Sombras en Titán

Sombras en Titán es una novela de hard ligero a lo años 80 sin trampa ni cartón ni vuelta de hoja. Aparecen dos grandes potencias en plena guerra fría, a un pelo de liarse a garrotazos en cuanto se les vaya la mano en alguna maniobra encubierta; las dos expediciones paralelas de rigor a un ambiente hostil (la luna de Saturno, Titán) pugnan por conseguir el mismo fin; en ambas existe una dislocación entre la parte militar y la civil; existen un goloso hallazgo alienígena que desentrañar, enigmas en las fronteras de la ciencia del momento (que es la de ahora) y diversos problemas a los que enfrentarse;… Un esquema que sonará a los lectores de 2010, de Arthur C. Clarke, con ramalazos a Esfera de Michael Crichton o el guión que James Cameron preparó para Abyss.

Suárez, que ganó el premio Ignotus a la mejor novela española hace cinco años por Nuxlum, escribe una historia entretenida que se sostiene en base a una serie de misterios escalonados, a veces sorprendentes, otras previsibles, que conducen la historia desde el aterrizaje en Titán a la partida final, y una serie de atractivas ideas sobre la teoría del punto omega bien expuestas. Pero tampoco se puede decir más. El escenario apenas ofrece nada destacable que no hayamos visto anteriormente en un par de docenas de títulos, los personajes no deparan rasgos originales y remiten a patrones manidos, hay soluciones argumentales que no terminan de cuadrar (como la inclusión de otro personaje aficionado a la paraciencia y director de un cuarto milenio), los diálogos, el recurso narrativo que más utiliza el autor para hacer avanzar la historia, son anodinos e invitan a leer en diagonal, el lenguaje se hace en exceso funcional, la conclusión resulta un tanto precipitada,…

Por todo esto, como hard ligero a lo años 80, servidor se queda con Peregrinos de Marte, publicada hace tres años por Espiral; con grandes semejanzas con Sombras en Titán y mejor resuelta.

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Ex Machina 2, Buen tiempo, Más malas ventas, JLA: Clasificado y Les llamaban… Los Defensores

Comenzamos esta nueva entrega de Píldoras con el segundo tomo de Ex Machina, que continúa las pautas delimitadas en el primero. El alcalde de Nueva York, ayudado por sus asesores, su encanto y la capacidad de controlar con su voz cualquier máquina, tiene que enfrentarse ahora con la controversia generada por los matrimonios homosexuales, la posibilidad de iniciar una relación sentimental con una periodista y la irrupción de unos macabros hallazgos en el metro que pueden estar conectados con la fuente de sus poderes. Mientras, una serie de flashbacks sitúan su relación con un agente de la NSA que investigó su caso y su familia. Se mantiene el sabor agradable con una estructura un poco más sencilla, buenos diálogos, un ritmo televisivo y sólo se echa en falta un poco más de caña. A ver qué tal las próximas entregas y si se deciden a hacer una serie de televisión con ella; estaría realmente bien.

Cambiando de registro, con más de un año de retraso he leído Buen tiempo, de Joe Matt. Matt es conocido en España por su serie Peepshow, traducido por La Cúpula como Pobre Cabrón, un tebeo autobiográfico en el que relata su vida diaria y se retrata como un individuo egoísta, pajero, chantajista, sucio, manipulador, misógino,… haciendo gala de un patetismo inigualable. Buen tiempo viene a ser lo mismo pero centrado en su adolescencia, con un joven Matt que es el centro de su universo, somete a terribles chantajes emocionales a su madre, utiliza a sus amigos para conseguir cualquier fin, se burla de los que son más débiles que él,… viviendo un episodio a lo Aquellos maravillosos años que se puede leer sin conocer nada más sobre el personaje. Destacar el conseguidísimo estilo cartoon habitual de Matt y que hace mucho más soportables las andanzas de este desgraciado; le quita parte del hierro a la manera en que trata a sus semejantes. Con un estilo realista sería insoportable.

En la entrada sobre 100 € para el Saló de este año seleccionaba el tomo Más malas ventas de Alex Robinson, en el que la editorial Astiberri recuperaba una serie de historietas relacionadas con la serie Malas ventas que habían quedado fuera de los tomos publicados hace tres años. Craso error. No tanto por el material que contiene, que más o menos ya preveía de perfil bajo, como por la pésima calidad del formato elegido, casi en las antípodas del original. A parte de que la traducción ha sido encargada a una persona diferente, rompiendo con la unicidad de la obra, se ha acudido a un papel no satinado y se ha prescindido del dossier de notas de traducción que venía al final de cada tomo. Que no es imprescindible para entender la serie pero gustaba para descubrir a qué canciones, películas, personajes,… se referían los protagonistas. Si algún fan de Malas ventas no lo ha comprado, que guarde el dinero para Estafados, la nueva obra de Robinson avalada por el premio Harvey al mejor álbum y que publica este mes la misma editorial…. esperemos que con una edición más cuidada.

Retornando a los superhéroes, dos decepciones más (este píldoras me ha salido de perfil bajo). Primero JLA: Clasificado, el retorno de Grant Morrison a la JLA, la serie que, con el Stormwatch de Warren Ellis, supuso la refundación de los tebeos de supergrupos a lo bestia: grandes amenazas, imaginación desatada, personajes sin complejos, conspiraciones,… Una historia que nada tiene que ver con la interesante etapa inicial de la serie o su notable JLA: Tierra 2, en parte porque aquí se abusan de las referencias a la continuidad de la JLA o los Ultramarines, grupo del que no tengo ni la más remota idea; en parte porque la narrativa de McGuinnes es del todo inexistente y cuesta un huevo seguir la historia. Historia que, dicho sea de paso, es la cosa más sencillita que le he leído a Morrison y que sólo se enrevesa por la nula habilidad de McGuinnes a la hora de plasmar el guión.

Dicen que es el episodio del que parte Seven Soldiers of Victory, su (pen)último megaproyecto de superhéroes para DC. Después de leer esto, espero que sea otra cosa.

Y cómo me he aburrido con el tomo de Les llamaban… Los Defensores de Giffen, DeMatties y Maguire. El tándem que convirtió los tebeos de la Liga de la Justicia de finales de los años 80 en una de las series más divertidas de todos los tiempos, llena de frescura, situaciones cómicas y conversaciones chispeantes, naufraga miserablemente a la hora de trasladar su estilo al universo Marvel. Quizás porque Los defensores son el grupo menos indicado sobre el cual aplicar su receta. Y es que cuando el diálogo y la interacción entre personajes lo son todo en sus historias, poco se puede hacer cuando todo lo que tienes se reduce al monosilábico Hulk y a los grandilocuentes Dr. Extraño y Namor. Así que en cuanto las chanzas a costa de, por un lado, estos dos últimos y, por otro sus enemigos, Dormammu y Umar dan todo lo que podían dar de sí… comienza una reiteración sin chicha que no se sostiene ni con el habitual repertorio gestual de Maguire. Si a esto le unimos la deficiente edición de Panini, mejor dejarlo pasar y gastarse el dinero en la reedición de su etapa clásica en la JLA que está recuperando Planeta. Ahora mismo en la etapa ilustrada por el excelso Adam Hughes.

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Discurso de Paul Auster en el Príncipe de Asturias

Ayer se entregaron los Premios Príncipe de Asturias y hoy tenemos en los medios de comunicación amplias crónicas del evento. Entre lo que he visto, destaca el discurso pronunciado por Paul Auster. Autor que apenas he leído (sí, uno más), y que salvo apuntes que haría a alguna sección, ha conseguido un discurso seductor, romántico y hermoso. Sobre todo en la parte final

La novela es una colaboración a partes iguales entre el escritor y el lector, y constituye el único lugar del mundo donde dos extraños pueden encontrarse en condiciones de absoluta intimidad. Me he pasado la vida entablando conversación con gente que nunca he visto, con personas que jamás conoceré, y así espero seguir hasta el día en que exhale mi último aliento.

Una reflexión que condensa lo que siento cuando leo la obra de algunos de los escritores que más admiro, como Christopher Priest o Thomas M. Disch.

El texto (traducido, aunque me gustaría echarle un vistazo al original)

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Tácticas de marketting agresivo a ritmo de estampitas

Ha pasado casi año y medio desde que escribí el último Nostaliga naranja y me gustaría retomar la serie con una anécdota que es chirigota fetén. Un homenaje al timo de la estampita en los tiempos de internet. El affaire de Jesús de Jesús, beltrán y no recuerdo quién más.

Nunca había sido tan fácil como ahora publicitar una obra publicada en una editorial pequeña, una fanedición o una autopublicación. Cualquiera con menos de 40 euros dipone de las herramientas que proporciona internet: se compra un dominio, se construye un sitio web utilizando aplicaciones sencillitas que permiten acabados (casi) profesionales, se anuncia en los foros, listas de correo, blogs,…, se crean mecanismos de comunicación con los internautas, y a esperar. El problema surge cuando apenas consigues visitas; a la hora de navegar la gente sigue sus pautas (independientes, gregarias,…), hecho todavía más acentuado cuando tienen que elegir sus futuras lecturas. Como se suele decir, el dinero disponible es escaso, la oferta mucha, el miedo libre,…

Hay que llevar el libro hasta ellos y los mecanismos son limitados. Ahí está el sistema tradicional de enviar copias de prensa a webs o revistas especializadas para que sus colaboradores las comenten, sorteos en los que regalar una serie de ejemplares a quienes respondan un cuestionario, poner un banner,… Pero nada asegura unas ventas apreciables, menos si el libro carece de una distribución en condiciones y no se exhibe donde están los compradores, las librerías.

Hasta aquí la lucha de los autores que no han conseguido introducirse en el gran circuito por conseguir llegar al público. Lo normal.

Traspasando esta frontera aparecen los reyes de la autopromoción, que venden uno y cuentan cincuenta o se ponen medallas que no son tales (y ni siquiera conocen el valor de dicho metal). Pero prefiero centrarme en una táctica casi imposible de destapar, que aunque poco practicada no es una leyenda urbana. La gente que se registra en un foro exlusivamente para promocionar un libro sin pudor y sin revelar su relación con él. La estrategia es sencillita.

El señor X, autor, editor, colega o seguidor fundamentalista quiere promocinar a cualquier precio El imperio del Berberecho Gigante. Entra en una web como un usuario anónimo que, aparentemente, no tiene nada que ver con dicho título y deja un mensaje sobre él. Mensaje que suele ser o una inocente pregunta en plan He visto que ha salido El imperio del Berberecho Gigante. ¿Alguien lo ha leído? Tiene buena pinta, o una recomendación encarecida Recientemente vi El imperio del Berberecho Gigante en la librería y como me gustó el texto de contraportada, lo compré. Llevo leídas 200 páginas y me parece la mejor novela de fantasía española desde que….

Un poco después (hay que levantar las menores sospechas posibles), muchas veces sin que intervenga otro usuario del foro de los que ves todos los días, aparece el señor Y. Usuario de nuevo cuño, dado de alta hasta el mismo día, «aparentemente» sin relación con el señor X, que responde a lo planteado. Ya sea con una respuesta elogiosa que glosa las virtudes de El imperio del Berberecho Gigante, ya sea con una pregunta pidiendo más detalles de esa gran novela olvidada por la gente que proporciona una gratísima lectura, ya sea aportando más información sobre su autor y su anterior obra, publicada por la editorial N,… Para dejar paso a toda una variedad de posibilidades, que van desde la llegada de los señores Z y Z’ (recién registrados) al diálogo guadianesco entre X e Y, reflotando el hilo cuando va bajando de la primera plana para que siga ahí arriba (que se note que se habla de él, que genera interés).

Como decía en la apertura, el más elemental timo de la estampita llevado a internet, con su listo, su tonto y nosotros, los pringaos, que picamos. Pasemos a la práctica. En cYbErDaRk.NeT vivimos durante los años 2002 y 2003 algún ejemplo vergonzante que es mejor callar (¡Ah! Miguel Campoviejo. ¡Qué tiempos aquellos!), pero ninguno tan grotesco como el desarrollado por X – jesús de jesús, Y – Beltrán, Z – el «amigote» cuyo nombre no recuerdo y los libros de Gerardo Muñoz Lorente La plica de Balbín el viejo y El fantasma de Lucentum recién publicados por Sirius.

La cosa comenzó en el foro de terror con el hilo referente a esta última novela, y siguió en el de ciencia ficción con esta entrada, que es la que conservo. Tres usuarios recién registrados hablando exclusivamente sobre un autor y sus dos recientes novelas (una reedición). Algo que mosqueó a uno de los usuarios habituales, Knut, y a los administradores del foro, que a los pocos días pillamos en un renuncio a estos tres «usuarios» que eran la misma persona. Y después lo habitual: negar la evidencia, ausencia de explicaciones, acusaciones de fascismo para la dirección de la web, un herido por el fuego amigo (Gerardo Muñoz Lorente), y un tufo a chanchullo cutre y deshonesto que tiraba de espaldas.

Estoy un tanto desconectado de los foros y no sé si esto sigue ocurriendo una o dos veces al año. Pero aquí queda esta aventurilla en plan mili que sólo les interesa a los que la siguieron en su momento o los que viven consparanoicos perdidos, acechando movimientos especulares en sus foros con la duda permamente: ¿me estarán metiendo un gol?

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La cámara oscura

Hace casi un año leí Perdidos, la novela con la que Minotauro insufló un poco de vida en su maltrecha colección de terror. Me gustó la manera en que su autor, Peter Straub, enfocaba dos temas fundamentales del terror, el asesino en serie y la casa encantada, mediante un planteamiento en el que también destacaban la construcción de personajes y el clima cotidiano que gobernaba la narración. Recientemente Minotauro ha publicado la última novela de Straub, La cámara oscura, una especie de continuación de Perdidos en la que el terror se ha difuminado del todo para abrirse a la fantasía oscura y potenciar una serie de ideas relacionadas con el hecho creativo que, a pesar de estar ya presentes en ella, habían quedado atenuadas.

La cámara oscura comienza con el protagonista fetiche de Straub, el escritor Tim Underhill, en el trámite de promoción de «Perdidos», su última novela, que versa sobre lo que vivió en Millhaven tras el suicidio de su cuñada, la desaparición de su sobrino y la tenebrosa casa detrás de la residencia de su familia. Hechos que leímos en Perdidos, novela dentro de la novela que es toda la novela. Un día recibe unos correos extraños que, aunque lo parezcan, no tienen nada que ver con el correo basura, y en una cafetería se topa con un aficionado desquiciado que pone delante suyo varios ejemplares de «Perdidos», que todavía no debería estar a la venta, para que se los dedique. Dos acciones que perturban su existencia y acaban conectados con lo ocurrido en Millhaven y lo que ha puesto negro sobre blanco en el libro.

A su vez, intercalados entre los capítulos dedicados a Tim, aparece la historia de Willy, escritora juvenil de éxito que perdió a su marido y su hija, asesinados, y que está en el trámite de casarse con un hombre un tanto déspota que trabaja en una sociedad de inversiones de éxito. Una lectora que cuando tiene una crisis se refugia en la lectura de las novelas de Tim Underhill. Como está mandado, Tim y Willy acabarán cruzando sus caminos… de una forma insólita; después de haber leído unas cuantas páginas uno no espera los derroteros por los que Straub conduce el argumento.

La cámara oscura es uno de esos libros de los que no conviene desentrañar nada porque es muy fácil revelar los giros y claves argumentales en los que se basan y que acostumbran a ser su principal virtud. Aunque algún detalle se puede desvelar. Para empezar su estructura parece más meditada y mucho más asentada que la errática de Perdidos, generando una cadencia de lo más adecuada. Igualmente el relato está lleno de tensión y sentido; nada se ha dejado al azar y hasta la más mínima inconsistencia que se puede apreciar en alguna de las dos historias o en el retrato de los personajes, especialmente en la historia de Willy, encuentra debida explicación.

Lo desconcertante llega porque esta novela dista una enormidad de ser terror. Digan lo que digan los electores del premio Bram Stoker del año 2005, que la señalaron como mejor novela de dicho género publicada durante el año 2004. Lo que Straub ha abordado es otra cosa. A través de una serie de piruetas metaliterarias, ya presentes en Perdidos (y creo que en otros títulos de Straub, pero sólo he leído estos dos), inicia una deconstrucción de su manera de escribir que le lleva no ya a cuestionar la fidelidad de los narradores, comenzando por él mismo, sino a contarnos cómo erige el argumento, cómo lo hace crecer, cómo se relaciona con sus personajes,… Así inicia un sugestivo juego de reflejos entre realidad y ficción, lo que les pasa a los personajes y lo que le ha pasado a su creador, inteligente y, todo hay que decirlo, un tanto superficial al recrearse demasiado en el humor (cómo viven los personajes las elipsis entre dos secuencias narrativas; el encoñamiento entre un creador y sus personajes, sobre todo las heroínas femeninas cañón; de qué se alimentan en el mundo de papel;…) y pasar de puntillas sobre otros detalles apenas apuntados a los que podría haber sacado mayor partido.

Tampoco se puede decir que la extensión esté bien medida. Aunque no estamos ante una novela de longitud desmedida, se nota que una vez pasada la página 200, con la totalidad de las cartas sobre la mesa, lejos de resolver el enigma y propiciar el final del juego, Straub inicia una serie de movimientos redundantes que dilatan la función de forma innecesaria. Entra en un tiempo muerto de diálogos entre Tim y Willy que no hacen avanzar la trama, repiten nociones ya expuestas y desvirtúan levemente su labor.

Una (pequeña) lástima porque, como ocurría con Perdidos, estamos ante una novela elegante que, lejos de devolvernos a un lugar común en el que ya hemos estado otras veces o explotar el efectismo gratuito, trata de hacer algo nuevo con los fantasmas, las casas encantandas, las posesiones y los asesinos en serie.

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Meme musical con corona

El ciudadano Álex Vidal ha puesto ante mi el siguiente meme musical; consiste en responder a una serie de preguntas con títulos de canciones de uno de tus grupos favoritos. Y, sin que sirva de precedente, voy a responder. Por maldita dejadez ya he hecho un par de feos a colegas que me habían puesto la zanahoria delante, y me gustaría desquitarme con el siguiente cuestionario. Creo que es fácil descubrir a quiénes he recurrido.

¿Es hombre o mujer?

”The invisible man”

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”Good Old Fashioned Lover Boy” (lo de Lover Boy es de coña, pero no encontraba otra mejor)

¿Qué sienten las personas cerca de ti?

Mi ideal sería “Good company”, pero mejor que responda cada uno (si es capaz de encontrar la canción adecuada, claro).

¿Cómo te sientes?

Depende. Si es ahora, cuando me he puesto ante el teclado del aburreovejas, intento seguir la versión fandom total de la muerte de “Let me entertain you”, pasada por una dosis letal de mimosín. Si tengo que resumir mi estado de ánimo de los últimos tiempos, aunque suene presuntuoso, “Doing all right”. Que no se quiebre el ensueño…

¿Cómo describiría su anterior relación sentimental?

No sabría si quedarme con ”Death on two legs” o ”Sweet lady”(el sweet con todas las comillas del mundo)

Describe tu actual relación con tu novio/a o pretendiente

”You take my breath away”

¿Dónde quisieras estar ahora?

Gustándome la fantasía, en los ”Seven Seas of Rhye”

¿Cómo eres respecto al amor?

Un romántico empedernido que cree a pies juntillas en “Bijou” (sé que hago trampas, porque me refiero a la letra de la canción. Pero aquí soy el árbitro)

¿Cómo es tu vida?

Una mezcla entre el pasmo ante el mundo mundial de “Is This The World We Created”, la jornada de trabajo metiéndome en el rol de “Don’t Stop Me Now”, el dolce fare niente a ritmo de “Lazing On A Sunday Afternoon”, los buenos sentimientos con los amigos recordando a “Friends Will Be Friends”,…

¿Qué pedirías si tuvieras sólo un deseo?

Si hay gente que tiene un Master del Universo por la Universidad Invisible, no veo por qué no puedo ser “Prince(s) of the Universe”.

Escribe una cita o frase famosa

I see a little silhouetto of a man,
Scaramouche,scaramouche will you do the fandango-
Thunderbolt and lightning-very very frightening me-
Galileo,galileo,
Galileo galileo
Galileo figaro-magnifico-
But Im just a poor boy and nobody loves me-
Hes just a poor boy from a poor family-
Spare him his life from this monstrosity-
Easy come easy go-,will you let me go-
Bismillah! no-,we will not let you go-let him go-
Bismillah! we will not let you go-let him go
Bismillah! we will not let you go-let me go
Will not let you go-let me go
Will not let you go let me go
No,no,no,no,no,no,no-
Mama mia,mama mia,mama mia let me go-
Beelzebub has a devil put aside for me,for me,for me-

¿Algún grupo de rock puede superar esto?

Ahora despídete

Aquí todo el mundo pondría “The show must go on”, pero rompiendo los tópicos… “Was it all worth it”

Era fácil, ¿no? Siempre he tenido una mentalidad vulgar para esto de la música. Y sí, ya me he dado cuenta que me salen demasiados títulos del dueto A Night At The Opera/A Day At The Races. Pero…

Y ahora mi vector de infección. Invoco a los ciudadanos Fonz, Xoota, Cyberdark, Jean Mallart e Iván Fernández para que pierdan el tiempo como hemos hecho los que hemos respondido… o callen para siempre. Al menos a alguno se lo pongo a huevo para que mueva un poco su blog.

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El laberinto del fauno

Hace unos meses César Mallorquí hablaba en su blog sobre el peso de la literatura de género para formar a futuros lectores y escritores, y la descomunal ausencia de buenos narradores (que no escritores) en la literatura española. Ayer salía del cine después de ver El laberinto del fauno y, recordando el estreno un mes antes de Alatriste (Paula piensa que tengo un trauma con este tema), no dejaba de rumiar sus palabras, trasladadas al mundo del cine. ¡Qué pena que en nuestro cine, salvo honrosas excepciones, no haya guionistas y directores con la capacidad para contar historias de Guillermo del Toro! Un tío que con la infraestructura existente en nuestro país, sus actores, músicos, iluminadores, diseñadores,… consigue un peliculón como éste… que ojalá se lleve el Óscar a la mejor película extranjera.

Una historia de los primeros años del franquismo que funciona como estampa costumbrista de lo que fue la postguerra y pone en escena la lucha contra la dictadura de los que se echaron al monte y que tanta importancia tuvo en muchos sitios del norte de España. Una fantasía oscura que se mueve con delicadeza entre dos territorios complicados de hermanar como realidad y ensoñación. Un cuento de hadas tenebroso, violento y maniqueo que tanto saca partido a una extensa tradición como se adapta a la imaginería propia de su creador. Una película que dura dos horas y no aqueja ningún problema de ritmo. Un film con un montaje intachable que se mueve con la misma soltura a la hora de introducir personajes que a la de presentar la acción, o crear incertidumbre, o reflejar conversaciones,… y que sirve para acentuar muchos detalles de la historia (como la rutina a la que el capitán Vidal se somete cada mañana). Un película que cuenta con unas interpretaciones muy ajustadas, en la que a parte de los secundarios destacan un hierático Sergi López que no se deja arrastrar por el exceso y sadismo de su personaje, y una niña, Ivana Baquero, que además de estar perfecta en su papel de Ofelia sabe llevar el protagonismo de la historia.

Y su desenlace es, salvo por un detalle que me sacó un poco del final (pequeño SPOILER: la obligada presencia de Federico Luppi, que con su acento argentino canta demasiado en el contexto de la película), de lo más climático. Una espiral de ritmo creciente que acierta a unir el mundo interior de la Ofelia con la tragedia que la rodea y que culmina de forma emocionante… aunque esto tampoco quiere decir mucho ya que servidor lloró durante los últimos minutos del King Kong de Peter Jackson.

Merece la pena pagar el precio de la entrada para sumergirse en el cine. Sobre todo si acude a una sesión en la que la sala es respetuosa con lo que se forma ante sus ojos, ha apagado los móviles, la voz y se deja arrastrar por las buenas historias narradas con sapiencia.

Eso sí, por favor, dejen a los niños en casa que no es una historia para ellos.

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Cambios en Términus Trántor

Parece que con el otoño han llegado los cambios a algunos sitios de la red dedicados a la literatura fantástica. El pasado domingo Juajo Parera anunciaba en diversas listas de correo el rediseño de Términus Trantor, la base de datos de literatura fantástica más importante en nuestro idioma, con un cambio de imagen y dos nuevas secciones.

El cambio de imagen se ha reducido, casi por completo, a unos nuevos colores; el sistema de navegación, los resultados de las búsquedas,… siguen con esa apariencia retro que presentaba la web anteriormente, fiel al estilo marcado desde sus comienzos. Sin embargo las dos nuevas secciones son más atractivas. La primera, una curiosidad dedicada a los que gustamos de «perder» el tiempo en la red: un botoncito que, al azar, te lleva a una obra, autor, relato, una imagen, un texto… de los miles alojados en Términus Trantor. Sin necesidad de buscar nada puedes acabar ante las obras traducidas de Jerry Pournelle, un fragmento de La espada rota, alguna portada de Toni Garcés de los tiempos de Ultramar,…

La otra, algo que hasta ahora no se había hecho y que estaba dejado a Google: una base de datos, «Comentarios en la red«, que reúne más de cinco mil comentarios de tres mil libros diferentes. Un estupendo cajón de sastre donde un comprador deseoso de informarse sobre el libro x puede consultar las opiniones que se hayan vertido en webs como Bibliópolis, Sitio de ciencia ficción, El archivo de Nessus, Cyberdark,… o proyectos personales como el rincón de un servidor. Una idea brillante que, como el resto de la base de datos, se nutre del esfuerzo titánico de Juanjo Parera (y un pequeño grupo de colaboradores). Un trabajo que parece pasar desapercibido para el gran público pero que, para los que de vez en cuando nos gusta perdernos entre libros o necesitamos una información bibliográfica exhaustiva, resulta inestimable.

Aunque ahora sea fácil reconocerlo, no molesta lo más mínimo que nos ganase a los chicos de Cyberdark el premio Ignotus de 2003. Se lo merecía (y sigue mereciendo).

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Sobre la traducción de Leyendas

Servidor hubo un tiempo que era beligerante con las nefandas traducciones que se iba encontrando en según qué editoriales. Pero en determinado momento me entró un ataque de prudencia con gotas de pudor; difícilmente voy a poder hablar de algo que no puedo contrastar sin comparar con la edición original y que se basa más en sensaciones que en hechos. Así que, salvo cuando me he tomado la molestia porque me han pagado por ello (un par de reseñas para Gigamesh sobre las reediciones Asimovianas de La Factoría) me he pasado a hablar de la corrección editorial cuando la chapuza es evidente.

Ando alternando estos días un par de novelas con Leyendas, la antología que reúne once novelas cortas de otros tantos autores de fantasía de innegable éxito comercial: Robin Hobb, George R. R. Martin, Orson Scott Card, Diana Gabaldón, Neil Gaiman, TERRY BROOKS!!!!!!,… seleccionada (es un decir) por Robert Silverberg. Como escribí hace unos años sobre Horizontes lejanos, el mismo invento aplicado a la ciencia ficción, un libro así no necesita de ningún editor. Basta un oficinista con el correo de contacto de cada uno de los escritores y un talón lo suficientemente atractivo. Pero esa es otra historia.

Decir que no es la primera antología de fantasía que Silverberg prepara siguiendo este patrón. Hace seis años Plaza y Janés publicó el primer volumen, dividido en dos libros formato bolsillo, bajo el estúpido título de Leyendas negras y con una traducción, siendo generosos, descuidada. Pasó desapercibida por las librerías hasta que, dos años después, Gigamesh publicó el primer volumen de Canción de hielo y fuego y los lectores de esta serie, ávidos de meterse en vena más Westeros, corrieron detrás de él. Normal si consideramos que una de las novelas cortas era «El caballero errante», narración de tinte clásico en la que George R. R. Martin recuperaba para la fantasía el aire romántico de las historias de caballeros a lo Walter Scott. El problema se presentó porque Plaza había saldado el libro y en muchos sitios era inencontrable… Pero, de nuevo, esa es otra historia.

A lo que iba. ¿Cómo es la traducción de Leyendas? Si consideramos la primera novela corta, «Regreso al hogar» de Robin Hobb, un relato que se mueve en un territorio narrativo opuesto a lo que hemos leído en los libros de El Vatídico, el resultado es aceptable. Hasta donde soy capaz de discernir, a pesar de los errores ortotipográficos o alguna que otra frase mal construida, puede leerse sin problema. Tengo la impresión que traslada con fidelidad el esmerado trabajo que Hobb acostumbra a realizar cuando construye un personaje y lo transmite al lector a través de la primera persona. Además el ambiente opresivo, desesperado, al borde de la locura que genera, está de lo más conseguido.

No obstante cuando se afronta la siguiente historia, «La espada del juramento», la novela corta de George R. R. Martin que recoge a los protagonistas de «El caballero errante» en una nueva aventura, la cosa cambia. Basta fijarse en cómo se ha traducido el título («The sworn sword») Llevamos leídas tantas páginas de Canción de hielo y fuego, y las hemos mamado tan bien, que la diferencia con la labor de la traductora oficial de la serie, Cristina Macía, canta. Menos a nivel narrativo, donde Martin trabaja en un registro diferente, más a la hora de ser fiel a la traducción que ya conocemos. Lo más evidente son las elecciones al traducir ciertos términos mientras otros se dejan en el inglés original (notorio en el caso de los hijos bastardos, que juegan un papel fundamental en la narración).

En este tema concreto no creo que se le puedan exigir demasiadas responsabilidades al traductor porque suficiente tiene con trabajar sobre cada narración y entregarlas en el plazo que le han puesto; como para pensar en leer, al menos, un libro de cada una de las series traducidas para poder realizar su trabajo con más conocimiento. Además Jesús Abascal, el traductor en cuestión, ha intentado ponerse en contacto con sus colegas encargados de cada una de las sagas para que le asesorasen un poco en la medida de sus posibilidades. Un apoyo que en algunos casos ha recibido y en otros… en fin.

Puestos a ponerse utópicos, lo deseable sería que, como ocurre con el doblaje de muchos actores anglosajones, la traducción de cada novela corta de Leyendas se hubiese asignado al traductor habitual de cada uno de los autores en las editoriales que han aparecido. Conoce la terminología de la serie en cuestión, se supone que ha mamado el estilo del autor hasta ser capaz de verterlo en nuestro idioma con la mayor fidelidad posible, y para los que no podemos leerlos en su lengua original es, sin duda, lo mejor. Aunque después te encuentras con traducciones anteriores deficientes, como la de American Gods y lo mejor es que pongan a otra persona para no repetir la experiencia.

Al final el quid de la cuestión está en lo malpagada que está la traducción en este país, el escaso profesionalismo de los traductores, muchos de los cuales se dedican a realizar otros trabajos y traducen en lo que sería su tiempo libre, y el nulo cuidado que muchas editoriales tienen con sus productos. Baste observar la edición de este Leyendas, que sin ser un despropósito se nota corregida con el pertinaz descuido de la casa.

Sobre la calidad del contenido decir que, a falta de leer un par, apenas llega al aprobado ramplón. Comienza bien con las novelas cortas de Hobb y Martin, sin brillantez, mejor la primera que el segundo, y después se sumerje en material de batalla creado específicamente para los fetichistas de los diversos universos. McCaffrey vuelve a demostrar (y van…) que debió abandonar Pern en los años 60, Silverberg aburre con su enésima vuelta a Majipur y a Valentine (que, cómo no, se cuela de rondón en la historia), Card nos mantiene en el sopor con Alvin Maker, Gabaldón se realza un poco de la mediocridad con una historia romántica homosexual en la centroeuropa del siglo XVIII, Gaiman entrega un relato correcto sin apenas chicha,… y para cerrar tenemos al gran Terry Brooks volviendo a Shannara. Brooks pasa por ser el equivalente de Rob Liefeld (adorADLO) en el mundo de la fantasía heroica (lo peor de lo peor). Confieso que lo he leído por puro morbo. No defrauda.

Vale que Brooks en EE.UU. vende un huevo y parte de otro, que sea coleguilla del «editor» desde los tiempos que compartían, allá a finales de los 70, los primeros puestos de las listas de bestsellers (uno con Shanara, el otro con Majipur), que haya que atraer a sus lectores (yanquis, porque aquí me da que no es demasiado bien recibido),… Pero, con un par, Silverberg lo ha colocado en uno de los sitios fundamentales de cualquier antología: el cierre. Supongo que para dejarnos en la boca ese sabor a hiel que nos disuada a unos pocos de repetir con la próxima antología.

Aunque si sigue contando con Martin, Hobb o Gaiman servidor terminará picando.

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