Planos paralelos: Le Guin no desfallece

Leí las obras fundamentales de Ursula K. Le Guin, salvo La mano izquierda de la oscuridad (Minotauro, en un pequeño borrón de su historia, nos dejó a comienzos de los noventa durante un dilatado lapso sin una reedición), en los dos primeros años de la pasada década. Los desposeídos, El nombre del mundo es bosque, Las doce moradas del viento, las cuatro novelas de Terramar aparecidas hasta entonces, La rueda del cielo,… me presentaron una maestra de la empatía; una humanista recalcitrante empeñada en sacudir los cimientos de la ciencia ficción y la fantasía con unas cargas de profundidad sensibles, delicadas, pausadas, y unos instrumentos de análisis social que, lejos de recurrir a la demolición más salvaje característica de los escritores paradigmáticos de la new wave, reivindicaron la senda de la sutilidad. Su camino.

Más tarde he leído otros libros suyos, de sus titubeantes comienzos (El mundo de Rocanon y Planeta de exilio), o sus «olvidados» últimos años (Un pescador del mar interior, Cuatro caminos hacia el perdón, Las llaves del aire). Pero a diferencia de otros autores a los que he seguido con el mismo interés y de los que tengo una noción más o menos clara de cómo se ha desenvuelto su carrera (Priest, Silverberg, Martin, Crowley, Vance,…), con Le Guin no me ocurre lo mismo. Y no acierto a descubrir por qué.

Quizás la razón está en que tengo un gran agujero en lo que se refiere a su obra de finales de los años 70 y comienzos de los 80; no he leído ninguna de sus narraciones de Orsinia, ni su vuelta de tuerca explícita al rito de paso de El lugar del comienzo, ni su delirio antropológico de El eterno regreso a casa,… O puede que la variedad que ofrece la obra de Le Guin sea mucho mayor que la de los autores citados, lo que dificulta la obtención del necesario mínimo común múltiplo. O es posible que la complejidad de la autora necesite de una constancia que no he podido prestarle. O, seguramente, haya que aportar una mayor capacidad de atención y análisis de la que dispongo.

Independientemente de los motivos, siempre me ha fascinado y he vuelto a ella una y otra vez a descubrir qué estaba haciendo. Y en los últimos tiempos, después de un par de desengaños, me ha mantenido como ferviente seguidor, fundamentalmente con tres obras: En el otro viento, su notable última pieza de Terramar; su memorable relato «Las niñas salvajes«; y su última colección de cuentos traducida por Minotauro, Planos paralelos, que ganó el premio Locus al mejor libro de este tipo en el año 2004 (quedando por delante de un valor seguro como el GRRM: A RRetrospective). Un volumen singular alejado de los cauces de la literatura fantástica actual, casi más propio del fantástico del siglo XVIII o XIX. Un libro que literariamente queda lejos de deslumbrar (no es su objetivo), que conceptualmente tampoco es una revolución, pero que resulta tan provechoso como necesario; atesora ese talento de Le Guin para reflejarnos a través de seres alejados de nosotros pero que, a la vez, se encuentran muy cerca.

Planos paralelos parte de una idea avispada. ¿Quién no ha pasado (o conoce a alguien que haya pasado) varias horas anclado en la terminal de un aeropuerto esperando una conexión con otro vuelo? Durante ese tiempo, cuando se está preso de la voluntad de los diablos que controlan los designios de los aviones, maletas, pasajeros,…, no hay más que hacer que leer el periódico, intentar ver la televisión en algún lugar, dejarse los cuartos en la cafetería,… O ponerse a pensar. En uno de estos tediosos interludios Sita Dulip descubrió el viaje interplanar: la capacidad de trasladarse a realidades ajenas en las que habitan otras civilizaciones, más o menos avanzadas, más o menos similares a la nuestra. De ahí el título original, Changing Planes, que juega tanto con el hecho de que se cambie de plano como que este viaje se hiciese, en origen, para escapar de los anodinos retrasos mientras se espera un cambio de avión. Un doble sentido que se ha perdido en el título español pero que se ha recuperado con su competente portada.

A través de los cuentos se inicia un periplo por una quincena de esos planos, abordados mayormente desde una unicidad narrativa. No hay personajes ni una historia propiamente dicha; sólo la descripción del modo de vida que se lleva en cada uno de ellos, empezando por la fisonomía y fisiología de los seres que lo pueblan, su lenguaje, su historia, sus costumbres, su uso de la tecnología, su estratificación social, su economía,… realizada por un compatriota nuestro que se pierde en sus fronteras. Una exposición libre de juicios de valor realizada con un lenguaje funcional, rematadamente precisa y absolutamente objetiva. Dentro de este planteamiento, desarrollado en apenas 12 o 15 páginas, codifica su «intención», una muestra enmascarada de muchos temas comunes a nuestra cotidaneidad, situándose en el terreno de la fábula moral, más o menos encriptada, sin una moraleja explícita.

En el repertorio hay piezas más conseguidas, como «El silencio de los asonu», una manifestación del complejo trabajo del antropólogo, especialmente cuando se enfrenta a una sociedad hermética reacia al contacto con el exterior, y denuncia de los malos usos en que se pueden caer durante el estudio; o «Las estaciones de los ansarac», romántico retrato de un pueblo de arraigadas costumbres que lleva dilatados ciclos migratorios en los que dejan atrás la mayor parte de lo que han creado y sometido al empuje externo de una comunidad más avanzada que amenaza su modo de vida; o «Cuentos tristes de Mahigul», personalísimo homenaje a su adorada Kalpa Imperial; o «El edificio», narración de la extraña colaboración entre dos especies distintas en la construcción de un gigantesco y absurdo complejo.

Pero, sin duda, lo mejor de Planos paralelos está en cuentos como «Los voladores de Gy», una efectiva y sugerente estampa de una sociedad que vive pegada al suelo y aliena a aquellos que echan sus alas a volar. Una hábil y oblicua metáfora sobre el destino de la mayoría de los soñadores en nuestro pragmático día a día. O el sobresaliente «La lengua de los Nna Mmoy», una certera y evocadora imagen de unos seres que gozan del lenguaje más rico imaginable, la versión en palabras del incomprensible Solaris Lemiano, que rechaza cualquier tipo de comprensión por parte de los estudiosos que se acercan a el y que presenta sus particulares mimoides, longus, asimetriadas,…

Por contra algunos relatos pecan de un afán moralizador desmesurado y un tanto apocado, caso de la infantiloide advertencia sobre la ingeniería genética de «Gachas en Islac» o de la experimentación a cualquier precio de «La isla despierta». En otra categoría entrarían los cansinos «La cólera de los veksi» o «La realeza de los Hegn», que apenas daban para un par de páginas (aunque su idea de partida sea cojonudamente absurda), y los timoratos «Como en casa de los hennebet» o «Gran felicidad».

Quizás, como conjunto, le falte un poco de fuerza e intensidad, pero exhibe unos matices enriquecedores que no se suelen hallar en lo que se está publicando en la actualidad. Incluyendo la engañosa sencillez que la autora imprime a su literatura y un leve distanciamiento que ayuda a no sentirse sermoneado.

Le Guin acaba de cumplir los 76 años y, aunque parece claro que no volverá a escribir una obra maestra sin paliativos, sigue con buena salud, sobrada de energía y talento. Habrá que seguir leyéndola porque continúa sumando. Algo que no todo el mundo de su generación puede decir.

Publicado en Reseñas | 6 comentarios

Cotrina gana el Alberto Magno

El escritor vitoriano José Antonio Cotrina ha ganado el premio Alberto Magno de relato, el más importante que se concede en castellano a esta categoría con una cuantía de 3500 euros. El título del relato es «Argos»,

una historia con claros tintes cyberpunks ambientada en un futuro donde las redes informáticas han multiplicado su complejidad y es posible conectarse a ellas de manera total, sin más periféricos que la nanotecnología que cada uno de los sujetos lleva en su cuerpo. En este marco se sitúa una historia con tintes de género negro en la que su protagonista, un joven pirata de los bajos fondos de Praga, trata de averiguar lo que ha ocurrido con su hermano, muerto en misteriosas circunstancias.

Parece que Cotrina, a la espera de la aparición de su novela juvenil La casa de la colina negra, retorna a la temática que tan buenos resultados le dio hace un lustro con (es una forma de llamarlo) el Universo del Cambio (Mala racha, premio Alberto Santos del año 2000, y Salir de fase, premio UPC del año 2000). Unas historias decadentes, con una ambientación soberbia y, como debe ser un thriller, intensas.

Ahora a esperar que el autor consiga colocarla en alguna publicación y podamos leerla lo antes posible (lástima lo ocurrido con la Asimov; sería su lugar de aparición lógico). O ,si no, siempre nos quedará la esperanza de que alguna editorial se decida a publicar el ya mítico Cotrinomicón, ese compendio de toda su narrativa breve, que empieza a conformar un volumen ciertamente apetecible.

Publicado en premio | 10 comentarios

¿The end?

Ya toca cerrar esta serie de textos sobre la pasada IberCon, y creo que no hay mejor forma de hacerlo que con tres visiones diferentes sobre este(os) evento(s) que, se comparta o no lo que exponen, invitan a la reflexión.

Recomiendo comenzar con «A história da convenção fátua«, la crónica de Luís Filipe Silva, uno de los escritores portugueses presentes en Vigo. O cómo se vivió la IberCon desde el otro lado del río Miño.

Después pasaría por «¿Para qué sirven las Cones? Una perspectiva exterior«, escrito por Enríc Quílez, antiguo colaborador de cYbErDaRk.NeT. La visión de las convenciones desde el punto de vista de aquél que las ve en la distancia, sin asistir a ellas.

Finalmente, se hace necesario pasar por «Hispacones, fandom y otras reflexiones«, escrito por Alfredo Álamo, un provechoso comentario que incita a pensar sobre el futuro de las HispaCones, para enfocarlas con perspectiva de éxito.

Nota: El asunto todavía colea en la listas de correo, especialmente en la restringida de la asociación, a la que sólo pueden acceder los socios. Según vayan saliendo mensajes fuera con nueva información, iré actualizando la entrada «Crónicas marcianas«. Imitando a butanito, notario de la actualidad.

Publicado en IberCon 2005 | 4 comentarios

La bolsa de bienvenida

Modo homenaje ON

La bolsa de bienvenida contenía lo siguiente:

  • El programa de actos (no disponible hasta la tarde del viernes y en una versión sin cerrar).
  • Papeleta para votar los premios Ignotus.
  • Folleto de la asociación española de fantasía, ciencia ficción y terror (impreso en color).
  • Guía de Vigo en gallego (a elegir entre esta y una en inglés; la española se acabó el viernes por la tarde).
  • Folleto del restaurante chino Shanghai.
  • Anuncio de la Marisquería Bahía, restaurante oficial de la IberCon, con un menú especial para asistentes a la IberCon (20 €) y publicidad sobre su servicio de Marisco cocido a domicilio para toda España (verídico).
  • Cuestionario del concurso Data (un folio impreso por las dos caras).
  • Anuncio de Ediciones Espiral sobre sus últimas novedades y con un cupón de suscripción (folio amarillo fotocopiado por las dos caras).
  • Anuncio de tamaño DIN A6 de La casa del Libro (color amarillo).
  • Un ejemplar de Ciudadano del espacio, de Robert Sheckley, editado por la Semana Negra en apoyo a su autor y cedido por Gigamesh.
  • Cuatro marcapáginas de Gigamesh cedidos por Gigamesh.
  • Bolsa de plástico amarillo cedida por La casa del libro.

Modo homenaje OFF

Publicado en IberCon 2005 | 3 comentarios

La locura del Falling

Ha llegado el momento de alejarse del interés general (por llamarlo de alguna manera) y hablar del Falling. Desencadenante de una locura que nos atrapó a cinco impresentables durante dos días y que, lástima, no volveré a probar en un tiempo. Por lo que me han comentado, está descatalogado y resulta bastante difícil hacerse con una copia. Con lo que lo íbamos a disfrutar en la tertulia de Santander…

La cosa fue más o menos como sigue. El sábado, de charla con Santi Eximeno, comenzamos a hablar de su pasión por multitud de juegos de mesa, cartas, consolas, ordenador (molan sus camisetas retro de antiguos videojuegos),… o, incluso, su labor como creador (Kaothic Games). Y, qué casualidad, en su bolsa llevaba unos cuantos juegos de cartas para echar unas manos en alguno de los múltiples tiempos muertos que acechan en una convención. Estaba el Give me the brain!, cuyo modus operandi es delirante (zombies con cartas que buscan la manera de hacerse con el único cerebro disponible que les ayude a descartarse de toda su mano), uno sobre películas (no recuerdo el título), y el Falling. Una desquiciada carrera por ver quién se mata el último.

¿En qué consiste? A ver si «me se» entiende.

Los jugadores se tiran por la ventana de un edificio bastante alto y el árbitro que maneja el mazo les va tirando una carta por cabeza que marca su acercamiento al suelo. Hay diferenes tipos de cartas, que se pueden usar cogiéndolas de una en una y situándolas delante del montoncito de cartas que se estime conveniente (el suyo o el de los contrincantes).

Tenemos el HIT, que echa una carta de más en el montón correspondiente; el SKIP, que provoca un salto de turno (no te echan carta); el SPLIT, que sitúa un montón adicional al jugador que le toque (ideal al comienzo para ganar cartas útiles, un dolor de cabeza cuando estás cerca del suelo); el GRAB, que sirve para coger la carta de otro contendiente; el PUSH, que se utiliza para pasar una carta que tengas delante tuyo a otro jugador; el STOP, que anula cualquier carta sobre la mesa; el EXTRA, que duplica el valor de la carta sobre la que actúa; y, por último, el temido e inevitable GROUND, situada al final del mazo y que marca la conclusión de la partida si no puedes esquivarlo.

El juego comienza siendo, como todos, dubitativo y torpe. Hay que hacerse con las cartas, aprender cuándo interesa utilizar cada una, descubrir cómo y cuándo se debe putear a tus compañeros,… con el handicap de la rapidez a la que se suceden los acontecimientos. Al principio una partida lleva unos dos minutos y medio, y cuando has ganado mecánica se llega a emplear menos de un minuto.

Durante ese tiempo tan mínimo uno atraviesa distintas fases como la parsimonia inicial, con los suicidas comportándose con tranquilidad haciendo uso de jugadas conservadoras (salvo esporádicos cotrinazos), acelerándose el pulso hasta alcanzar el frenesí más exaltado desencadenado por la cercanía del suelo, que inevitablemente conduce a todo tipo de puteos, puñaladas traperas, choques que deben ser resueltos por el árbitro,… y jugadas tan estúpidas como sólo una mente al borde del colapso puede ejecutar.

No sé si parece complicado, idiota, descabellado, incoherente,… Pero a las tres partidas ya estábamos enganchados y nos pasamos bastante tiempo del sábado por la tarde en el Cosmos, suicidándonos compulsivamente, atrapados en un adictivo ciclo infinito con una evidente secuela: un agudo síndrome de abstinencia. Síndrome que nos dejó en triste evidencia tras la entrega de los Ignotus, en nuestra mesa echando una y otra y otra mano. Que lo haga un servidor, triste friki de a pie tan tímido como desapercibido, tiene un pase. Pero que participen en ella el dos veces ganador de un premio Ignotus José Antonio Cotrina, el dos veces ganador del premio Ignotus Santiago Eximeno (lo de Xatafi también cuenta), el una vez ganador del premio Ignotus Fernando Ángel Moreno (uno de los artífices de Paura), y el futurible ganador del premio Ignotus Juan Díez Olmedo… tiene delito. Ellos también contribuyeron a que la IberCon cogiese la fama que ha cogido.


De izquierda a derecha: Santiago Eximeno, Fernando Ángel Moreno, Juan Díaz Olmedo, José Antonio Cotrina y un servidor. Todos bajo la atenta mirada de Carlos Balseiro, sumergido en la tarea de descubrir la mecánica del juego sin preguntar las reglas.

Publicado en IberCon 2005, Juegos | 13 comentarios

El imperio naranja «resurge» de sus cenizas

Interrumpo la serie sobre la IberCon, a la que le quedan apenas tres telediarios, para anunciar el (re)nacimiento de unos foros. Los de cYbErDaRk.NeT, que vuelven de la nada con unos fines similares a los que tuvieron en su origen, allá en el último trimestre de 2001. Si entonces estaban pensados para servir de punto de encuentro a los usuarios de la biblioteca, un lugar donde solventar dudas que no se podían dilucidar en las fichas, ahora están orientados a los compradores de la tienda. De aquí a tres años con base de datos, foros multidisciplinares, artículos, más de diez mil registrados,… Como si lo viese, Sísifo vuelve a las andadas.

(es broma)

Los nuevos foros de cYbErDaRk.NeT

Por cierto… igual es el momento de recuperar el ingente bagaje de los foros temáticos de la antigua cYbErDaRk.NeT y ponerles en la red otra vez exclusivamente para su consulta. Mira que había material interesante en el que descubrir ideas, argumentaciones, discusiones,…

Publicado en Cosas de la red | 2 comentarios

Crónicas marcianas

Quería hacer mención a parte, y con esto cierro el grifo del ácido, de lo que en la lista de Gigamesh Juanma Santiago ha titulado En el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército barraconero. Un mensaje emitido el dos de noviembre por un tal Jaime Velasco, a quien no tengo el gusto, que vive en una realidad paralela paradójica e inquietante.

Como Secretario del Colectivo Nemo, y portavoz de la Ibercon, me gustaría anunciar que en el día de hoy la I Ibercon finalmente ha acabado, después de 95 horas de conferencias, audiovisuales, mesas redondas, presentaciones de editoriales, concurso de disfraces, baile, cena de gala, etc., etc.

En conjunto, nos hemos sentido bastante contentos con el duro trabajo realizado, y esperamos que todos los presentes en esta edición, tanto españoles como portugueses, hayan salido satisfechos de ella. Nos gustaría agradecer a Simetría y a la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror su apoyo en esta edición, así como a todos aquellas organizaciones y personas que han donado su tiempo y esfuerzo en hacer de esta I Ibercon un éxito.

Definitivamente los ultracuerpos están entre nosotros y en Vigo han comenzado a extenderse. A partir de mañana me encierro en mi piso con el bate de beisbol, un bote de matamoscas inflamable, un mechero en la mano y que vengan a por mi.

Si en el futuro se organiza una Con (es una hipótesis sumamente hipotética, que nadie se ponga nervioso) en Santander, participo en la organización y nos sale algo así, lo mínimo que hago es pedir miles de disculpas a todos por lo ocurrido y reconocer que ha sido un desastre por los motivos que fuesen. Inexperiencia, candidez, falta de trabajo, dejadez, los invitados de honor fueron abducidos de esta realidad por la hermana del agente Mulder, Venus coincidió con Júpiter en Escorpio, incompetencia,… Pero ni viviendo en el fantástico país de nunca jamás podría llegar a escribir una valoración que, a poco espíritu crítico que se tenga, es de traca (¿95 horas de actos? ¿Mande?).

Igualmente, quería recomendar la lectura del primer texto público postCon del capitán y tocayo Ignacio Agulló, emitido en codificado dentro de la lista de administración de la asociación para que no se sepa mucho de él (claro, sólo asisten a las HispaCones socios de la aefcft) y relanzado a la lista de correo de gigamesh para alucine del respetable. Hay que leerlo para creerlo.

Como resumen, a parte de anunciar problemas padecidos durante la fase organizativa (como el escaso tiempo, poco más de once meses; debió vender humo cuando presentó la candidatura), aduce tres motivos, dos de ellos abracadabrantes: problemas con equipos informáticos, problemas con el ADSL de telefónica (tela marinera) y problemas calificados como dificultades surgidas a partir de mediados de agosto, un cúmulo de vaguedades que no explican casi nada de todo lo comentado hasta ahora en los diferentes medios que se han hecho eco de la IberCon.

Aguardemos el esperado exhaustivo informe final para entrar en detalles, porque hasta ahora se han explicado mejor gente de segundo nivel en la organización que el jefe (Quizás Agulló tenía un contrato blindado y ni se plantearon reemplazarle)

Publicado en IberCon 2005 | 5 comentarios

Desquite

En la anterior entrada sobre la IberCon, Gorin hacía una precisión de lo más acertada:

Me pregunto hasta qué punto muchos de los comentarios que estamos haciendo sobre la mala organización en general (y que salpican a todos los organizadores) no deberían ser, más bien, comentarios sobre la dirección penosa que tuvo el congreso. Me consta que muchos de los miembros de la organización trabajaron todo lo que pudieron y más de lo que se les exigía, y ni siquiera eso fue suficiente para compensar la actitud y formas del máximo responsable.

La doble acepción de organización, como

persona o personas que estructuran y planifican lo que será la convención

o

grupo de personas encargadas de recibir a los participantes, hacer que el programa de actos se cumpla lo mejor posible,…

, juega una mala pasada. Por eso, me gustaría resaltar la labor de los abnegados curritos que se pasaron del viernes por la tarde al martes por la mañana intentando que los actos funcionasen, velaron por su realización dentro del horario, nos dieron la bienvenida, estuvieron disponibles para solucionar cualquier tipo de duda que tuvieses sobre la convención,… Unas veces mejor, otras peor, pero sin disfrutar de aquello a lo que les habría gustado asistir ni de los visitantes que tan bien lo pasamos. Y tragando posteriormente los sapos y carretas que les han llovido debido a la negligente labor de la dirección ejecutiva.

También me gustaría agradecer desde aquí al grupete de Vigo y alrededores, capitaneados por Breich, que nos llevaron de cena el viernes por la noche, y de marcha varios días, su labor de guías nativos. Sin ellos todo habría sido mucho más difícil y, seguramente, aburrido. Mil gracias.

Publicado en IberCon 2005 | Comentarios desactivados en Desquite

Por qué el Cosmos se convirtió en la HispaCon oficiosa

Esta entrada se va a alejar del enfoque de la anterior y entra de lleno en lo que fue la experiencia personal (mía y de otros participantes) de la IberCon, en un intento de mostrar el por qué una vez allí gran parte de los aficionados españoles presentes pasó de la convención en sí y acabó reuniéndose en sus pasillos o, sobre todo, bares de las inmediaciones; con un centro neurálgico impepinable: el Cosmos. Circunstancia que suele ocurrir en eventos similares pero que en Vigo cobró una dimensión varios órdenes de magnitud superior. Vamos allá.

Un servidor llegó a Vigo junto a Álvaro Muñiz, a.k.a. El Peras, el viernes 28 a eso de las 22:30. Recogimos a José Antonio Cotrina que acababa de llegar de Vitoria en tren, pasamos por la habitación del apartamento a dejar las cosas, nos echamos unas risas a costa de la temible colchoneta monstruosa y su estridente compañero, el hinchador impotente (nada, una colchoneta inmensa que habíamos traído y que después de media hora apenas levantaba un palmo del suelo, sin presión suficiente para soportar una manzana de 200 gramos), y nos dirigimos hacia el restaurante donde unos cuarenta aficionados estaban dando cuenta de una cena preparada por un aguerrido grupo de nativos que cumplía las tres bs, más una c: buena, bonita, barata… y copiosa. Bien por ellos.

Una vez allí, mientras el resto terminaba el segundo plato y saludábamos a la gente, se nos acercaron Juanma Santiago y Fernando Ángel Moreno con El Deseado: el tan añorado programa, por fin cristalizado en algo más que unos actos sin horario. Le echamos un vistazo y, ante nuestra sorpresa, nos encontramos un buen número de huecos en blanco en lo que vendrían la segunda sala. Huecos que a todo correr se habían intentado cerrar en la tarde de viernes con los contados asistentes de renombre que por allí pululaban y que se tomaron el asunto en diversos grados de cabreo o resignación, debidos a la precipitación, falta de humildad y lo pésimamente que se estaba ejecutando todo.


La cena de bienvenida

Después, con más calma y a medida que fuimos interaccionando con otros comensales, nos enteramos de más cosas. La más significativa, y que ilustra a las claras el desbarajuste ante el que estábamos, la que concierne a uno de los dos invitados de honor: Laura Gallego. Invitada por la junta saliente de la aefcft, pero supeditada al programa impuesto por su editorial, SM, con la que acaba de publicar Tríada, la continuación de Memorias de Idhún. Debido a estos imponderables ajenos a la organización, ese viernes tenía que firmar por la tarde en la Casa del Libro (¿a las ocho?) y el sábado partía con destino desconocido.

Disgresión: El hecho de llamar invitado de honor a alguien que va a estar presente el 12,5 % de las sesiones de las que costaba la IberCon, y que no va a ir, si quiera, a la cena de gala (algo que ocurrió también con el otro invitado de honor, João Barreiros, ausente porque no le gusta el marisco), entra en conflicto con la importancia que tiene esta autora y lo que comentaba ayer sobre su presencia en Vigo. Sin dudarlo, sigo pensando en que es un puntazo, aunque jode que la mayoría de los contados inscritos (¿100? ¿125?) se la perdiese porque o estaba llegando a la ciudad o se había programado su acto demasiado pronto.

Pero son contingencias del directo. Lo dañino, lastimoso, lamentable,… viene cuando te enteras que a los jóvenes lectores (sobre todo chicas) que acudieron al salón de actos del centro Caixanova para oírla, hacerle alguna pregunta,… se encontraron con que les cobraban la misma entrada de día que a aquéllos que no se apuntaron al programa completo: 6 €. Cuando estamos hablando de una acto de apenas una hora de duración con alguien que un poco después va a estar firmando libros gratis a 500 metros. ¿Alguien se puede imaginar una postura por parte de la organización más absurda? Bueno sí, el proponer llevarla de cena a un Chino, aunque después a ella le encanten y esté dispuesta a ello.

Se puede decir que es anecdótico, una circunstancia extrema que no hace granero. Pero los que hemos vivido aquéllo hemos experimentado una larga retahíla de hechos similares que construyen un conjunto de chascarrillos difícilmente olvidable. Por ejemplo….

Sábado por la mañana. Debido a una noche en la que nos retiramos tarde (en mi caso a las 4:30; dos de mis compañeros de habitación a las 6:30), y que hay que descansar un poco, desayunar,… nos presentamos en el Caixanova a echar un primer vistazo sobre las 11:45. Saludamos a algunos conocidos, damos una vuelta por los contados siete minúsculos puestos de venta, algunos escondidos de mala manera, y nos preparamos para nuestro primer acto: podemos elegir entre una conferencia titulada «El mirar de los Antiguos» o la habitual mesa redonda de editores españoles, que para mi es algo así como la primera edición porque no la he visto. Mesa que no figura en nuestro programa y de la que nos hemos enterado porque compartimos habitación con uno de los participantes: el director de la revista Gigamesh, Juanma Santiago. Supongo que el resto se entera por el casual boca a boca.


La mesa de editores. De izquierda a derecha: Luis G. Prado, Juanma Santiago, Fernando Ángel Moreno y Raúl Gonzálvez del Águila

Cuando dan las doce y media, en el gran salón para, no sé, más de 400 personas, éramos seis o siete. Con razón el reportero de la TVG que estaba grabando secuencias para algún informativo muestra cara de estupor al encontrarse este panorama ante una mesa en la que editores del fantástico van a hablar sobre sus colecciones. Si al final es innegable que estos raritos somos cuatro gatos.

La mesa comienza con un poco de retraso, y da tiempo a que poco a poco se vaya acumulando gente hasta llegar a una veintena larga de oyentes. Dado el tamaño de la sala, los participantes (Pedro A. García Bilbao, Luis G. Prado, Juanma Santiago, Fernando Ángel Moreno y Raúl Gonzálvez del Águila) deciden acercarse a tan nutrida concurrencia y situarse apoyados a pie del escenario, para iniciar su interesante (y en determinados casos) reveladora discusión. Después nos enteramos que Víctor Miguel Gallardo, editor de El Parnaso, fue completamente ignorado por el señor (des)organizador de la convención a la hora de montar la charla el viernes por la tarde. Y que Javier Fernández, editor de Berenice, se enteró el sábado por la tarde que la charla a la que pensaba asistir… ya había ocurrido.

Por último, ayer Antonio Rivas, alias Gorin, escribió lo siguiente en la lista de correo de Gigamesh.

El caso es que el martes por la mañana yo volvía de trasnochar (10:15 a.m., más o menos) y pasé por delante de la entrada. Como no tenía sueño y era el último día, decidí quedarme, entré en el bar de enfrente a esperar con un café, y después de 5 minutos de charla con otros madrugadores, comento que quería hablar con Barreiros y me señalan la puerta, en plan «es ese de ahí, el que se está poniendo como una sopa» (caían chuzos de punta).La apertura de puertas estaba programada a las 10:30. Barreiros, cumpliendo como invitado, estaba ahí 5 minutos antes. La organización, ni se sabe. Iba a ir a por él cuando él mismo cruzó la calle y vino hacia el bar. Me presenté y estuvimos charlando alrededor de media hora hasta que por fin se dignó a aparecer alguien de la organización, ya cerca de las 11. Como el hombre es educado se limitó a mascullar un poco entre dientes algo sobre la desorganización y el hecho de que le programasen un acto el último día a la una, cuando ya no quedaría ni el apuntador, y que si no se largaba no era por falta de ganas, pero que ya que estaba allí pensaba cumplir (aunque él fuese puntual y la organización, no).

Con este panorama comprenderán la desazón general frente a la organización, el edificio en sí y lo que ocurría dentro. Desazón que al final nos llevó a emplear gran parte del tiempo, junto a otros participantes, en la cafetería Cosmos, un local situado a escasos metros de la puerta trasera del Caixanova donde en varias mesas nos reuníamos para desayunar, tomar algo, charlar, ver fotos, mirar las compras del día, jugar a las cartas,… en un ambiente mucho más cálido, alegre, dicharachero y, no se puede negar, organizado que el que observábamos justo enfrente.

Se puede decir, como ya he leído en algún otro blog, que menudas ganas. Meterte 600, 700 o mil kilómetros, horas de coche, tren, bus o avión, para terminar así. Pero cuando no te dejan alternativa, te dejas llevar por lo que surge. Y si además te lo pasas de fábula…


Un vistazo al Cosmos desde el centro cultural Caixanova

Nota: El logo de la Cosmos Con aparece cortesía de Jean Mallart.

Las fotos que voy poniendo en estos comentarios, si no se dice lo contrario, han sido facilitadas por Álvaro Muñiz, reportero gráfico de la TerSa.

Publicado en IberCon 2005 | 16 comentarios