El nuevo C

Lo prometido en la anterior entrada del aburreovejas ya es una realidad. He aquí el nuevo C con todos los contenidos (espero no haberme olvidado de ninguno) publicados hasta el momento. La dirección es nueva:

http://www.ccyberdark.net/

Si la tenéis en favoritos, en un blog, web,… toca renovar los enlaces. Además incluimos varias modalidades de sindicación accesibles desde su portada. El antiguo C alojado en blogspot permanecerá en línea como muestra del trabajo realizado durante estos seis meses y puerta de entrada a la nueva página.

La primera actualización será dentro de una semana. La idea es que sea la única de Octubre. A partir de Noviembre añadiremos nuevas reseñas con una periodicidad quincenal.

Si detectáis algún fallo o error, o tenéis alguna sugerencia, no tenéis más que escribirme a nacho(arroba)cyberdark.net comentando vuestras ideas. Cualquier ayuda que podáis prestarnos será bien recibida.

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C y la cirugía estética

Este es el aspecto que presenta el nuevo C, la web de crítica de ciencia ficción, fantasía y terror que mantenemos un puñado de antiguos locos de cYbErDaRk.NeT y algunos colaboradores que se han sumado a la causa. Pasamos de utilizar el soporte de blogger a joomla, un sistema de gestión de contenido que permite un acabado final más «usable», bonito y potente, y que facilita la navegación por los contenidos una vez han desaparecido de la primera plana. Este fin de semana estará disponible con todo lo que hemos publicado hasta el momento. Y en diez días ofreceremos la primera actualización de esta nueva etapa, con las reseñas de nuestros colaboradores más alguna sorpresilla.

De nosotros depende que merezca o no la pena. Por ahora, con nuestras lagunas y cojeras, estoy satisfecho con cómo va quedando el invento.

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Luz

Inicio la segunda temporada de la serie «Libros sabrosos» con la reseña de Luz que escribí para preparar una entrevista que hicimos a M. John Harrison en Cyberdark. Un tipo encantador que es, como reconocen a la que pueden su colegas del Reino Unido, el gran estilista de la literatura fantástica británica del último cuarto de siglo.

¿Por qué elegir Luz? A parte de porqueyolodigo, en los últimos diez días me he topado de nuevo con ella gracias a una conversación con cloudXXI, que se mostraba un tanto traumatizado por lo que había encontrado en su reciente lectura, y la candidatura a los Ignotus del ensayo publicado en Jabberwock «Luz, más luz» de Santiago L. Moreno, que la sitúa como piedra angular de una tercera vía de la ciencia ficción; (simplificando) un camino complementario y mucho más productivo al propuesto por el ghetto estadounidense o las obras provenientes de escritores mainstream que hacen una incursión en la ciencia ficción. Aunque suene a herejía estando Disch entre los candidatos, me parece el mejor de los artículos que han pasado el corte.

EMHO Luz es una novela que, sin ser revolucionaria, constituye un claro ejemplo de novela revulsivo; esa que sacude con un aire provocador que augura cierta polémica. Tras su lectura es inevitable que surjan preguntas como: ¿Es una enorme tomadura de pelo? ¿Está escrita bajo los efectos de poderosos psicotrópicos? ¿Es ininteligible? ¿Aporta algo a la ciencia ficción? Y en algunos casos, si el análisis es superficial, la respuesta parece afirmativa. Sin ir muy lejos los personajes, más que seguir un determinado plan narrativo creado por el titiritero que mueve los hilos tras el procesador de textos, deambulan arrastrados por una absoluta impredicibilidad, marcada a veces por una tirada de dados, en un ejercicio de pura mecánica cuántica. No obstante, resulta impepinable que no se parece en nada a la ciencia ficción que estamos acostumbrados a leer y es, como ocurre con los libros de Jeff Noon o Kurt Vonnegut (comparte más de una idea con Las sirenas de Titán), un texto demencial, trepidante y oscuro que discurre por territorios poco transitados.

Luz presenta una estructura escindida en tres cursos narrativos que se van intercalando cada pocas páginas, siguiendo un esquema que permanece inalterable hasta su conclusión. El primero de ellos, situado en el presente, cuenta lo que ocurre con Michael Kearney, un atormentado científico en busca del primer ordenador cuántico, acosado por una extraña presencia desde su infancia a la que intenta aplacar como el hombre intenta aplacar a sus dioses desde la Edad de Piedra: realizando brutales sacrificios. Los otros dos transcurren 400 años más tarde, con nuestra especie dispersa por la galaxia y en guerra con una inteligencia extraterrestre. En uno la capitana Seria Mau, que mantiene una compleja simbiosis con su nave a costa de sacrificar una parte de su humanidad, investiga el funcionamiento de un aparato alienígena mientras escapa de unos perseguidores que la acosan sin motivo aparente. En el otro Ed el chino, que pasa gran parte de su tiempo evadido en unos tanques de realidad virtual, debe huir de dos violentas mujeres a las que debe dinero.

Este complejo entramado constituye una novela brillante. A parte de su cuidada factura, sirve de revisión a parte de la ciencia ficción que se escribe hoy en día desde una perspectiva transgresora un tanto gamberra. Los capítulos dedicados a Kearney comienzan siendo una historia de esas que Julián Díez ha venido a llamar de «divorciados en el espacio», donde un científico acosado por problemas conyugales inventa, investiga o descubre algo que salva el mundo. Harrison se acerca a esta figura de forma similar a la que dejó patente en El curso del corazón o sus relatos de El mono del hielo, en los que expresaba la relación del hombre con aquello que le aterra y creaba un ambiente sucio donde nuestros sentimientos más sórdidos quedaban al descubierto. Así, rápidamente notamos que la búsqueda de ese descubrimiento queda en un segundo plano para entrar en el retrato de un ser humano atípico, obsesionado con una presencia que no entiende, completamente desquiciado, con una grave disfunción en su relación con el otro sexo y muy vulnerable (una característica que comparte con los otros dos protagonistas del libro)

Igualmente, los que se centran en la capitana Seria Mau son el más elemental space opera alejado de los cánones usuales. Su protagonista no es la tópica heroína sino que entronca con los sólidos personajes que Iain M. Banks creó para su serie de La Cultura, aportándoles enormes cantidades de furia, rabia y locura que les proporcionan una personalidad muy acusada. Ya en el primer capítulo descubrimos que el fin justifica los medios y se comporta con un nihilismo bien explicado. Después de todo sacrificó su humanidad para convertirse en una con su nave y, por tanto, no se guía por los mismos patrones de comportamiento que el resto de sus congéneres. Asimismo el viaje que realiza se sale de lo común. No sólo porque la aventura se desarrolla de una manera extraña sino porque nos presenta un universo nada cognoscible. Estamos ante una realidad donde los seres humanos han perdido su espíritu emprendedor y, lejos de seguir explorando, se han aposentado en una serie de mundos donde sacan partido a las tecnologías alienígenas que encuentran sin saber muy bien cómo funcionan ni para qué se utilizaban. Algo que recupera el espíritu de Stalker, el gran clásico de los hermanos Strugatski.

Por último encontramos las andanzas del centella Ed el Chino, más heterogéneas que las dos anteriores, con ribetes de novela negra, thriller, historia distópico-costumbrista y de rito de paso. Junto a la trama que concierne a la Capitana Mau es donde mejor se comprueba el buen hacer de Harrison y su personal acercamiento a la ciencia ficción. Crea sentido de la maravilla de una manera audaz, con unos personajes inmersos en unas vidas nada convencionales y un uso del lenguaje estroboscópico, con descripciones cortas que siempre apelan a sentidos como la vista o el olfato, llegándose a experimentar cada sensación como las sienten sus personajes.

A la hora de narrar los acontecimientos de este futuro lejano, Harrison no entra en explicaciones de qué significa cada término sino que los utiliza como si nos hallásemos en él, con la responsabilidad de averiguarlo por nosotros mismos. Los cultivar o los centellas, el sastre, el tiempo nave,… comienzan siendo pequeños enigmas, aparentemente absurdos, que la propia lectura va resolviendo por sí misma, llegando la solución justo en el momento en que se necesita. A lo que se une un notable tratamiento del comportamiento humano, donde las emociones priman sobre la razón e interpretar las motivaciones resulta un terreno minado, repleto de sorpresas y dobles sentidos. Y aunque en ocasiones no sepas hacia donde avanza el libro, todo tiene su razón de ser. Esto convierte a Luz en el libro menos abstracto de los tres escritos por Harrison que se han publicado en español.

Sin embargo, no se puede negar que como novela excesiva es más excesiva de lo tolerable. Por ejemplo aparecen toneladas de relaciones sexuales, capítulo sí capítulo también; vale que la ciencia ficción haya tenido el tema del sexo como un tabú durante muchas décadas, pero nada justifica el elevado número de orgías, masturbaciones, sodomitas, impotentes o actitudes pedófilas presentes en sus páginas. Lo mismo se puede decir de una serie de expresiones que se repiten de forma contumaz; que si entra en tiempo nave, que si sale, navegó por nosecuantas dimensiones fractales, la reiteración de ciertos olores,… descripciones demasiado miméticas que lastran la variedad que, por otro lado, Luz ofrece continuamente.

También cansa observar cómo el motivo de las disfunciones de los tres personajes se encuentra en problemas surgidos durante su niñez. Y aunque al final todas las piezas casan, su conclusión aparece demasiado de sopetón. Todas esas pistas y guiños sembrados por Harrison, pensados específicamente para apuntar una dirección y que termina uniendo las tres tramas en un momento, están más orientados hacia una segunda lectura que a aportar información en la primera. Porque a medida que se aproxima la conclusión no se intuye cuál puede ser ese giro que le de sentido. Algo que encuentro en franca contradicción con la propia idea de pista.

Pero valorando Luz en su conjunto, es un deslumbrante y frenético destello de creatividad en un panorama no muy dado a este tipo de manifestaciones. Eso sí, se debe coger sin muchos prejuicios y dispuesto a entrar en el juego que plantea su autor. Si se busca una historia fácil, la verdad revelada o la quintaesencia de la ciencia ficción norteamericana, aquí no se encuentra.

Nota: El año que viene aparecerá en Bibliópolis Nova Swing, la última novela de Harrison que se desarrolla en el mismo universo que Luz. Al menos en el aburreovejas dará que hablar.

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El trailer de 300

Ya está disponible el trailer de 300, la adaptación al cine del cómic de Frank Miller basado en la batalla de las Termópilas y la heroica resistencia de Leónidas de Esparta y sus 300 guerreros frente a las tropas del rey Jerjes (junto a los 300 había varios cientos provenientes de otras ciudades, pero ya se sabe cómo funciona la Historia). Un tebeo que generó bastante controversia cuando se publicó, sobre todo por las licencias que, parece (soy el menos indicado para decirlo), se tomó Miller para acentuar determinados aspectos del relato, y que tanto estética como narrativamente resulta descomunal. Un alarde de las posibilidades del tebeo como medio para desarrollar una narración, que rompió con cualquier estructura previa para construir una nueva. Merece la pena echarle un vistazo a algunas planchas en el siguiente enlace para apreciar el trabajo realizado por Miller, y el crepuscular color aplicado por Lynn Varley.

La película, dirigida por Zack Snyder, surgió después del fulgurante éxito de Sin City y apuesta por seguir la misma senda: llevar al celuloide la estética del cómic y hacer, más que una adaptación, una traslación. Los resultados, por lo poco que he podido ver en el trailer y algunos fotrogramas, vuelven a ser de una fidelidad casi extrema. En todos los aspectos.

Se estrena el año que viene y tengo esperanzas que haya capturado algo más que la imagen: la épica. Porque si hay una historia que puede transmitir ese sentimiento es ésta.

Nota: Recomiendo la lectura del artículo que Javier Cuevas escribió para su blog sobre este cómic, las termópilas y el modo de vida en Esparta.

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Divisiones

Tengo a medio redactar una entrada sobre la traducción de Leyendas, la segunda antología cocinada por Robert Silverberg con más de diez autores de fantasía anglosajones escribiendo novelas cortas enclavadas en sus universos creativos más famosos. Pero hoy en SeDice he visto, por segunda vez en poco más de semana, un ejercicio de aldeanismo exacerbado que desvirtúa cualquier defensa de los autores que, escribiendo literatura fantástica en nuestro lengua, quieren introducir y mantener sus cabezas en las editoriales profesionales.

La cosa saltó a la luz hace una semana en Los espejos de la rueda en el siguiente hilo del foro. Resumiendo por la directa. Un usuario pedía recomendaciones para próximas lecturas, salieron dos o tres sugiriendo varios títulos, todos foráneos, y otro usuario, escritor para más señas, en vez de establecer sus propios títulos, echó ese rapapolvo un tanto rancio sobre que se leen demasiadas traducciones. Que hay que leer más autores que, como él, escriben en español, que el traductor es un traidor, que nada como leer obras escritas en tu propia lengua,…

No voy a explicar mi posición porque, en ese mismo hilo, dos mensajes después, Loial lo dejó todo bien clarito.

Lo que a mi me preocupa es otro aspecto. El usuario escritor hacía una enumeración de autores que mezclaba, indiscriminadamente, sin orden ni concierto ni jerarquía alguna, escritores que llevan quince años publicando, ganando premios y obteniendo un reconocimiento por su trabajo con otros que todavía están en la fase inicial de rodaje. Creadores que llevan años publicando con varias editoriales profesionales que han confiado en ellos para invertir un dinero, con otros que se tienen que pagar sus libros porque no han conseguido que nadie apueste por ellos. Autores que han desarrollado una obra con una calidad literaria aceptada con otros que todavía no han demostrado nada.

Como decía, hoy, en otro contexto, el mismo usuario ha vuelto a moralizar sobre los invitados extranjeros a la HispaCon de Dos Hermanas. Que, todo sea dicho, pinta de fábula.

Y, recordando a Rafael Simancas, no es lo mismo. Como no es lo mismo un jugador de fútbol que lleva varios años demostrando su valía en la primera división italiana; otro que empieza a despuntar en segunda división, está cerca de dar el salto y tiene bastante margen de mejora y de éxito; u otro que es el hijo de Gadafi y se ha comprado su lugar en un equipo de primera o segunda división.

Ojito. No digo que este último no tenga calidad. Pero para un servidor, como lector, tiene mucho que ver el lugar en el que se publican las cosas. El dinero no es infinito, el tiempo tampoco, y alguien tiene que hacer la labor de triage previa. Selección que dista de ser perfecta pero que se supone que tiene un porcentaje de efectividad lo suficientemente alto.

Por último, a título todavía más personal, a mi dadme un Sapkowski, un Martin, un Crowley, un Priest, un Silverberg, un Lem, unos Strugatski,… traducidos antes que cualquier autor en mi lengua de medio pelo. O un Negrete, un Aguilera, un Merino o un Cotrina, que llevan años demostrando su valía.

Todavía hay clases y clases, y para llegar a Le Guin a muchos les faltan un par de cientos de veranos. Se venda lo que se venda en los foros.

O, por qué no reconocerlo, en blogs como éste.

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Nova y la programación cuasiestática

Ya está disponible en Bem Online la programación para el próximo 2007 de Nova ciencia ficción.

Febrero 2007

NOVA número 198 – CALLE MÁGICA – Orson Scott Card

Marzo 2007

NOVA número 199 – EL CASO JANE EYRE – Jasper Fforde

Abril 2007

NOVA número 150 – CIENCIA FICCIÓN: NUEVA GUÍA DE LECTURA – Miquel Barceló

NOVA número 201 – PREMIO UPC 2006 – Varios autores

Mayo 2007

NOVA número 202 – EL HOMBRE HUECO – Dan Simmons

Junio 2007

NOVA número 203 – INTERFAZ – Neal Stephenson y J. Frederick George

Septiembre 2007

NOVA número 200 – OBRAS MAESTRAS: la mejor ciencia ficción del siglo XX – antología seleccionada y presentada por Orson Scott Card

Octubre 2007

NOVA número 204 – PERDIDO EN UN BUEN LIBRO – Jasper Fforde

Noviembre 2007

NOVA número 205 – MISTBORN (The Final Empire, vol I) – Brandon Sanderson

Analizando someramente lo que plantea la colección, más allá de la chirigota de ver anunciada una ocasión más la famosa guía de lectura (cinco años de retraso… si esta vez Barceló consigue que esté a tiempo; y el próximo año Informática ficción), no hay más novedad que la publicación de las dos novelas de Jasper Fforde. Por lo que he leído en alguna reseña, son el comienzo de una serie que mezcla intriga detectivesca y ucronía (la guerra de Crimea ha durado más de cien años, el Reino Unido es un estado policial,…) con juegos metaliterarios (hay una máquina que permite introducirse en la obra literaria que se desee). A riesgo de meter la pata, y sin poner en duda su calidad, recuerda al tipo de ciencia ficción de la que hablaba Charles Stross hace unos meses en su bitácora.

El resto… un puro proceso cuasiestático. Una gran iniciativa con la antología de relatos para celebrar el número 200; un par de novelas de fantasía de la mano del habitual Card y del éxito del presente año, Sanderson, que abundan en la tesis que la ciencia ficción sigue en su progresivo descenso al olvido por parte del público aficionado; un Simmons que puede estar bien (por dick, que alguien se acuerde de alguno de sus libros de relatos); el obligatorio UPC; y una novela escrita al alimón por, no podía ser otro, Neal Stephenson y un tal Frederik George, repescada del baúl de los recuerdos.

Ya no me extraña que, como lector, mis intereses viajen en otra dirección a la que tomó Nova hace mucho tiempo. Una indiferencia acentuada por los bocados que le han pegado a su tostada La Factoría, que se ha guardado para sí a autores como Robert C. Wilson que lleva años dándoles sopas con hondas a Sawyer, Brin, Benford, Bear y Card, o la flamante colección de género de Roca Editorial, que ha arrancado con sendos autores «habituales» hasta hace muy poco en Nova: Connie Willis y Joe Haldeman.

Como dije hace un año, me da pena que esto sea así. Aunque me doy con un canto en los dientes. Al menos siguen ahí.

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Tiras cómicas de David Ramírez

David Ramírez es un dibujante de cómic conocido, entre otros trabajos, por su serie «Mini Monsters«, que aparece en la revista Dibus, o sus historietas de «Haciendo amigos» publicadas en la revista Dolmen. En esta última se ha caracterizado por tratar el mundo de cómic en nuestro país sin ningún tipo de complejo, aplicando su humor, a ratos grueso otras ingenioso, a los diversos estamentos del entramado editorial y aficionado. Cosa que le valió una injusta condena judicial en el infame affaire con Antonio Martín.

Recientemente en su blog ha recuperado una serie de tiras cómicas que hizo para Dreamers en el año 2001 y me gustaría compartirlas con todos los aficionados al cómic que se pasan por aquí. Como aliciente, me aprovecho de dos de ellas. La primera, el mejor resumen de lo que representa ser ávido lector de cómics cuando se acerca un Salón y quieres hincarle el diente a productos de determinadas editoriales

La segunda, una deformación de la relación básica entre los tres participantes fundamentales en el proceso editorial: los creadores, los editores y los lectores.

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Clerks 2

Como comentaba en la entrada anterior, el miércoles vi Clerks 2 y salí más que satisfecho del cine. Como se suele decir, hacía tiempo que no me reía tanto dentro de una sala. Algo fácil de explicar: soy fan entregado de Kevin Smith, su manera de enfocar la comedia y formo parte de su público ideal; gran parte de las referencias a las que acude una y otra vez para construir una parte sustancial de ellas son las mías.

Y aunque ya me aburra su humor sobre pitos pequeños y pechos al aire, esta vez ha conseguido dosificar a lo largo del metraje diálogos con salero y situaciones agudas, como la habitual charla sobre Star Wars, la sátira brutal de las tres películas de ESDLA, la caña a los blogs o al puritanismo de un gran sector de la sociedad de EE.UU. caracterizada por Elias (el monólogo sobre El amo del calabozo y El guardián de la gruta resulta jocoso), y el número de sexo entre especies. A los que se unen las parodias bien ajustadas de Dos hombres y un destino, los musicales o El silencio de los corderos. Incluso parece que Smith ya ha aprendido a situar y mover la cámara o a hacer el montaje. No obstante no da la sensación que estemos ante un producto muy distinto a las viejas películas del trío Zucker, Abrahams & Zucker, recientemente retomadas por los hermanos Wayans o el propio David Zucker en la serie Scary Moovie. Una burla desaforada en clave friki que más que construir un guión coherente añade parodia tras parodia sin orden ni concierto.

Hablar de un contenido adicional más allá de producir la risa en el espectador y, también, reírse de sí mismo puede parecer excesivo. Queda tan sepultado detrás de la sal gorda, los homenajes, la sátira, las auto referencias,… que sobra. Sin embargo, como ocurre con toda la obra de Smith, sí que hay algo debajo que subyace en toda la narración y que logra salir a flote. Un retrato de una parte significativa de su generación. Retomando la situación del primer Clerks, a través de Dante y Randall nos sitúa ante dos personajes que dejaron de lado una formación, están atrapados en un trabajo no especializado, mal pagado, rutinario, que sienten insatisfactorio, con una vida que en nada se parece a la que habían soñado, que desean volver a una época de su vida mitificada. Y aquí, en vez del instituto (cosa que reflejan bien otras comedias como Beatiful Girls), es la vida en el Quick Stop. Su particular momento de oro.

Sin embargo el final, cuando por fin lo han conseguido, es acojonante. Ahí les tenemos con treintaytantos tacos haciendo el trabajo que tenían diez años antes, en un super abierto de sol a sol con un retorno al blanco y negro que transmite que esa salida que han tomado no es tanto un paso adelante como una vuelta a la casilla del comienzo. Una situación que es una mejora vital, porque cada uno ha conseguido lo que ansiaba, pero también un ¿callejón sin salida? Un punto agrio que nos devuelve el mejor Smith desde Persiguiendo a Amy.

Y lo que tengo ganas de ver es a Smith haciendo una película de superhéroes. Vale que en el cine ha demostrado que no sabe hacer otra cosa, pero en el mundo del tebeo sí que ha sido capaz de construir historias en una clave diferente, como demostró en sus refundaciones de Daredevil o Green Arrow. A ver si alguien se atreve.

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Bunny Suicides

Ayer fuimos a ver Clerks 2 con algunos compañeros de la TerSa y en los momentos previos descubrimos, mirando unos posters, una serie de viñetas cómicas desternillantes en la que una serie de conejitos busca la manera más extravagante de suicidarse: Bunny Suicides. Su creador es Andy Riley y hay dos libros de tiras publicados.

Álvaro Muñiz me ha pasado un enlace en el que se recogen muchas de las viñetas. Me encantan.

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