Antigüedades

El propósito de esta serie de entradas, además de ayudar a seguir actualizando el blog con regularidad, es la de recuperar una serie de libros, mejores, peores, más o menos significativos, que me dejaron un sabor de boca singular que perdura en el tiempo. Obviamente, como el resto de este blog, desde el punto de vista más subjetivo y eminentemente positivo. Dispongo de escaso tiempo para escribir y prefiero hacerlo desde las participaciones constructivas a liberar el nacho malo y soltar el mazo con alegría. Vamos, lo que, simplificando, se suele llamar políticamente correcto. Lo digo porque de este libro es fácilmente encontrable en la red una reseña de Pedro Jorge Romero que lo pone, literalmente, de vuelta y media. Quizás con razón.

Antigüedades constituye un extraño hito de paso en la bibliografía de John Crowley. Sólido escritor de novelas, complejas y cada vez más extensas (esta reseña está escrita cuando todavía no había publicado Traduciendo el cielo), se prodiga muy poco en el terreno corto, donde se desenvuelve con desconcertante maestría en un aspecto no muy común en los modernos escritores de fantasía: evocar sensaciones. Algo fehaciente en estos 7 brevísimos cuentos que apenas sobrepasan las 20 páginas de extensión e hilados por un mismo tema común: la añoranza de un tiempo pasado que se ha perdido pero que podemos recuperar a través de un vestigio; una presencia, un recuerdo, una grabación,… lo que el título acertadamente sugiere bajo el término antigüedades.

Los tres cuentos que abren la colección comparten un punto de partida similar: el encuentro del hombre «moderno» con los restos de un mundo antiguo al que ha terminado reemplanzando y con el que la coexistencia resulta compleja, si no imposible. El primero, «La niña verde», es una brevísima y emotiva historia a la manera de Dunsany o Thomas Burnett Swan, donde una campesina se topa con dos niños de la Gente Pequeña. El segundo, «Missolonghi 1824», utiliza la figura de un Lord Byron poco antes de su muerte para hablar de la idea del romanticismo y del anhelo de recuperar un mundo anterior, más consecuente con el orden natural, que ha desaparecido o está en trance de hacerlo. El vínculo con esa época pretérita es una figura dionisíaca, primigenia y salvaje, cuya aparición resulta imponente. Y el tercero, que da nombre a la antología, un delicado cuento de fantasmas egipcios en la campiña inglesa, es otro pequeño divertimento a mitad de camino entre el misterio victoriano y el horror a lo Stoker que rezuma humor británico.

El resto de relatos, sin abandonar la idea antes mencionada, son más prosaicos. «Generosa con los muertos» y «El porqué de la visita» tienen lugar en una realidad cotidiana con leves toques de fantasía que recuerda el tono lírico del Ray Bradbury. En «Generosa con los muertos», una tía y un sobrino, al que hacía años que no veía, se encaminan hacia la antigua casa de campo donde convivieron hace años y que ahora tiene otro dueño. Durante el viaje en coche se dejan llevar por la melancolía y recuerdan las sensaciones que les produce aquel lugar, repleto de vivencias y estados de ánimo que Crowley transmite desde una sugerencia muy efectiva. Mientras, «El porqué de la visita», surgido también de una semblanza melancólica, deja de tener sentido hacia la mitad y produce la impresión de que el autor no sabía cómo rematarlo. Otro tanto se puede decir de «Exogamia», puro surrealismo, oscuro y obtuso, que se queda en mero ejercicio de estilo.

Dejo para una entrada a parte, el relato que más me gustó de Antigüedades, «Nieve», sin duda el mejor cuento que ha escrito Crowley y que figura entre los seleccionados por Orson Scott Card para su antología Obras maestras: la mejor ciencia ficción del siglo XX (anglosajona, claro, y eminentemente yaqui)

Quizás lo peor de Antigüedades está en que es excesivamente breve para lo que cuesta (10 euros). A pesar de esto, no puedo dejar de recomendar (sobre todo si lo saldan) este anecdótico ejercicio de sana nostalgia, no exenta de tristeza, que fundamenta su interés en el poder evocador y su sencillez, término que parece el antónimo de Crowley. Un escritor inconmensurable.

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El Prestigio

Nota introductoria: sí, ya sé que cine y literatura son dos medios diferentes, que aquello que funciona a la perfección en uno no tiene por qué hacerlo en el otro y que a la hora de adaptar una novela es necesario introducir una serie de cambios que pueden poner entre frenéticos y rabiosos a los lectores de la primera.

Dicho lo cual, sorpresa, he quedado más que satisfecho con la adaptación que Christopher Nolan ha realizado de la fabulosa novela de Christopher Priest El Prestigio. No sólo de la parte técnica, los actores (ganas tengo de verla en V.O.), el montaje… sino también del guión de Christopher y Jonathan Nolan en el que consiguen algo que, a priori, parecía complicado: llevar la novela al cine manteniendo parte de sus señas de identidad. Me resulta sumamente injusto que su labor no haya merecido, al menos, una mención en el apartado de mejor guión adaptado de los Oscars de este año; supongo que a la postre, como en otras tantas categorías, priman otra serie de «cualidades» y no necesariamente el conocimiento del original y el trabajo realizado sobre él.

Aunque, ¿satisfecho del todo con la adaptación? Nooooooo (intento morderme la lengua pero es superior a mis fuerzas). Hay un par de detalles en el que se les va la mano de forma sintomática y pelín traidora. A partir de aquí comienzan los spoilers. Eso sí, lo más leves que pueda.

Me refiero concretamente a todo lo que rodea al prestigio de Alfred Borden y la manera en que se reafirma a lo largo del metraje: los diálogos que mantiene con su mujer (hoy te quiero, hoy no), cuando habla de una parte de sí, cómo cámara y montaje burlan una visión clara de su ayudante y señalan que algo ocurre con él… Un conjunto de situaciones, diálogos, torpezas, que entran en conflicto con la manera en que, creo recordar (y a partir de aquí toda referencia al libro se diluye en la fragilidad de mi memoria; lo leí cuando salió hace casi cinco años), sucede en el original, donde Priest era mucho más comedido y jugaba una serie de bazas más sibilinas y sutiles que desembocaban en la misma conclusión.

A esto se une algo que, aunque pueda parecer una chorrada, me sacó un poco de quicio; si no recuerdo mal, salvo El nuevo hombre transportado y la referencia a la pecera, Priest no desvelaba ni un sólo truco más. De hecho hay un significativo pasaje de la novela en el que Borden relata en su diario cómo era uno de sus espectáculos de magia y aunque se denotaba que todo derivaba de la puesta en escena, los artilugios y su habilidad como mago, no revelaba absolutamente nada de cómo era posible. Sin embargo en la película, a parte de las ilusiones antes referidas, se desvelan varios trucos: el pájaro en la jaula, el número de escapismo acuático, la pistola cargada… En mi perpetua ingenuidad, me sentí un tanto ultrajado. No disfruto mirando detrás del bastidor y prefiero seguir en mi desconcierto para continuar deleitándome con ciertos trucos clásicos que, ahora, se han revelado; porque además la historia no lo demandaba.

En el fondo todo se debe a lo que el cine de grandes productoras elige ser en contraposición a una opción que (una parte de) la literatura parece todavía atesorar: la política del acto y su ineludible explicación versus la relación entre hecho, sugerencia e incertidumbre. Nos estamos acostumbrado a calificar, con suma alegría, a las incógnitas no fundamentales que no se despejan durante el desarrollo de una historia como cabos sueltos sin meditar si son fundamentales o si es necesario que se aten; mola más afirmar que el argumento tiene más agujeros que un paredón o que se acude a un deus ex machina. Sin embargo no siempre es así y podemos estar ante una obra perfectamente cerrada en la que se busca que el espectador/lector se sienta partícipe no sólo del desarrollo sino también a la conclusión. Una propuesta en la que uno pueda deleitarse más allá de la última página jugando a juntar las piezas para ver si la impresión que ha quedado es correcta o, incluso, experimentar la inquietud de que no encaje todo; no porque no estuviese ahí sino porque, como en la vida, algún detalle importante se ha pasado por alto. Y mira que aquí los Nolan podrían haber dejado todo en un plano mucho más sutil, acudiendo a (por ejemplo) la simbología con la que representan ambos trucos: los canarios, la jaula, el gato… Pero…

A otro nivel, tampoco me ha convencido cómo uno de los temas favoritos de Priest, la percepción de la realidad y la fiabilidad de los narradores, que le habría dado al film el clásico toque Rashomon, se transforma, por la importancia dada a la obsesión y la rivalidad entre Borden y Angier, en un a ver cuánto soy capaz de putearte en el que los diarios se convierten en meras armas arrojadizas. Combate en el que se diluye el antagonismo entre ambos caracteres según la manera de entender la magia (el mago que vive para ser mago y el mago que vive de ser mago; el mago tradicional y el mago «tecnológico»), o el horror existencial derivado de la máquina de Tesla, también supeditado a la obsesión y el deseo de venganza. Aunque, todo sea dicho, con este giro que le han dado todo funciona y han logrado un ejercicio de magia narrativa con el montaje que necesitaba la historia.

No quería terminar sin hacer mención al clímax; me resultó tan apoteósico que vibraba con cada revelación a pesar de saberme la misa enterita. Incluso con los momentos más gratuitos, por efectistas, como el abracadabra encadenado al último gran giro de ese destornillador lanzado que es la película. Por un momento envidié a la mayoría de los espectadores que no sabían nada del libro y pudieron disfrutarla (o sufrirla) desde el total desconocimiento. Aun recuerdo lo que sentí al ver Memento y me hubiese gustado recuperar aquella sensación de ir recibiendo la piezas para encajar el puzzle.

Nota: Parece mentira cómo hemos cambiado en un siglo, desde los tiempos en los que la ciencia era un reclamo para atraer al gran público y daba prestigio, a ahora cuando se ha convertido en la antítesis de la atracción. Y, sin embargo, cómo sigue aterrorizando…

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«¿Por qué no les gusta a las mujeres la ciencia ficción?» (ping)

Eduardo Larequi ha escrito para su blog La bitácora del Tigre la columna «¿Por qué no les gusta a las mujeres la ciencia ficción?» que inicia su etiqueta «novela de ciencia ficción«. Puestos a hacer el vaguete y adormilarles menos de lo habitual, me limito a enlazarlo para recomendar su lectura y la consiguiente participación (espero que no sólo de elementos masculinos). Un breve fragmento

No hay modelos literarios ni cinematográficos populares, esto es, accesibles al gran público, con los que las mujeres puedan identificarse rápidamente, circunstancia que no se da en otros géneros. Para encontrar una ciencia ficción sensible a una problemática femenina, o incluso feminista, hay que escarbar mucho, y eso a pesar de que uno de los pilares sobre los que se asienta la evolución histórica del género lo levantó una mujer, Mary W. Shelley, con Frankenstein o el moderno Prometeo. La obra de Ursula K. LeGuin, Marion Zimmer Bradley o Lois McMaster Bujold (o el caso más reciente de Audrey Niffenegger, autora de La mujer del viajero en el tiempo, sobre la que he escrito una reseña que se publicará en breve en un anuario especializado), nombres que siempre se invocan cuando se habla de estos asuntos entre los aficionados, no se cuentan entre los que más suenan en los catálogos editoriales.

Además, si son lectores de Dan Simmons, les recomiendo la lectura de «Curiosidades del Olimpo«, con un puñado de datos, anécdotas, referencias,… visibles en su última novela publicada por Nova. Todavía no la he terminado y, la verdad, se me han evaporado un tanto las ganas, pero no se puede negar que el autor norteamericano se ha currado este aspecto de su obra.

Un par de acicates para explorar el resto de La bitácora del Tigre donde abundan los comentarios sobre cine, literatura, la netiqueta en las bitácoras,… Me arde la curiosidad por saber qué le ha parecido la adaptación que Christopher Nolan ha hecho de El Prestigio. La vi ayer por la tarde y salí bastante satisfecho de la sala.

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¿Qué libros de literatura fantástica se publicaron el año en que nací?

Siguiendo el ejemplo motivador de Iván Fernández Balbuena y Enric Quílez, estos son libros publicados en el año en el que nací: 1974. Un compendio que me habría sido imposible hacer sin la ayuda del primero, que me envió un archivo de su base de datos con gran parte de las obras aparecidas el año en que murió Duke Ellington, Coppola estrenó el Padrino II y David Bowie hizo Diamond Dogs. En ese afán de categorizador que me puede, las clasifico en diferentes grupos. Y comienzo con lo realmente potente. El año en que vine al mundo fue el año en que algunos de mis autores predilectos dieron a luz un puñado de obras que me han marcado como lector:

  • Christopher Priest – El mundo invertido
  • Ursula K. LeGuin – Los desposeídos
  • Joe Haldeman – La guerra interminable
  • Larry Niven y Jerry Pournelle – La paja en el ojo de Dios

Ahí es nada. También fue el año en que autores que tengo en muy alta estima publicaron obras menores en su carrera pero que bien merecen una lectura

  • J. G. Ballard – La isla de cemento
  • Philip K, Dick – Fluyan mis lagrimas, dijo el policía
  • Stephen King – Carrie

Significó el retorno a la novela de dos clásicos venidos a menos

  • Alfred Bester – Computer Connection
  • Clifford D. Simak – Los hijos de nuestros hijos

mientras otros siguieron publicando a pleno rendimiento

  • Angela Carter – Fuegos de artificio
  • Michael Moorcock – La espada y el corcel
  • Jack Vance – Los Asutra y El príncipe gris
  • Philip Jose Farmer – Venus en la concha
  • John Brunner – Eclipse total
  • Poul Anderson – Tiempo de fuego

Y aparecieron una serie de obras de las que apenas tengo información o carezco de ella

  • Mariano Antolín Rato – Entre espacios intermedios WHAAM!
  • Barrington J. Bayley – El alma del robot
  • Gordon R. Dickson y Ben Bova – No más duendes
  • Fred y Geoffrey Hoyle – En el espacio profundo
  • Kit Pedler y Gerry Davis – El roecerebros
  • Doris Lessing – Memorias de una superviviente
  • Suzy McKee Charnas – Caminando hacia el fin del mundo
  • Carlos Saiz Cidoncha – El paso del Rhin
  • Jane Yolen – Los tres botones mágicos de Solacia
  • T. J. Bass – La ballena dios
  • Alan Dean Foster – Tragedia en el “Dark Star”
  • Fred Mustard Stewart – El niño estelar
  • Hal Clement – Cerca del punto critico
  • Charles Logan – Naufragio
  • Marion Zimmer Bradley – La espada encantada
  • Robert F. Jones – Deporte sangriento
  • Leigh Brackett – La estrella escarlata y Los perros de Skaith
  • Gerald Klein – El cetro del azar y Los asesinos del tiempo
  • Arkady y Boris Strugatsky – Decididamente, tal vez

Algunas colecciones y antologías de relatos que merece la pena tener en el recuerdo

  • Poul Anderson – Los muchos mundos de Poul Anderson
  • Stanley Weinbaum – Lo mejor de Stanley Weinbaum
  • Robert Silverberg – Born with the Dead (donde están dos impresionantes novelas cortas: «La ida» y «El proclamador»)
  • Edward L. Ferman y Barry N. Malzberg – Última etapa

Y, ¡revelación!, esa disparatada historia que habría encumbrado a Howard Waldrop como rey de la ciencia ficción macarra si no se la hubiese tomado mortalmente en serio

Un objeto de coleccionismo que todos deberíamos tener en nuestras estanterías para eneñarlo a las visitas y echarnos unas risas.

Pasando al relato, he encontrado que tampoco puedo quejarme. Está la primera gran obra de Martin, uno de los relatos más conocidos de Le Guin, una novela corta de Spinrad que es una demostración de que se puede escribir ciencia ficción hard cuidando al máximo el estilo, un cuento breve de Larry Niven que da fe de su talento para condensar una idea en el número justo de palabras, una hilarante historia de Harry Harrison, una emotiva y evocadora narración de la mejor Tiptree, Silverbergs muy sólidos en el año de su bloqueo, un Dick de esos de aúpa,…

  • George R.R. Martin – «Una canción para Lya»
  • Ursula K. Le Guin – «El día anterior a la revolución»
  • Theodore Sturgeon – «El soñador»
  • Harlan Ellison – «A la deriva en los islotes de Langerhans»
  • Norman Spinrad – Jinetes de la antorcha
  • Michael Bishop – «La odisea de Catadonia»
  • Larry Niven – «El hombre agujero»
  • Alfred Bester – «La fuga de cuatro horas»
  • Robert Silverberg – «Schwartz entre las galaxias»
  • Robert Silverberg – «Viajes»
  • Robert Silverberg – «Nacidos con los muertos»
  • James Tiptree, Jr. – «Su humo se elevó para siempre»
  • Harry Harrison – «Ratas espaciales del CCC»
  • Christopher Priest – «Transplante»
  • Philip K. Dick – «Algo para nosotros temponautas»

Y saliendo de la literatura de género, nos encontramos con

  • Rafael Sánchez Ferlosio – Las semanas del jardín
  • Álvaro Cunqueiro – El año del cometa
  • Gonzalo Suárez – Operación Doble Dos
  • Augusto Roa Bastos – Yo, el Supremo
  • Miguel Espinosa – Escuela de mandarines
  • José Manuelo Caballero Bonald – Ágata ojo de gato
  • Heinrich Boll – El honor perdido de Katharina Blum
  • J. M. Coetzee – Tierras de penumbra

¿Comparable a los años de Iván (1969) y Enric (1972)? Creo que no hay nada que envidiarles. Además a mi todavía me faltan un par de novelas por traducirse: la potencialmente peligrosa The Centauri Device, de M. John Harrison, o la opera prima de Patricia McKillip The Forgotten Beasts of Eld (que no me gustase excesivamente Maestro de enigmas no significa que no pueda darle otra oportunidad).

Nota: Cualquier error cometido en la redacción de esta entrada, especialmente en lo que a años se refiere, se debe únicamente a mi pereza.

Nota 2: Si mi memoria no fabula más de la cuenta, creo recordar que CloudXXI realizó en el foro de Cyberdark una pregunta relacionada con este «juego», preguntando qué año fue mejor si 1974 o ¿1953? (El fin de la infancia, Bóvedas de acero, Más que humano, Farhenheit 451,…). Hereje que soy, me quedo con el mío.

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La literatura fantástica española y la especulación (VII): ATE 3

No tiene mucho sentido seguir con esta serie de entradas un año después de quedar colgada a la espera de, por entonces, la última entrega. Porque, además, tampoco voy terminarla. Pero esto es un blog personal, está sujeto a las mismas contradicciones que envuelven a su «creador», no hay más plan prefijado que el que se va haciendo sobre la marcha y da una pereza atroz cerrar algo para lo que no había conclusión. Además, ya tocaba hacer una reseña de esta antología, que lleva aguardando turno junto al ordenador desde hace varios meses. Un libro de relatos que mantiene la solvencia de una marca que ha ofrecido, en los últimos años, los mejores cuentos de género en España.

Después de los dos primeros Artifex Tercera Época, todos nos quedamos un poco «pillados» con el contenido del primer volumen del pasado 2006. Tras dos entregas en las que, aun habiendo ciencia ficción de calidad (caso del excelente cuento de Lorenzo Luengo que ganó el Premio Xatafi-Cyberdark), dominaban el terror contemporáneo o la fantasía, Julián Díez y Luis G. Prado nos sorprendieron con casi 300 páginas dedicadas íntegramente a la ciencia ficción. Una ciencia ficción heterogénea, con cuentos en los que primaba la construcción de escenario, pero también con relatos con firme voluntad especulativa que se acercaban a nuestra sociedad, sus preocupaciones,… y estimulaban la reflexión. Aparte, sobra decirlo, de disfrutar con la historia, el estilo,…

Buena muestra de ello es el relato que abre este ATE: «Argos», de José Antonio Cotrina, ganador del Premio Alberto Magno 2005 y su retorno al cyberpunk después de unos años en el terreno de la fantasía más heterodoxa. He de confesar que no me resultó del todo satisfactorio porque la historia, y sus vericuetos, no me terminaron de convencer. El escenario es, desde luego, potente, con una humanidad a mediados del presente siglo conectada en red de manera directa sin utilizar interfaz alguno y viviendo una realidad tenofílica. Un entorno en el que se exploran las posibilidades de esta tecnología y se explota la angustia de ver un mundo poniendo todos los huevos en una sartén que nadie sabe cómo puede terminar o el miedo a perder nuestra privacidad (como bien dijo Yarhel en su reseña, ¿nos acordamos de Echelon?).

Sin embargo el avance de la historia se ve comprometido por los estereotipos observables en su desarrollo argumental y una titubeante verosimilitud derivada, sobre todo, de un villano de opereta, obcecado en matar moscas a cañonazos, que recuerda al maquiavélico y entrañable Doctor X, ése que tropezaba una y otra vez con el Action Man de turno porque no se le había ocurrido rodearse de compinches que le hiciesen el trabajo sucio. Afortunadamente Cotrina siempre se guarda elementos atractivos y nos regala un evocador paseo por una Praga fantasmagórica que ayuda a sobrellevar los tópicos (eso sí, ¿por qué Naroxa y no Naroba? Total, sólo era una letra)

El otro premio recogido en el volumen, «Morfeo Verdugo», de Yoss (ganó el Domingo Santos de 2005), se aleja del thriller para meternos en la cabeza de un condenado a muerte a la espera de su ejecución. Una ejecución que ya no se realiza en un corredor de la muerte, mediante una silla eléctrica o una inyección, sino de una forma más «civilizada»: a través del llamado bloqueo cortical, un condicionamiento que desencadena la muerte cuando el condenado sueña con su propia muerte. Desarrollado en dos niveles, el primero relata en primera persona un día en la vida de Francis Lewis, el reo que más tiempo ha conseguido burlar la pena, mientras trabaja, convive con sus compañeros, recuerda su última noche de juerga, rememora el motivo por el que fue condenado y nos introduce en un mundo que lo ha convertido en una atracción de feria que apuesta por cuánto más va a durar. Mientras, el segundo es un desarrollo objetivo en plan almanaque de cómo el mundo reacciona ante la pena de muerte desde el año 2006 hasta el 2038 (en el que se ubica la historia), desgranando los acontecimientos que condujeron hasta la situación actual. Una secuencia que funciona bien como recuerdo de cómo hechos aparentemente inconexos modelan la opinión pública, pero que no acierto a ver qué relación guarda con la historia de Lewis, que se sostiene sin necesidad de aditamentos. Una narración vigorosa y procaz que, a ratos, da vueltas entorno al pan nuestro cínico de cada día de refugiarse en un eufemismo (la muerte «indolora» en sueño) para legitimar algo monstruoso.

Otro relato en el que la especulación está presente es en «Bidesari», de José Ramón Vázquez, que creó una levísima polémica tras su reseña en C. En él se realiza una breve y sencilla estampa de un País Vasco independiente padeciendo las secuelas económicas de dicha situación a través de un ciudadano «anónimo» que se dedica a pasar mercancías a través de la frontera con España. Como bien dice la reseña, hay que felicitar a su autor por tratar un tema que a la mayoría de los autores que han publicado en el mundo aficionado parece que les es ajeno: toda la polémica generada alrededor de la organización territorial de nuestro país (obviamente no como personas sino a la hora de plantear sus historias). Otra cosa es que vea creíble «Bidesari», pero eso tendrá que valorarlo cada lector.

Por cierto, si se me permite la disgresión, Robert Silverberg escribió hace más de treinta años un cuento, «Un pequeño burócrata«, que sería perfectamente aplicable a una extrapolación a un par de décadas vista de nuestro estado autonómico. No está entre sus mejores obras pero es una de esas historias «clase media» que ayudan a reivindicar a Silverberg como uno de los grandes de la ciencia ficción mundial.

Retomando el hilo, y como suele ser habitual, coincido con la valoración que Iván Fernández Balbuena hacía para C y opino que el mejor cuento de este Artifex lo escribe el cada vez más en forma Eduardo Vaquerizo, que con «Víctima y verdugo» nos devuelve al universo de «Negras Águilas» y Danza de tinieblas por la puerta grande. En sus 50 páginas recrea la guerra de Vietnam en las colonias Amazónicas en una clave que bebe, tanto en su argumento como en su atmósfera, de El corazón de las tinieblas de Conrad y su versión moderna, Apocalypse Now. En él el teniente de volateros Avellaneda remonta el río Iquitos hasta una misión establecida en Paranaibo para asesinar a su fundador, el padre Olabarría, que está creando bastantes problemas a las fuerzas de ocupación del Imperio. Formalmente intachable, destacan la excelente ambientación en una selva exhuberante, descrita a través de una prosa «viscosa», el nexo que se establece entre el escenario axfisiante y la decadencia física y mental de Avellaneda, y la locura que se apodera de la historia cuando los indios ayumara entran en escena.

El resto de relatos quizás llamen menos la tención, pero no se puede decir que sean de los que te hacen perder el tiempo. Por ejemplo, «200» destaca donde se suelen hacer fuertes los cuentos de Santiago Eximeno (venga, lo repito una vez más): en la creación de atmósferas y a la hora de introducirnos en ellas a través de los personajes. Esta vez en una realidad en el que una parte de la población es obligada a participar en un atroz concurso que, mediante el azar, lleva a la muerte a algunos de ellos para regocijo de los telespectadores. También me ha gustado «Un día en la vida de una mente despierta», quizás la pieza más alejada del género de todas las que se recogen aquí, y, también, la de factura más clásica. Una historia que se desarrolla en presente y que convierte una serie de casualidades en un enigma a desentrañar, cosa que su autor, Hernán Domínguez Nimo, consigue de manera natural aunando misterio con el miedo a todo lo que se aleja de nuestra «normalidad».

«La última visita» de Iván Olmedo, «La balada del Hombre Anuncio» de Alfredo Álamo, «No me pongas esa cara» de Tomás Donaire, «Lo que significa tu nombre» de Víctor M. Gallardo completan un volumen variado que acoge ciencia ficción que va de la más combativa a la más evocadora, de la formalmente más experimental a la que mantiene unos valores más tradicionales. ¿Qué se echa en falta? Quizás algún relato que se prodigue en dos de los iconos más apreciados por el aficionado: el hard y el space opera. Cosa que, curiosamente, ocurre en el número 4, aparecido hace un par de meses. Pero eso lo veremos, como debe ser, en otra entrada (un siglo de estos, que llevo una vuelta de Navidad repleta de trabajo)

Nota final: Por cierto, menuda portada más cantosa. Casi parece la ilustración del manual de un juego de ordenador de combates espaciales y no la de una revista de relatos que busca abrirse a otro tipo de público. Menos mal que con la siguiente entrega se han enmendado.

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Actualización de C, Enero de 2007

Como supongo sabréis la mayoría, en la madrugada del domingo al lunes actualizamos la web de crítica de literatura fantástica C, el hijo de Cyberdark. En total han aparecido seis reseñas durante el mes de Enero:

+ The Algebraist – Iain M. Banks (Alfonso García)
+ Infiltrado – Connie Willis (J. Fidel Insúa)
+ Espacio revelación – Alastair Reynolds (José Yofre)
+ Bautismo de fuego – Andrzej Sapkowski (Iván Fernández Balbuena)
+ El Prestigio – Christopher Priest (Iván Fernández Balbuena)
+ Pies de barro – Terry Pratchett (Eloi Puig)

La próxima atualización será, si todo marcha como debe, el lunes 5 de febrero.

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Convocatoria de la segunda edición del premio Xatafi-Cyberdark

Se ha hecho público lo siguiente:

Ya ha sido convocada la segunda edición del Premio Xatafi-Cyberdark de la crítica de literatura fantástica, que pretende reconocer los mejores trabajos del género editados en España durante 2006 según un jurado.
Las categorías son:

  • Mejor libro de ficción español (dotado con 350 euros cedidos por la librería virtual tienda.cyberdark.net)
  • Mejor relato español (dotado con 150 euros cedidos por la librería virtual tienda.cyberdark.net)
  • Mejor libro de ficción extranjero
  • Mejor relato extranjero
  • Mejor iniciativa editorial

En esta ocasión, el jurado está compuesto por Ignacio Illarregui Gárate, J. Fidel Insúa, Cristobal Pérez-Castejón, Juan Manuel Santiago, Javier Vidiella, Mariano Villarreal y Arturo Villarrubia. Alberto García-Teresa actúa como secretario.

El 10 de mayo se hará pública la lista con un máximo de seis candidatos por categoría. El fallo del jurado se dará a conocer en julio, durante la cena de la AsturCon, dentro de la Semana Negra de Gijón.

Todo, obviamente, gracias a la organización de la Asociación Cultural Xatafi y la tienda Cyberdark.net, que patrocina los premios con un montante económico modesto pero valioso.

Como ocurrió con la anterior edición, ya llevo unos meses leyendo a todo trapo novedades y poco a poco se van conformando cuáles son mis candidatos. Después habrá que confrontarlos con el resto de jurados, seguir leyendo y llegar a una lista consensuada de finalistas y al ganador de cada categoría. Lo importante, además de que el premio se vaya asentando y conseguir un buen fallo, es ofrecer una lista de recomendaciones de los que se pueden considerar mejores obras de literatura fantástica publicados durante el 2006. Ojalá seamos tan afortunados como el año pasado y lleguemos a unas opciones de lectura tan satisfactorias.

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Arte conceptual basado en la Trilogía de Marte

Ayer en los foros de cyberdark Carlos NCT publicó un trabajo basado en la Trilogía de Marte de Kim Stanley Robinson que ha realizado para la Facultad de Bellas Artes de Valencia. Pinchando en el enlace se pueden ver algunas ilustraciones y hay un vídeo en formato quicktime que contiene las 30 imágenes que ha preparado, concatenadas con algunos efectos y música para dar ambiente. No tengo ni idea cuál será la puntuación con la que lo van a calificar, pero el trabajo resulta tan vistoso como atractivo, más si eres seguidor de las tres novelas de Robinson. Unas novelas que trascienden el calificativo hard para penetrar en lo que se podría llamar ciencia ficción real.

Leer Marte rojo fue, hace diez años, una pequeña revelación. Una novela de ciencia ficción que no se limitaba a tratar un asunto desde uno o dos ámbitos sino que lleva la multidisciplinaridad hasta las últimas consecuencias. Con razón se ha dicho que Robinson realizó un manual para la posible colonización de Marte porque todos los posibles escollos que pudiera presentar, a cualquier nivel y en una escala de tiempos de más de cien años, son abordados con verosimilitud desde una perspectiva global. Pero además están relatados con una solidez literaria intachable de la mano de unos personajes que, aunque algunos digan que parecen de Estrenos TV, son mucho más que estereotipos traumatizados y llorones.

La verdad es que tengo ganas de releerlos (inclusive Marte azul, el único con el que me aburrí soberanamente), simplemente por el hecho de paladear otra vez una de las obras más creíbles y complejas que ha surgido de la ciencia ficción.

Por cierto, ¡qué bien ha quedado la caída del cable!

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Décimo aniversario del Sitio de ciencia ficción

Hoy se celebra una efeméride que no debe pasar desapercibida: el Sitio de ciencia-ficción cumple diez años. Un hito memorable por lo que la web supone para la ciencia ficción en nuestro idioma y porque, a diferencia de otros proyectos personales que han ido surgiendo y cayendo por el camino, ha conseguido seguir ahí manteniendo una periodicidad prácticamente ininterrumpida. Se necesita algo más que constancia, ánimo o buenas intenciones para permanecer durante todo este tiempo incólume, resistiendo los embates de los cambios vitales que habrá experimentado su artífice, Francisco José Súñer Iglesias, las discusiones y malos ratos que se colaron entre los buenos momentos, los instantes de desánimo,…

No recuerdo cuándo accedí al Sitio por primera vez. Probablemente fue allá por el año 98, cuando comencé a moverme por internet por algo más que mis estudios. Y no tengo un recuerdo demasiado diferente de lo que hoy podemos ver (con los pequeños lavados de imagen). Si alguien siente curiosidad, puede acudir al Interner Archive para comprobar que no me falla demasiado la memoria. Esto no es ningún tipo de puñalada trapera en plan: pues no le vendría mal un rediseño de arriba a abajo. Como web de contenidos ha buscado la mejor manera de ofrecerlos y llegar al mayor número de internautas posible, independientemente de que sean dueños de un Pentium último modelo enchufado a banda ancha o accedan utilizando un 486 en sus últimos días mediante una RTB de las de «toda» la vida.

La sección que siempre me ha motivado y me ha movido a seguirla cada domingo ha sido la que anida en su portada: firmas. Un vivero de opinión en el que se han tratado todo tipo de asuntos relacionados con la actualidad de la ciencia ficción y su relación con nuestra sociedad, sin rehuir la polémica. Polémica en la que mucho ha tenido que ver la opinión del propio Francisco José Súñer sobre la ciencia ficción, el mundo editorial, los usos y costumbres del mundo aficionado, la crítica,…, un discurso coherente, claro y directo que no siempre comparto pero que tiene unas estimulantes propiedades revulsivas. Aparte, ha sabido contar con un nutrido grupo de colaboradores que le han ayudado a mantener su buque insignia y el resto de la web en funcionamiento, manteniendo el aporte de contenidos (entre los que, discretamente, me cuento)

Donde quizás más choque con él, y supongo que ocurrirá al revés, es en su manera de entender la literatura. Tal y como se puede observar en la sección de opinión, comparto su simpatía por ciertos autores (Lem, Ballard) pero me alejo en múltiples puntos, como su beligerancia con las narraciones escritas con un lenguaje elaborado (anda que no ha dado caña con este tema ni na). Además durante un tiempo dicha sección daba cabida a comentarios de colaboradores excesivamente breves que apenas describían el argumento y liquidaban la valoración con dos frases apenas conectadas. Cosa que en los últimos años ha corregido.

Durante este tiempo, además, ha sabido ir vistiendo la web de recursos, como su imprescindible Glosario, fundamental para desencriptar a los aficionados que hablan de ciencia ficción; sus secciones sobre la novela popular; los seriales;… o la divertida y triunfal tira de La Legión del Espacio, obra de Alfredo Álamo y Fedde, ganadora de los dos últimos Ignotus al mejor cómic y sindicada por más de 150 webs. Un conjunto que si miramos cada parte por separado, salvo las mencionadas Firmas y la Tira, no es lo mejor que podemos encontrar en la red en español pero, globalmente, suma cada parte hasta convertirse en una de las webs de referencia en español.

Iba a escribir que por derecho propio, pero no creo que sea lo más apropiado. Después de diez años sería más conveniente recordar que Francisco José se lo ha currado. Y espero que siga así. Por mucho tiempo.

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