Deducciones erróneas

Esto de escribir sobre literatura desde la más absoluta falta de formación, la escasez de medios y una relativa dejadez hace que a veces acabes construyendo opiniones no sólo en base a las lecturas realizadas e interpretaciones más o menos encauzadas, sino a lo que te dicta la lógica directa vulgar. Un ejemplo.

Tienes una serie de datos:

a) Has leído Tropas del espacio
b) Encuentras unas ideas promilitares del carajo que colisionan de pleno con tu visión de lo que debería ser el mundo y la democracia.
c) No te gusta la ideología tipo que se marca su autor en otras de sus novelas, caso de Amo de títeres

Conclusión: Es un facha del carajo.

Pero después lees un poco más, descubres otras como (la mediocre) Estrella doble en la que el autor hace un alegato en contra de la xenofobia, te informas, escuchas más opiniones… y llegas a la conclusión que Heinlein dista un abismo de ser un facha. Estás ante ese ultraliberal el gobierno jamás tiene la mejor solución que tan bien queda representado por uno de los personajes que John Varley recrea en Trueno rojo (sí, aquí debería haber puesto el prototípico personaje guía de Heinlein, pero resulta ta cargante…)

La lógica directa vulgar conduce, en muchas ocasiones, a resultados precipitados, falsarios, equívocos,…

Les cuento esto porque un servidor había llegado a la errónea conclusión de que César Mallorquí había dejado de escribir ciencia ficción porque la literatura juvenil daba (y da) mucho más dinero y prestigio. Sin embargo, como ha dejado escrito en su blog durante las dos últimas semanas, el motivo fue otro.

El problema que veía en la cf española era su dependencia de los modelos anglosajones; sobre todo, los norteamericanos. Demasiado mimetismo, pensaba yo; y me preguntaba: si te dieran a escoger entre un Rolex auténtico y otro de imitación, ¿cuál elegirías si costaran lo mismo? La respuesta es evidente. Pues bien, mi proyecto fue buscar una voz propia para cf española, contemplar los grandes temas del género, pero desde la perspectiva de nuestra realidad, española o europea. El resultado de ese proyecto fue la antología El círculo de Jericó y las novelas cortas La vara de hierro y El coleccionista de sellos, así como un puñado de artículos donde intentaba explicar lo que yo creía que debía ser la cf en nuestro país.Finalmente, acabé pensando que mis ideas sólo servían para crear polémica. Luego, pensé que no estaba de acuerdo con la mayor parte de la cf que se publicaba en España y, un segundo más tarde, comprendí que en realidad no estaba de acuerdo con la práctica totalidad de la cf mundial. Entonces, ¿para qué seguir? Abandoné el género a mediados de los noventa; desde entonces, sólo he escrito algún que otro esporádico cuento. Y lo lamento, porque me gusta escribir cf; pero, ¿qué sentido tiene?

Aquí uno tiene que suspender la incredulidad y olvidarse del tema económico. Pero leyendo las opiniones que ha ido dejando en las últimas semanas en el blog de Julián Díez y recordando algunos artículos escritos para Gigamesh (sobre todo aquél del año 95: «Por qué no fui a la HispaCon»), queda claro que ha sido terriblemente consecuente con su visión de la ciencia ficción actual. Visión que comparto en una parte mientras que en otra… pues sobra decir que no. Sólo hace falta haber leído algunas de las entradas que he escrito en el Aburreovejas.

Sin embargo me tengo que rendir ante la coherencia de su discurso y la lucidez que se puede apreciar en él. Y padecer sus consecuencias. Como tantos otros lectores necesito más historias como «El rebaño», «El coleccionista de sellos» o «La casa del doctor Pétalo». Narraciones mayúsculas que sólo hay una persona que puede escribir.

Tendremos que seguir conformándonos con sus novelas juveniles y su blog.

Las pruebas de cargo:

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Albert Monteys. Uelcom tu de rial worl.

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Chocando con los prejuicios

Acabamos de volver del cine de ver Crash, de Paul Haggis (el mismo tío que creó ese «clásico» de la televisión: Walker Texas Ranger), candidata a varios Oscar importantes (premios de los que se ha caído, incomprensiblemente, Match Point). Y nada, que si escribo sobre ella es para recomendarla sin paliativos. Una recomendanción que, supongo, llega tarde: lleva varias semanas en cartel. Pero que no me podía callar.

Crash es una película coral que engarza múltiples historias que componen un fresco multicultural sobre cómo nos enfrentamos a nuestra vulnerabilidad. Ese miedo tan característico a que entren en nuestra casa y rompan de lleno el sueño en que vivimos; a que aquéllos que tienen que salvaguardarnos del crimen y del dolor no lo hagan; a que nuestra pareja nos ponga los cuernos con un compañero del trabajo; a que a uno de nuestros hijos muera por la acción una bala perdida; a perder nuestra posición social; a la explotación; a no adaptarse; a la muerte; al otro;…

Tanto el guión como la realización de Haggis ilustran con una precisión y una contundencia dignas del mejor engendro siembramuertes del ejército estadounidense la fragilidad del hombre moderno y los escudos con los que éste se defiende: odio, intransigencia, sumisión, rebelión, impotencia, intolerancia, venganza, fanatismo, mansedumbre,… Sentimientos y reacciones que explotan en distinto grado con cada personaje y que producen unas reacciones a veces previsibles otras insospechadas.

La labor de engarce del conjunto y el trabajo sobre los personajes, a pesar de remitir a patrones archisabidos, son sobresalientes. Porque, además, Crash subvierte cada estereotipo que toca. Tenemos los chicos negros de barrio con su charla sobre discriminación racial y tópicos que ellos mismos mantienen, el negro que ha conseguido medrar a base de olvidar sus raíces, el que es utilizado con fines políticos, el policía blanco con comportamientos racistas, su compañero adalid de la lucha por la igualdad, el musulman vapuleado que se refugia en la ira,… Moldes que asientan una base que salta por los aires cuando la endeblez de los prejuicios queda al descubierto. Por mucho que tengamos asentada una idea, un comportamiento, una forma de actuar,… la vida nos pone ante situaciones que las ponen en cuestión y generan resultados opuestos a los esperados.

Al final, como bien descrubrió Dick, es la empatía la que nos hace humanos, y hay que despertarla a base de choques como éste. De ahí que me encante el título.

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Definición de ciencia ficción de Philip K. Dick

Philip K. DickA lo largo de esta semana he leído Idios Kosmos, el ensayo de Pablo Capanna sobre Philip K. Dick y las claves de su obra. Un estudio memorable que, como dice Julián Díez en el prólogo, supone el culmen de los ensayos sobre ciencia ficción escritos en castellano, muy por delante de cualquier otro, y que constituye un modelo a seguir que dudo haya gente capacitada para abordar en la misma medida. Pero esta valoración la dejo para mediados del próximo mes cuando le dedique la sección de «Libros sabrosos».

Quería dejar constancia aquí de una definición de ciencia ficción enunciada por Dick tan peculiar como apropiada.

La ciencia ficción presenta bajo la forma de ficción una visión excéntrica de lo normal o una visión normal de un mundo que no es el nuestro

Tiene sus excepciones y su segunda «parte» no me termina de convencer. Sin embargo acoge en su seno las ucronías o la obra del propio Dick, que acostumbran a quedarse fuera en las definiciones más clásicas.

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El espíritu del mago

Tramórea vive uno de sus peores momentos en un periodo caótico. En plena locura milenarista, la horda Aifolu busca la resurrección de un antiguo dios para inducir la caída de la humanidad. Además un mal desolador proveniente del Norte ha forzado a huir de Migranz a la Horda Roja en busca de un nuevo lugar de asentamiento, los piratas medran en el Mar de Ritión y en la polis de Narak las casas dominantes quieren cercenar la democracia que rige su destino. En este contexto Javier Negrete coge los personajes fundamentales de La espada de fuego, Derguin Gorion y Kratos May, dos años después de los acontecimientos que pusieron dicho objeto mágico en poder del primero, y los separa hacia posiciones difícilmente conciliables: Derguin entrenando a un pequeño ejército en Narak y Kratos viajando hacia Malib con la Horda Roja, con una lesión de hombro que mengua su potencial como maestro de la espada. Mientras, en igualdad de condiciones, sitúa, al menos, otros dos conductores: el adolescente Darkos en Ilfatar y el peón de Derguin entre los Aifolu, Kybes. Cada uno por su lado verá sumergida su vida en el aroma apocalíptico que rezuma el paisaje, se sobrepondrán a múltiples adversidades, desentrañarán varios misterios y avanzarán hacia un desenlace en el que, sobra decirlo, terminarán coincidiendo.

Si en el comentario sobre La espada de fuego hacía hincapie en que apenas ofrecía nada nuevo bajo el sol, no se puede decir que la técnica utilizada para establecer la trama y el progreso de El espíritu del mago sea flamante. Los cuatro protagonistas tienen un status quo que se expone, desarrolla y asienta con abundancia de detalles, se facilita que el lector se familiarice con él y empiece a elucubrar sobre lo próximo que va a ocurrir, y, llegado el momento, se sacuden estas concepciones con un buen meneillo para avanzar a un punto de partida desde el que establecer una nueva iteración. Un esquema que bebe de argumentos conocidos y se repite con una puntualidad británica cada vez que su curso corre el peligro de arremansarse en un meandro de rutina. Sin embargo la perspicacia con la que Negrete ejecuta sus movimientos reitera su fama de consumado narrador.

Las diversas elecciones argumentales que establecen requiebros son congruentes con el devenir de los acontecimientos; los personajes actúan, se enquistan, tropiezan y progresan con sentido; se exhiben los nuevos escenarios, si cabe, con mayor detalle; la unión entre fantasía y ciencia ficción vuelve a enriquecer el conjunto; aunque la narración beba de ideas ya conocidas (genial el homenaje al Lyonesse de Vance) los estereotipos quedan más ocultos;… Se aprecia una madurez superior a la exhibida en La espada de fuego que lo hace todavía más disfrutable por los amantes de la fantasía heroica o, por qué no reconocerlo, las novelas de aventuras.

Y es que resulta casi imposible resistirse al mesmérico embrujo al que nos conducen las vicisitudes que viven Derguin, Kratos o Darkos. Ese hipnótico reclamo tan difícil de engarzar que supone la pregunta ¿qué sucede después? cobra en El espíritu del mago renovado sentido, conduciendo una historia inteligente, en apariencia sin demasiado trasfondo (aunque ahí están la sinrazón de la guerra, la locura del fundamentalismo, la importancia de la amistad,…) ni novedades, a base del talento que sólo un soberbio contador de historias puede desplegar.

Sin embargo, y parece que es mi estado habitual de los últimos años, no me termina de convencer la extensión del libro. No tanto por la preconcepción de tener a Negrete como un autor de novelas cortas que ha pasado a escribir un novelón de más de 700 páginas de apretada letra. Este novelón, como ya he dicho, tiene los engranajes bien engrasados y está preparado para sobreponerse ante tal engrosamiento. El autor hace un alarde de cómo colocar la zanahoria delante de su presa para hacerla avanzar con una fluidez intachable. No obstante, aun reconociendo lo dicho, aprecio que las historias que componen la trama no están igual de afiladas. Una de ellas en concreto, la de Kybes, se encuentra tan superada por el resto y queda tan diluida que quizás debió desaparecer en la mesa de montaje. Competir con personajes carismáticos como Derguin o (sobre todo) Kratos se antoja imposible y lo que aporta sobre los Aifolu es suplido por las correrías de Darkos, desequilibrando un conjunto que se resiente en un par de momentos…

…hábilmente superados cuando definitivamente se acelera el tempo y se aproxima la explosión final de las últimas cien páginas. Un desenlace que rememora el aroma épico de batallas como la del Abismo de Helm, los Campos de Pelennor, la de Aguasnegras, las de la Camarga o, pasando a un entorno tan diferente (y, al final, no tan alejado), Rorke’s Drift. Lástima que el edulcorado epílogo a lo Nueva esperanza empañe levemente su regusto, que anima no sólo a leer el reciente premio Minotauro de Negrete sino a que su autor se ponga ipso facto con la siguiente novela.

Después de los duelos a espada del final de La espada de fuego y el enfrentamiento entre ejércitos de su continuación uno no puede resistirse a descubrir qué ocurrirá cuando los dioses, definitivamente, vuelvan a Tramórea. E, independientemente de lo que ocurra, estamos ante una serie que, de aquí a unos años, va a marcar un hito en la literatura fantástica Europea. Esperen y vean.

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La espada de fuego

Ayer por la noche terminé, después de remolonear unos días, El espíritu del mago, novela en que Javier Negrete retorna al escenario de La espada de fuego. Como es una obra notable, de lo mejorcito que se puede encontrar ahora mismo en fantasía heroica, aprovecho la ocasión para recuperar la opinión que escribí a comienzos de mayo de 2003 al poco de salir el libro original, en pleno frenesí orientado a dar forma a aquel especial ya casi olvidado que le dedicamos en cYbErDaRk.NeT.

Antes de comentar nada, hay que reconocerle a Negrete (entre otras cualidades; Julián Díez le dedicaba hace unos días uno de sus perfiles y, por lo poco que conozco a Javier, lo clava) su enorme versatilidad: ha tocado gran número temáticas con un acierto digno de encomio. Space opera desopilante (La mirada de las furias), con aires mitológicos («Lux aeterna»), relato de mundos perdidos (Nox perpetua), fantasía metafísica («La luna quieta»), fantasía juvenil (Memoria de dragón), horror científico («Buscador de sombras«),… Y con la serie que comienza en La espada de fuego, que iba a publicar a comienzos de los noventa la fenecida colección de fantasía de Nova, demostró que también puede hacer un buen papel en el difícil campo de la fantasía heroica, donde la competencia es atroz y escribir algo meritorio una entelequia al alcance de unos pocos elegidos. Más teniendo en cuenta que los elementos de los que partía eran escasamente novedosos.

Porque en La espada de fuego encontramos al consabido joven predestinado a ser el Héroe con hache mayúscula, un mago sabio que lo acompaña, un tutor que le enseña los secretos de la lucha con espada, un objeto que otorga al que lo posee un poder casi absoluto, una contienda por conseguirlo, un mundo a punto de entrar en un periodo caótico, viejos dioses deseando volver a sembrar la destrucción,… Nada nuevo bajo el sol. Por fortuna, lejos de contentarse con hacer un buen trabajo sobre este arquetípico esquema, Negrete gusta de introducir variaciones que le dan un sabroso y socorrido relieve.

Así, a medida que se va indagando en la historia pasada del mundo, Tramórea, descubrimos que no estamos ante una novela de fantasía al uso con un mundo imaginario que no tiene nada que ver con el nuestro, sino que, en la misma tradición de El libro del sol nuevo de Gene Wolfe o La Tierra moribunda de Jack Vance, nos situamos ante un futuro lejano en el que se ha perdido toda noción de la historia pasada, más allá de las consabidas leyendas que hay que interpretar para descubrir cómo se ha llegado hasta aquí. De esta manera pronto empiezan a surgir los mitos o los cachivaches y recursos fruto de una tecnología tan complicada de entender que se ha terminado por asemejar a la magia, y que aparecen como algo sobrenatural. Éste es el caso, por ejemplo, de las «aceleraciones» que experimentan los caballeros que combaten a espada, que más que en saberes arcanos se fundamentan en una segregación brutal de adrenalina producida por el propio luchador gracias a alguna modificación sufrida en su cuerpo. Aunque, oportunamente, también hay elementos nada fáciles de explicar y que mantienen el necesario misterio sobre el escenario.

Otro aspecto a destacar es un comportamiento de los personajes que, ciñéndose a los viejos cánones de la fantasía heroica, tienen una vertiente humana nada desdeñable. Sí, los malos son muy malos y los buenos tan buenos y tontos como lo han sido siempre, pero con matices imprevistos. Como que el protagonista traicione sus votos y obre de una forma nada pura, cosa extraña en libros donde abundan los campeones de la virtud más santos que San Antonio, o la reacción de su primer interés emocional cuando las cosas no salen como le gustaría

Pero, a mi entender, el gran acierto de La espada de fuego está en que desde el mismo comienzo presenta con fluidez un universo complejo, veraz y asequible. Cuando penetramos en Tramórea estamos en un nuevo mundo repleto de lugares que situar en un mapa, neologismos a los que hay que encontrar significado, costumbres ignotas y una historia pasada nada trivial. No obstante, esta aparente dificultad es casi inexistente. Todo fluye con naturalidad y a pesar de tener al final un amplio glosario de nombres y términos casi no es necesario acudir a él; se puede ir adivinando el significado de cada término analizando simplemente el contexto en el que se encuentra.

A esta asequibilidad contribuyen las inevitables referencias al mundo antiguo surgidas de su pasión por la Grecia clásica, escondidas aquí en múltiples lugares como el panteón de dioses al completo, con clara inspiración Lovecraftiana, esos pitagóricos que estructuran el reino de Ainar (y que permiten observar cómo sería una sociedad regida por sus principios), los ritos espartanos a los que se ve sometido el protagonista durante su formación, o el consabido pueblo de amazonas donde las mujeres ocupan los puestos que los hombres detentan en una sociedad medieval. Pero a diferencia de La mirada de las furias, donde estos «homenajes» llegaban a hartar por su sobreabundancia y la falta de credibilidad en que desembocaban, aquí están insertos de una forma que sólo se puede tildar como coherente.

Otro de los aspectos que funciona de fábula es el Tahedo, el arte de la espada que practican los guerreros Tramoreanos, planificado con total precisión para regocijo de los que gustan de los duelos con arma blanca. Se nota que el autor ha hecho los deberes exhibiendo unos combates bien descritos y fáciles de seguir. Incluso, se permite el lujo de experimentar con la narración al contar uno de ellos desde los pensamientos que tienen cada uno de los dos personajes que lo está librando, en una secuencia deliciosa.

A esto hay que añadirle la prosa usual en Negrete, uno de los mejores narradores de nuestra moderna narrativa fantástica al que leer es todo un placer. Siempre ofrece unas descripciones suculentas, nada alambicadas, unidas a unos diálogos inteligentes y espontáneos. Sin embargo esta vez la estructura que tan buenos resultados le ha deparado en sus novelas cortas, aquí ofrece algún que otro punto débil, quién sabe si debido a que es una novela cuyo germen apareció hace más de quince años. En sí la acción tarda demasiado en arrancar y la transición de la primera parte a la segunda es abrupta y poco conseguida, escondiéndose en un semi-flashback que no llega a funcionar. En un par de momentos los buenos se salvan por la aparición del séptimo de caballería que por arte de birli birloque pasaba por allí, la persecución entre magos de la última parte se alarga más de lo necesario y el desenlace es de esos de los que te deja con cara de tonto preguntándote ¿y esto es todo? Aunque supongo que tiene una explicación: es el ideal para escribir más aventuras en ese mundo. Hecho que se concretó el año pasado con la publicación de El espíritu del mago, con una factura indudablemente más hecha.

Todo esto redondea un estimable libro de fantasía heroica que no palidece en comparación a los mejores libros de este subgénero publicados últimamente. Sin duda queda por detrás… aunque no tanto como algunos pueden creer.

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Encuentro con la literatura fantástica (Intertertulias – P.A.)

Ayer lanzamos el segundo correo informativo sobre la reunión de tertulias que va a tener lugar el segundo fin de semana de Marzo en Santander. Uno de los dos momentos estelares estará situado el viernes por la tarde cuando en el Centro Cultural Modesto Tapia de Caja Cantabria realicemos un «Encuentro con la literatura fantástica».

Aprovechando que a Santander van a acercarse algunos autores importantes, desconocidos fuera del entorno del fandom, no podíamos desaprovechar la ocasión de realizar en un foro público una presentación abierta a la mayor cantidad de público posible, especialmente orientada el lector de a pie inquieto e interesado en descubrir nuevas opciones. En nuestra búsqueda de un lugar donde realizarlo hemos tenido la fortuna de encontrarnos con las puertas abiertas de la Obra Social de Caja Cantabria y su director, Juan Muñiz. Fruto de ese interés saldrán dos horas y media en las que Rodolfo Martínez, José Antonio Cotrina y los chicos de Paura serán los protagonistas. Además el colectivo Avalón hará una presentación de la AsturCon de este año, que parece ya está bastante perfilada.

Nuestra intención es movernos lo máximo posible para darle la máxima difusión posible. El día anterior vamos a contar con el poder de convocatoria de la Caja para realizar (¡glubs!) una rueda de prensa en la que explicaremos a los medios regionales de qué va todo esto, a ver si conseguimos concitar un poco de atención sobre el encuentro, se entrevista a alguno de los autores, se dedica en prensa un sustancioso espacio a las presentaciones,…

Igualmente hemos preparado (concretamente, Jean Mallart) un cartel que vamos a situar en diversos lugares de la geografía Cántabra (según lo permitan las posibilidades de los miembros de la tertulia), y el siguiente tríptico, del que esperemos poder hacer una tirada amplia. Nació con la voluntad de ser un programa del acto, para que la gente sepa quién es cada uno de los intervinientes y tenga una referencia, pero esperamos utilizarlo también como herramienta publicitaria. Todavía hay que hacer alguna modificación, pero su aspecto es harto apetecible.

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Ni la madre que la…

Han pasado cinco años desde que Planeta se hizo con Minotauro, y un poco menos desde que adquirió Timun Mas. Un periodo en el que la línea editorial de la primera, manteniendo la inercia, ha ido virando lentamente hasta encaminarse en una dirección inusitada, mezclando continuismo con perpendicularidad. No voy a incidir mucho en los cambios porque ya se ha hablado bastante de ellos.

La segunda, sin variar sus señas de identidad, ha iniciado la publicación de una serie de autores llamados a introducir más calidad en su catálogo, como R. Scott Baker o Steven Erikson, que, me parece, no están recibiendo la atención que debieran (al menos el segundo, seguramente por la división en dos tomos de su primera novela); o han recuperado uno de esos iconos que debieran estar siempre disponibles como es el Conan de Robert E. Howard.

Una de las sendas transitadas por la nueva Minotauro, y por la que no se deja de felicitarla, es la inclusión de autores españoles entre sus lanzamientos; ya sea apostando por novelas pre existentes o surgidas a raiz de su meritorio premio de novela. Una iniciativa que ha dinamizado la escritura de literatura fantástica en español, permitiendo la aparición de libros con un nivel (la mayoría) entre digno y notable.

Ahora bien, estamos en un momento en el el asunto está tomando un cariz que traspasa el territorio de lo desconcertante para introducirse en el de lo incomprensible. El culmen de este golpe de timón se puede observar durante este primer trimestre de 2006.

En enero se publicó en un único tomo La leyenda del navegante, de Rafael Marín, una «continuación» de Cinco días antes, de Carlos Castrosín, y la reedición del segundo volumen de los cuentos de Dick. En febrero tenemos una antología recopilada por Julián Díez con relatos ucrónicos centrados en la España de Franco y un thriller histórico conspiratorio de León Arsenal del que hablaré más adelante. En marzo tendremos una nueva novela de Douglas Clegg (a alguien le debió gustar La hora antes de la oscuridad) y el premio Minotauro de novela.

Haciendo un cómputo, cinco libros en español de siete.

Mientras, da la casualidad que Timun Mas, que no se caracteriza por publicar autores españoles, tal y como se puede ver en sus lanzamientos de enero y marzo, publica en febrero únicamente dos novedades: Las cuatro damas, de Adolf J. Fort, y La maza sagrada, de Andrés Díaz.

Mi instinto preservador me dice que sea políticamente correcto y alabe este apoyo decidido hacia nuestros autores. Y en parte sería cierto: es algo tan positivo como necesario. Pero estamos llegando a un punto en que no puedo callarme lo excesivo que resulta. Esencialmente por una cuestión de medida.

La literatura fantástica escrita en nuestro idioma no ha llegado a un nivel de calidad como para pensar que puede desbancar de esta manera a lo que nos llega de anglosajonia. Más si, como parece, el trabajo de nuestros escritores no se está viendo refrendada por un apoyo en consonancia por parte de los lectores. Baste observar el discurrir de los libros en las librerías que tengan a su disposición, las diferentes listas de ventas, la repercusión entre los lectores de internet o lo ocurrido con el premio Minotauro, que vio en su primera edición publicadas las cinco novelas finalistas y que en la segunda edición ha quedado reducida únicamente a dos. Aunque este año se prevee la publicación de una tercera… que será la última en aparecer bajo esta editorial.

Se puede aducir que muchos autores extranjeros que Minotauro tiene a bien publicar por aquí, caso de John Crowley, Gene Wolfe o J. G. Ballard, no tienen en España unas ventas mucho mejores (quizás ahí esté una de las razones; para lo que venden igual sale más rentable apostar por el producto nacional). De ahí que, por ejemplo, Angela Carter, uno de los buques insignia en tiempos de Porrúa, se haya volatilizado de sus fondos. Pero si la editorial tiene el prestigio que todavía tiene es por algo. Y, sinceramente, no sé hasta qué punto aspira a mantenerlo…

… si además publica El espejo de Salomón, de León Arsenal. Que no es el primer libro no fantástico que publica Minotauro, pero que me preocupa por lo que implica. Si en los últimos años se habían editado diversos títulos que señalaban una tendencia a la baja en la publicación de autores extranjeros, con la llegada de títulos de escritores de muy segunda fila (Pierre Pevel, Douglas Clegg, Simon Clark,…), ahora estamos con la penetración en el catálogo de un elemento distorsionador que amenaza con romper, de facto, la coherencia que al menos conservaba en la temática de las obras.

No he leído el libro, no dudo de su calidad o la de su autor (de hecho, como comentaba ayer en la tertulia de Santander, tengo pensado leerlo en breve), pero observar su sinopsis y conjeturar en qué terreno está penetrando Minotauro es todo uno.

Alejandra Espinosa, historiadora en paro, oye hablar por casualidad, durante una reunión de antiguos compañeros de estudios, acerca de un libro muy extraño, fechado en el siglo XIX y descubierto por casualidad por un amigo mientras catalogaba una biblioteca popular. Ese libro está escrito en ulfiliano, el antiguo alfabeto de los visigodos, y en el prólogo se afirma que es la copia de un texto medieval. Intrigada por ese hallazgo misterioso y sospechando que pueda ser una falsificación histórica, tema del que es una apasionada, se decide a investigar acerca del mismo.Esa investigación la va a conducir a una cadena de la que el propio libro no parece ser sino un eslabón más, y que parece remontarse a lo largo de los siglos, desde nuestros días a la época de los reyes visigodos. Una trama oculta que ha involucrado a sociedades secretas y personajes públicos de lo más variopinto, todos ellos en pos de un objetivo que no acaba de aparecer claro. También va a llegar a otra conclusión en muy poco tiempo: la de que todo aquel que se interesa por el libro y se acerca demasiado a él, parece verse expuesto al peligro, o incluso a una muerte violenta.

(creo que es hora de que José Antonio Cotrina se ponga a escribir, en serio, aquel Código Cervantes; cada vez me suena menos descabellado)

En una editorial que publicase cuatro o cinco novedades al mes, introducir uno o dos libros de este tipo no supondría mayor problema, siempre que mantuviese el resto. Pero publicando apenas dos o tres novedades al mes, supone un riesgo muy grande.

¿Hace falta explicar lo que ocurrió con Martínez Roca cuando, mientras mantenía la colección Gran Super Ficción, se lanzó a publicar franquicias de Star Wars? La diferencia es que ahora estamos ante un nuevo tipo de franquicia, que podríamos llamar definitivo.

Que sólo sean imaginaciones mías y alarmismo injustificado.

Nota: Leo en Stardust cuáles van a ser parte de las novedades de Minotauro para el resto del año, y veo que sí que hay autores anglosajones de calidad (Le Guin, Wolfe, Crowley), más la vuelta de Max Frei. Supongo que faltan de atar otras novedades nacionales, porque si no no entiendo esta descompensación observada en el primer trimestre.

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Novedades de Bibliópolis para el primer semestre de 2006

Como es tradición, Bibliópolis ha hecho pública la lista de títulos previstos para el primer semestre de 2006, que cuenta con el habitual sistema de provechosas suscripciones, mejorado para la ocasión. A la lista hay que sumar La frontera del norte, del autor polaco Feliks W. Kres, Línea de sueños, del ruso Sergei Lukianenko, y Metropol, de Walter Jon Williams, previstos para los últimos meses de 2005 pero que no han podido publicarse por problemas de tiempo.

Los libros son:

La ciudad del grabado
K.J. Bishop

Premios Ditmar y William L. Crawford y finalista del Premio Mundial de Fantasía y el International Horror Guild. En la decadente ciudad estado de Ashamoil, Gwynn el militar pone sus pistolas al servicio de los traficantes de esclavos, mientras que Raule la curandera, truncada su esperanza de entrar en el Colegio de Medicina, se resigna a auxiliar a los desfavorecidos en un hospicio. Pero la aparición de una enigmática admiradora que envía grabados en los que aparece Gwynn demuestra que la corrupta y bulliciosa Ashamoil les reserva todavía unos destinos muy distintos.

Tierra de cometas
Keith Roberts

Finalista de los premios John W. Campbell Memorial y British Science Fiction, incluye el capítulo “El maestre”, ganador del premio BSFA. Cada día, a lo largo de todas las fronteras del Reino, las cometas vuelan para protegerlo del regreso de los demonios. En ellas hacen su guardia los aeronautas, armados con pistolas y libros sagrados. Pues ésta es la doctrina de la Iglesia Variante, espina dorsal de la sociedad surgida tras la catástrofe: que los demonios vuelan por el aire y tienen forma de pez, plateados y con aletas, y que sólo la vigilancia constante impedirá que las Malas Tierras que rodean el Reino arrojen sobre él su aliento mortífero.

La hija del dragón de hierro
Michael Swanwick

Finalista del Premio Mundial de Fantasía y del premio Arthur C. Clarke, y seleccionado por The New York Times como libro del año. Jane era una muchacha que trabajaba esclavizada en una fábrica de dragones de hierro. Su vida constituía una pesadilla, pero tenía una esperanza: le parecía que había nacido con el solo propósito de robar un dragón algún día. Los oía gritar supersónicos por el cielo, impulsados por cólera y gasolina. Sentía su tirón gravitacional, la estela sobrecalentada de su paso. Y se veía a lomos de uno yéndose lejos, lejos, lejos.

Los viajes de Joenes
Robert Sheckley

La nueva traducción de este clásico de Sheckley incluye además la antología Store of Infinity, inédita en castellano. «Su libro más divertido, con ese afilado humor que ha distinguido su obra. (…) Joenes es un joven afectuoso e inocente de comienzos del siglo XXI que se ha criado en la Polinesia. A los veinticinco años, tras haber leído la biblioteca de su padre, se dispone a descubrir por sí mismo el mundo. (…) Vive una serie de aventuras inverosímiles, colmadas de personajes excéntricos y de historias dentro de historias. (…) Una obra de refrescante iconoclastia.»
(David Pringle, Ciencia ficción: las 100 mejores novelas).

Industria, luz y magia
Khristo Poshtakov

Una nueva muestra de la fantasía de Europa oriental de la mano del búlgaro Khristo Poshtakov, con más de 30.000 ejemplares vendidos en Rusia. En el pequeño reino de Landiria, acuciado por la pobreza, un noble paladín venido a menos solicita la ayuda del hechicero Goro para acabar con el dragón local y restañar su honor, pero por desgracia el mago no siempre es capaz de leer correctamente los hechizos del Magno Libro Mágico que le legó su maestro. Las cómicas consecuencias de su error propulsarán al caballero, el mago y el dragón a un mundo muy distinto del suyo, y provocarán la súbita modernización de la atrasada Landiria.

Esperanza del venado
Orson Scott Card

La esperada reedición de una obra clásica de Orson Scott Card y una de las novelas más destacadas y originales de la fantasía de las últimas décadas. En palabras de Faren Miller en Locus: «Esperanza del venado es única y memorable. Ya que no puede ser descrita fácilmente, debe ser recomendada a todos aquéllos que deseen superar las caducas tradiciones de la fantasía heroica». Y, para Norman Spinrad, «Card demuestra ampliamente que comprende el significado profundo del relato del héroe arquetípico y que puede comunicarlo al lector con fuerza y claridad (…) Una obra moral y artísticamente superior a El juego de Ender».

El video Jesús
Andreas Eschbach

Premios Phantastik, Deutscher Science Fiction y Kurd Lasswitz para un best seller en Alemania, Francia, Rusia y Holanda. En el interior de una tumba del siglo I en Jerusalén, un equipo de arqueólogos realiza un hallazgo fascinante: las instrucciones de un modelo de cámara que aún no se ha puesto a la venta. La conclusión es escalofriante: en el futuro, alguien viajará en el tiempo a la época del Nuevo Testamento con una cámara de video para filmar… ¿qué? La posibilidad de que exista una grabación de Jesús escondida en alguna parte desata una serie de intrigas de servicios secretos, agentes vaticanos y diversas facciones dispuestas a todo para que la verdad salga a la luz… o para enterrarla definitivamente.

Dorada
Lucius Shepard

Premio Locus a la mejor novela de terror. Las ramas de la gran familia vampírica acuden al castillo Banat, en el corazón de los Cárpatos, para el ritual de degustar a la Dorada, una humana criada especialmente para producir una sangre deliciosa. Pero la noche antes del ritual, la Dorada aparece misteriosamente asesinada y mutilada. El Patriarca encarga la investigación a un vampiro joven, ex agente de la policía de París. En su exploración del castillo y sus habitantes, este peculiar detective averiguará más de lo que se proponía sobre lo terroríficamente extraños que son los vampiros y, por tanto, él mismo.

La torre de la golondrina
(La Saga de Geralt de Rivia, Libro VI)
Andrzej Sapkowski

Penúltimo volumen de la saga que ha convulsionado la fantasía. Ciri, convertida en bandolera, se enfrenta al implacable asesino enviado tras ella por el emperador de Nilfgaard. La pequeña bruja es cada vez más mortífera y despiadada… pero tal vez no lo suficiente. Mientras tanto, la compañía de Geralt se interna en el sur, y Yennefer rastrea el océano en busca del escondite del mago traidor Vilgefortz, que puede estar relacionado con la muerte de los padres de Ciri. Como ya saben sus centenares de miles de lectores en toda Europa, con Sapkowski la aventura, la humanidad y la originalidad están aseguradas.

¿Valoraciones?. Después de más de un año sin reeditar un clásico (el último fue Tú, el inmortal), se vuelve a poner un par en circulación. Uno escasamente necesario por aquello de que era factible su aparición en otra editorial, Esperanza de venado de Orson Scott Card (¿su mejor novela?), y otro fundamental. Un libro que, como los relatos de Fredric Brown publicados por Gigamesh, bien merece emprender una campaña por su difusión; un título que invita a realizar un ejercicio de proselitismo salvaje que permita el asentamiento de una ciencia ficción ausente durante demasiado tiempo y que vive en permanente peligro de desaparecer. El volumen de Robert Sheckley, que recoge Los viajes de Joenes y su colección de cuentos Store of Infinity (con cuentos de la década de los cincuenta), es una piedra de toque destinada a poner de manifiesto qué clásicos quiere ver publicados el lector español: si está dispuesto a abrir la puerta a los relatos de escritores de talento como éste, Tiptree Jr., Silverberg, Ellison,… o se va a atascar una vez más en los títulos canónicos. Algunos, cierto, muy necesarios, pero otros, la verdad, más vistos que un episodio de Walker Texas Ranger. Desde luego en mi suscripción no va a faltar.

Pasando a las novedades va a haber reencuentros sugestivos. Después de (se dice pronto) más de trece años alguien vuelve a poner un libro de Lucius Shepard en el escenario. Su argumento, a priori, no es que me atraiga mucho; he acabado desarrollando una leve fobia a los vampiros. Pero el recuerdo de sus relatos de El cazador de jaguares y El hombre que pintó al dragón Griaule es poderoso y estoy convencido que va a estar muy por encima de las novelas de terror que están publicando Minotauro y La Factoría.

También vuelve, dos años después, Andreas Eschbach, y lo hace con la que seguramente ha sido su novela más exitosa en su país de origen. Aunque estilísticamente tenga poco que ver con Los tejedores de cabellos es interesante por ver qué más puede ofrecer el autor. Las palabras de Faraldo en un artículo promocional publicado en la web de Bibliópolis

Eschbach ha demostrado que es, quizá con Arturo Pérez-Reverte, el narrador europeo que mejor sabe manejar tensión e intriga y mezclarlas con aventura y reflexión. Eschbach posee un estilo lírico pero preciso, pleno de un socarrón humor que recuerda a esa bonhomía dotada de mucho sentido común tan típica de las clases medias del sur de Alemania

dejan entrever que es un superventas en potencia… si logra llegar a un público diferente al de la editorial. Supongo que todo es cuestión de que los colocadores de las librerías, en vez de arrinconarlo donde es habitual, lo pongan en la mesa de bestsellers.

Por último tenemos la vuelta de Michael Swanwick después del fiasco de Atrapados en la prehistoria. Swanwick, cuyos relatos me parecen siempre jugosos, tiene una novela lisérgica, Las estaciones de la marea, denostada por muchos y admirada por unos pocos (entre los que me incluyo), que es pura desmesura. Y maravilla. Fonz, en La estación fantasma escribía lo siguiente sobre La hija del dragón de hierro

La novela funciona a dos niveles: en uno se cachondea de las novelas de la alta fantasía más escapista ofreciendo generosas raciones de crudo «fantasismo» sucio despojado de glamour élfico (a destacar los métodos anticonceptivos mágicos), mostrando el poso conservador, reaccionario y clasista de la mayoría de ellas. Y situándose paradójicamente más cerca de los cuentos de hadas de toda la vida que de sus herederas; las descafeínadas n-logías de fantasía que tenemos todos en mente. Es hurgar en las raíces para volver con algo nuevo mediante el clásico método back to the basics punk, pero esta vez en el género fantástico.

Y por otro lado, Swanwick saca a la palestra temas de la vida cotidiana evitados en las novelas de fantasía antes mencionadas. Realidades de las que no podemos huir re-contextualizadas en un entorno de fantasía: las diferencias de clase, la pobreza, el poder del dinero, las oligarquías, el control social mediante drogas, religión, sexo, consumo, tecnología. O cuando todo lo anterior falla, la siempre sencilla y eficaz fuerza policial.

En un blog diferente, esta vez el de Hartree, otro avezado lector al que siempre merece la pena escuchar, se habla de La ciudad del grabado. Una historia que seguramente fascinará a los lectores que busquen buenos escenarios o historias que vayan más allá de la habitual cadena planteamiento-nudo-desenlace

No existe una trama claramente marcada, es más bien una sucesión de pequeñas historias a las que ni siquiera se les puede encontrar un nexo común; recuerda en cierto sentido películas como Vidas cruzadas. The Etched City es uno de esos extraños libros en los que el argumento es lo de menos, en el que sólo te contentas con la capacidad del autor de describir una escena evocadora tras otra. K.J. Bishop ha conseguido dotar a su ciudad de auténtica vida. La ambientación es espectacular, casi puedes perderte por las calles de la misma y maravillarte por su arquitectura.

Supongo que estos, más el de Poshtakov, por aquello de seguir confiando en el olfato de Luis G. Prado a la hora de seleccionar autores europeos, serán los títulos a los que me suscriba. Dejaré fuera el mencionado de Card; el de Sapkowski, a la espera de leerme, quizás este verano, los cuatro que me faltan; y el de Roberts, que está claro no es para mi (ni yo para él; a pesar del excelente ensayo publicado en Jabberwock que repasa su obra. Me ha hecho replantearme bastantes ideas que tenía sobre este autor y su ladrillo Pavana).

Lo que también parece claro es que en este primer semestre la ciencia ficción está en franca retirada y los híbridos se han adueñado de la programación de esta editorial que, ahora mismo, me parece la más satisfactoria para cualquier lector de literatura fantástica sin complejos.

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