La «muerte» de la new wave

Echando un vistazo a los foros de Sedice me he encontrado un hilo en el que se propone un debate en torno a la ciencia ficción post new wave, originada por la irrupción del fenómeno Star Wars y su modelo evasivo de entender el género. Yo no digo que Star Wars no haya condicionado la ciencia ficción desde entonces. Ejemplos los hay a toneladas y en España hasta tenemos una colección suspendida por su éxito. Sin embargo lo que me ha movido a participar, en plan pedante, es el punto de partida. La new wave no se diluyó porque apareciese Star Wars; para entonces, 1977, llevaba dos o tres años languideciendo en un rincón al borde del ostracismo. Las causas fueron otras. Fundamentalmente una reacción pendular por parte de la gran masa de aficionados, confusos ante el alejamiento de la nueva ciencia ficción de sus cauces tradicionales, hastiados de los excesos que algunos autores cometieron en su búsqueda de nuevas experiencias, cansados de historias sin más sentido de la maravilla que repasar los pozos en los que puede caer o refugiarse el ser humano,… y que se echaron en brazos de la tradición.

Así, Niven ganó el premio Hugo del año 1971 con Mundo anillo en una edición en la que también fueron finalistas clasicotes como Hal Clement y Poul Anderson, frente a La torre de cristal de Robert Silverberg y El año del sol tranquilo de Wilson Tucker. El año siguiente también se mantuvo la nueva ola a raya: fue a parar a otra aventura por la aventura, A vuestros cuerpos dispersos de Philip José Farmer, que quedó por delante de otras dos novelas de Silverberg (está claro que, sin formar parte de un lobby, cuando el cuerpo de votantes es numeroso lo peor que te puede ocurrir es competir contigo mismo), Tiempo de cambios y El mundo interior, una de Le Guin, La rueda celeste, y otra de Zelazny, Jack of Shadows. En el año 73 el que se llevó el cohete a la cesta fue el buen doctor con Los propios dioses, acompañado de los tradicionales Simak y Anderson, y dejando de nuevo en la cuneta al mejor Silverberg, Muero por dentro y El libro de los cráneos. Si con una de estas novelas no eres digno de llevarte el premio, apaga y vámonos. Y el año siguiente fue Arthur C. Clarke el que volvió a escena con Cita con Rama, llevándose el premio por delante de Anderson, Niven y Heinlein.

El público aficionado, que es el elector del Hugo, sabía bien lo que quería. Y bien que lo obtuvo.

Pero si nos vamos al premio que supuestamente es pata negra, el Nebula, elegido por los propios escritores, nos encontramos con casi las mismas señales. Cierto, el año de A nuestros cuerpos dispersos Silverberg vio premiada una de sus grandes novelas: Tiempo de cambios. Entre los candidatos la nostalgia retro que impregnaba los Hugos se tiñó con John Brunner, R. A. Lafferty o Norman Spinrad y su Sueño de hierro. Sin embargo los premiados son los que son. De nuevo Niven, Asimov y… Clarke. Un dato que le sirvió a Jonathan Lethem para iniciar su ensayo «Las posibilidades desperdiciadas de la ciencia-ficción» (Jaberwock nº1), que habla (entre otras cosas) del miedo que existía (y existe) dentro del ghetto a todo lo que venga de fuera, hasta el punto de negarlo, repudiarlo, jactarse de ello,…

Si a esto le sumamos la dificultad que encontraban muchos autores practicantes de esa nueva ciencia ficción para ver publicadas sus obras; que una vez publicadas desaparecían del mercado sin posibilidad de reedición porque lo que se llevaba era una ciencia ficción opuesta a la que habían escrito (el motivo fundamental por el que Silverberg se tiró cuatro años sin escribir); el cierre de la revista New Worlds en 1971, auténtico motor de la nueva ola en el Reino Unido;… el resultado es que en 1977 estaba en coma, olvidada.

¿Del todo? Noooo. En un pequeño lugar del género todavía resistían una serie de autores jugando a la contra, a su bola y sin demasiada poción de éxito: M. John Harrison, Keith Roberts, Christopher Priest, Thomas M. Disch,…, Sin embargo mantuvieron en su lugar la fuente que ha permitido el surgimiento entre otros de Iain M. Banks o China Miéville. Porque, como dijo M. John Harrison en una entrevista que le hicimos en Cyberdark hace tres años

La new wave de mediados a finales de los sesenta creó una reserva, una biblioteca de posibilidades tanto en cuanto a la técnica como en términos de contenidos humanos. Esta biblioteca se visita menos de lo que esperábamos, pero más de lo que pensamos. El resultado es que, en cualquier momento de los últimos 30 años, alguien en algún lugar ha estado escribiendo algo un poco más interesante que la ciencia ficción «para pasar el rato»; y ha habido un fuerte y rápido desarrollo de la ciencia ficción alternativa.

Y añade algo que concuerda con la (parcial) integración en la literatura general que parece producirse últimamente

Ahora esta tendencia encaja bien con lo que ocurre en la ficción literaria tipo mainstream, así que estamos en otro estadio de desarrollo. Creo que esto será más rico y productivo, aunque no sé el efecto que pueda tener sobre la ciencia ficción en general. ¡Probablemente ninguno!

¿Y cuáles son los herededos de esa ciencia ficción que selló el futuro de la new wave? Fundamentalmente la escrita por David Brin, Orson Scott Card, Greg Benford, Vernor Vinge, Dan Simmons,… Lo que aquí ha ido traduciendo Nova. Aventura fundamentalmente evasiva; historias que buscan el sentido de la maravilla a base de llevarnos planetas lejanos, civilizaciones extrañas, amenazas terribles, gadgets cientificotecnológicos de último diseño; dilemas morales amansados; revisiones de revisiones de revisiones de la ciencia ficción;…

Lo que no quita para que entre ellos y ellas haya buenos autores y buenas novelas. Pero esa es otra historia.

Por cierto. ¿No podríamos acusar a Harlan Ellison de hundir la new wave por no publicar su tercera antología de Dangerous Visions? Con el volumen que estaba alcanzando, bien que podría haber dejado sin relatos nueva oleros las publicaciones de la época.

Nota: Para los que piensen que me gusta hablar conmigo mismo, repito que he participado en el foro. Lo normal es decir las cosas allí donde surgen.

Nota2: Si no sabe lo que es la new wave, quizás le interese la siguiente entrada del aburreovejas sobre novelas fundamentales para iniciarse en ella.

Nota3: Podría haber hablado de los premios que sí se llevaron antes novelas como Todos sobre Zanzíbar o los relatos nueva oleros de Harlan Ellison, James Tiptree, Jr.,… que tocaron cohete; O que en 1975 fuese Le Guin la que arrasase con Los desposeídos. Pero deliberadamente no lo he hecho. No tanto porque no se ajusten a mi tesis como que implicarían entrar en un análisis más fino que llevaría más tiempo. De todas formas, las obras que marcan tendencia, se recuerdan en cualquier discusión o permiten a un escritor ganarse las lentejas son las novelas. Y a éstas las dieron matarile.

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Shenzhen, Cartoonist 2, El viajero de la tundra, Blanco humano: Vivir en Amérika y Solo 2

Como la anterior entrada de Píldoras salió escorada hacia los superhéroes, en la presente me voy a acercar algunos de los tebeos de otras temáticas que he leído en las últimas semanas. Para ello comienzo con uno que tenía aparcado desde el Saló de este año y que, como me ha ocurrido con otros, me ha supuesto una leve decepción, esta vez más por asuntos de planificación editorial que por su calidad intrínseca.

Porque hay obras que, publicadas a destiempo, pierden gran parte de su interés y quedan relegadas a sufrir calificativos como «menor», «anecdótico», para «completistas»,…. Si Shenzhen (publicado originalmente en el año 2000) se hubiese traducido antes que el primer tebeo de Guy Delisle traducido por Astiberri, Pyongyang (publicado originalmente en el año 2004), el grado de satisfacción habría sido superior que leídos tal y como lo hemos hecho. No por nada estamos ante un experimento imperfecto y deslabazado de lo que después Delisle haría con Pyongyang. Experimento que, todo sea dicho, si hubiese aparecido antes que Pyongyang es posible que hubiese disuadido a más de un lector de acercarse a ésta.

Shenzhen es un diario ilustrado sobre la estancia del autor en la ciudad china de Shenzhen mientras supervisaba una serie de dibujos animados creada para el mercado francés. Allí se encuentra con el consecuente choque cultural, la deformada fascinación que produce occidente entre sus habitantes, los omnipresentes problemas de comunicación, el aburrimiento del occidental que va allí exclusivamente a trabajar y no tiene con quién pasar el tiempo libre, los contratiempos que surgen en la producción de la serie, la esquizofrenia propia del capitalismo comunista,… Todo bien contado pero a salto de mata, sin demasiada continuidad y sin entrar penetrar en el sistema chino como Delisle hizo posteriormente, con humor, en el norcoreano. De ahí que Shenzhen quede como una historia de viajes un tanto inane… y cara.

Tampoco se puede decir que el segundo volumen de Kyle Baker Cartoonist satisfaga tanto como el primero. Pero aquí no estamos ante un problema de publicación desincronizada, sino de intendidad y tiempo de lectura. Frente a aquél, donde casi todas las páginas deparaban chistes contenidos en una o dos viñetas, aquí nos hallamos mayormente ante historietas de varias páginas, de una o dos viñetas por página, ilustradas con el habitual virtuosismo cartoon que derrocha Baker en su trabajo, pero que se leen todavía más rápido. Otro tanto de lo mismo pasa con las historias de los Baker, en las que el autor relata a través de viñetas humorísticas de diferente extensión el día a día de su familia y lo que supone convivir con tres niños pequeños. Frente a los gags breves y certeros del primer volumen, aquí encontramos historias más alargadas que, aun siendo entrañables, despiertan menos interés. Para incondicionales de Baker.

Pasando a otras obras cuya lectura me ha resultado más satisfactoria, he aprovechado para dar cuenta del último tomo de historias cortas de Jiro Taniguchi publicado por Ponent Mon: El viajero de la tundra. Como ocurre con otras de sus recopilaciones, como Tierra de sueños o El olmo del cáucaso, existe un hilo conductor entre la mayoría de las historias; en este caso la fascinación por los paisajes de montaña y sus condiciones de vida extremas. Por ejemplo la primera historia, centrada en la fiebre del oro que llevó a muchos buscadores hasta el Yukon y Alaska a finales del siglo XIX, relata el hipotético encuentro durante una tormenta de nive entre un joven Jack London con un avejentado nativo que le salvará la vida y le inspirará para escribir un poema. Como ocurre con el resto de historias del volumen que se desarrollan en estos escenarios, supone la elegía de Taniguchi a uno de sus personajes arquetípicos: el superviviente que se aleja de la civilización para vivir en soledad y acercarse a las últimas fronteras. Como complemento incluye dos historias adicionales que no tienen nada que ver con este patrón.

Fiel a su equilibrada narrativa, su poética visual y las ilustraciones naturalistas, el placer que depara El viajero no reside únicamente en su lectura sino en la observación reposada de cada ilustración y el disfrute del trabajo de Taniguchi y sus ayudantes sobre los escenarios y los personajes. Dicen algunos lectores que la devoción que despierta cada vez que se comenta una de sus obras es exagerada; que no todo lo que publican puede ser bueno. Es posible que tengan razón, pero para mi cada nueva obra es una cita obligada, independientemente de su temática, la etapa creativa de la que proceda, las variaciones del formato o del precio. ¿Para cuándo una reedición de Sobrevivir a la nueva era glaciar?

Cambiando completamente de registro, Blanco humano: Vivir en Amérika es el primer tomo que publica Planeta del personaje y continúa la historia de los aparecidos en la etapa en que Norma editaba DC: la miniserie original, la novela gráfica Montaje final y el recopilatorio Zonas de choque, antesala de éste Vivir en Amérika. Para el que lo desconozca, Blanco humano se centra en la vida de Christopher Chance, un especialista en el arte del disfraz y de la imitiación que vende su habilidad a aquéllos que necesitan que ocupe su lugar: productores de cine amenazados, sacerdotes en zonas de guerra, jugadores de beisbol metidos en tramas de dopaje,…

Detrás de la serie está Peter Milligan que, a través de las diferentes transformaciones a las que se somete Chance, hace un repaso a los asuntos más candentes que preocupan a la sociedad americana como las secuelas del 11S, la inmigración, los escándalos relacionados con la pedofilia y la Iglesia, los grupúsculos revolucionarios que intentaron (e intentan) cambiar el sistema por medio de la violecia,… con una evidente implicación social. De una manera un tanto superficial, sin indagar demasiado en las raíces, regodeándose en la solución violenta de cada conflicto, y con un tratamiento televisivo en el que apenas hay continuidad de una historia a la siguiente.

Sin embargo como serie de acción funciona. Milligan sabe sacar partido a las limitaciones de la premisa y, sin soltar el pie del acelerador, juega con las neuras de un protagonista con problemas para reafirmar su personalidad (con tanto cambio…), acierta a rodearle de personajes secundarios que le acompañen e interaccionen con él, y se permite el lujo de confundir al lector de vez en cuando. Además en la ilustración cuenta con el contraste entre el estilizado trabajo de un Javier Pulido más sintético que nunca, y un expresivo Cliff Chiang que asimila el estilo del tristemente desaparecido Edvin Biukovic para convertirse en un clon de lo más resultón.

Quizás merezca más extensión que este condensado de píldoras. A ver si saco tiempo, porque acabo de terminar En el nombre del padre, el siguiente tomo, y también me ha dejado buen sabor de boca.

Y por último me enfrento al segundo número de Solo, dedicado al gran Richard Corben. Como en el resto de la serie tenemos a un dibujante con una personalidad muy acusada haciendo lo que le viene en gana durante 48 páginas. A veces ayudado por guionistas que le preparan la historia, otras encargándose él mismos de cada una, en ocasiones centrado en los grandes personajes de DC (como ocurría en la primera entrega realizada por Tim Sale), o, incluso, con historias que se alejan de los superhéroes para tocar otras temáticas.

Corben sabe que lo suyo son las historias salvajes y violentas, los personajes egoístas, tramposos y agresivos, y argumentos más próximos a la fantasía, el western o el ambiente urbano. De ahí que en su repertorio apenas aparezca un personaje habitual de DC, El Espectro, encima de una historia de detectives con nulo contenido superheroico. El resto es un mero pretexto para disfrutar una vez más de su arte con unos argumentos completamente supeditados a él en los que, como viene siendo habitual en cualquier producto que nos llega de una gran productora estado unidense, hay cancha de sobra para la violencia y casi nada para el sexo. Y aunque Corben está lejos de recuperar su esplendor, sigue manteniendo la fuerza y la intensidad que le hicieron grande. Globalmente, me ha gustado.

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Murakami Premio Mundial de Fantasía 2006; Easton Ellis International Horror Guild

Comentaba Santiago L. Moreno en la entrada sobre los premios Ignotus 2006 que Haruki Murakami se ha llevado el Premio Mundial de Fantasía 2006 con Kafka en la orilla (que aparecerá en breve en Tusquets), y Bret Easton Ellis el International Horror Guild por la ya traducida Lunar Park.

Sobre las obras poco puedo decir; no las he leído. De los autores tampoco; tengo referencias pero apenas he leído una novela de Ellis, American Psycho y la dejé a la mitad. Pero el cuerpo y la concurrencia más participativa me piden reafirmar algo. A pesar de que todavía es pronto para asegurar que sea una tendencia establecida, estamos ante un (nuevo) indicativo de por dónde van los tiros en lo que se refiere a las mejores obras de temática fantástica que se están escribiendo y publicando en anglosajonia (no lo olvidemos, el lugar de dónde recibimos la mayor parte de los títulos que nos ofrece el mercado). Los autores de «fuera», noveles o prestigiosos, continúan acercándose sin complejos a los recursos y lugares comunes de la ciencia ficción, la fantasía y el terror para conseguir unos resultados arrolladores. Basta observar los finalistas en la categoría de novela extranjera de los premios Ignotus o del Xatafi-Cyberdark.

Aquí podíamos introducir el debate sobre si es fruto de una fiebre por el fantástico que ha permeado las fronteras del guetto y ya no aqueja a dos o tres autores puntuales, o de una moda pasajera que nubla los análisis, tan circunstancial como el premio Hugo a Jonathan Strange y el Señor Norrell (¿fruto del lugar donde se produjo la convención?) después de unos años entre mediocres y «extraños». Si es una veleidad del colectivo elitista-antiguetto, que continúa en su habitación acolchada golpeando a cabezazos las paredes.

Por si hace falta ratificarlo, el aburreovejas desea lo primero y que continúe por mucho tiempo. Está disfrutanto de una serie de libros ante los que se queda sin calificativos. Como el que está leyendo ahora: El atlas de las nubes. ¡Qué pasada!

Además sobre el Premio Mundial de Fantasía sólo puedo decir cosas buenas. Mirando las obras traducidas, tiene un palmarés de lo más respetable que se aleja de los movimientos populistas que en los últimos años, salvo excepciones, han desvirtuado algunos de los premios de ciencia ficción más conocidos. Algo que se entiende si se considera que la obra ganadora es determinada por un jurado de cinco personas formado por autores y críticos. De hecho, con un par, han premiado novelas descomunales que apenas han llegado al gran público, caso de La sombra del torturador, Pequeño, Grande, El Prestigio, La fisognomía o Los hechos de la vida.

El listado es el siguiente.

Y el de finalistas de la última edición, Murakami a parte,

Hal Duncan, Vellum (Macmillan; Del Rey)
Bret Easton Ellis, Lunar Park (Knopf; Macmillan)
Graham Joyce, The Limits of Enchantment (Gollancz; Atria)
Patricia A. McKillip, Od Magic (Ace)
Paul Park, A Princess of Roumania (Tor)

Nota: Mi desconocimiento de Murakami se solucionará en breve cuando me lea Kafka en la orilla y La caza del carnero salvaje (Gracias a Ataulfo, Arturo Villarrubia y fonz por las referencias; poco a poco os haré caso)

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Actualización de C, Noviembre de 2006 (I)

Me da un poco de palo provocar el descenso de la entrada anterior, en la que se están diciendo cosas bastante lúcidas sobre el panorama actual de las revistas de ciencia ficción en España. Pero la actualidad se impone y hay que hacer un poco de SPAM, sano, que la empresa lo merece.

Como supongo sabréis la mayoría, en la madrugada del domingo al lunes actualizamos la web de crítica de literatura fantástica C, el hijo de Cyberdark, con las siguientes reseñas:

+ Grandes minicuentos fantásticos – Varios autores (Iván Olmedo)
+ Dudo errante – Russell Hoban (Alfonso García)
+ Artifex Tercera Época Volumen 3 – Varios autores (Iván Fernández Balbuena)
+ El lenguaje de las piedras – Robert Carter (José Yofre)

Recomendaros su lectura, muy especialmente en el caso de las dos primeras. En Grandes minicuentos fantásticos Iván Olmedo consigue, además de introducirnos el libro y estimular su lectura, auyentar uno de los bulos más extendidos de los últimos tiempos: que la ficción breve es un producto de la era internet. Mientras, en Dudo errante Alfonso García disecciona una novela de culto de traducción imposible, que Berenice tuvo el arrojo de traernos. Y no parece que lo hayan hecho nada mal.

La próxima atualización de C será, si todo marcha como debe, el lunes 20 de noviembre. Entonces nos esperan dos nuevas reseñas y, como ingrediente especial, el primer artículo.

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Ganadores de los Premios Ignotus 2006

Leo en Bem Online la lista de los ganadores de los Premios Ignotus 2006, entregados anoche durante la cena oficial de la HispaCon de Dos Hermanas. Son los siguientes:

MEJOR NOVELA
Danza de tinieblas, de Eduardo Vaquerizo (Minotauro)

MEJOR NOVELA CORTA
”La traición de Judas”, de Joaquín Revuelta (Artifex, Bibliópolis)

MEJOR RELATO
«Días de otoño», de Santiago Eximeno (Galaxia, Equipo Sirius)

MEJOR ANTOLOGÍA
Ven y enloquece, de Fredric Brown (Gigamesh)

MEJOR LIBRO DE ENSAYO
Idios Kosmos, de Pablo Capanna (Grupo AJEC)

MEJOR ARTICULO
”Crónicas Marcianas”, de Alfonso Merelo (Vórtice en Línea 6, Ediciones Parnaso)

MEJOR ILUSTRACION
Portada de Gigamesh 41, de Alejandro Terán (Gigamesh)

MEJOR PRODUCCION AUDIOVISUAL
Cálico Electrónico (Web), de Nikodemo Animation

MEJOR TEBEO
“La legión del espacio” – Alfredo Álamo-Fedde (El Sitio de Ciencia Ficción)

MEJOR OBRA POETICA
“On / Off”, de Gabriella Campbell (Vórtice en línea 7, Ediciones Parnaso)

MEJOR REVISTA
Asimov CF (Robel)

MEJOR NOVELA EXTRANJERA
Tormenta de Espadas, de George R. R. Martin (Gigamesh)

MEJOR CUENTO EXTRANJERO
“El sumidero de la memoria”, de Mike Resnick (Gigamesh 42, Gigamesh)

MEJOR SITIO WEB
Sitio de Ciencia Ficción, de Fco. José Suñer Iglesias (www.ciencia-ficcion.com)

Comparando con la entrada anterior, mi olfato proyectando al futuro deja bastante que desear. He fallado más del 50% de las categorías. Y aunque quede mal meter el dedo en el ojo de los que se arriesgan, lo mismo ocurre con el pronóstico de Juanma Santiago, aunque tuvo el mérito de acertar quién ganaría uno de los premios más peliagudos: al mejor relato para Santiago Eximeno. Eso sí, en los momentos previos a la entrega de premios en Vigo estuvimos más acertados, en un tris de acertar el pleno.

La valoración… salvo dos detalles me parece un buen palmarés. Quien haya leído el piscinazo sabrá cuáles son. Por un lado el señalado como mejor artículo, meritorio pero de menor calado que otros de los candidatos, y el de mejor revista para la Asimov. El más extraño (por no utilizar otro calificativo) de todos y que sólo se puede entender como un premio a lo Oscar a Jack Palance; ese actor secundario «entrañable» que recordamos con nostalgia y que queremos premiar antes de que pase a mejor vida o de modo póstumo, independientemente de que lo merezca o no.

Y nada, felicidades a los premiados y suerte a los aspirantes en próximas convocatorias.

Nota: Otras valoraciones sobre los premios Ignotus 2006.

Santiago L. Moreno en Literatura en los talones (El blog de Kaplan)
Iván Fernandez Balbuena en Memorias de un friki

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Una quiniela/papeleta aburreovejas sobre los Ignotus 2006

Cuando el año pasado se hizo pública la lista de candidatos a los premios Ignotus (recordemos, los premios a las mejores obras de temática fantástica del año que gestiona la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror) redacté una entrada un tanto «ofendida» hablando de los olvidos que detectaba en ella. Este año, ya aleccionado, me lo he tomado con más tranquilidad. En parte, porque me parece una lista más sensata. En parte porque al haber sido jurado del premio Xatafi-Cyberdark que valoraba obras publicadas durante el mismo periodo, algún alma susceptible podría llegar a mosquearse vete tú a saber por qué.

No puedo morderme la lengua.

Este año voy a hacer algo diferente. Ya que tengo un cordero aquí al lado, jugaré a ser Rappel la noche antes de los Oscar y, analizando sus vísceras, la historia pasada, las tendencias, mis prejuicios y demás, vaticinar cuáles serán los ganadores en las diversas categorías. Además, de paso, hago pública la papeleta que introduciría en la urna de votación en el caso de que me hubiese acercado a Dos Hermanas.

Comienzo con la categoría reina:

Novela
Mundos y demonios, de Juan Miguel Aguilera (Bibliópolis)
Danza de tinieblas, de Eduardo Vaquerizo (Minotauro)
Perros bajo la piel, de Luis Ángel Cofiño (Espiral)
Esperando la marea, de Joaquín Revuelta (Ediciones Parnaso)
Sherlock Holmes y las huellas del poeta, de Rodolfo Martínez (Bibliópolis)

Una vez que, inexplicablemente, no está El espíritu del mago de Javier Negrete, como se ha visto en una reciente encuesta en StarDust, se augura una enconada batalla entre la ganadora del Xatafi-Cyberdark de este año, Danza de tinieblas de Eduardo Vaquerizo, la favorita del fandom ciencia ficcionero, Perros bajo la piel de Luis Ángel Cofiño (secuela de la adorada El Cortafuegos, que hace tres años perdió el Ignotus ante la sosísima Cinco días antes), y Esperando la marea del «local» Joaquín Revuelta. Aguilera podría tener sus opciones, pero creo que una de las dos primeras se llevará el perro al agua.

Mi voto: Danza de tinieblas, de Eduardo Vaquerizo

Novela corta
Requiescat in pace, de Eduardo Gallego y Guillem Sánchez (Asimov 19, Robel)
La traición de Judas, de Joaquín Revuelta (Artifex, Bibliópolis)
Esencia divina, de Joan Antoni Fernández (Espiral)
La mirada del abismo, de Joan Antoni Fernández (Grupo AJEC)

Aquí creo que la difusión de la Asimov Ciencia Ficción y el Artifex juegan a favor de sus autores, además de que no tienen que competir contra sí mismos. Gallego y Sánchez tienen su público y la novela corta con la que compiten es un ejercicio de ciencia ficción clásica muy del gusto de la concurrencia. Pero creo que Joaquín Revuelta ha llegado a más gente, con una obra más intensa y efectista.

Mi voto: «La traición de Judas», de Joaquín Revuelta

Cuento
La cotorra de Humboldt, de Lorenzo Luengo (Artifex, Bibliópolis)
Margabarismos, de Félix J. Palma (Artifex, Bibliópolis)
Dragón podrido, de Juan Díaz Olmedo (Paura, Bibliópolis)
El hombre de la pala, de Alfredo Álamo (Paura, Bibliópolis)
Días de otoño, de Santiago Eximeno (Galaxia, Equipo Sirius)

Quizás estamos ante la categoría más reñida, con unos candidatos que dan fe del aceptable nivel medio que han alcanzado los autores nacionales cuando se enfrentan a un cuento. Como la Galaxia nunca fue una publicación para el fandom, dudo mucho que Santiago Eximeno pueda repetir su éxito de 2003 cuando ganó el premio con «Origami». Del resto, hay que tener en cuenta que Palma, probablemente el mejor cuentista de fantástico de los últimos años, no ha ganado ni un mísero Ignotus y tiene una obra con más peso que los neófitos Álamo, Olmedo y Luengo.

Mi voto: «Margabarismos», de Félix J. Palma (aunque también me satisfaría «La cotorra de Humboldt», hay que rendir cuentas con el pasado. Y el cuento lo merece)

Antología
Paura vol 2, de VVAA (Bibliópolis)
Postales desde La Habana, de VVAA (Grupo AJEC)
Artifex 3ª época vol 1, de VVAA (Bibliópolis)
Artifex 3ª época vol 2, de VVAA (Bibliópolis)
Ven y enloquece, de Fredric Brown (Gigamesh)

Si el año pasado Paura se llevó el piedro a la saca, este año lo tiene más complicado con un clásico como Brown, que juega ante su público y con un nivelón que deja al Madrid de las estrellas a la altura de un equipo de tercera. Es difícil equiparar un buen equipo campeón de la Copa del Rey con las copas de Europa ganadas por Di Stéfano, Puskas, Gento, Marquitos, Santamaría,… El resto no creo que tengan opción, más si el Artifex tiene que competir consigo mismo y para leer la minúscula letra de Postales desde La Habana se necesitaban una lupa profesional y una buena dosis de analgésicos para combatir el dolor de cabeza.

Mi voto: Ven y enloquece (lo dicho; es lo que tiene poner en competencia cosas tan distintas)

Libro de ensayo
Jabberwock 1, de VVAA (Bibliópolis)
Idios Kosmos, de Pablo Capanna (Grupo AJEC)
Ed Wood: platillos volantes y jerseys, de David G. Panadero y Miguel Ángel Parra (T&B Editores)
Tim Burton: Diario de un soñador, de David G. Panadero y Miguel Ángel Parra (Ediciones Jaguar)
Paradojas II, de Miquel Barceló (Equipo Sirius)

Aviso. No he leído los ensayos de Panadero y Miguel Ángel Parra, así que no voto. Aunque me gustaría que ganase el ensayo de Capanna por lo que es y representa. ¿Pensará lo mismo el público? Buena pregunta. Los higadillos no me cuentan nada concluyente.

Artículo
Luz, más luz, de Santiago L. Moreno (Jabberwock 1, Bibliópolis)
Ha ganado el cosmos, de Fernando Ángel Moreno (Vórtice en Línea 7, Ediciones Parnaso)
Crónicas Marcianas, de Alfonso Merelo (Vórtice en Línea 6, Ediciones Parnaso)
Los seriales de ciencia ficción, de Alfonso Merelo (Galaxia 15, Equipo Sirius)
¿Pueden jugar también las niñas?, de Thomas M. Disch (Jabberwock 1, Bibliópolis)

Aquí creo que Jabberwock se llevará un manolito que premie su arriesgada empresa. Y aunque Disch es como cianuro para las editoriales que lo han publicado, su nombre suena mucho más que el de Santiago L. Moreno. Además «¿Pueden jugar también las niñas?» ofrece el único capítulo que se ha publicado en nuestro país de su célebre The Dreams Our Stuff is Made Of, una reflexión de aúpa sobre el rol de la mujer en la ciencia ficción, tanto en el papel como ante él. Difícil papeleta para Merelo, otro que lucha contra sí mismo, o para Fernando Ángel Moreno con su divertidísima crónica de lo vivido en Vigo.

Mi voto: «Luz, más luz». ¿Por qué? En España se escribe demasiada divulgación liviana a la manera de las biobibliografías y pocos artículos que vayan más allá de la superficie y planteen tesis como las que Santiago L. Moreno expone aquí. Una tesis que no es revolucionaria ni cambiará el discurrir de la ciencia ficción, pero que está bien redactada, mejor argumentada y es bastante arriesgada.

Ilustración
Gigamesh 41, de Alejandro Terán (Gigamesh)
CineBote – Autocine valerano, de Pedro García Bilbao (NG 11-Asesinato en Valera, Silente)
Mundos y demonios, de Juan Miguel Aguilera (Bibliópolis)
Sherlock Holmes y las huellas del poeta, de Alejandro Terán (Bibliópolis)
Cismatrix, de Alejandro Terán (Bibliópolis)

Creo que ganará la ilustración de Juan Miguel Aguilera para Mundos y demonios (es lo que me dicen las mollejas del cordero)

Mi voto: El trabajo de Terán en la cubierta de Cismatrix (gloriosa)

Me salto un par en las que o tengo menos idea de lo que es habitual o no hay competencia,y pasamos a…

Revista
Asimov CF (Robel)
Gigamesh (Gigamesh)
Galaxia (Equipo Sirius)
Solaris (La Factoría de Ideas)
Vortice en línea (Ediciones Parnaso)

Pasándome de cínico, esta categoría debería ser un mano a mano entre Gigamesh y Vórtice en línea, por aquello de que tres pasaron a mejor vida y no estaban activas en la fase de votación (el absurdo reglamento que rige los designios de mejor sitio web; lo sé, soy un resentido). Poniéndome serio, es posible que la Asimov se lleve el piedro a la saca por aquello de que ha cerrado, la dirigía el inmenso Domingo Santos, el prestigio de la cabecera,… De hecho, creo que es lo que va a ocurrir.

Y si ocurre, sería una incoherencia con el resto de categorías. Si se analizan las de mejor cuento nacional y extranjero, o mejor novela corta, se verifica algo que (me temo) no se ha dicho lo suficiente: el nivel medio de la revista era más bien mediocre, cuando no pobre. No por responsabilidad del director, sino porque el material original del que disponía era tal cual lo hemos leído.

Mi voto: Gigamesh (la calidad de los materiales traducidos en los cuatro números aparecidos durante el 2005 es difícilmente cuestionable; además casi consiguieron mantener la periodicidad. Sólo fallaron dos meses)

Novela extranjera
Jonathan Strange y el señor Norrel, de Susanna Clarke (Salamandra)
Nunca me abandones, de Kazuo Ishiguro (Anagrama)
La conjura contra América, de Philip Roth (Mondadori)
Tormenta de Espadas, de George R. R. Martin (Gigamesh)

Dudo mucho que estando Tormenta de espadas por delante nadie pueda quitarle el piedro después de que el año pasado ganase hasta un Ignotus al mejor cuento con tres capítulos de adelanto de esta novela.

Mi voto: Jonathan Strange y el señor Norrel (una obra única, a la contra de los tiempos)

Cuento extranjero
El sumidero de la memoria, de Mike Resnick (Gigamesh 42, Gigamesh)
No opinamos lo mismo, de Bruce Sterling (Gigamesh 41, Gigamesh)
He tocado el cielo, de Mike Resnick (Gigamesh 42, Gigamesh)
El hombre con forma de pera, de George R. R. Martin (Gigamesh 40, Gigamesh)
Duelo, de Richard Matheson (Gigamesh 42, Gigamesh)

Lanzándome a la piscina, ganará «Duelo» de Matheson. Porque es un buen cuento de terror y, por qué no reconocerlo, porque se ha convertido en clásico gracias a la película de Spielberg. Aunque también está ahí Martin para seguir con su racha a lo premiemos cualquier relato de este autor, sea o no lo mejor. Esta vez, hay que reconocerlo, con un buen relato.

Mi voto: «He tocado el cielo» (una historia sobre el relativismo cultural, tan emocionante como subversiva)

Web
El sitio de CF, de Fco. José Suñer Iglesias (www.ciencia-ficcion.com)
BEM On Line, de Interface Grupo Editorial (www.bemonline.com)
Stardust, de Javier Romero (www.stardustcf.com)
NGC 3660, de Pilar Barba (www.ccapitalia.net/ngc)

Como es habitual, se prevé una lucha reñida entre las tres primeras webs. Mojándome, creo que repetirá Sitio de ciencia ficción, aunque la labor informativa diaria de Javier Romero está ahí y puede ser premiada.

Mi voto: Sitio de ciencia ficción

Mirando por encima lo que he ido escribiendo sin un patrón previo, me he dado cuen que he ido mezclando mis previsiones con mis deseos (soy tan objetivo como una radio local retransmitiendo el partido de su equipo), y además he sido poco claro. Ya que ayer fue noche electoral, podemos llamar a la falta de concreción horquilla. Además el cordero no era de buena calidad. Había entrado en el blog buscando fotos de un sinus pilonidal.

Si alguien quiere jugar que se apunte. Tiene hasta la medianoche del sábado, cuando en Dos Hermanas estén a punto de leer los resultados de la votación.

Suerte a todos y que los asistentes disfruten de la HispaCon. Promete ser de las buenas.

Nota: Lista de candidatos consultada en el Portal de ciencia ficción

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Obra breve «completa» de Robert Silverberg

Leo en el blog de actualidad Noticias ciencia-ficción, editado por Ricardo Manzanaro, que a partir de noviembre la editorial estadounidense Subterranean Press va a proceder a reeditar la obra breve «completa» de Robert Silverberg en ocho volúmenes. Lo de completa va entre comillas porque, como explico después, hay relatos se han desestimado.

La recopilación parte con la vitola de ser la edición definitiva. En los años 90 Voyager, una editorial del Reino Unido, había afrontado la misma tarea pero dejándola en seis volúmenes (1,2,3,4,5 y 6), lo que propició que la mayoría de novelas cortas quedaran fuera. Ahora serán incluidas. Además cada historia contará con un texto escrito por el autor comentando los intríngulis de su creación y el contexto en que fue publicada.

El primer volumen, To Be Continued, siguiendo un criterio cronológico, se centra en su periodo iniciático entre 1953 y 1958, cuando las revistas atravesaban uno de sus grandes momentos, demandaban un elevado número de historias y Silverberg escribía entre 50 y 80 relatos cada año. Muchos publicados bajo seudónimo, ya porque estaban escritos en colaboración con otros autores (el más recurrente, Randall Garret), ya porque había que enmascarar que él estaba detrás de todos ellos. De todos ha salvado una veintena, los que figuran en el siguiente enlace. Destaca la presencia de historias como «El hombre cálido», «Ozymandias» o «Hacia el anochecer«, uno de sus cuentos más afamados, escrito con apenas 19 años y que permite observar ya algunas de las pautas que explotarían en su madurez creativa.

Pero como comentaba al comienzo, la mayor parte de lo que alumbró durante este periodo quedará fuera porque era de una calidad mínima y publicarlo implicaría irse, tirando muy por lo bajo, al doble de volúmenes, poniendo en cuestión la viabilidad del proyecto. Para los interesados en este periodo, Subterranean Press publicó hace unos meses una edición limitada de In the beginning, que recoge una veintena de sus relatos pulperos.

Supongo que si en España llevamos la friolera de 25 años sin una recopilación en condiciones de sus mejores cuentos, que son muchos, esperar que pueda llegar es una quimera. Habrá que agenciársela en pitinglis y esperar que, algún siglo, alguna editorial se decida a poner de nuevo en circulación una antología de la mejor obra breve que ha escrito Silverberg. Aunque si las experiencias de Gigamesh con Brown o los futuribles Matheson o Sheckley, o la de otra editorial que tenía en su punto de mira la de Sturgeon, funcionan,… ¿quién sabe?

Por cierto. Recordar que Subterranean Press es especialista en estos volúmenes de coleccionista. Ahí están sus recopilaciones de gran parte de la obra breve de George R. R. Martin o de Jack Vance. Anda que no podía Gigamesh hacernos el regalo de traducir aquí la del primero.

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El principio de D’Alembert

Intentar definir El principio de D’Alembert resulta mucho más complejo que enunciar el principio que le da título. Su autor, Andrew Crumey, lo presenta como una novela en tres cuadros, que al estar formada por tres secuencias sin relación aparente tiene bien poco de novela y mucho de libro de relatos.

El primero se centra en la vida de Jean D’Alembert, célebre pensador francés conocido por sus dotes para la filosofía natural y ser, junto a Diderot, Voltaire y Rousseau, uno de los enciclopedistas. Cercano al fin de sus días se embarca en una rememoración de su vida en busca de ese principio que lo defina como ser humano y a partir del cual, por simple deducción, se obtenga todo lo que ha formado parte de ella. Una acción consecuente con el determinismo que imperaba en el pensamiento científico de la época. Junto a esta búsqueda aparece la visión del anciano que tienen sus sirvientes y, alrededor de ambas, breves retazos narrativos que nos cuentan parte de la historia desde otro punto de vista: la mujer de la que D’Alembert se enamoró y con la que chocó su búsqueda; la famosa terna de la ilustración formada por «razón, imaginación y conocimiento» se topó con el deseo.

El gran escollo con el que tropieza esta semblanza histórica, agradablemente verosímil, está en la estructura planteada por Crumey. Intercala los hilos con un cierto sentido hasta que, en determinado momento, pierde cualquier esquema premeditado y transforma el «cuadro» en una sucesión de cartas a mayor gloria de la novela epistolar. Aunque como comento después pueda tener su justificación, la sensación de desconexión es tal que produce la impresión de estar leyendo una serie de apuntes apenas desarrollados de lo que iba a ser una obra histórica más extensa que, por falta de tiempo o ganas, quedó en agua de borrajas.

La segunda parte cambia de estilo y se transforma en un luminoso festival de la imaginación; una breve ensoñación con un fuerte componente de juego metaliterario a lo Borges o Calvino. Se hace alusión a una ficticia historia dentro de la Historia, contada como veraz, sobre textos ignotos, filósofos perdidos y unas ideas muy hermosas sobre la percepción del mundo, la conceptualización de la realidad y lo absurdo del antropocentrismo. La explosión que satura los sentidos llega cuando Crumey se viste con el ropaje de Olaf Stapledon y repasa los seres que podrían habitar los diferentes planetas del sistema solar del Siglo XVIII. No desde un punto de vista biológico sino cómo podrían ser sus usos, costumbres, modo de vida, forma de percibir la realidad,… Brillante.

Por último, en la tercera parte da un nuevo requiebro y nos lleva a la imaginaria ciudad de Rreinnstadt, donde un joyero recorre sus calles y le van contando una serie de historias, la mayoría costumbristas y claras herederas de la tradición europea de la época o Las mil y una noches; mejores, peores, más deslavazadas o conseguidas,… un repertorio variado que afianza la clave para interpretar El principio de D’Alembert.

Las tres secuencias conforman un tapiz que pone a prueba la capacidad de síntesis del lector, obligado por el propio subtítulo de la obra (el mencionado novela en tres cuadros) a dilucidar lo que ha leído para hacerse la composición de lugar. La mía es la siguiente. El hombre de la ilustración, puramente determinista, se topa con la realidad tal cuál es: compleja, llena de contratiempos, de situaciones que no se pueden estudiar bajo un modelo sencillo, con un fuerte componente de azar que jamás contempló en la ciencia que estaba construyendo. La razón no es la herramienta que abre todas las puertas del mundo porque hay aspectos que no atienden a su control. D’Alembert se enamora de alguien que no le corresponde y abandona todo lo que podría haberle hecho más grande por intentar satisfacer aquello que no puede conseguir. Y ese alguien, opaco, oscuro, desconocido a pesar de las apariencias, no se revela como su idealizada visión le invitaba a creer.

En contraposición tenemos sendos caminos que en el siglo veinte han sustituido/complementado la ciencia en la que creía a pies juntillas D’Alembert, la física cuántica y la teoría del caos, que irrumpen en la narración tal y como alguien de finales del siglo XVIII intentaría explicarlas. Ambas cobran forma a través del elemento fantástico presente no sólo por el componente ucrónico, sino por las metáforas que inventa Crumey. Y aquí es donde me rindo definitivamente al autor, porque a la belleza clarividente del segundo cuadro se une todo el arsenal de cuentos que presenta en el tercero, que evocan los complejos caminos que sigue la vida mediante la transposición de muchos cuentos clásicos. Cuentos en los que la variabilidad de los actos humanos crean pequeños cambios que originan finales inesperados, alejados de lo que conocemos. O cómo el caos entra en la tradición oral.

Independientemente de que haya cosas que no terminen de cuajar, El principio de D’Alembert es un libro inteligente repleto de ideas con las que recrearse y meditar. Eso sí, como acostumbra a ocurrir con Siruela te venden un producto bien editado pero tremendamente caro. 17 € por un volumen en tapa blanda que apenas llega a las 200 páginas hace que este tipo de caprichos sólo se puedan permitir de higos a brevas. Por cierto, como curiosidad, aparece por vez primera el personaje de Pfitz, un icono en las obras de Crumey.

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Relatos de seis palabras en Wired

Julián Díez me acaba de pasar el siguiente enlace de Wired, en el que aparecen microrrelatos escritos por autores provenientes de diversos campos relacionados con el fantástico (y algún acoplado, como William Satner) que utilizan sólo seis palabras. Bruce Sterling, Alan Moore, Stephen Baxter, Michael Moorcock, Charles Stross, Neal Stephenson, Ursula K. Le Guin, Neil Gaiman…

Un avance

His penis snapped off; he’s pregnant!
– Rudy Rucker

I’m your future, child. Don’t cry.
– Stephen Baxter

Tick tock tick tock tick tick.
– Neal Stephenson

Steve ignores editor’s word limit and
– Steven Meretzky

TIME MACHINE REACHES FUTURE!!! … nobody there …
– Harry Harrison

El enlace

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