El uso de mcguffins es algo tan usual dentro del mundo del cine o de la literatura que resulta un recurso generalmente irrelevante y perfectamente asumido por los seguidores de cualquier narración, que, en muchas ocasiones, no solemos ser conscientes de su presencia. Lo que resulta poco frecuente es encontrar uno que, además de convertirse en el eje de una historia y servir como elemento vertebrador, juegue también el papel de catalizador de todos los sentimientos que se liberan a lo largo de su relato. Eso es lo que ocurre con la torre de cristal que aparece en esta novela de Silverberg, cuyas construcción y posterior misión parecen ser su motivo central y que, sin embargo, no son más que una simple excusa para retomar algunos de los temas más importantes en la obra de este genial autor.
Su punto de partida es un mensaje que se recibe desde un planeta situado en un sistema a 300 años luz de la Tierra y que es indescifrable. Simeon Krug, todopoderoso empresario que se encarga de la fabricación de androides a escala planetaria, se embarca en una empresa faraónica: levantar una gigantesca torre que envíe una respuesta con el fin de dar testimonio de nuestra existencia. Para construirla utiliza miles de androides, los trabajadores esclavos al servicio de los humanos, que en su tiempo de ocio anhelan ver reconocidos sus derechos. Dentro de esta sociedad «artificial» paralela a la humana cohabitan dos corrientes antagónicas. Por un lado los pertenecientes al Partido para la Igualdad de los Androides que, a imagen y semejanza de las sufragistas de finales del XIX y comienzos del XX, buscan la plena equiparación androides-humanos a través de la lucha política. Y después la formada por el resto, que han construido una religión que tiene a Krug como Dios y al que rezan esperando que les salve de su situación y los convierta en humanos de pleno derecho.
Hace justo una semana actualizamos por segunda vez en Septiembre la web de crítica de literatura fantástica
En la política de recuperación de novelas y autores clásicos que ha afrontado La Factoría, en la que se cuentan aciertos como la reciente aparición de una de las mejores novelas de aventuras de la ciencia ficción, A vuestros cuerpos dispersos, o la reedición con el pie apretado en el acelerador de las tres primeras novelas de La Cultura, me llama la atención la maniobra editorial detrás de la publicación de una de las obras juveniles inéditas de Robert A. Heinlein,
Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien con una historia televisiva sobre policías. Por los trece episodios que llevo vistos, la primera temporada al completo,
Después de haber disfrutado de 

















