Las doce moradas del viento.com

A diferencia de en inglés, es bastante inhabitual encontrar en nuestro idioma una página no oficial dedicada específicamente a un autor en concreto. Supone un trabajo arduo (hay que estar a la última sobre vida y milagros del autor en cuestión), se necesita una férrea voluntad para llenarla de un contenido muy específico, y cuesta enganchar con el público, más adicto a los foros, los comentarios de los colegas o las revistas electrónicas. Por eso me gustaría destacar aquí el nacimiento hace «na» de Las doce moradas del viento, página web dedicada íntegramente a Ursula K. Le Guin. La escritora de literatura fantástica más importante del siglo pasado, un modelo a seguir en lo que se refiere a calidad narrativa, implicación personal e inquietud autoral. De hecho lo del siglo pasado se le queda corto; lo que he leído de sus últimas obras, como Planos paralelos, En el otro viento y el relato «Las niñas salvajes«, todas del 2001 para acá, sin ser equipotentes respecto a sus obras maestras, son muchos más que obras circustanciales de ocaso. A Le Guin le queda bagaje y sabe cómo sacarle el máximo partido.

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Sobre el nuevo Artifex

En la tertulia de Santander hemos tenido un pequeño debate sobre el formato del nuevo Artifex. Por un lado está la opinión defendida por la mayoría, que queda resumida en las palabras de Jean Mallart

feos, enanos, demasiado gruesos para su tamaño, con la cubierta posterior doblada en el 90% de los casos, por no hablar de las marcas del pisón de la guillotina

, a lo que se puede añadir un tamaño de letra minúsculo que dificulta en exceso su lectura. Por otro está un servidor que, sin negar que llevan parte de razón, no veo mucha diferencia con la edición previa, más allá del evidente cambio de imagen. La letra, sin sacar la regla, parece que tiene el mismo tamaño, y el formato no me ha parecido especialmente incómodo. Es menos «agradable», el lomo se me ha cuarteado levemente al «usarlo» (aunque el margen interno es mayor), pero se lee bien, es similar a otros bolsillos presentes en nuestras librerías y supone una solución interesante para la publicación de relatos. El precio es ajustado y tiene una imagen atrayente, ideal para captar a nuevos lectores, motivo detrás del cambio (más la normalización con los otros títulos de bolsillo de la casa, como Semillas de tiempo y Paura).

Ahora bien, como apuntaban Marc R. Soto o Álvaro Muñiz, desde el cambio de distribuidora llevado a cabo por Bibliópolis hace unos meses con el objetivo de tener una mejor gestión de sus productos, es imposible encontrar ninguno de estos títulos de bolsillo en Santander (el «territorio» que conocemos). Aunque parezca triste, así como los segunda época o Semillas de tiempo se podían encontrar con relativa facilidad en tres o cuatro tiendas, el primer número de esta tercera época todavía no ha dado señales de vida. Y el Paura se volatilizó silenciosamente de las estanterías. Esperemos que esta situación sea una excepción local (en las grandes ciudades se puede encontrar en todos los sitios), fruto de un extraño complot de los duendes de la distribución contra nuestra tierruca, y se corrija en las próximas entregas de las cabeceras apuntadas. Porque si no la búsqueda de nuevos lectores va a tener un resultado igual productivo que el de los inspectores de la ONU en Irak.

Sobre el contenido, les remito (homenaje a Miquel Barceló) a una próxima reseña de El Rincón, un mes de estos. Como adelanto, me ha parecido un producto grato y provechoso, muy útil para seguirle la pista a nuestros mejores autores de fantástico.

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Mundos, carne y demonios

Anoche terminé de leer Mundos y demonios, la «segunda» novela de Akasa-Puspa según el canon oficial establecido por Juan Miguel Aguilera, y después de un comienzo insípido y desilusionante he llegado al final con el mismo interés que el resto de las novelas de este autor que he tenido el placer de leer. Quizás supone, como intentaré exponer, un pequeño paso atrás respecto a Rihla, obra a todos los efectos más sólida. Pero resulta una apasionante historia de aventuras en el espacio desarrollada con un notable pulso narrativo y un talento excepcional para la descipción de esos escenarios que los yanquis califican como «más grandes que la vida».

Porque Akasa-Puspa sigue siendo un lugar que se hace necesario visitar. Un cúmulo globular que ha arrancado el sistema solar de la Vía Láctea donde, 25 millones de años en el futuro, nuestros descendientes viven enzarzados en un combate a tres bandas que parece no tener fin. Un paisaje donde una especie alienígena técnicamente más atrasada, los angriffs, ha descubierto la Esfera en la que se encuentran encerrados nuestro antiguo sol y unos planetas que no se parecen en nada a los que podemos observar en nuestro cielo nocturno. Un lugar donde dos de las facciones humanas preparan una expedición hacia la Esfera para descubrir qué ocurrió con los colonos que viajaron allí años atrás huyendo de la guerra. Una realidad ajena a lo que pasa en la Galaxia, donde están ocurriendo acontecimientos de dimensiones ciclópeas.

Como era de esperar, la cocina donde se prepara el menú es la Esfera, esa inmensa estructura que, al menos, se sitúa al mismo nivel que los descomunales constructos a los que tan aficionada es la ciencia ficción hard estadounidense, si no los supera. Un decorado en el cual, aparte de visitar antiguas localizaciones, se descubren nuevos ambientes repletos de un aire posibilista y, a la vez, colorista que nos retrotraen a la vitalidad más extrovertida de las peripecias pulp. Calificativo nada gratuito al ser observable también en el rumbo que toma la parte aventurera a través de los sucesivos enfrentamientos de los protagonistas humanos con reptiles y arañas de terroríficas y sanguinarias costumbres, los viajes sobre insectos y otros seres preparados para viajar por el vacío atravesando un paisaje tan exótico como exhuberante, las misiones imposibles a las que se someten sus protagonistas…

Y a medida que van pasando las páginas de Mundos y demonios, comienza a perfilarse su otra vertiente fundamental, al principio bastante diluida: el viaje a lo desconocido. Un periplo que arranca un poco antes de que la nave del Imperio y la Utsarpini se acerque a la esfera y que explota con una traslación impensable allí donde resulta imposible llegar, que nos pone en contacto con escalas de espacio y tiempo que trascienden lo que los humanos concebimos como razonables; un vertiginoso peregrinaje que podría haber tenido un mayor protagonismo pero que satisface, además de introducir nuevos elementos y abrir un camino flamante para futuras novelas de Akasa-Puspa.

No obstante… no obstante hay detalles que no me han terminado de convencer, como una escasa sofisticación a la hora de afrontar la redacción del texto. En más de una ocasión se acude a párrafos meramente explicativos (por ejemplo, qué es un rickshaw) que podrían evitarse elaborando un poco más la narración o, llegado el extremo, eliminarse; no por nada hay un glosario al final del libro al que se le podría haber llenado de un mayor contenido. Terminé con la sensación de que para llegar a un mayor número de lectores se necesitaba un producto más digerido, en el que el lector reciba, venga o no a cuento, una conveniente explicación cuando aparece un hecho que pueda no conocer y le cree inseguridad. Evidentemente eso hace más accesible la lectura, circunstancia de la que hay que felicitarse: el libro se puede leer perfectamente sin conocer Mundos en la eternidad. Pero me da que se podía haber conseguido el mismo efecto desde un punto de vista menos evidente y forzado, más «trabajado». También se puede hablar de otros aspectos, como que al final los angriffs, cultura alienígena que se describe y funciona como tal, acaben hablando como lo hacen los seres humanos. Un hecho que redunda en un cierto distanciamento de su condición de seres ajenos a nuestra experiencia cotidiana.

De paso he notado la existencia de lugares comunes con Hijos de la eternidad, La locura de dios y Rhila. En el primer caso justificables cuando estamos ante una continuacion de Mundos en la eternidad, de la que quedaron fuera gran parte de los hechos acaecidos en Hijos de la eternidad. De ahí que la lucha repetida entre la ciudad rodante humana y los angrifs tenga su razón de ser (debidamente alterada). Pero me deja con una sensación de esto ya lo he leído. Pega en la que desempeña un papel capital el hecho de que soy de los que leyeron hace más de una década Mundos en el abismo e Hijos de la eternidad, y guardo un inmejorable recuerdo que no he querido «mancillar» con la lectura de la posterior refusión de ambas en Mundos en la eternidad. Una circunstancia con un componente irracional nada trivial que explica mi posición y que se aleja de lo que piensa el propio autor. Citando al propio Aguilera en una reciente entrevista para Stardust

Hay gente que me ha dicho que le gusta más la primera versión de Mundos en la eternidad, y la verdad es que esto me halaga, porque creo que en esas primeras novelas hay un componente nostálgico para aquéllos que las leyeron en esos años. He conocido incluso a aficionados que afirmaban que Mundos en el abismo fue el primer libro de ciencia-ficción que leyeron, y eso es una tremenda responsabilidad. Esas dos primeros libros forman ya parte de la historia de la ciencia-ficción española. Están ahí y son intocables. Sin embargo, todos los que han leído primero Mundos en la eternidad y luego Mundos en el abismo e Hijos de la eternidad me han dicho que prefieren la versión de 2001 (que, como ya he dicho, es en realidad la más antigua), y yo también la prefiero.

En lo que se refiere a las otras dos novelas históricas, no es una reiteración en sí sino un limitado dejà vu, al toparnos con otro grupo protagonista heterogénero procedente de varias culturas, abordajes de naves por criaturas alienígenas prácticamente imparables, un hombre sabio que cae presa de un enemigo que siente curiosidad por él, unos humanos que sufren sangrientos «sacrificios» (en este caso en honor a la ciencia),…

Lo mejor de todo es que, de nuevo, no hay concesión para nuestros congéneres. Cuando se lee una novela de aventuras se piensa que lo que solemos tildar como «humano», aquello con lo que nos identificamos, siempre va a sobreponerse y triunfar sin sufrir pérdidas importantes; que cualquier contingencia a la que tengan que hacer frente va a ser sobrepasada con inteligencia, ingenio, determinación, sagacidad,… o pura fuerza bruta. Sin embargo en sus novelas Aguilera evita el estereotipo haciendo que sus protagonistas y todos los que los rodean acaben pasando por una serie de vicisitudes que dejan el crujir de dientes y las tinieblas exteriores como un viaje a Disneylandia. Horror, sangre, sufrimiento, muerte, fracaso,… son términos que coexisten con el triunfo, la victoria, y la esperanza en proporciones nada desdeñables. Algo que no suele ser muy común en un libro de aventuras. Lástima que no se haya publicado con el título «original» con el que apareció en Francia, «homenaje» a los tres enemigos del alma humana que terminan dando buena cuenta de nuestros congéneres.

Así que si prescindo, en parte (soy humano), del prejuicio, nos hallamos ante una novela vibrante con elevadas cotas de tensión y sentido de la maravilla especialmente indicada para aquellos que piensan que los escritores de ciencia ficción española han desertado por otras temáticas más queridas por el gran público.

Para el futuro se auguran nuevas novelas de Akasa-Puspa pergueñadas a dos cerebros entre Aguilera y otros escritores españoles. A ver si fructifica la empresa y, de paso, se acaban traduciendo al inglés. Si autores como Larry Niven, David Brin o David Weber triunfan haciendo lo mismo no veo por qué Aguilera no va a correr mejor suerte.

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El lánguido estertor de una estrella

Si ha habido una colección en España dedicada a la ciencia ficción que ha marcado el paso durante los últimos quince años ha sido Nova. Por los títulos que ha publicado, por su apuesta en un momento en el que no era fácil hacerlo por la ciencia ficción en castellano, por la creación y difusión de un premio que ha dinamizado el género en España,… En parte porque también ha sido la única que ha existido durante este periodo de tiempo. Pero, mayormente, por su fidelidad a una forma de entender la ciencia ficción, aceptada por los letores de forma desigual, coherente, sólida y con presencia de títulos fundamentales (entre otros, claro, que no lo eran tanto). Una trayectoria aquilatada que, todo hay que decirlo, ha entrado en una situación al borde de la inanición. Sólo hay que ver la lista de títulos en preparación para el año 2006, que, abiertamente, es descorazonadora. Anarroseo de Bem On Line

Enero 2006

NOVA número 188 : ELANTRIS – Brandon Sanderson

Febrero 2006

NOVA número 189: EL ORBE Y LA RUEDA – Michael Jeury

Marzo 2006

NOVA número 190: EL SISTEMA DEL MUNDO: 1- EL ORO DE SALOMÓN – Neal Stephenson

Abril 2006

NOVA número 192: PREMIO UPC 2005 – Varios autores

Mayo 2006

NOVA número 191: EL SISTEMA DEL MUNDO: 2- MONEDA – Neal Stephenson

Junio 2006

NOVA número 150: CIENCIA FICCIÓN: NUEVA GUÍA DE LECTURA – Miquel Barceló (ahora ya defintiva al confirmarnos Barceló que tras innumerables retrasos ya la tiene acabada y entregada)

Julio 2006

NOVA número 193: EL SISTEMA DEL MUNDO: 3- EL SISTEMA DEL MUNDO – Neal Stephenson

Septiembre 2006

NOVA número 194: OLIMPO: Primera parte – Dan Simmons

Octubre 2006

NOVA número 195: OLIMPO: Segunda parte – Dan Simmons

Noviembre 2006

NOVA número 196: LA SOMBRA DEL GIGANTE – Orson Scott Card

Haciendo repaso, siete títulos de los cuales uno se publica en tres entregas y otro en dos, siendo, además, continuaciones de series que estaban abiertas. Y otro es un libro que lleva anunciándose ¿más de cuatro años? sin poder poner la mano en el fuego de que esta vez sea la definitiva. Si además quitamos la entrega anual de los premios UPC nos quedamos con tres títulos propiamente dichos en los que el editor ha tenido que meter mano. Si eliminamos el de Card, que raro hubiese sido que apareciese en otro lugar, nos quedamos únicamente con dos títulos. Escasito, ¿no? (aunque, ahora que lo pienso, no muy diferente a años anteriores)

Asociado a esto se encuentran las escasísimas ventas que, un par de excepciones al margen, tiene; un mal que la editorial se ha ganado a pulso gracias a su política de división de títulos, publicación de algunos libros en bolsillo al año de aparecer la edición cara y, sobre todo, el saldo indiscriminado de muchos de ellos en grandes centros comerciales y cadenas de libros de ocasión. En algunos casos incluso de libros aparecidos dos años atrás. ¿Para qué se va a comprar este año el volumen de los UPC a 18 o 19 € si dentro de x tiempo se va a saldar a 4 €? Se puede pasar por tonto siempre que no sea muy evidente. Pero si te desprecian una y otra vez devaluándote de mala manera un producto por el que pagaste cuatro veces más pasa lo que pasa.

Así que salvo Simmons, que éste se agota y con Ilión me lo pasé en grande, el resto puede esperar. Y eso que, seguramente, los dos títulos en los que el seleccionador ha metido mano son la mar de interesantes. Pero sabiendo el destino que van a correr…

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Gigamesh se abona a Dick

Me olvido unos instantes del trabajo que me mantiene alejado de estos verdes pastos para comentar una noticia que, aparte de pillarme por sorpresa, me ha deparado una ambigua satisfacción: Gigamesh se lanza a publicar novelas de Philip K. Dick. Quizás el comienzo no sea excesivamente atractivo, aunque para los Dickófilos irredentos sea mucho más apetecible que las necesarias reediciones que ha venido realizando Minotauro y que han entrado en un suspenso descorazonador. Pero estoy convencido que lo que viene detrás promete ser la bomba. Por ahora anuncian la reedición de la que para un servidor es, con El hombre en el castillo, su mejor novela: Tiempo desarticulado. Su peculiar show de Truman que pasa por ser su novela más característica sobre la naturaleza de la realidad, bordando su condición de novelista maistream que indaga en la sociedad estadounidense de la época y su pasión por el pulp más increíble.

Pero esto será el año que viene. Por ahora tendremos que conformarnos con La pistola de rayos, un delirio como sólo Dick podía crear.

Lars Powderdry es diseñador de moda armamentística. Bendecido por su talento de médium, sus diseños permiten al Bloque Oeste mantener la frenética carrera armamentística con el Sector Este, en un constante equilibrio que, a través del miedo, asegura la paz en la Tierra… Hasta que unos satélites alienígenas se sitúan en órbita y comienzan a vaporizar ciudades de ambos bandos.La pistola de rayos destila un humor irreverente y sarcástico, que Dick esgrime para arremeter contra la paranoia que reinaba durante la guerra fría y, al mismo tiempo, señalar la impostura adoptada para dotar de sentido la vida y acallar la voz interna que alerta de los absurdos de esta. La mirada inquieta e impertinente del californiano busca sacudir los cimientos de la sociedad, en un paso intermedio en la búsqueda de la naturaleza última del Cosmos.

Por cierto, curiosa la portada, muy parecida a la que Aguilera hizo para el especial de Gigamesh dedicado a este escritor. O era un «boceto» preparatorio para hacer la portada definitiva de este libro o Dick era un apasionado de los pistolones high-tech a lo Rob Liefeld.

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¿Les interesan a los lectores del fantástico las presentaciones, charlas con escritores, mesas redondas,…?

Acabo de leer los dos últimos digest de la lista de correo de Gigamesh, y a parte de una entrega más del debate sobre si las opiniones del crítico de carrera están más cualificadas que las del resto de lectores, he leído con pesar pero sin sorpresa un mensaje de Julián Díez comentando la escasa asistencia a los actos organizados por Minotauro en Barcelona por su 50 aniversario.

El otro día estuve en los actos del cincuentenario de Minotauro; una conferencia mía y luego una mesa redonda con varios de los autores españoles más destacados, como Rodolfo Martínez, Juanmi Aguilera, León Arsenal y Javier Negrete. Había quince personas, en el momento que más. Si se hubiera tratado de una kdd de una web se habría triplicado esa cifra.

Se puede alegar que Minotauro no situó las charlas en el mejor horario (con razón; la gente normal suele trabajar por las tardes) o que no ha publicitado el evento todo lo que podría (bien que se podrían haber gastado un par de millones de euros comprando espacio para publicitarlo en televisión, cuñas horarias en la radio y un par de páginas en los diarios más importantes de tirada nacional… vamos, que disiento), pero no deja de resultar definitorio para los lectores de fantástico que la editorial más potente en estos géneros tenga este poder de convocatoria en la capital española en lo que se refiere a la publicación de libros.

Digo que no me pilla de sorpresa porque, desde mi limitada experiencia en estos saraos, he podido comprobar insitu el interés que despiertan estos eventos. Hace dos años y tres meses asistí en Madrid a la presentación de Experiencias Extremas, S.A. por parte de su autor, el omnipresente en este blog Christopher Priest, al que Minotauro trajo específicamente para esta labor (como hizo un año antes para presentar El Prestigio en Barcelona). ¿Resultado? Unas 25 personas asistiendo al acto en La Casa de América. Cierto es que competíamos en día y hora con Paul Auster. Pero no me negarán que, para ser Madrid, el número da grima. Como curiosidad, tres meses después se presentó Las fuentes perdidas en la librería Gil aquí en Santander y se lograron juntar más de veinte personas (el poder de convocatoria de Lessa por estos pagos no es baladí)

También puedo hablar de mis dos AsturCones. Como no quiero abrumarles con datos y otro recorrido rememoraplasta, pongo esta foto que muestra la charla de João Barreiros el 10 de Julio de 2005.

La tomó blackonion y la he extraído de las fotos que hay alojadas en Estación de nieblas. Como atenuantes hay que considerar que la charla tuvo lugar el domingo por la mañana, con gran parte de los asistentes descansando después de la «dura» noche de la espicha o, quizás, asistiendo a otro acto (lamentablemente tuve que volver a Santander antes de tiempo y no sé si el taller de pintado de figuras restó asistencia a esta charla; aunque me temo la respuesta). Independientemente de las «alegaciones», habla bien a las claras del atracción que despiertan estos actos dentro del propio público que asiste a estos eventos supuestamente organizados para albergarlos. Si no les sirve, podría hablar de la descorazonadora charla de Priest el día antes, donde en un espacio donde había cabida para centena y media de personas apenas había unos sesenta, de los cuales, atendiendo atendiento, quizás no había ni la mitad.

La conclusión a la que llego es la misma que enuncia Julián en la lista de correo. A los lectores del fantástico lo que les atrae es pasárselo bien, disfrutando al ciento por ciento de los libros que les gustan en la insularidad de sus hogares y reuniéndose de cuando en cuando con sus colegas de foro, bien para hablar un rato de libros bien para tomarse unas cervezas en buena compañía. Lo de acercarse a un acto donde se va a hablar de literatura, profundizar en los libros que han leído de la mano de aquéllos que los han escrito, entrar en contacto con otras opiniones que pueden ser diferentes a las suyas,… queda fuera de su ámbito de intereses. No por nada en los foros los hilos que más participación poseen son los que llevan por título «Alguien me recomienda un libro para iniciarse en…«, «¿Qué autor borrarías de la existencia?» o «¿Quién es más fuerte Tolkien o Martin?«. Los que buscan profundizar en un autor, un libro o una corriente más allá de las cuatro líneas de rigor o el me gusta / no me mola son una apabullante minoría.

Y, para terminar, si yo dirigiese una colección de género tendría muy claro que reservaría a mis autores para eventos donde fuese a haber público (HispaCones), ruedas de prensa, entrevistas,… y les evitaría el bochorno de ir a un sitio donde van a estar ellos, yo y quince personas más.

Nota final: De todas formas, centrándonos en lo que a literatura mainstream se refiere, los números no son mucho mejores. En Santander se pueden ir a diversos actos de este tipo y salvo los grandes nombres que llenan cualquier sala, el resto, aunque atraen a más gente, tampoco destacan por sus números. Recuerdo haber ido hace ocho o nueve años a una charla de Josefina Aldecoa en la que apenas éramos treinta personas (otras a las que he asistido de Lorenzo Silva, Pérez Reverte, Carmen Martín Gaite, Ana María Matute o Almudena Grandes no me valen. Son escritores «mayoritarios»).

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Superman de Morrison y Quitely

Acabo de ver en Volatilis ocho páginas del recientísimo All Star Superman, la nueva serie de este personaje realizada por Grant Morrison y Frank Quitely que pretende adaptarlo al siglo XXI. No sé si será uno de esos «tebeos definitivos» que proporcionan cinco minutos de acción desenfrenada, una gaseosa que comenzará con la misma fuerza que, a imagen y semejanza que su JLA o sus X-Men, después terminará dilapidada miserablemente, un bluff de los que hacen época,… Pero su aspecto es potente.

Promete.

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La utilidad de escribir

La mayoría de nuestras querencias, afinidades, inclinaciones… están fundamentadas a lo largo de un extenso proceso de «seguimiento». Si alguien gusta de la opinión de cierto historiador, se supone que ha leído, lee y leerá todo (o la mayor parte de) lo que escribe; si te encanta un grupo haces todo lo posible por conseguir todos sus discos y ponerlos una y otra y otra vez;… Sin embargo hay excepciones. Existen circunstancias en los que experimentas una sintonía con determinados autores de quien apenas has leído material. Quizás porque tampoco se han prodigado en exceso. Pero cabe la posibilidad que tampoco te hayas prodigado tú con ellos. Unos cuantos textos dispersos en el tiempo y el espacio bastan para despertar y mantener una simpatía entre fundamentada e irracional.

En mi caso, y hablando de divulgación de literatura fantástica, me ocurre con dos connaisseurs de empaque que llevan mucho tiempo (casi) desaparecidos: Albert Solé y Juan Carlos Planells. Dos críticos de los que merece la pena leer cualquier texto que se encuentre. Voy a centrarme en el segundo, del que ayer he vuelto a «tener» noticias.

Si no me engaña la memoria, lo primero que leí suyo (soy «joven» y los fanzines de los 80 donde se prodigó jamás llegaron a mis manos) fue un texto que escribió para el Blade Runner Magazine presentando a un autor por entonces en plena eclosión: Tim Powers. Un modelo de divulgación en el que a parte de hacer el habitual (y necesario) repaso a su biobibliografía se indagaba en sus claves literarias, exponiendo, por ejemplo, algo que los lectores de este autor hemos repetido después hasta la saciedad: la singularidad reiterativa de sus protagonistas.

Después, guardo un recuerdo significativo de dos artículos que a los talluditos les pueden aburrir (si no participan en su confección) pero que a los noveles siempre les es útil: las listas. En el último número del mencionado Blade Runner Magazine participó en una sobre qué diez libros de ciencia ficción se llevaría a una isla desierta y en el primero de Gigamesh como revista en una selección con lo mejor del año anterior (un tipo de artículo que ya no se cultiva y que no vendría mal recuperar en algún medio «masivo»). Ambas contribuciones, a parte de guía, me sirvieron para descubrir una afinidad al defender ciertos títulos no demasiado comunes, cuidados, estimulantes, sólidos,… Por ejemplo, en el artículo de Gigamesh se destacaba una obra que entonces pasó desapercibida y que ahora está completamente olvidada, cuando probablemente sea la mejor síntesis entre fantasía y ciencia ficción que se ha hecho desde El libro del Sol nuevo: la secuendia de Heliconia, de Brian Aldiss.

Más tarde leí algún que otro artículo en los contados BEMs que poseo; críticas sueltas en esta última publicación y en Gigamesh, en los que, muy especialmente, me encantó su comentario sobre El Glamour publicado en su número 24, que condensaba todo lo que un servidor había sentido mientras devoraba la novela y, sin embargo, habría sido incapaz de exponer (je,je. Con el tiempo he aprendido a balbucear); un porrón de colaboraciones en la mítica Nueva Dimensión, de la que me hice con una treintena de sus últimos números donde colaboró habitualmente;… Y descubrí su faceta de escritor de narrativa en relatos como «Otro día sin noticias tuyas», «Gatos en medio de la calle», «Paula» o «El fin del futuro» (creo que es todo lo que he leído), que, sin deslumbrar, resultan solventes.

Como asignatura pendiente para los próximos meses tengo El enfrentamiento, la novela que publicó Miraguano y que aparecía destacada en la lista de novelas que publicó La Factoría, y, cuando salga, El corazón de Atenea, que repescará Juanjo Aroz para su colección Espiral ciencia ficción.

¿A qué viene todo este rollo mabaceo-nostálgico-idólatra? A que, visitando el portal de BEM, he encontrado un comentario suyo con el título de «La utilidad de escribir» que resulta revelador. Habla de una experiencia que ha tenido escribiendo relatos de una o dos páginas para una página web generalista (los publica bajo seudónimo y prefiere callarse el nombre) y la sana realimentación que ha tenido con sus lectores. Hecho que le sirve para hablar de las escasas (por no decir nulas) satisfacciones que le ha proporcionado su implicación en el mundo del fandom (algunas ovejas de las que circulan por aquí se sentirán identificadas). Sobre todo, quería destacar su último párrafo

Otros han abandonado o casi descartado la ciencia ficción para ganar «pasta» o por desinterés o por lo que sea. Yo no lo abandono, porque yo escribo por ganas y sobre lo que se me ocurre, no para ganar «pasta». Ni siento desinterés, al menos como escritor, hacia él. Pero está claro que esta inesperada actitud es un vigorizante en contraste con otras actitudes. Y como dije antes, lo que importa es la obra, no la persona.

Una declaración a la contra de los tiempos por los que atraviesa el fantástico hispano y que resulta destacable. Por reivindicar el interés, la constancia y el gusto por encima de otros criterios (posiblemente igual de justificados) a la hora de enfocar el hecho creativo y, además, afianzar la idea de que la obra está por encima de aquél que la escribe. Una verdad que pocos se atreven a refutar pero que, viendo según qué comportamientos, se pone en cuestión con singular y oscura contumacia.

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¿Y si los cortos se vendiesen en DVDs como si fuesen películas?

La experiencia sería un fracaso inevitable. Una cosa es disfrutar de un conjunto de tres o cuatro cortos de entre 8 y 20 minutos vendidos a 15 o 18 € y otra completamente opuesta pagar esa cantidad por únicamente 12 minutos de cine. Por mucho que el tamaño del DVD sea idéntico al del resto, la carátula similar, los contenidos extras se cuiden al máximo y la calidad del contenido sea magistral.

Sin embargo en el mundo de la literatura las cosas funcionan de otra manera. Sólo tienen que acercarse a cualquier librería, coger un ejemplar de Hellraiser de Clive Barker, recientemente publicado por La Factoría, y dejarse llevar por el estupor. Una novela corta (pero corta corta), de extensión equivalente a las que publica por pares Robel en su colección El doble de ciencia ficción, que, a lo sumo, debe leerse en hora y media, que se sitúa en las antípodas del resto de publicaciones de la casa,… y que se vende como una novela (con un precio, eso sí, reducido respecto al resto de títulos de la colección)

No es la primera vez que la editorial madrileña acomete una sesión de potro intensivo a lo aumentemos el tamaño de la letra y de los márgenes para que nos salgan 75 páginas más y poder mantener el precio, que ha tenido «éxitos» clamorosos como Clase nocturna o El libro de los cráneos, que tenía el mismo número de páginas que la edición en (mini)bolsillo que hizo B hace dos décadas. Pero al menos entonces te vendían novelas. Ahora te cuelan como una algo que jamás lo fue, con unos márgenes demenciales y un fuente elefantásica que compite con la usada en libros infantiles destinados a ser leídos por niños de 5 años, que, si se ajustase al patrón de edición mantenido en Las edades de la luz o (sorna) los libros de Alastair Reynolds, seguramente hubiese ocupado (si llegara) 50 páginas. Y que se va a encontrar en la misma colección que otros libros de Barker como sus Libros de sangre (casi una decena de relatos por volumen) o la próxima Imájica, que debido a su extensión (más de mil páginas), va a ser fraccionada en dos entregas.

Sólo se me ocurre un calificativo: aberrante.

Imagínense que se encuentran en un bar y piden un cachi. Va el camarero y, en el vaso originalmente destinado para esa bebida, les vierte la misma cerveza que se sirve en una minicaña. O que abren una botella de cava de 3/4 y en el interior se encuentran el contenido de un «benjamín» (las botellas pequeñas). ¿Cómo se sentirían? Me da que la palabra que les pasa por la cabeza no es gratificados. Ni satisfechos. Ni contentos. Ni…

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