De la falta de inmersión en Perros bajo la piel

Sé que tengo colgada la siguiente entrega de la ciencia ficción española y la especulación. No me olvido de ella. Pero con esto de las fiestas el cerebro pide hacer otras cosas y, como hay un par de semanas por delante, la retomaré un poco más adelante.

En esta entrada quería comentar un hecho fundamental que, creo, debe exigírsele a toda obra actual de género y que, me da, no está en la cabeza de muchos lectores a la hora de valorar lo que leen. El tema surgió hace un par de semanas en el foro de ciencia ficción de sedice y tuvo una mínima repercusión. Sin embargo su mención coincidió con mi lectura de Perros bajo la piel, siguiente novela de Luis Ángel Cofiño después del fulgurante éxito de su ópera prima El cortafuegos entre el fandom electrónico. Explica, más allá de la edición amateur de Espiral, por qué me parece una obra deficiente desde un punto de vista literario; la viva demostración de por qué la crítica puede considerar a la ciencia ficción como un género menor incapaz de liberarse de los recursos más infantiles utilizados, por ejemplo, por parte de los autores anglosajones de las décadas de los 40 y los 50.

Parto del punto de que Perros bajo la piel asegura un grado de evasión adecuada, especula con una serie de ideas interesantes, no cae en el maniqueísmo, y proporciona el grado de entretenimiento que se le debe exigir a cualquier narración. Como he dicho otras veces, uno no siente que esté perdiendo el tiempo mientras está pasando sus páginas. Ahora bien, de aquí a considerarla una buena novela creo que hay un trecho demasiado largo.

Su argumento se desarrolla durante la primera crisis de entidad sufrida por el planeta Tierra después de su recuperación de los fenómenos relatados en El cortafuegos (novela que no es necesario haber leído). La presidenta de la Confederación que gobierna a toda la humanidad, Claudia Vilardo, una avezada seguidora de personajes Asimovianos como Hari Sheldon o Salvor Hardin, se enfrenta a una época inestable desencadenada por las colonias de fuera del sistema solar, deseosas de un mayor grado de autonomía respecto a la Tierra; las naciones más recalcitrantes del planeta, a la búsqueda de una descentralización que les conduzca a recuperar el poder cedido por sus respectivos gobiernos nacionales; y la primera comunicación recibida de una especie alienígena. Un cúmulo que origina un terremoto de intensidad 9 en la escala de Richter que se puede tragar definitivamente a la humanidad.

Con un reparto coral un poco desequilibrado, Cofiño nos acerca a los diversos frentes del conflicto. La trama política, el punto fuerte de Perros bajo la piel, se centra en las conversaciones que la presidenta mantiene con diversos miembros de su gabinete, políticos de los diferentes partidos representados en el Senado o sus fuerzas de seguridad. La trama científica se sigue a través de los diferentes personajes que forman la expedición científica a Toliman, colonia de Alpha Centauri en la que se debe descodificar el mensaje aparentemente indescifrable. Por último, a través de un tercer grupo menos numeroso se realiza un seguimiento de cómo los ciudadanos viven la crisis en la Tierra.

El manejo de los diversos hilos de la historia es resultón, con un argumento atractivo en el que abundan los contenidos sociopolíticos y un interesante tratamiento de conceptos de plena actualidad como son los nacionalismos de cualquier índole, la manipulación o el control de la información. Un control bien ejercido por Cofiño que sabe qué datos proporcionarle al lector para hacerle caer en unas ideas que más adelante quedan en cuestión cuando se van aportando nuevas piezas al puzzle o se reorienta la manera en que las había situado en escena. Quizás hay detalles que no acaban de encajar, como una IA con un diseño peculiar y un tanto alejado de lo que podemos esperar de ellas (esa caducidad absurda), y otros moralmente discutibles, como el concepto de líder con el que juega (la dualidad Bester-Las estrellas mi destino Heinlein/Asimov-cualquiera de sus novelas significativas está demasiado decantada hasta estos últimos). Aunque en su beneficio hay que reconocer que evita caer en el maniqueísmo.

El problema que veo, más bien problemón, es que no tiene ninguna intención de introducirnos en el mundo de Perros bajo la piel. O, quizás, no sabe cómo hacerlo. El escenario, para estar situado cuatro siglos en el futuro, se parece demasiado al presente en el que vivimos y, lo que es más grave, está presentado con una técnica narrativa tosca y atrasada. Resulta poco justificable observar cómo a comienzos del siglo XXI se puede recurrir con esta contumacia a incontables párrafos explicativos cada vez que se considera necesario dar a conocer qué es una sigla, quién es fulanito, de dónde viene y para qué sirve ese nuevo instrumento que va a salvar el día, cuál ha sido la historia humana en un ámbito muy determinado,… Rara es la página en la que no aparece un párrafo de este tipo, desencadenando un cúmulo de información que amenaza con convertir la novela en un ensayo con algunos pasajes narrativos.

Y eso es grave. Grave porque un plato que podía haber sido notable se convierte, bajo la acción de una termomix simplificadora, en un vulgar puré no demasiado bien pasado. Grave porque el futuro en que se desarrolla no tiene, ni por aproximación, el grado de extrañamiento necesario. Y, sobre todo, grave porque su autor ha olvidado que la función de un escritor no sólo es contar unos hechos sino también urdir una manera de transmitirlos con una cierta (incluso limitada) sofisticación. No hay el más elemental refinamiento narrativo.

Y esto me conduce a la conclusión de que a pesar de los puntos positivos descritos anteriormente, el honesto trabajo de Cofiño queda lejos de ser una buena novela. Y, lamentablemente, tampoco creo que sea buena ciencia ficción.

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Felices fiestas

A los que gustan de la literatura fantástica y a los que no. A los que «disfrutan» (es un decir) con las cosas que voy escribiendo por aquí y a los que, sin decirlo, se aburren como ovejas. A los que hacen propósitos de enmienda e intentan mantenerlos durante el resto del año y a los que se siguen comportando como vulgares hijos de mala madre. A los que todavía se emocionan leyendo narraciones como La mujer del viajero en el tiempo o alguno de los relatos de Mike Resnick del último número de Gigamesh y a los duros de corazón que no pestañean ni cuando muere la madre de Bambi. A los que están disfrutando como posesos con Canción de hielo y fuego y a los que, incluso, no pasaron de las cien primeras páginas o ponen a alguno de sus libros un tres en el hit parida de Gigamesh.

A todos… Felices fiestas, feliz Navidad, próspero año nuevo, mucha salud, amor, dinero, todo lo que se suele desear en estas fechas,… y muchos y buenos libros para el año que empieza en una semana.


La felicitación la ha preparado a todo correr Jean Mallart para los miembros de la tertulia de Santander. Compararla con cierto cartel que estuvo de moda hace casi dos meses en una ciudad que empieza por V sería demasiado fácil. Y yo ya lo he hecho.

Un abrazo y mis mejores deseos.

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Cena de Navidad de la TerSa 2005

El pasado sábado día 17 la Tertulia fantástica de Santander, TerSa, celebró su segunda cena de Navidad. El momento «cumbre» de nuestro año fandomítico al reunirse alrededor de nuestras mesas el mayor número de participantes del año.

En total nos juntamos 23 comensales: seis asturianos del grupo Avalon (Iván Olmedo, Germán Herrán, Rodolfo Martínez, Marisa Cuesta, Javier Cuevas y Nimrodelisa), dos representantes de la TerBi (Tertulia de Bilbao; César Higuero y Ricardo Manzanaro), uno de la TerVi (Tertulia de Vitoria; José Antonio Cotrina), una madrileña (Natalia), un barcelonés (Alejo Cuervo) y doce locales. Lessa y Carlos, Jean Mallart, Marc R. Soto, Luisa Egwene, Álvaro El Peras, Nacho Uri, Marisa Gut, Ana Shelvatica, Paula y un servidor. Después se nos unió vampi, que no pudo venir a la cena.

En esta ocasión nos «fallaron», por diversos motivos, al menos tres de nuestros miembros de pleno derecho: Iván (cyric), Vicente Gutiérrez por un gripazo de escándalo (aunque se pasó brevemente por el Naroba para felicitarnos las fiestas) y Manuel de los Reyes (titdip) y Manu, su chica, pareja residente en Alemania y sin poder acercarse este año. El que viene será.

Comenzamos la velada en el Naroba, entre conversaciones, cervezas de diferentes tipos (no se puede quejar uno de la falta de variedad) y un grupo de folk, que nos puso música en vivo. A eso de las 22:00 nos acercamos al Sakura, el restaurante japonés de Santander, una novedad para la mayoría de los nativos. El concepto está claro. Cada Navidad vamos a ir tocando una gastronomía diferente, cuanto más exótica mejor. Ya dejaremos la comida tradicional para otro tipo de encuentros. En esta ocasión, al igual que nuestra visita a México en el Antonio del año pasado, el resultado fue satisfactorio. Estuvimos un poquito apretujados por aquello de que el local no era muy grande y nos juntamos alguno más de los previstos. Pero ni las referencias al anisakis de mi madre, mi futura suegra y varias compañeras de trabajo me han agriado el recuerdo.

Durante la cena, en la que me tocó estar situado en el fondo sur, hubo varios temas vibrantes. Quizás el tema estrella, al estar Javier Cuevas en nuestras proximidades, fueron las películas pseudohistóricas que está haciendo Hollywood en los últimos años, con Gladiator, El Rey Arturo o El primer caballero, aunque también se trató el proceso de preparación de una AsturCon (que ratifica lo dicho por Rafa Marín en la lista de correo de la asociación; en 10 meses hay tiempo de sobra para hacerlo mejor que bien), se desvarió bastante sobre ESDLA y sus momentos cumbres (¡ah, Tom Bombadil! ¡Ese gran personaje!), se hizo una adaptación moderna en clave fundamentalista islámica, se abordaron las propiedades letales de un DIU, se recordó a nuestro querido presidente autonómico y la derivación Cantabria me pone, La TerSa me pone, Me la pone TerSa,…

Una vez devoradas las viandas llegó el momento del sorteo. Costó que nuestra querida presidenta, Laura Roslin, digo Lessa, pusiese el orden necesario. Casi parecíamos estar en un episodio de la primera temporada de la nueva Galáctica. El año pasado nos tiramos una hora con un dado en un sistema que levantó alguna que otra ampolla, así que para esta segunda versión cambiamos el método y utilizamos un tarot. Se repartían tantas cartas como libros había y después una segunda carta, la de verdad, nos decía a quién teníamos que regalar el nuestro. Odemlo ha subido a su blog la carta que le correspondió. A mi me tocó el as de bastos.

Después de un cambio (me había correspondido Danza de tinieblas, que ya tenía) me tocó Señales de lluvia de Kim Stanley Robinson. Entre el resto había un par de Bosque Mitago, tres Naufragio del Río de las estrellas, otro Danza de tinieblas, varios de la última hornada de Solaris ficción (Poujade debe estar mandando varios camiones a la Librería Gil de Santander), un American Gods del José Antonio Cotrina británico, un Cuento de Navidad en una edición muy chula,… Como curiosidad no había ningún Bibliópolis, aunque en el caso de Santander la explicación es clara. Casi todos los libros se compraron en la mencionada librería Gil y allí no había ni uno de esta editorial. Me parece que sus problemas de distribución no se han solucionado del todo. También hubo un par de libros de sorteo, que cayeron en manos de nativos para desazón de las hordas foráneas. ¿Hubo tongo?

A eso de la 1:00 salimos a la calle y en cinco minutos nos plantamos en La Bola de Oro, un local amplio en el que se combinan una barra, mesas, música… y varios billares y máquinas dardos. Entre charlas, partidas, copas, cachondeo,… estuvimos mientras el cuerpo aguantó. Por cierto, que las fotos tienen un aire psicodélico…

Entre lo más destacable que recuerdo, y abreviando, figuran las dos partidas de dardos en la que tres equipos (Germán y Cuevas, Marc y Ricardo y Cotri con un servidor) lucharon por demostrar quién tenía una puntería menos deficiente. En la primera se hizo con el triunfo, de forma inesperada, el equipo mixto Santander/Vitoria, y en la segunda el de Los Corrales/Bilbao. Asturias se quedó sin trofeo. Al mismo tiempo Alejo exhibía su virtuosismo en la mesa de billar.

Hay varios temas que no se pueden revelar para salvaguardar la confidencialidad fandom que quiere hacer cosas/fandom que quiere hacer cosas. Pero no quiero cerrar esta entrada sin mencionar lo que nos contó Alejo en el último tramo de la noche. Este año se cumple el décimo aniversario de su proclamación como Papa (parece mentira que haya conseguido el sueño de Silverberg, uno de sus escritores favoritos). Y en Barna City están pensando en realizar algún tipo de ceremonia para conmemorarlo. Habrá que estar atentos a la blogsfera para enterarse de los preparativos.

Con esto, un servidor se retiró sobre las 5:00 que al día siguiente había que corregir para la evaluación del lunes 19. Con el buen rollo a algunos la Navidad les llegó antes de tiempo.

Va a ser complicado conseguir para el año que viene un grupo tan nutrido y aquilatado como en las dos ediciones anteriores, pero en el ánimo de todos está repetir el buen ambiente. Nosotros lo vamos a intentar. Convirtamos España en una gran tertuliabarraCon.

Crónica de Jean Mallart, fondo norte


Galería de fotografías

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Danza de tinieblas en Dreamers

Esta tarde he subido a la portada de Dreamers una reseña que he preparado sobre Danza de tinieblas, de Eduardo Vaquerizo, y una entrevista que Francisco José Súñer Iglesias hizo para El sitio de ciencia ficción.

La novela es de lo mejorcito que he leído este año escrito en España, sobre todo por dos motivos. El destacable trabajo que ha hecho su autor con el escenario, un Madrid no muy diferente al de 1927 que podamos tener en nuestras mentes pero pasado por una serie de tamices que potencian su aspecto añejo y un tanto excéntrico. El más evidente el deliberado aire steampunk impreso al conjunto, con una tecnología anclada en un perenne siglo XIX que no se ha abierto a los cambios de finales de dicho siglo o comienzos del XX. O el componente ucrónico, que sitúa una España cismática alejada del credo de Roma y enfrentada a los católicos ortodoxos del resto de Europa.

Pero también por el uso que hace del lenguaje, castizo, con multitud de giros arcaizantes y un vocabulario propio de hace más de cien años y que recuerda, por poner un ejemplo inmediato, al desplegado por Pérez Reverte en sus novelas del Capitán Alatriste. Una referencia nada gratuita al beber Danza de tinieblas de la novela de aventuras más clásica, con un potente toque negro.

Por lo que comentamos en la cena de Navidad de la tertulia de Santander los que lo habíamos leído (donde, todo sea dicho, se regalaron dos ejemplares del libro; en cuanto tenga las fotos haré la croniquilla) funciona de maravilla y deja el proverbial buen sabor de boca.

De paso, quería dejar constancia del brevísimo vídeo que grabó Joaquín Moreno Álamo durante la presentación de Danza de tinieblas en la librería madrileña Estudio en escarlata. A ver si poco a poco va cundiendo el ejemplo y los aficionados, a parte de sacar fotos de estos eventos y escribir nuestras crónicas, comenzamos a utilizar otros medios para difundir los contados actos literarios que se realizan. Ahora que la red ya tiene capacidad para transmitir sin problemas estos contenidos audiovisuales no debemos desperdiciar la oportunidad.

Nota: Aparte hay un vídeo similar de Juan Miguel Aguilera presentando Mundos y demonios.

Nota 2: Recuerdo que hace casi dos años, en el fiestorro del primer premio Minotauro, vorkosigan grabó la entrega del galardón. cYbErDaRk.NeT abría camino

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En Mares extraños

Cuando el jueves estuve mirando en la carpeta de reseñas escritas para Solaris me encontré con ésta, que debiera haber aparecido en el injustamente abortado número 28. Un libro de Daniel Mares que recoge sus mejores relatos fantásticos. La nota que le había puesto, un seis.

Debido a la precariedad del mercado editorial del fantástico en España, los autores surgidos del fandom siempre han cultivado más y mejor las distancias cortas. Curiosamente, contradiciendo esta idea, en los últimos dos años han comenzado a florecer novelas que han tenido un razonable éxito mientras son contadas las colecciones o antologías que se han podido ver entre las novedades. De ahí la necesidad de alabar la iniciativa del Grupo AJEC por recuperar los mejores cuentos de uno de los autores más significativos de los últimos años: Daniel Mares.

En Mares extraños recoge una docena de narraciones breves entre las cuales encontramos dos inéditas: “Cuestión de dignidad” y “Alicia en el agujero”. La mayoría comparte unas claras señas de identidad, como son el uso de un lenguaje directo y sumamente coloquial, un tono que raya muchas veces en el humor más desmitificador, unos personajes que buscan satisfacer sus más secretas pasiones, una intriga bien medida y unas situaciones que derivan de nuestro entorno cotidiano.

El mundo de la moda y sus vicios ocultos; Internet, su potencial para explotar las perversiones privadas y el voyeurismo; la pasión y los celos más primarios; el destino de la tercera edad o la ambición desmedida son algunos de los temas a los que recurre Mares y que suelen desencadenar una frenética orgía de violencia. Las mejores historias, sin duda, “Días de gloria”, que incluye un peculiar desenlace que supone un perfecto colofón a lo que es la red de redes, y “Baile de máscaras”, un brillante relato bufo donde van de la mano enredo y nitidez.

¿Qué le falta entonces a En Mares extraños para pasar del bien al notable? Además de una corrección editorial como es debido, apenas tres aspectos: una mayor variedad –sus piezas son demasiado iguales–, el que probablemente sea el mejor relato de Mares, “Los herederos”, y una muestra de las buenas novelas cortas que ha escrito. Dichos ingredientes hubiesen redondeado un libro que se queda “sólo” en interesante.

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Pórtico

La siguiente reseña fue escrita por encargo de Alberto García-Teresa (felizmente recuperado de un accidente hace medio año) con vistas a aparecer en la sección «El Archivista» de la revista Solaris. No para ese número 28 que duerme en el disco duro del editor jefe de La Factoría Ideas el sueño de los neonatos vilmente asesin… digo olvidados, sino para el entonces futuro número 29. Difícilmente se va a publicar en el estado muert… digo de coma en que se encuentra, así que aprovecho y lo recupero para el blog. Aunque por la estructura que tenían las reseñas de esta revista, hasta a mi me resulta difícil aburrir en tan limitada extensión (329 palabras).

Como curiosidad, leí gran parte de Pórtico con dieciseis años en Lloret de Mar… en pleno viaje de fin de curso de 3º de BUP (sí, el resto cargaba la mochila con toda clase de bebidas alcohólicas, un trozo de costo del tamaño de una piedra del muro de las lamentaciones y montañas de preservativos, y yo me llevé un libro). Mientras mis compañeros de habitación mataban la sobremesa durmiendo en la habitación del apartahotel, demolidos por la juerga continua y cargando pilas, un servidor, que nunca ha podido dormir con el sol en lo más alto, se sacaba una silla a la terraza y se leía esta obra maestra de Frederik Pohl. La condición me viene de largo (aunque por las noches…).

Les dejo con la reseña.

Pórtico es ciencia ficción en estado puro. Ofrece, entre otros detalles, un absorbente y claustrofóbico viaje a estrellas alejadas de nuestro sistema solar; el vibrante descubrimiento de un artefacto alienígena calificado, con razón, como una gigantesca ruleta rusa; una sólida descripción de lo que podría ser nuestra vida en un entorno extraterrestre (situado en el interior de un asteroide); una ácida reflexión sobre las limitaciones del ser humano a la hora de comprender el universo que nos rodea; y una triste distopía donde la mayor parte de la humanidad vive atrapada en un callejón cuya única salida tiene gato encerrado.

Pero además es una narración frenética y compulsiva que mantiene un sutil balance entre lo que cuenta y lo que calla; posee una estructura inteligente que intercala dos planos narrativos antagónicos ideados para tejer un sonoro contraste; muestra unos personajes consistentes muy del gusto de Frederik Pohl, héroes por accidente que fluctúan entre el éxito casual y el fracaso tormentoso; es dueña de un genuino sentido del humor en el que abunda una ironía demoledora; desarrolla una peculiar historia de amor;… Y, sobre todo, construye un misterio que azuza al lector a un nivel pocas veces igualado.

Sin reventar la sorpresa derivada de su desenlace, el enigma encerrado detrás de Pórtico guarda para sí la mayoría de sus secretos. Es un contundente aldabonazo en favor de esa idea ahora mismo en desuso de que mantener el misterio hace perdurar el encanto de los enigmas. Una demostración potenciada por la posterior bajada de pantalones del propio Pohl que asesinó su criatura en una vulgar explotación comercial en la que el aumento del número de respuestas a las preguntas que quedaron en el aire fue inversamente proporcional a la calidad de cada secuela.

Un detalle que no echa por tierra, ni mucho menos, la condición de clásico incontestable de este Pórtico, que ganó a otro gran clásico, Muerte de la luz, el Hugo del año 1978. Puede que hasta con justicia.

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Sorpresa en el dominical (SM sabe lo que hace)

Andaba en el cole, echando un vistazo al dominical de El Mundo que pululaba por la mesa de la sala de profesores (uno de esos tochazos prenavideños en los que te bombardean con doscientos mil ideas para posibles regalos), y en la habitual sección de somos jóvenes, guapos, relativamente conocidos y nos prestamos para enseñar la moda que estas casas quieren venderos, que nos gustaría ser todavía un poco más conocidos choqué con la siguiente imagen (sé que ha salido fatal, pero no tenía ganas de escanearla otra vez)

Un dato más de que, a parte de las cualidades de Gallego y su éxito en la literatura juvenil (que no por ser juvenil deja de ser literatura), la campaña de promoción de SM da resultado. ¿Para cuándo Minotauro haciendo lo mismo con alguno de sus autores hispanos? Aunque igual no se deciden porque no hay ningún metrosexual entre ellos. Así que chicos, preparados para afeitarse las perillas, depilarse el cuerpo, darse unas cuantas sesiones en corporación dermoestética, bajar los kilos que sobran en el gimnasio y dejar de lado las camisetas negras (los que las utilicéis). Tenéis cinco meses para el casting de la campaña veraniega.

Nota: como curiosidad, de lo que «anuncia» lo más soportable e indicado para todo el mundo, libro aparte, es el jersey. No llega a 60 €. El resto va de lo excesivo (falda de 250 €) a lo inmoral (pendientes 5000 € y pulsera 17000 €). Para que después los que hacen y dirigen periódicos vayan dando lecciones morales.

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Antologías Los premios Ignotus

Ayer Pablo Herranz, presidente de la aefcft hasta final de año, envió la siguiente nota a la lista de correo de la asociación:

Se informa a los socios y aficionados que Pórtico-Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror ha firmado un contrato según el cual la editorial Bibliópolis editará en varios volúmenes la historia de los premios Ignotus en las categorías de relato y novela corta, llegando a un cnotrato con cada uno de los autores.

Desde la junta de la AEFCFT nos gustaría recalcar la importancia que esta antología tendrá para la difusión del premio Ignotus y para los autores distinguidos por el galardón, así como por constituir una historia de nuestro género a través de algunas de sus obras más señeras.

Una fenomenal noticia que da pie a que en los próximos años se vaya creando una colección de cariz similar a las que reúnen los premios Hugo o Nebula. Esperemos que el editor imite a las antologías que prepara la SFWA y a parte de recoger las diferentes obras premiadas en castellano ofrezca un contenido adicional que recoja el estado del fantástico, literario y cinematográfico, de cada uno de los periodos recopilados.

El listado de narraciones se puede extrapolar del listado de premios que figura en la página de la asociación. Para que se hagan una idea, dividiéndolas en una extensión más o menos uniforme que, creo, podría entrar en un volumen de la colección de bolsillo de Bibliópolis, me salen hasta el momento cuatro volúmenes de la siguiente manera (es sólo una hipótesis, por aquello de que me sobra el tiempo):

De 1991 a 1996
«La estrella» – Elia Barceló
«A tumba abierta» – Rafael Marín
«Estado crepuscular» – Javier Negrete
«En un vacío insondable» – Juan Miguel Aguilera y Javier Redal
«Castillos en el aire» – Rodolfo Martínez
«Maleficio» – Juan Miguel Aguilera y Javier Redal
«El Robot» – Rodolfo Martínez

De 1997 a 1999
«Un jinete solitario» – Rodolfo Martínez
«El bosque de hielo» – Juan Miguel Aguilera
«Dar de comer al sediento» – Eduardo Gallego y Guillem Sánchez
«Mi esposa, mi hija» – Domingo Santos
«La máquina de Pymblikot» – Daniel Mares
«El decimoquinto movimiento» – César Mallorquí

De 2000 a 2002
«Este relámpago, esta locura» – Rodolfo Martínez
«En las fraguas marcianas» – León Arsenal
«Rax» – Eduardo Vaquerizo
«La canica en la palmera» – Rafael Marín
«Contra el tiempo» – Juan Miguel Aguilera y Rafael Marín
«Fortaleza de invicta castidad» – Eduardo Gallego y Guillem Sánchez

De 2003 a 2005
«El mito de Er» – Javier Negrete
«Origami» – Santiago Eximeno
«Imperio» – Ramón Muñoz
«Negras águilas» – Eduardo Vaquerizo
«Amanecer» – José Antonio Cotrina
«La niña muerta» – José Antonio Cotrina

Hay nombres que se repiten bastante y sepultan otros escritores que han hecho cosas importantes todo este tiempo (joer, no me había dado cuenta que no está «El coleccionista de sellos»; así son los premios), títulos que ya tenemos en otros sitios (incluso hasta varias veces),… Pero supone una iniciativa editorial de esas llamadas a darle todo el bombo posible y que no debiera faltar entre los aficionados al fantástico español.

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La literatura fantástica española y la especulación (IV): El cyberpunk en España

El cyberpunk es una corriente que marcó la ciencia ficción anglosajona durante parte de la década de los ochenta. Con un conjunto de influencias heterogéneo que abarcaba fuentes como la obra de Samuel R. Delany, John Brunner o Philip K. Dick, y novelas como Las estrellas mi destino y El hombre demolido de Alfred Bester, o Jinetes de la antorcha de Norman Spinrad, consiguió un rutilante impacto trascendiendo el propio género para diluirse a los pocos años.

Simplificando, surgió como una tendencia que ponía de manifiesto el cambio que se estaba produciendo en el ser humano debido a su relación/dependencia con la tecnología informática, caracterizado por el ubícuo nexo hombre-máquina (con una acepción de máquina que trasciende la que todos tenemos en mente), y contenía una fuerte componente política de respuesta a una sociedad en la que el liberalismo y el control por parte de grandes corporaciones amenazaba (y amenaza) con cohartar las libertades individuales.

No obstante, mientras que en las obras fundamentales del cyberpunk estos aspectos eran evidentes, posteriormente fueron un poco arrinconados, quedando la etiqueta aplicada de forma generalista a narraciones de una estética muy precisa que tienen lugar en un futuro cercano, en urbes más o menos populosas y contaminadas, con un argumento de pura novela negra y la existencia de IAs, armamento futurista, drogas y el imprescindible cyberespacio.

Centrándonos en España, aunque su «estética», a través del éxito de Blade Runner entre el pensamiento oficial, estaba presente a comienzos de la década de los ochenta, literariamente tardó en llegar unos cinco años, hasta que Minotauro publicó la Trilogía de Sprawl con Neuromante. Un hecho que coincidió en el tiempo (1989) con la publicación de la Trilogía del Budayen de George Alec Effinger y la posterior llegada de otros títulos como Islas en la red o la menor Metrófago. A pesar de que libros fundamentales en su génesis, como la antología fundacional Mirrorshades, los relatos de Gibson de Quemando cromo o la space opera definitiva de Bruce Sterling Cismatrix, llegaron con retraso respecto a los títulos citados anteriormente, los autores españoles más importantes surgidos del fandom asumieron con facilidad su modus operandi y la han convertido probablemente, si atendemos a su presencia, en la temática más utilizada de la última década.

El ejemplo paradigmático lo tenemos en la obra de Rodolfo Martínez, con novelas como La sonrisa del gato o la reciente El sueño del Rey Rojo, y relatos como «Un jinete solitario» (según sus propias palabras, está condenado a tocar el cyberpunk desde el día que dijo que no le gustaba); o en la de José Antonio Cotrina y sus dos novelas cortas enclavadas en el universo del cambio: Mala racha y Salir de fase. Hay más ejemplos, como Rax de Eduardo Vaquerizo, la obra de Joaquín Revuelta, varios relatos de Armando Boix o Manuel Díez Román,… pero prefiero centrarme en los dos primeros autores porque son los que conozco más de cerca y evitan la dispersión.

¿Qué relación tienen estas narraciones con la realidad en que vivimos? ¿Se dedican únicamente a crear una trama aventurera con personajes de una cierta profundidad o tienen una lectura adicional con ese calado que estamos buscando? No he leído La sonrisa del gato, pero mirando por encima las otras obras que cito, sí que encuentro la especulación de marras; sin el compromiso militante de las obras seminales del cyberpunk pero con una muestra de que hay algo más.

Sobra decir que, ni de lejos, estamos ante historias que saquen el bisturí y nos metan de lleno en la sociedad española actual. No se habla de asuntos como la educación, el nacionalismo, el transporte, el futuro del país,… Pero detrás, sin arañar demasiado, estamos todos nosotros y preocupaciones que nos afectan de primera mano: el control de la sociedad, la pérdida de la privacidad y la vulneración de la intimidad, la limitación que amenaza nuestra libertad, el crecimiento de las grandes corporaciones que poco a poco reemplazan a los estados, todo lo que conlleva la realidad virtual y el cyberespacio,… Ese mundo globalizado y tecnificado en le que, queramos o no, ya vivimos y en el que los pequeños colectivos y el individuo cada vez importan menos.

No puedo negar que son libros en los que muchas veces la pirotecnia se acaba tragando el mensaje y que no plantean soluciones a los problemas. Pero su relación con nuestro presente (el de España) es irrefutable, además abordado con un carácter que podríamos llamar propio. No hay vulgares imitaciones de lo que nos llega de anglosajonia sino que cuentan con una personalidad diferenciada y, en algún caso, acusada.

Incluso encuentro algún ejemplo que está todavía más cerca: Cinco días antes, de Carlos Castrosin, premio Ignotus a la mejor novela del año 2003. Una obra que comparte algunas características cyberpunks, como una trama que bebe de la novela negra y el polar, un personaje protagonista de pasado oscuro y un desarrollo en un futuro cercano donde la informática y las redes son omnipresentes. Aunque, de todas todas, carece de ese punto mencionado de cómo el hombre se ha unido a la máquina y, por lo tanto, no se puede etiquetar como tal.

A pesar del premio que se llevó (hubiese sido preferible que se lo llevase el señor desierto), es una novela que atormenta con unas taras considerables, como una depuración narrativa y literaria deficientes, pero que, por contra, sí que aparece la faceta que andamos rastreando en estas erráticas entradas: una innegable relación entre su argumento y la sociedad que vemos día a día en nuestro país. Se desarrolla en él dentro de unos años, en una ciudad vertical construida en las proximidades de Benidorn, Supra Beni, donde campan por sus respetos terrorismo de ladrillo y la especulación urbanística; la consiguiente corrupción política; la venida de ciudadanos europeos buscando un retiro dorado repleto de lujos, tranquilidad, sol, todo tipo de diversión,…; focos de marginalidad;… ¿Les suena?

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