El señor «ausente» desplaza al señor «desierto»

En esta serie de comentarios sobre la pasada IberCon, toca ahora entrar en algunos de los asuntos más peliagudo que llevan coleando desde el miércoles en diversas listas de correo, foros y blogs. Cómo ha ido la convención en sí. A poco que se hayan movido por esos sitios, sabrán que el evento, referido a los actos del programa, a falta de la valoración final por parte de los promotores, ha sido reconocido unánimente como un fracaso sin paliativos.

Primero por la ausencia de público, tanto nacional como portugués (curioso lo de una IberCon sin portugueses). Esta «espantada» en masa respecto a las últimas convenciones se explica por varios factores. El primordial, la nula publicidad que se le ha dado al evento en los diferentes medios disponibles.

En la propia ciudad no sé lo que se habrá preparado, y es completamente aventurado hacer un comentario. Pero en la entrada del centro Caixanova no había ni un mísero cartel sobre lo que se estaba celebrando en el interior, y dando vueltas por Vigo sólo encontramos dos carteles anunciando la IberCon: en el chino «oficial» (no podía ser menos si en cada kit de bienvenida venía un menú) y una librería de segunda mano. Cierto es que, p.e., el sábado por la mañana la TVG estaba con un equipo grabando. Pero quizás habría sido mejor que no hubiesen aparecido, porque el desangelado aspecto que presentaba la sala de abajo hablaba por sí solo (y los comentarios y gestos del periodista micro en mano durante la mesa redonda con los editores, cuando sólo había cinco o seis personas esperando a que comenzase, fueron elocuentes).

En los foros más frecuentados por los lectores de fantástico todo el ruido necesario ha sido generado casualmente por gente que o era de Vigo y no estaba entre el colectivo promotor o asistentes entregados deseando organizar una cena de bienvenida. A su vez, en las diferentes listas de correo donde la cabeza visible de la IberCon hacía acto de presencia para responder preguntas relativas a temas privados de los posibles asistentes, vivimos varios meses de silencio administrativo entre el cuarto informe de progresos (11 de mayo de 2005; a la sazón el último que se subió a la web de la IberCon) y el quinto (22 de octubre de 2005; una semana antes de la convención) (nota: para leerlos hay que estar dado de alta en la lista de la aefcft de yahoogroups). Una buena manera de ir mostrando el progreso que se estaba haciendo, y que nos llevó a muchos a temer si realmente íbamos a encontrarnos algo en Vigo (de ahí mi entrada del día 27 de Octubre.

Después tenemos el tema de los autores invitados. Por un lado Laura Gallego, un puntazo al ser el autor de fantástico hispano que más está vendiendo en la actualidad, invitada por la aefcft. Y por otro João Barreiros, autor de La verdadera guerra de los mundos, traído por Bibliópolis y que ya había hecho acto de presencia durante la pasada AsturCon. Dos nombres interesantes, el uno supongo que porque es portugués, acaba de publicar su primer libro en España y a la gente siempre le gusta ver a uno de los tuyos triunfar en el país vecino; y el otro para atraer a público que no suele acudir a una HispaCon (el joven, la cantera de las próximas décadas) y, de paso, permitir que la escritora figurase donde debería haber estado antes.

Sin embargo… sin embargo las convenciones se nutren de otro tipo de público; uno que no fuese de una tarde y que acudiese varios días. Aunque la gente con la que departí en Vigo tenía ganas de verla, tampoco es un nombre que invite a recorrer media España; la mayoría de los que suelen ir a estos eventos la han leído bastante poco (me incluyo). Y Barreiros… Lo siento, tampoco es que mueva montañas (aunque algo hace; su libro acaba de estrenar segunda edición). La gente necesita algún gancho importante que proporcione ese plus adicional que le haga decir coño, viene un autor de los que leo (anglosajones en la mayor parte de los lectores).

Y ya que a la organización se la quitaba del peso de sus dos invitados de honor, teniendo cubierto otros gastos como el local, cedido por Caixanova, o el premio Domingo Santos, sufragado por la propia asociación, bien que podría haberse gastado el dinero de las entradas (21 euros para los no socios que se apuntasen todos los días; ahí queda eso) en algo más (o haber involucrado a otra editorial). No para traer a un gran nombre, que seguro diría no. Pero sí que podría haber imitado a la convención que se celebra en Lisboa este fin de semana, que tiene a Zoran Zivkovic o Paul McAuley como cabezas de cartel (envidia, devórame). Cierto, son nombres que no suenan lo mismo que un Banks, un Spinrad o un Carroll, tres autores que viven en Europa y que seguro habrían supuesto ese plus adicional para algunos de acercarse hasta Vigo. Pero suponen granitos de arena a la hora de generar expectación.

A lo que se une la extraña circunstancia de que no se hiciese referencia a ningún otro autor español de los que suelen acudir habitualmente y que este año nos han dejado bajo mínimos. Entre los que los lectores entendemos como grandes nombres faltaban Rafa Marín, Javier Negrete, León Arsenal, Juan Miguel Aguilera y Elia Barceló. Algunos invitados de honor en las últimas convenciones, presentes en varias AsturCones y tal. Pero ayudan. Supongo que cayeron por motivos personales. Después entre los que podríamos llamar «segunda fila» (aunque haciendo oposiciones a entrar en la primera) brillaron por su ausencia Eduardo Vaquerizo o Pedro Pablo G. May, dos de los publicados por Minotauro este año. Y sí, había escritores consagrados como Rodolfo Martínez, José Antonio Cotrina o Daniel Mares, y en ciernes (algunos una realidad) como Santiago Eximeno, Juan Antonio Fernández Madrigal, Sue Burke, Alfredo Álamo, Juan Díez Olmedo,… Todos a título personal. Pero lo mismo. ¿Se dijo que acudían?

Si quieres que venga gente, forma un cartel de invitados de honor y escritores en mesas redondas y presentaciones importante. Si no… se hace lo que se ha hecho. Un alarde de poder de convocatoria orientado a que venga poca gente, no vaya a ser que aun así se apunten y sea una convención exitosa.

Por último me gustaría hablar de la estúpida y dañina ausencia de un programa de actos con un mes de adelanto, pero prefiero dejarlo para la próxima entrada, que llevará por título «Por qué el Cosmos se convirtió en muchos momentos en la HispaCon oficiosa». Ahora a dormir y a soñar con que ésta sea la excepción y próximas convenciones tomen como modelo Xatafi y Gadir 2K4.

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La cena de gala y ganadores de los premios Ignotus 2005

Dos de las circunstancias más criticadas en los foros públicos previos a la convención fueron el contenido de la cena de gala, con un precio elevadillo y decantada por entero hacia los productos del mar, y las nominaciones a los Ignotus. Lista que ya comenté en su momento en el blog.

He de felicitar a la organización por la calidad del menú. Según pude comprobar posteriormente con las diferentes personas con las que hablé del tema, quedamos satisfechos. No creo que puedan decir lo mismo los contados que se decantaron por el menú vegetariano, ya fuese por su condición de vegetarianos o por huir de la pesca. Dos platos de ensalada culminados con UNA MANZANA Y UN PLÁTANO, servidos a destiempo justo antes de nuestro rape (supongo que para para dar envidia), por 34 €, constituyen un pequeño timo difícilmente justificable.

Pasando a los premios, los agraciados fueron (extraídos de Stardust)

MEJOR NOVELA
El sueño del rey rojo – Rodolfo Martínez (Gigamesh)MEJOR NOVELA CORTA
“Amanecer” – José Antonio Cotrina (Artifex 11)

MEJOR CUENTO
“La niña muerta” – José Antonio Cotrina (Asimov ciencia ficción 5)

MEJOR ANTOLOGÍA
Paura – volumen 1 – VVAA (Bibliópolis)

MEJOR LIBRO DE ENSAYO
Espectra – Pilar Pedraza (Valdemar)

MEJOR ARTÍCULO
“Historia alternativa en la literatura española I” – Alfonso Merelo – (Galaxia 11)

MEJOR ILUSTRACIÓN
Portada de Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos – Alejandro Terán (Bibliópolis)

MEJOR PRODUCCIÓN AUDIOVISUAL
El maquinista – Brad Anderson (Castelao)

MEJOR TEBEO
“La legión del espacio” – Alfredo Álamo-Fedde (El Sitio de Ciencia Ficción)

MEJOR OBRA POÉTICA
“Quiero ser como Lugosi” – Alfredo Álamo (Vórtice en línea 2)

MEJOR REVISTA
Asimov Ciencia Ficción (Robel)

MEJOR NOVELA EXTRANJERA
Los tejedores de cabellos – Andreas Eschbach (Bibliópolis)

MEJOR CUENTO EXTRANJERO
“Camino de Dragón” – George R.R. Martin (Gigamesh)

MEJOR SITIO WEB
Sitio de Ciencia Ficción (www.ciencia-ficcion.com) (Francisco José Suñer Iglesias)

Analizando los galardonados, el resultado es más que aceptable. EMHO indiscutible en los casos de Cotrina como mejor cuento, la portada de Alejandro Terán, la divertidísima La legión del espacio, el merecido manolito para Eschbach (esperemos que sirva de pequeño empujón para sacarle del bache en el que ha caído), o el justo reconocimiento a la labor desempeñada por Robel y Domingo Santos en Asimov ciencia ficción, Francisco José Suñer Iglesias en El sitio de ciencia ficción o las gentes de Xatafi representado en Paura. Sólo el hecho de que un adelanto haya ganado en la categoría de cuento extranjero se puede tildar de error. Más si Ted Chiang el ausente se ha quedado sin la única opción que le habían dejado.

Y comenzando con las fotos, he aquí la de la mayor parte de los ganadores presentes. Si no me equivoco, salvo Alfonso Merelo y Luis G. Prado, son todos los que acudieron a la IberCon.

De izquierda a derecha el ocho veces ganador de un premio de la asociación Rodolfo Martínez, Juanma Santiago (en nombre de Gigamesh), José Antonio Cotrina, Alfredo Álamo, Fernando Ángel Moreno y Andreu Buenaf… digo Martin Scorce… digo Santiago Eximeno (estos dos últimos en representación del colectivo Xatafi).

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Retonno

Ayer por la noche llegué de Vigo, una HispaCon que los pocos que allí hemos estado recordaremos por muchos motivos. En los próximas días, a medida que vaya consiguiendo fotos y ordenando mis ideas (y enfriándolas), iré escribiendo una serie de comentarios describiendo sus diferentes aspectos: los Ignotus y la cena de gala, los actos, la CosmosCon (la BardeenfrenteCon de todos los años, con más actos paralelos que otras ocasiones), las partidas que cinco ultrafrikis han jugado al Falling en cuanto una mesa se les ponía delante, las (escasas) novedades que me he traído para casa, la organización en sí,…

A modo de avance, confieso que me lo he pasado estupendamente. A pesar de que en Getafe conocía a más gente, que soy un tímido inquebrantable, que ha habido circustancias muy negativas, que ha llovido con ganas cada día (algo, por lo que cuentan, usual en las convenciones),… he disfrutado mucho. A ver si consigo explicar por qué.

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De la duda, la incertidumbre y la IberCon

Mañana a eso de las 15:45 parto hacia Vigo, a mi segunda HispaCon después de la de Getafe del 2003. Lo hago en compañía de Álvaro Muñiz, colega de tertulia, con una ruta un tanto «extraña» (ni se me había pasado por la cabeza). Santander-Osorno-León-Benavente-Vigo. La idea es coger autovía en Osorno y no soltarla hasta Vigo. Lo que después nos encontremos por el camino es otro asunto.

Las perspectivas para la HispaCon, que también es IberCon (habrá aficionados portugueses), son inciertas. Tengo ganas y estoy convencido que lo voy a disfrutar, pero no tengo ni idea de qué me voy a encontrar allí. O, para ser más sincero, me he montado en la cabeza una HispaCon mental que se aleja del todo de lo que viví en Getafe.

Por ejemplo la información brilla por su ausencia. Hace dos años ya sabía qué quería ver y cuándo iba a tener que estar pendiente; ahora mismo no hay ni un horario orientativo de cuándo va a ser cada acto. Además el cartel de autores invitados es, siendo políticamente correcto, desangelado. Un evento que pretende aunar al fandom de Portugal y España no puede depender únicamente de Laura Gallego (chapó por llevarla) y João Barreiros. Sé que comparar es muy feo, pero acabo de leer que en Lisboa dentro de semana y media se celebra una convención, El Forum Fantástico, con un completo programa de actos ya colocados en el preceptivo horario, y allí se presentan, a parte de Barreiros, dos espadas como Paul McAuley y Zoran Zivkovic. Más una serie de autores portugueses que no sabemos si van a estar en Vigo.

En todo caso al final estas cosas acaban siendo pasillos, bar, comidas, cenas, copas,… y todas las conversaciones que ocurren en medio. Así que la preocupación se diluye, a la espera de que el contenido serio funcione como no ha funcionado el marketing de venderles la Con a los asistentes.

Nos leemos en unos días

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El precio del éxito

Le había recomendado a mi amiga Estela, que tiene la sincera convicción de que soy un friki desbocado por leer lo que leo y frecuentar las compañías que frecuento, la lectura de Los tejedores de cabellos. Y como no terminaba de comprárselo, este sábado hice lo que todo inconsciente sabe que no debe hacer: prestár(se)lo. Estela vive en Oviedo y cometió la pecata minuta de dejarse el libro en casa de sus padres. ¿Resultado? Lo ha encontrado su madre y ahora mismo debe estar a punto de terminarlo, completamente enganchada que está. Una mujer de más de cincuenta años que lo más próximo que ha leído a un libro de ciencia ficción deben ser las aventuras románticas de Diana Gabaldón.

Este suceso cotidiano me sugiere lo siguiente:

  • El libro funciona genial en todo tipo de públicos. Entre los forofos del género, entre los afines, entre los que se están iniciando (p.e. mi novia Paula) y, muy especialmente, entre los que no leen ciencia ficción.
  • La calidad del libro, en diferentes grados (cada uno hace las matizaciones que estime oportunas), es difícilmente cuestionable. A las pruebas me remito (y al cinco que le cascó Alberto Cairo en el hit parade de Gigamesh; un hecho excepcional)
  • Debo ser el enemigo número uno de Bibliópolis: con éste, son ya siete personas diferentes las que han leído mi ejemplar (ejemplar que, para más inri, no compré sino que recibí como copia de prensa para escribir una reseña para cYbErDaRk.NeT; supongo que el ser suscriptor de la casa desde hace tiempo me sirve de atenuante)
  • Es una lástima que las editoriales de género no manejen las cantidades necesarias para hacer una campaña de promoción en condiciones y conseguir lo que otros libros de género a veces consiguen: llegar al gran público.

Esta última circunstancia ya me llevó en Junio a escribir «El triste sino de caer lejos de foco» y forma parte de ese corpus conceptual de malditismo ghettista (nada que ver con Gettysburg o Goethe) que impregna otras entradas (es difícil no repetirse).

El escaso peso económico que tienen las diferentes colecciones de género reduce el alcance que tienen sus mejores productos, que no llegan a parte de sus potenciales compradores, limitándose toda la promoción al boca a boca de los medios afines, que los mayoritarios pasan del tema (a no ser que algún outsider, caso de Jacinto Antón, meta mano con algunas reseñas en tambores de resonancia mayúsculos como Babelia). No se publicita nada porque no hay dinero para hacerlo, nos contentamos con éxitos que venden tres o cuatro mil ejemplares y a seguir sobreviviendo. O a esperar que suene la flauta, cosa que, todos sabemos, ocurre de higos a ramos.

Y digo que es una lástima porque Martínez Roca y SM han demostrado que invertiendo dinero en promoción, comprando buenos sitios en las grandes librerías como las de El Corte Inglés y generando toda la parafernalia típica (marcapáginas, cartelones, presentaciones,…), se puede llegar a ventas importantes. Me refiero en concreto a Eragon y Memorias de Idhún. Quizás no sean el mejor ejemplo, porque ambas novelas son carne de público juvenil y el aditamento que supone el ser fantasía heroica. Pero también han tenido sus lectores con más de veinte (y treinta) veranos cayendo en sus redes. Si por un casual Canción de Hielo y Fuego, Los tejedores de cabellos, las aventuras de Juan Miguel Aguilera (con el agravante de que Rihla ha sido publicada por una grande), El mar de madera o Los hechos de la vida, póngase el libro X, que todos tienen su lista, pudiesen ser promocionadas así… ¿de qué nivel de ventas estaríamos hablando?

Nice question. Easy answer. Básicamente, no le des vueltas que lo único que consigues es amargarte.

Desconcierta observar cómo los dioses de la mercadotecnia sólo sonríen a unos pocos. No sé si a los audaces, los tenaces, los merecedores, los afortunados,… Los suyos.

Dentro de unos meses una editorial de las importantes publicará la primera novela juvenil de José Antonio Cotrina. Se trata de una historia fantástica en tapa dura, con sus páginas (más de 350) y nítida vocación de éxito de la que hablan maravillas. ¿Qué suerte correrá? ¿Será agraciada con la mirada de los chicos de marketting y dispondrá de la publicidad que estas otras editoriales han proporcionado a novelas destinadas, en origen, al mismo sector? ¿Habrá anuncios y reseñas en las publicaciones que suelen comprar sus lectores blanco? ¿Tendrá que conformarse con algo más limitado? ¿Pasará la Gorgona sobre su cabeza y dependerá únicamente del esquivo boca a boca?

Ojalá la cosa vaya sobre ruedas y, a parte de publicar esas continuaciones que vendrán detrás, pueda seguir escribiendo lo que le gusta. Más historias situadas en el universo de Las fuentes perdidas, esa tercera entrega (en realidad el nudo) que cierre su cyberpunki trilogía del cambio, más cuentos como «La niña muerta» tan poderosos como evocadores,… Él se lo merece. Y nosotros, ¡qué coño!, también.

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Neverness

Se suele calificar a Neverness como el Dune de finales del siglo XX, y aunque gusto de discrepar con este tipo de afirmaciones, escondiéndome en unos cuantos detalles ciertamente pedantes que remarquen mi hecho diferencial, es una frase relativamente afortunada. Aunque el libro de Zindell no tiene excesivos puntos comunes con la mejor (y para mi única buena) novela de Frank Herbert, los que comparte están muy ligados y borda algo que en Dune estaba siempre presente: la epopeya familiar en ambiente extraño. Aunque, todo sea dicho, Zindell trasciende este esquema para entrar de lleno en un terreno que lo liga con una de las tradiciones más importantes de la ciencia ficción y tristemente olvidada hoy en día: la prospección de futuro/filosófica; nacida con La máquina del tiempo de H. G. Wells, llevada a su máximo esplendor por el gran Olaf Stapledon y continuada, con algunas luces y muchas sombras, por Arthur C. Clarke.

El protagonista de Neverness es Mallory Ringness, piloto de naves luz recién salido de la academia y dispuesto a comerse el mundo. El viaje por el espacio en este futuro a miles de años vista se realiza en las llamadas naves luz, dentro de las cuales los pilotos se conectan a un ordenador que amplifica sus cualidades y les permite manipular las leyes de la física. Así, doblan el espacio y surcan la galaxia en viajes que, de otra forma, tardarían milenios en poder realizarse. Ringness es un joven inteligente, vanidoso y prepotente, con un deseo muy claro: ser el más grande de toda la Orden de Pilotos. Para ello entrará en competencia con su tío Soli, Lord Piloto y el mejor navegante de esa época. La única manera de atraer sobre sí la atención es realizando una hazaña suicida a la que nadie ha sobrevivido: introducirse en el interior de la Entidad del Estado Sólido, una nebulosa sintiente que se ha tragado a todo aquél que ha entrado en su interior. Lo que no sabe es que en su interior descubrirá un objetivo todavía mayor que va a cambiar por completo su vida y la de toda la humanidad.

Las 150 primeras páginas en las que se desarrolla esta sinopsis constituyen un luminoso festival de ideas donde se dan mano el space opera aventurero más chispeante con la prospección futura más arriesgada, presentando toda una serie de mundos apenas perfilados que gozan de una autenticidad que muchos otros no habrían conseguido en una par de trilogías. Esta visión «estroboscópica» del universo es lo suficientemente marciana como para suspender la incredulidad del lector y sacarle de su antropocentrismo pero lo bastante cercana como para no perder conexión con lo que conocemos.

Y cuando todo apunta a que va a seguir ese mismo estilo, con una historia de esas que acostumbran a etiquetarse como más grandes que la vida, repleta de cuestiones trascendentes y reflexiones incisivas, Zindell pega un requiebro brutal para girar hacia la ciencia ficción antropológica, con toda la familia Ringness yéndose a vivir con una tribu de homínidos que parecen ser la clave del asunto. Este cambio, que no es el único que se encuentra en Neverness, convierte la lectura en una experiencia ligeramente agridulce y deja entrever que la estructura sobre la que se asienta la narración está poco meditada.

Ojo. Su reconstrucción de la vida en la tribu es consistente, realizando una curiosa mezcolanza entre las vivencias del pueblo esquimal y la de los Neandertales que hemos podido leer en los libros de William Golding o J. M. Auel. También irrumpe el drama, con unas dimensiones e intensidad que dejan a algunas tragedias griegas como un juego de niños, lo que permite observar la fina barrera que nos separa de la barbarie. Pero la transición de todo lo anterior hasta este momento resulta excesivamente brusca y no tiene más sentido que llevar al grupo de personajes allí porque el titiritero que gobierna sus hilos así lo quiere, lo necesite la trama o no. Porque desde el mismo comienzo del giro está claro que es un callejón que no conduce a ningún lugar más allá de sublimar los padecimientos del protagonista.

La sensación se acrecienta con el retorno a la civilización, donde Zindell se pierde en una serie de capítulos que sirven para llenar más huecos del universo que está dibujando y los pintorescos seres que la pueblan, pero que dejan la novela sin un timón cuando más lo necesita. Sólo en el último tercio, cuando el space opera se desata y se especula de nuevo sobre las ideas que se encuentran detrás de la pregunta planteada, recupera el pulso y vuelve a apabullarnos a base de su receta de especulación filosófica, aventura espacial, indagaciones antropológicas, descripción de ambientes, saga familiar,… Eso hace un poco más triste la escasa homogeneidad de la que hablaba, y que priva a Neverness de ser la grandísima obra que podría haber sido.

La ciencia ficción es un género en el que cada vez abundan más las historias que no buscan otra cosa que mantenerse fieles a sí mismas. Se habla sobre la sociedad en la que vivimos o cierto cachivache que puede cambiar nuestra vida, se plantea un juego intelectual que active nuestras neuronas,… O directamente nos solazan con una aventura venial que al final nos deja en el mismo lugar del comienzo. Apenas se escriben libros que aporten un poco de conocimiento sobre lo que somos o establezcan una serie de cuestiones que nos fuercen a pensar sobre lo que sabemos o podemos llegar a saber. Por eso esta desmesurada primera novela merece una detenida lectura y, aunque esté lejos de la perfección, merece un lugar junto a Solaris, Hacedor de estrellas, La ciudad y las estrellas o Jinetes de la antorcha.

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Huelguistas, «demócratas» y otras gentes de «buen» vivir

Por segunda vez irrumpo el curso natural del blog para comentar un par de hechos ocurridos la pasada semana ajenos a la temática del blog. Intentaré ser breve, conciso y lo menos demagógico posible.

Primero, el lunes se inició a nivel nacional (en tres comunidades autónomas llevábamos ya una semana de paro) una huelga de transporte que terminó 48 horas después tal y como parece gustarle a nuestro actual gobierno: sin atajar el tema a tiempo ni evaluar las consecuencias de las concesiones que se hacen, con mucha sonrisa y alaracas. Pero no quería hablar de esto. Quería señalar la enésima garrulada de los piquetes informativos y su pertinaz ataque a la libertad de un trabajador a hacer su trabajo sin que se le insulte, le rompan la luna del camión, le revienten las ruedas o le quemen su medio de vida. Durante esas 48 horas de paro (semana y dos días en Galicia, Asturias y Cantabria) hemos observado cómo grupos de energúmenos incontrolados con un comportamiento mafioso han llevado estas prácticas al mismo nivel despreciable que otras veces. Parece que su legítimo derecho a hacer huelga está muy por encima del derecho de sus compañeros a no hacerla. Viva la libertad.

El segundo punto que quería mencionar es el del dichoso llamamiento al boicot a empresas catalanas que lleva unos días pululando por la red en formato pdf. No es algo nuevo (el año pasado fue el del cava, también existen mensajes sobre el grupo Mondragón, Pascual, ciertos proveedores de gasolina,…) y el resultado será el mismo: nulo. La gente tiene sentido común y seguirá actuando como hasta ahora sin entrar a valorar de dónde vienen las cosas ni dejarse llevar por la ira de unos individuos guiados por un patrioterismo pueril, retrógrado y reaccionario (u oscuros intereses comerciales) que buscan quebrar una vez más la convivencia que existe entre los habitantes de este país.

No cabe duda que estamos ante el producto de una mente calenturienta más preocupado por sembrar cizaña que por solucionar problemas. Problemas que son su modus vivendi y, todo sea dicho, no están al nivel de la calle, sino que derivan de una clase política y periodística a los que les encanta engendrar crispación y confusión mientras nos utilizan como vulgares soldaditos de plomo en sus batallitas del día a día. Y mira que hay asuntos que podrían suscitar su atención, como el elevado precio del petróleo y las consecuencias a medio y largo plazo, que trascienden el precio del carburante y que nos van a tener cojidos por las pelotas durante unos cuantos años; el problema energético que no se va a solucionar con talante, diálogo y democracia (a no ser que el buen rollo y la sonrisa sean fuentes de energía altamente eficientes); el de la inmigración y su imbricación en nuestra sociedad; lo que se nos viene encima con el protocolo de Kioto; el precio de una vivienda que está llegando a niveles que trascienden lo mefistofélico (con el precio de un alma inmaculada ya no puedes ni pillarte un picadero de 40 metros cuadrados en el centro de una ciudad de tamaño medio); la pertinaz sequía; …

El mundo real sigue viviendo su día a día mientras los que deben velar por su correcto funcionamiento y mejorar su calidad de vida edifican castillitos en el aire sin preocuparse por lo que pueda ocurrir cuando la materia prima que utilizan comience a caer sobre los que nos encontramos debajo.

P.D: Por no hablar del evidente desconocimiento que hay detrás de tan «inteligente» documento, que afecta tanto a las propias empresas como al grado de globalización al que hemos llegado. Por ejemplo al comienzo de la lista figura Respotería Martínez, que tiene su principal centro de fabricación (no sé si el único) en Briviesca, provincia de Burgos. ¿Alguien le envía un mapa al sagaz creador del pdf?

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Anatomía de una obsesión (addenda)

Hace poco más de un año estaba terminando de pulir la versión definitiva del artículo «Anatomía de una obsesión», un repaso a las claves fundamentales de la obra de Robert Silverberg destinado a aparecer en el número 26 de la revista Solaris. Probablemente, entre los contados que he escrito, independientemente de su calidad, sea el mejor de todos. La explicación está en, por un lado, ser redactado ex profeso para su publicación en papel (soy de los que subconscientemente cree que este medio tiene un plus del que carece los unos y ceros) y, por otro, hacerlo como encargo para otra persona, Alberto García-Teresa. No es que no me haya esforzado lo mismo en otros textos que he preparado anterior o posteriormente, pero como mi propio jefe (casi todo lo que he escrito me lo publicaba la desaparecida casa naranja) peco de autocomplaciencia y escasa paciencia. Además el haber tenido que ceñirme a 4250 palabras fue una bendición.

Para que se hagan una idea, el borrador del que partí tenía 7000 palabras, quedando todavía «huecos» que llenar. Como siempre que he colaborado con Solaris (algo que, visto cómo han evolucionado las cosas desde el mes de Mayo, no volveré a hacer) escribiendo reseñas, me he tenido que emplear a fondo para reducir mis pensamientos a espacios muy limitados, lo que provoca que te termines quedando sólo con lo esencial y se gane en agilidad sintética. Te lo pasas bien en la mesa de montaje liberando de carga el monstruito que has confeccionado. Eso sí, tengo el «original» almacenado a la espera de que pase el suficiente tiempo como para recuperarlo, darle un repaso y profundizar en determinadas facetas; vamos, que sobre Silverberg se pueden decir muchas más cosas y no me importaría nada hacer una versión extendida para su publicación en la red. Que alguien se sienta interesado después es otro asunto.

Entre lo que quedó en la mesa de montaje, figuraban una introducción un tanto diferente a la utilizada, una bibliografía donde aparecían los materiales consultados para su confección y una breve sección de agradecimientos. Pero no había espacio para más.

Ahora que me ha venido a la cabeza el recuerdo, quiero dejar costancia aquí, por si alguien está interesado en descubrir el cúmulo de fuentes en los que me basé para fundamentar el artículo. Comienzo con la introducción.

Tenía pensado iniciarlo con una cita cojonuda de uno de sus relatos que resume, como ningún otro, la fascinación que este género le despertó desde su preadolescencia: «La sala de la fama de la ciencia ficción«. Narración en la que, a través de un collage de diversos pasajes de unos cuantos párrafos, asistimos a un cinético trayecto por la ciencia ficción más clásica, ésa donde abundaban las pistolas de rayos, los imperios abarcaban galaxias enteras y las máquinas del tiempo permitían desfacer cualquier entuerto. Y entre las «dramatizaciónes» que homenajean sus lecturas de juventud encaja una serie de comentarios, a mitad de camino entre la elegía y la autojustificación, que comunican sus sentimientos con suma elocuencia. Citaba uno de ellos:

No morir nunca. Eso forma parte de la atracción. Vivir en miles de civilizaciones aún por venir; ver cómo se despliegan los milenios futuros; participar emocionadamente en la evolución de la humanidad… ¿cómo conseguir todo esto, excepto a través de estos libros y revistas? Esto es lo que me proporcionan: vida eterna y una perspectiva cósmica.

Un sucinto compendio que casa perfectamente con su obra (inmortalidad, el cambio personal y social, la interacción con lo humano y lo no humano,…) y que pone sobre la pista de los temas recursivos en su literatura, el objeto central del artículo.

Pasando a la bibliografía, hay un poco de todo. Producto nacional, extranjero, entrevistas, bibliografías exhaustivas,… Prescindiendo de sus narraciones, queda lo siguiente:

«Habla Robert Silverberg» – Robert Silverberg – Nueva Dimensión nº 92 – 1977
Artículo muy útil para contemplar su visión sobre su obra y la ciencia ficción, y comprender, entre otras cosas, el por qué de su silencio autoral desde 1974 a 1978.

«El autor (Silverberg visto por Carlos Sainz Cidoncha)» – Space Opera nº 4 – 1981
Biobibliografía que expone la carrera del autor con el detalle suficiente como para hacer más coherente el repaso de los puntos cruciales antes de los años 80.

«Brunner y Silverberg: del autor de género» – Alejo Cuervo – Fanzine Gigamesh nº 1 – 1985
«Tom O´Bedlam, historia de una resurrección fallida» – Emilio Serra – Fanzine Gigamesh nº 12 – 1989
«Todos morimos por dentro» – Eduardo G. Murillo y Alejo Cuervo – Fanzine Gigamesh nº 12 – 1989
De estos tres artículos, me interesaron especialmente los dos últimos, enfocados en parte hacia la polémica sobre Tom O´Bedlam, para un servidor la mejor novela que ha escrito Silverberg (obviamente, de las traducidas) después de su «retorno» en 1978.

«Robert Silverberg: una aproximación a sus ejes temáticos» – Antoni Ripoll – Gigamesh nº13 – 1998
Repaso ideal para sistematizar los mencionados ejes en su narrativa

Entrevista de David Horwitch para Strange Horizons en 2000
Entrevista de Kathie Huddleston para Science Fiction Weakly
En ambas se puede testar un poco tanto su estado actual como la visión retrospectiva de su obra, sus influencias, su frustración por el rechazo de parte de su público a comienzos de los 70 (cuando estaba acumulando puñados de grandes novelas y relatos),…

Declaraciones durante la III Aussiecon – 57ª Worldcon en 1999
De aquí extraje algunas notas para enfocar el apartado dedicado a las novelizaciones de relatos de Asimov, que se quedaron fuera (para bien del artículo). Curiosas las anécdotas sobre los seudónimos, el miedo a publicar bajo su nombre y la respuesta de Campbell Jr.

Majipoor – Página web “cuasi oficial” de Robert Silverberg.
Abundantes datos biográficos y bibliográficos. Mención especial merecen las fichas de libros de divulgación, autoayuda, eróticos, pornográficos,… No hay mucha información, pero la que hay ilustra el modo en que se ganó la vida durante la década de los 60.

«Narraciones originales completas y sus ediciones en castellano» – Cyberdark.net

«El hombre en el laberinto» – Foro de Cyberdark.net
«Silverberg al desnudo» – Foro de Cyberdark.net
«Sobre el mesianismo y la ciencia ficción» – Foro de Cyberdark.net
Estos tres foros, me permitieron afianzar y afinar ciertas ideas que pululaban por mi cabeza. Por ejemplo en el último mantuve una discusión con Iván Fernández (cebra) sobre el mesianismo en Silverberg, si es o no uno de sus ejes fundamentales. De él extraje la idea de que La torre de cristal contiene una de las perversiones más deliciosas de El nuevo testamento (no hay nada como un una conversación exigente como para sacar lo mejor de ti mismo). También fueron interesantes observaciones de Javier Negrete sobre el origen de El hombre en el laberinto y Miracle Worker sobre la posible condición misógina del autor.

Para cerrar este anexo, me gustaría centrarme en la sección de agradecimientos, sin los cuales el artículo se habría quedado en las reseñas que de vez en cuando he ido escribiendo sobre las obras de este autor. Más o menos sería como sigue:

  • A Alberto García-Teresa por confiar en un servidor para escribirlo, ser comprensivo con los plazos de entrega y encendido en unos elogios desproporcionados. Da confianza tener un «jefe» como él.
  • A Enríc Quílez (yarhel), por leer la versión previa, asesorarme en algunos detalles que no tenía del todo claros y hacer que mis dudas iniciales sobre lo que estaba escribiendo desapareciesen.
  • A Iván Fernández (cebra), por lo mismo y, además, prestarme Revuelta en Alfa Centauro, Colisión de los mundos y Tebas, la de las cien puertas, tres novelas (muy) menores pero necesarias para afinar el artículo.
  • A Juanma Santiago (giglker) por facilitarme una colección completa de fanzines Gigamesh, tesoro largamente añorado por éste seguidor de la marca barcelonesa.
  • Y a Paula por estar siempre ahí.

Seguro que se me olvida alguien, pero creo que estos son los principales.

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Mejor reir que dejarse las venas largas (II)

Hoy al mediodía he estado corrigiendo el primer examen del curso de Tecnología de 4º de E.S.O. Historia de la tecnología. Un tema imposible que condensa 50000 años de evolución tecnológica humana en dos o tres semanas. Y me he encontrado con una perla de esas que te provocan una carcajada inmensa por no echarte a llorar. La pregunta giraba en torno a la civilización griega y los avances más importantes conseguidos por ella. La mayoría bien. Tales, Pitágoras, Arquímedes,… Incluso una alumna ha mencionado el «juguetito» de Herón, probablemente la primera máquina de vapor concebida por el ser humano. Pero entre esto me he topado con lo siguiente:

Muchos griegos fueron personas que descubrieron muchas cosas como por ejemplo Thomas Alva Newton, que descubrio la bombilla.

Ni más, ni menos. ¿Superable? Difícilmente…

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