Dos días me ha durado (je, más bien duró, que lo terminé hace dos semanas) Guerra Mundial Z, la novela de Max Brooks que ha traducido publicado recientemente la editorial Almuzara (no tenía demasiadas dudas tras leer la crítica que escribió para C Manuel de los Reyes). Es una obra intensa que se basa en una narración poco convencional; Max Brooks recoge decenas de testimonios que conforman su «historia oral de la guerra zombi». El relato de un decenio trágico que abarca, desde el presente, la aparición de los primeros zombis, la proliferación de muertos vivientes por el globo terrestre, cómo producen el colapso mundial, las soluciones extremas para evitar la destrucción de nuestra especie en diferentes países, el punto de inflexión de la contienda, la dura reconquista del planeta…
Lo tiene todo para que su lectura sea fluida. Los capítulos en los que se divide son breves, las conversaciones (más bien monólogos) que son la base del relato están muy bien construidas, abarcan todo tipo de situaciones con las que es fácil identificarse, son certeras, tienen la dosis adecuada de efectismo, mantienen un tono elevado sin prácticamente decaer… Además abordan el asunto desde múltiples puntos de vista: los supervivientes a pie de calle que relatan las atrocidades que vivieron para poder contar su historia, los grandes nombres que trabajaron en la solución que permitió aguantar lo peor de la invasión y mantener a los seres humanos en el mapa, los cabrones que buscaron la manera de hacer negocio a costa del caos que había a su alrededor… Guerra Mundial Z es mucho más que un simple relato de supervivencia. Mantiene una potente carga alegórica que se abraza constantemente a la posmodernidad. No por nada pinta un cuadro global un tanto desenfocado construido a base de muchas pequeñas historias muy bien definidas. Una narración centrada en la confusión, el dolor, los mecanismos que nos permiten salir adelante…
¿Se nota que lo he disfrutado?