudio le han echado un par y durante una hora han conseguido lo que en una película de este tipo no se espera: cambiar el estatus quo. No voy a entrar a reventar el argumento (para eso están los comentarios), pero lo que han hecho resulta sorprendente hasta para el más talludito y no importa que más adelante puedan revertir los cambios. La pena es que detrás de todo planea la sombra de coger a Lobezno y reemplazar la franquicia X con historias protagonizadas por este personaje. Veremos.

Nota: En la proyección del viernes vivímos un momento friki definitivo. En plenos títulos de crédito, cuando la sala estaba prácticamente vacía salvo los irreduptibles seguidores de la franquicia, a la espera de ver la «sorpresa» final, va el cámara y nos lo corta en plan gatillazo total. Como para no volver y empezar a tirar del emule…

Nota2: Estos días proliferan los comentarios sobre la película. Para tener un par de visiones contrapuestas (con algunos spoilers) recomendar la de Julián M. Clemente en Bajo la máscara o la de Sergio Holmes en Volatilis. O la de Rafael Marín en Crisei.

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Un par de Calvin y Hobbes

De entre todas las tiras de Calvin y Hobbes podría poner aquí, tranquilamente, unas doscientas que condensasen las razones por las cuales me parece la mejor tira cómica que he leído. Como el escáner no da para mucho a estas horas, me conformo con dos de las páginas dominicales (la primera de la edición remontada que publicó Norma en formato album a precio de… Norma)

Si con esto no es suficiente, quién mejor que Álvaro Pons, güebmaster de La cárcel de papel, para resumir por qué hay que leer este tebeo (el texto procede de la entrada que dedicó a Calvin y Hobbes en su serie sobre sus veinticinco tebeos favoritos)

Calvin & Hobbes tiene la extraña capacidad de reflejar con un realismo espeluznante esa indefinida amalgama de crueldad y ternura de la infancia, consiguiendo que sea imposible no sentirse reflejado en las travesuras de ese niño, en su aplastante filosofía infantil que desnuda de argumentos cualquier réplica. Es como si se abriese una puertecita en la cabeza de un tierno infante, que nos permite durante cuatro viñetas ver el mundo a través de sus ojos. Un momento en el que nuestro cerebro se queda sin defensas, donde todos nuestros prejuicios se desploman y que es usado por Watterson para lanzarnos su mensaje, su reflexión sobre el ser humano vitalista y optimista. Un golpe directo que nos contagia y nos desatasca las neuronas, rejuveneciéndolas de forma instantánea.Desde las naves espaciales a los viajes en el tiempo, de la picaresca infantil a los dinosaurios, todo tema que pasase por nuestra cabeza en la infancia está ahí reflejado, además con una genialidad sin límites. Porque además de su evidente habilidad a la hora de enfocar la infancia, Watterson es un genio de la historieta, capaz de sacarse de la manga planchas dominicales sencillamente mágicas, que igual homenajean las películas de serie B que el pop-art o las tiras románticas de prensa. Y no sólo eso, su dominio del complejísimo formato de la tira diaria es brillante, cada cuatro viñetas de la serie son una lección de cómo enfocar y desarrollar un gag, ya sea aislado o dentro de una línea argumental. Una característica que pasa desapercibida, demostrando aún más su genialidad, que se acompaña por último con uno de los dibujos más expresivos que se han dado en la historia del tebeo. Buen seguidor de las enseñanzas de Chuck Jones, Watterson descansa una parte fundamental de los gags en la extraordinaria gestualidad facial de sus personajes, deslumbrante.

‘nuff said.

Editado (25/5/2006 20:00): He retocado la entrada siguiendo el consejo de Foe Hammer (leer comentarios), y de paso aprovecho para incluir una tira más: como bien afirma Álvaro Pons, Watterson maneja con talento múltiples registros y referencias. Y en un día como hoy, qué menos que reflejar su conocimiento de la cultura popular (vicio y subcultura) a través de una de las innumerables tiras en las que quedaba de manifiesto.

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Ciencia ficción en Valdeavellano de Tera

El sábado nos acercamos unos cuantos aficionados de la TerSa a la Primera jornada de literatura y cine de ciencia ficción de Valdeavellano de Tera, un pueblecito de unos doscientos habitantes al norte de Soria que cuenta con un alcalde aficionado al género, Jesús Gómez Tierno, que ha propiciado el encuentro. Los participantes eran de División de Honor (Juan Miguel Aguilera, Julián Díez, César Mallorquí y Eduardo Vaquerizo) y el atractivo programa el siguiente: se empezaba por un repaso a la historia de la ciencia ficción en España por parte de Julián Díez, basado en su prólogo a la antología de ciencia ficción española que publicó Minotauro hace tres años, se seguía con una puesta en común sobre el estado actual de la ciencia ficción y se terminaba con la proyección de la adaptación de Solaris de Steven Soderbergh y un posterior coloquio. Quizás se podía haber buscado otra película con la misma chicha (y más amena), como Gattaca (que, por cierto, salió varias veces a lo largo de la tarde), pero la reciente muerte de Lem y la relación entre cine y literatura desembocaron en dicha elección.

Si se desea un seguimiento pormenorizado, lo mejor es acudir al artículo que publicó El heraldo de Soria el día después. Sin duda el acto con más contenido fue el segundo, en el que se incidió en muchos detalles que están de cuerpo presente en el sentir de multitud de lectores de género, como el bajón que está atravesando el mercado de ciencia ficción en lo que a las colecciones especializadas se refiere, el trayecto de nuestros autores hacia territorios de frontera, la importancia que están cobrando las obras escritas por autores mainstream que, sin complejos, están acudiendo al imaginario de la ciencia ficción para coger lo que les interesa y construir historias de una calidad superior, cómo el futuro se ha alejado de nuestras expectativas,… Me sentí un poco como un personaje de J. G. Ballard despertado del sueño de conquistar el espacio, atrapado por una realidad caótica, globalizada y cambiante, sin posibilidad de intuir qué va a ocurrir mañana, viviendo un presente tan alienante como incomprensible, deseando retrotraerme a un estado anterior de existencia (cómo molaba la ciencia ficción pulp de décadas pretéritas cuando éramos adolescentes),…

Fue ilustrativo escuchar cómo, a la petición de que se mencionasen dos obras de ciencia ficción moderna que merecen la pena ser leídas y que apunten caminos a seguir, apareciesen títulos que, me temo en su mayoría, están lejos del imaginario del común del mundo aficionado, como las novelas de José Carlos Somoza Clara y la penumbra o Zig Zag, la obra maestra de Christopher Priest, El Prestigio, la primera novela de China Miéville, La estación de la Calle Perdido,…

A modo de apunte, se hizo una clara distinción de la ciencia ficción como temática y la ciencia ficción como género, y las obras que cumplen los dos requisitos… o sólo uno. Un asunto que seguramente dará que hablar en los próximos meses.

La película de Soderbergh… nos la perdimos voluntariamente. Íbamos y veníamos en el día y no nos apetecía pasarnos dos horas encerrados viendo la película cuando ya estaba bien vista. Así que nos acercamos a la taberna del pueblo a departir tranquilamente con los autores que allí se pasaron y, sobre todo, con Mariano Villarreal y Fidel Insúa que nos pusieron al día de sus proyectos actuales. En este último caso, los proyectos para «dominar» el mundo del proyecto Xatafi que tanta espectación están despertando.

Haciendo una valoración, sólo puede ser positiva. Estos actos de día permiten asistir a una tarde con varias horas de contenidos atractivos y acompañarlos de la mezcla entre aficionados de diferentes puntos de nuestra geografía. Más que una kedada, menos estenuante que un congreso, los autores intercambian ideas, se cargan pilas, la gente con proyectos entre manos puede divulgarlos, hay difusión en los medios regionales,…

Esperemos que el año que viene se pueda repetir. De hecho, dándole vueltas y alucinando con la excelente equipación que supone el espacio valdeavellano (un centro cultural que ya me gustaría imitasen los municipales que conozco en Santander), las posibilidades del entorno, la infraestructura,… me pregunto por qué no se puede ser más ambicioso. Hace unos meses en el blog de Julián Díez se discutió sobre la posibilidad y necesidad de reuniones de autores para intercambiar ideas, dialogar sobre su oficio, zambullirse en las experiencias mutuas, charlar,… Y el lugar pinta de puta madre. O, por qué no, una convención más extensa tanto en contenidos como en el tiempo. Puede ser la prueba definitiva para verificar que los aficionados pueden convivir tres días en un entorno entrañable… o revisitar el pueblo de la novela de Stephen King Needful Things.

En lo que se refiere a un servidor, tomé varias decisiones. La más importante es que ni harto de grifa voy a hacer otro viaje en el día a un sitio que esté a más de dos horas en coche de Santander. La ida fue ágil y amena, pero la vuelta se transformó durante la última hora y media en un suplicio por el cansancio y el cargante dolor de piernas que me surgió en las proximidades del desvío del Páramo de masa. Después… pienso volver este verano algún fin de semana a la zona. El paisaje y su conservación invitan a disfrutar de la región e iconos como el Cañón del Río Lobos o la Laguna Negra hay que visitarlos. Por último… mientras servidor se bebe un cubata de ron otros son capaces de dar cuenta de tres y una cerveza. No es que me haga viejo, es que siempre he sido así.

Foto de parte de la familia (cortesía de Jesús Gómez Tierno):

De izquierda a derecha: Eduardo Vaquerizo (sentado), Julián Díez, Alejandro Moia, Fran (señor güemaste de Los espejos de la Rueda), Juan Miguel Aguilera, Marina, Lessa, Carlos, ¿?, Álvaro Muñiz (El Peras), Marc R. Soto, Laura, ¿? y ¿?

Faltan: Fidel, Javier Esteban y su chica, Santiago L. Moreno y Arancha, Mariano Villarreal y familia, la incombustible Celia, César Mallorquí y señora,…

Enlaces:

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Runas: Más madera

Hay unos foros en internet muy poco visitados en los que durante los últimos tres años, periódicamente, han surgido dos temas. Primero, el escaso nivel de la ciencia ficción y fantasía actual que no tiene nada que hacer con el de décadas pretéritas. Ya se sabe. Los nostálgicos cualquier tiempo pasado fue mejor. Y segundo, el fin del periodo de bonanza está al acecho, el mercado no puede mantener el número de colecciones que tenemos hoy en día, el péndulo está dando la vuelta, llega el momento del gran catacrock,… No digo yo que no pueda ocurrir, pero los hechos, como a las sectas milenaristas que aguardan un fin del mundo que no termina de llegar, les deberían frenar la calentura. La máquina, con sus estertores, sigue su curso publicando buena (y mala) literatura; aparecen obras hace un par de años impensables (tengo por aquí los relatos de Rodolfo Martínez recopilados por Berenice esperando para ser degustados) y continuan surgiendo colecciones, en algún caso de direcciones insospechadas.

La última quedó al descubierto hace unos días cuando, en su servicio de avances, apareció en cyberdark el anuncio de una nueva, Runas, que va a publicar, por el momento, tres libros: El proyecto ánfora de William Kotzwinkle (para mi un completo desconocido), la última recopilación de cuentos (sí, han leído bien) de Mike Resnick, Sueños nuevos por viejos, y la reedición de un libro muy buscado (y valorado) en el mercado de segunda mano: La espada rota de Poul Anderson. La editorial que se encuentra detrás no es otra que Alianza, que se lanza de esta forma a la publicación de literatura fantástica en sus diferentes vertientes: ciencia ficción, fantasía y terror. Toda una garantía de seriedad y, por la selección de lo conocido, de calidad. En especial hay que considerar la apuesta por el libro de Resnick, un autor con escaso éxito en sus publicaciones previas en nuestro país y que sólo en los últimos años, con los relatos que han ido apareciendo en Cuasar, Gigamesh o la revista Asimov Ciencia Ficción, ha podido demostrar que, a parte de un jornalero de la literatura, tiene un mucho de artesano y una componente de artista de los sentimientos.

Una iniciativa excelente que se une a la anunciada también esta semana por Roca Editorial, que también se suma a la ciencia ficción publicando la última novela de Connie Willis, Inside Job, o Parable of the Sower, de la recientemente desaparecida Octavia Butler (y que augura la publicación del premio Nebula a la mejor novela de 1999 Parable of the Talents).

A ver qué tal lo acogen los lectores. No ya en los foros, blogs, webs varias,… sino en las librerías, que es donde se fraguan y se recompensan estas aventuras.

Decir que Resnick anuncia en su web que se va a reeditar Santiago. Habrá que esperar a ver si es en esta colección de Alianza o, como parece más probable, en bolsillo por Byblos. Una novela que, la verdad, no merece una reimpresión (en su momento fue saldada) y que es la responsable de la baja opinión que he tenido durante muchos años de este autor.

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