Tira cómica de Liberty Meadows

Me han pasado la siguiente tira de Liberty Meadows por correo y me ha parecido tan divertida (supongo que porque conozco los personajes) que quería compartirla desde aquí. No sé, cada vez me gusta más esta serie de Frank Cho, a pesar de que al principio me dejó un tanto frío.

Para el que no la conozca, en una semana o así se publicará el sexto libro que recopila las tiras aquí en España. Edita: La colla de la pessigolla.

Publicado en Tiras cómicas | Etiquetado , | 1 comentario

Libros para el veranito 2005

Mi «pila», como todas, tiene un comportamiento anárquico que no siempre obedece a la voluntad de su creador. Salvo casos contados, no se deja inducir por ningún orden establecido sino que va ofreciendome las pequeñas unidades de las que está compuesta sin un plan previo. Pero este verano no va a ser así. En los dos meses de relajo de los que dispongo he preparado un sobredimensionado listado de libros presentes en ella, la mayoría capturas muy recientes, y me los va a pasar. Quiera o no. Otra cosa es que pueda enfrentarme ante tal sobredosis de páginas. A lo sumo será una muerte dulce.

Sin orden ni concierto:

  • Novelas del mito: El caldero de oro, La orilla oscura y El centro del aire, de José María Merino
  • La desagradable profesión de Jonathan Hoag, Robert A. Heinlein
  • El ejercito de las sombras, de Simon Clarke
  • Las edades de la luz, de Ian R. MacLeod
  • 50 cuentos y 1 fábula, de José María Merino
  • El espíritu del mago, de Javier Negrete
  • Cartago triunfante, de Mary Gentle
  • Planos paralelos, de Ursula K. Le Guin
  • El mar de la muerte, Nancy Holder
  • Galveston, de Sean Stewart
  • Sólo un enemigo: el tiempo, de Michael Bishop (relectura)
  • Paura, de varios autores
  • La verdadera guerra de los mundos, de Joao Barreiros
  • El último puente y Los jardines de la luna, de Steven Erikson
  • Sherlock Holmes y las huellas del poeta, de Rodolfo Martínez
  • El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon
  • Giordano Bruno: el hereje impenitente, de Michael White
  • Clara y la penumbra, de José Carlos Somoza
  • Humanos, de Robert J. Sawyer
  • La clave del laberinto, de Howard V. Hendrix
  • Espacio revelación y Ciudad abismo, de Alistair Reynolds
  • La cicatriz, de China Miéville
  • Los premios Hugo 1973-1975, 1976-1977, 1978-1979 y 1980-1982, de varios autores (relectura)

Cuando comience el mes de septiembre haré balance del propósito, comprobando cuánto me he desviado. Y durante este tiempo atormentaré a mi rebaño con algún que otro informe de progresos. Avisados quedan.

Publicado en Masturbación mental | 4 comentarios

Traducir obras intraducibles

Hace unos días ha surgido la noticia de la aparición de una nueva editorial, Berenice, que va a publicar una colección de literatura fantástica. Sus tres primeros títulos serán:

  • Dudo errante, de Russell Hoban
  • La nave, de Tomás Salvador
  • El circo del Dr. Lao, de Charles G. Finney

Antes de nada, desear un feliz y auténtico aterrizaje a nuestras librerías. Digo lo de auténtico porque este tipo de iniciativas no siempre llegan a concretarse (si no, recuérdese aquella editorial que iba a traducir por primera vez The Green Odyssey de Farmer o Auf zwei Planeten, el libro más conocido de Kurd Lasswitz, y que se perdió en el limbo de los buenos propósitos jamás concretados). Después, recomendar la lectura del gran clásico de la ciencia ficción española previa a los años 80, La nave, que EMHO le da sopas con hondas a cualquier autor patrio previo a dicha década (no era muy difícil) y resiste la comparación con los clásicos de naves generacionales.

Pero esta entrada bascula entorno a algo diferente a la divulgación: la publicación de un libro intraducible como el de Hoban, un autor del que los críticos anglosajones hablan maravillas y que con Dudo Errante sublimó al máximo sus dotes especulativas. Según cuenta David Pringle en su lista de ciencia ficción publicada por Minotauro, estamos ante un relato post hecatombe nuclear narrado con un dialecto de factura propia derivado de un inglés degradado. Algo que hemos podido leer otras veces. La gracia está en que, según confiesa Pringle, en determinados momentos (bastante numerosos) es hasta difícil de comprender para los propios angloparlantes. Extraigo un ejemplo que pone en su miniensayo sobre la obra

wear 2 1/2 uv I thing yu & me

que es

we’re two halves of one thing, you and me

uséase

tú y yo somos dos mitades de una misma cosa

Si el núcleo central de Dudo Errante reside en esta neohabla y observamos que es intraducible, al final nos quedamos sólo con una parte, el fondo formado por la historia, los personajes, el escenario y los temas que trata. El resto, la forma, se perdió al ciento por ciento porque es imposible trasladar a nuestro idioma la compleja construcción de la que estamos hablando. Y al final, sólo hay dos opciones: o ser «respetuoso» con el original y acudir a las recetas típicas de escribir en plan Ke rulen los petas, bibha io hi my kultura o utilizando leguaje a lo sms, o pasárselo por el forro y convertirla en una narración convencional sin alardes formales. Llegado a este punto llego a la conclusión de que ambas soluciones me resultan igual de perturbadoras e insatisfactorias. Habiendo tantos títulos que publicar, hay que apostar por aquéllos que se pueden vertir sin incurrir en excesivos sacrilegios.

Así que, señores editores, dejen estos fuera del alcance de nuestras manos. Mejor tener un mito intocable en el pedestal que una versión cañí traicionera que en nada se asemeja al original. Si no que se lo pregunten a los lectores de género que están leyendo Feersum Endjinn, que le están dando un repaso escandaloso. Puede que en gran parte por un fallo en sus concepciones. No sabían lo que iban a leer traducido.

Publicado en Editoriales y ediciones | Etiquetado , , , , | 6 comentarios

Va de cine

Lo que pasa por conectarte cuando vuelves a casa un domingo por la noche. Acabo de pasarme por el blog de Álex Vidal y me he visto expuesto a una de esas memes infecciosas que pululan por internet, extendiéndose e invadiendo todo tipo de espacios. Va de cine, y el cuestionario a rellenar es el siguiente:

Número de pelis: si consideramos sólo las de DVD, entre 40 y 45 (tendría que hacer recuento). Si consideramos también las de video, originales, llegaría a unas 70.

Última comprada: Memento, hace unos meses. Desde entonces estoy en sequía, pero espero a que en El Corte Inglés hagan la oferta de 3 x 2 para llevarme, p.e., la primera temporada de Babylon 5.

Última que vi: En el cine, Batman Begins. A pesar de las escenas de acción, da gusto ver a un director con personalidad haciendo una película de superhéroes. Esta se la dejan al David S. Goyer, que firma el guión, y hace otro delirio discotequero/camp a lo Schumacher. En casa… (sonrojo) La búsqueda. Lo bueno que tiene esta peli, además de ayudarte a pasar el rato, es darte cuenta lo limitada que es la historia de los EE.UU. y todo lo que pueden sacar de ella.

Próxima que voy a ver: Seguramente Madagascar. A pesar de que la habrán matado con el doblaje y que estará a años luz de cualquier producto de Pixar.

Cinco pelis con significado especial: Soy un clasicote, así que de siempre Casablanca. Por la historia, los diálogos, los actores, Ingrid Bergman, las sensaciones que tengo cada vez que la veo,…. No me canso de verla.

No puede faltar una buena cinta de cine negro, y de estas la que más me marcó fue La jungla de asfalto, de John Houston. Quizás como retrato de perdedores, El hombre que pudo reinar o El tesoro de Sierra Madre son más redondas, pero este género me chifla. Y aquí, de nuevo, el conjunto es (perdonen la expresión) la hostia. Sobre todo por demostrar que al final, la policía siempre se pone del lado de la ley. No me cansaría de verla en el caso que la tuviese.

Una insospechada (siendo, como parece, un yankófilo irredento, para oprovio de la cultura oficial). Rufufú, de Mario Monicelli. Jamás me lo he pasado tan bien como con esta película, que me puso, literalmente, al borde de la vergüenza de los ataques de carcajadas que me provocó. Especialmente prescrita para cualquier momento bajo; garantiza hora y media de hilaridad incontrolada. No me cansaría de verla en el caso que la tuviese.

Mentiría si negase la importancia que ha tenido para mi la primera trilogía de Star Wars. Las tres películas, sin poner una por delante de otra (joer, hasta me gustaron los Ewoks; tenía 9 años). Las vi cuando todavía no tenía el cerebro corrupto y no hacía distinciones de calidad. Son las grandes responsables de que hoy en día no sea un hombre de provecho con una oposición sacada y malgaste mi tiempo libre escribiendo cosillas que leen un pelotón de frikis que sienten por sus gustos lo mismo que yo. Las he visto tantas veces que ya me he cansado de verlas.

Y por último, pero no menos importante, tachán tachán, Porco Rosso. La historia de este cerdo aviador en el Mediterráneo de los años 20 es el gran clásico del cine de animación del último cuarto de siglo. Cuando la vi por primera vez en aquel video que sacó Manga Line aluciné. Sabía que iba a ver algo bueno, pero no tanto. Cinematográficamente, le da doscientas vueltas a cualquier película salida de la factoría Disney. Reservado para unos pocos, porque, lamentablemente (como otros grandes films de Miyazaki, caso de Nausicäa) está fuera del mercado. No me canso de verla.

Bueno, hago trampas. Como los virus mutan, aquí meto mi cambio introduciendo una más. El tercer hombre, otra de cine negro que me marcó hace media vida. Por la historia, el guión, las interpretaciones, el ritmo, LA FOTOGRAFÍA, LA MÚSICA,…

Y creo que ya está. Como se trata de un reto, desde aquí convoco a fonz, xoota, david, fjvidiella y errantus para que sigan expandiendo la enfermedad. He dicho.

Publicado en Cine y TV, Memes | Etiquetado , , , , , , , , , , , | 1 comentario

Nuevas reseñas en El rincón de Nacho

Aunque la página sigue muy parada en comparación al movimiento que tuvo en épocas pasadas, sigo subiendo reseñas a El rincón de Nacho, versión clásica. Las últimas han sido las siguientes:

Publicado en Cosas de la red | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , | 1 comentario

El triste sino de caer lejos del foco

Siempre he defendido el uso de las etiquetas a la hora de hablar de Literatura. Cierto es que constriñen, sesgan, en múltiples ocasiones están mal utilizadas y suelen conducir al más elemental prejuicio. Pero también, y eso es algo que hay que valorar, permiten situar con facilidad lo que califican dentro de unos parámetros más o menos aceptados; circunstancia sumamente útil cuando se está discutiendo sobre algo. Ahora bien, una cosa es un foro donde todo el mundo sabe de qué se está hablando, y otra muy distinta el mercado editorial.

Hay libros que están bien publicados en las colecciones en los que aparecen; son, por así decirlo, carne de cañón para un público que sabe lo que busca y dónde hacerlo. Da igual que sea una novela histórica, que una narración erótica, que un relato de batallas espaciales. Sin embargo otras veces el aparecer en una determinada colección constriñe por completo la potencialidad de la obra, que de ser un libro con base amplia que puede satisfacer a un amplio espectro de lectores termina llegando únicamente a unos pocos, que o saben qué es lo que ofrece o les han dicho en un lugar muy concreto y alejado de los foros masivos qué es lo que tiene detrás.

Estoy pensando específicamente en una novela, Los hechos de la vida, obra de Graham Joyce que publicó La Factoría de Ideas hace más de año y medio en su colección Solaris Terror y que ha pasado inadvertida por nuestras librerías. Hecho tremendamente injusto (uno de tantos) porque a parte de ser una novela bien escrita, con una historia amigable, llena de significado, con escenas arrebatadoras y un tratamiento de personajes ejemplar, tenía un público blanco (ese target del que hablan los ingleses) mucho más amplio del que ha encontrado. Viniendo con la recomendación expresa de Isabel Allende algo más podría haber alcanzado. Sin embargo el editor que tuvo el acierto de ofrecérnosla fue uno de género y su «premio» fue quedar relegada a ocupar «su» lugar en esa esquinita que tienen las librerías reservado para las veleidades fantasiosas. Ése que acostumbra a estar flanqueado entre las Timunmasadas y los títulos esotéricos (lo de publicarla, erróneamente, en una colección de terror es anecdótico; en otra colección de la casa o similar no le habría ido mucho mejor).

Puestos a jugar a los ysis (ese tremendo divertimento que surge del utopismo más barato), estoy convencido que en igualdad de condiciones, es decir, una editorial «normal», con una portada «normal», situándose en las librerías en un lugar preponderánte, al lado de esos libros que sí merecen la atención de los vendedores, con un poco de publicidad en los medios en que debe hacerse publicidad,… el resultado habría sido opuesto. Porque, además, da la maldita casualidad que el componente fantástico ése que acaba cerrando glotis a nuestro alrededor es tan mínimo que, incluso, no atrae al público especializado porque equívocamente la sitúa fuera del fantástico.

Recibió la doble marca de Caín (aumentada por la prensa que tiene La Factoría).

Pues bien. Algo similar le está ocurriendo a otro libro que podría funcionar a la perfección fuera de los lectores de género, caso de Los tejedores de cabellos, que supongo que con el tiempo irá mucho mejor que hasta ahora; o ese notable relato de aventuras en el Nuevo Mundo que es Rihla, que por lo que veo todavía no ha agotado su primera edición; o esa sobresaliente novela de crecimiento interior que es En alas de la canción; o cualquiera de los soberbios constructos narrativos de Christopher Priest, que debiera descubrir la legión de lectores de Paul Auster; o lo que puede ocurrir con las novelas de Jonathan Carroll que prepara La Factoría;…

No es una cuestión que piense que lo que cito es mejor que lo «otro». Para nada. Sólo es impotencia derivada de darme constantemente con los muros que nos rodean a los que nos gusta leer literatura fantástica. Algo bastante común entre mis compañeros de fatigas del onanismo naranja (basta visitar la siguiente reflexión de mi amigo Odemlo).

Y, también, unas gotas de egoísmo. Ahora mismo me veo que para volver a leer a Graham Joyce voy a tener que hacer de tripas corazón y hacerlo en inglés…

Publicado en Editoriales y ediciones | Etiquetado , , , , , , , , | 1 comentario

Shanna, de Frank Cho

No tengo ni idea de si será un tebeo con historia, o sólo una concatenación de todo lo que le encanta dibujar a Frank Cho: mujeres esculturales, monos, mujeres esculturales, dinosaurios, mujeres esculturales,… Pero aunque sólo sea por ilustraciones como ésta merecerá la pena comprarlo. Es el vicio y subcultura más esencial surgido de los tiempos del pulp y los pin ups.

Normal que tenga una advertencia a los padres para evitar que caiga en manos de tiernos infante (estos yanquis…). El trabajo de Cho quita el hipo, corta la respiración, pone las hormonas a 200, la sangre a 350,… No hay más que pinchar en la imagen y comprobarlo.

O en el siguiente enlace (busquen las entradas del día 18 de Enero), donde se puede ver la censura a la que han sometido su trabajo original.

Publicado en Cómic e Ilustración | Etiquetado , | 2 comentarios

Cabezazos contra una pared

Más o menos eso debería darme cada vez que recuerdo los libros que «desprecié» en el pasado para comprar otros que hoy aborrezco. Aquí a la derecha se encuentra uno de ellos, edición de comienzos de los años 90 que hoy se cotiza a un precio descabellado y que, con gusto, acogería en mi biblioteca. ¿Qué hizo servidor cuando lo veía en la tienda? Pues comprarse «cosas» publicadas en la misma colección como El dragón en el mar de Frank Herbert o un par de libros de Orson Scott Card (el temible Ender el Xenocida y la curiosa Saga de Worthing), constatación de mi condición de adolescente que busca más de lo mismo (otro Dune y otro (glubs) Juego de Ender) en vez de enfrentarse a algo diferente. Claro, años más tarde, cuando salió la edición de bolsillo, me hice tanto con Hyperion como con su continuación, pero, como dijo Alejandro Sanz, no es lo mismo…

Vamos a movernos unos años más tarde. Concretamente a mi primera visita a la librería Gigamesh, hacia el año 96 o 97. Entonces no contaba con ingresos, así que tuve que ser muy selectivo en mis compras. Recuerdo haberme pillado el primer tomo de Cerebus (que no he podido terminar; Dave Sim no es para mi), algunos cómics de superhéroes y varios libros de literatura fantástica, entre los que estaban Fluyan mis lágrimas, dijo el policía (atravesaba una etapa fantático total Dick de la muerte), un par de libros de Elric y alguna cosilla más. Pues bien, en mis manos tuve Un fuego en el abismo, de Vernor Vinge. Y nada. Lo dejé donde estaba porque «no podía permitírmelo». Resultado… han pasado nueve años y aquella estupidez (podía haber vivido sin el Dick) sigue atormentándome.

Y podría contar varias más (joder, aun tiemblo cuando dejé que un amigo se comprase la trilogía de Lyonesse para quedarme con El reino de los dragones, una tetralogía de Richard A. Knaak de esas que hoy me producen retortijones). Hay que apechugar con el pasado, aunque después éste vuelva sobre nosotros para recordarnos inmisericorde lo que fuimos.

Lo que me lleva a pensar que con un poco de información, como con la que hoy disponen todos aquéllos que están conectados a internet, seguramente la cosa no me habría ido así. Contaría con lugares donde descubrir esas obras que suenan para acercarme a ellas y descubrir por mi mismo si son ríos con agua o no. Lo triste es que algunas de estas herramientas tan útiles y que facilitan tanto la localización de obras estimables puedan desaparecer, tal y como le ocurrió a cYbErDaRk.NeT. ¡Snif!

Publicado en Masturbación mental, Miscelánea | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , | 3 comentarios

Identida secreta, Los muertos vivientes, The Fall y Dontar

Por lo que se ve, en los últimos días sólo me interesa hablar de cómics. Comprensible si tenemos en cuenta en qué fechas estamos. Con unas 300 novedades rondando las librerías especializadas, en plena vorágine del Saló de Barcelona (nota: para estar informado en tiempo real, no perderse las crónicas que se escriben tanto en Dreamers como en La cárcel de papel), resulta muy difícil escapar de este tema de divagación. Y empiezo por…

Identidad secreta, el primer tebeo de Superman que publica Planeta después de hacerse con los derechos de DC. La elección se antoja perfecta. Estamos ante una historia fuera de la continuidad (uséase, independiente), autocontenida de cabo a rabo. Cuenta la vida de un chico llamado Clarke Kent que vive en un mundo donde Superman sólo es un personaje de cómic y que, un día, descubre que tiene esos poderes. A partir de ahí surge una historia donde se dan cita el biopic, las acciones superheroicas que sería posible observar en nuestro mundo (nada de supervillanos deseando hacerse con el mundo), la intriga de averiguar el por qué de sus poderes, la tensión debido al interés del gobierno en su persona, el romanticismo que surge de su relación con su particular Lois, el humor autorreferencial (imagine el juego que daría tener un compañero de clase que se llamase Roberto Alcázar, Jabato, Mortadelo o Mafalda),…

Aunque en sí mismo, más allá de su punto de partida, el tebeo carece de originalidad (p.e. la primera parte es una innecesaria vuelta de tuerca a las chanzas que sufría Peter Parker en el insitituto, mezclado con Smallville), recupera el buen feelin de las que son, sin duda, las dos grandes obras de Kurt Busiek: Marvels y Astro City. Tanto por el tono de la historia (superhéroes tratados desde un punto de vista nostálgico), como de la parte gráfica (impresionante Stuart Immonen), lo agradable y cercano del tratamiento,… El tebeo que daría a leer a alguien que no haya leído superhéroes y tenga interés por degustar algo de ellos. Lo discutible es que con las prisas la edición no ha acabado todo lo bien que debiera, habiendo fallos que con un poco de calma se habrían pulido. Pero ya se sabe que estamos en los tiempos de publica mucho y corrige poco…

Pasando al terror, Los muertos vivientes es el primer tebeo de Robert Kirkman que leo, uno de los guionistas que, según cuentan los entendidos, está llamado a conseguir elevadas metas en los próximos años por su frescura, eclecticismo, pulso,… Aquí presenta una narración digna, bien hecha, resultona,… pero poco más. Para los que gusten de las historias de zombies en plan La noche de los muertos vivientes, o su versión moderna, El amanecer de los muertos vivientes, y que no estén cansados de estas historias, depara una buena lectura. Personalmente me siento satisfecho porque me chiflan estos retratos de supervivencia de gente enfrentada a un mundo colapsado y asediados por villanos de cualquier tipo (aunque sea un cagueta y las pelis de zombies me den un miedo de espanto). Pero no sé si a alguien que no le vaya esto le parecerá lo mismo.

En otro registro se mueve The Fall, una novela gráfica de 48 páginas creada por dos autores que uno no esperaría encontrar trabajando juntos. Bueno, a Ed Brubaker sí que es habitual hallarlo en historias como ésta. Lo que se hace extraño es encontrar a alguien que trabaja en solitario, como Jason Lutes, ilustrando su guión. Entendible si se tiene en cuenta que estamos ante la recopilación de un serial publicado años ha en la extinta revista Dark Horse Comics Presents, cuando ambos estaban en periodo de rodaje. Como curiosidad es posible que haya versión cinematográfica (aunque si el encargado es David Goyer, el director de la deplorable última entrega de Blade, no estoy seguro de si es una suerte… o una desgracia)

Estamos ante una narración sólida que acerca la serie negra a personajes que pocas veces son sus protagonistas: gente de veintitantos años. Algo que Brubaker bordó posteriomente con particular éxito en La escena del crimen. Aquí nos presenta a un joven que trabaja en una gasolinera y que, por azar, descubre mientras limpia el jardín de la mujer de su jefe un bolso. Bolso que, como no podía ser de otra manera, pertenece a una chica que murió asesinada nueve años antes. A partir de ahí un relato pausado, bien construido y satisfactorio, con un Lutes dejando entrever lo que después ha desarrollado, bastante clásico pero poco memorable. En el fondo no es más que una historia corta y venial publicada a lo grande, con un formato que la hace parecer más de lo que es. La edición, para ser tapa dura, asequible (7 €).

Y por último, aunque no sea novedad del Saló, quería terminar recomendando un tebeo que leí hace un par de semanas: Juego de niños, primer álbum de la serie Dontar, obra de Enrique Corominas. El excelente portadista de las obras de fantasía que publica Gigamesh. Estamos ante una historia de fantasía histórica enclavada en la Inglaterra de la segunda mitad de La Guerra de los 100 años, donde una madre con su hija debe visitar a un primo que, aparentemente, ha perdido la razón y ha traicionado al rey de Inglaterra.

Juego de niños adolece de lo mismo que el 99% de los álbumes de presentación de serie: no pasa prácticamente nada; apenas se presentan la situación y los personajes. Sin embargo las ilustraciones son una pasada, con un trabajo de acuarela portentoso que luce sobremanera por el el formato elegido por Recerca, a la altura de las circunstancias (y de precio sale hasta bien, comparado lo que se llega a cobrar por ahí por un álbum de estas características). Además la narrativa, sin ser sobresaliente, es consistente. Me había hecho a la idea que Corominas iba a ser otro gran ilustrador de esos que no saben narrar y me he llevado una sorpresa.

A ver cuándo sale la siguiente entrega, aunque supongo que tardará ya que (si no me equivoco) sólo ha salido éste en Francia.

Por último, anoche estuve leyendo la primera historia de la última recopilación que se ha publicado de Taniguchi, Tierra de sueños, y me emocioné como pocas veces. Qué maestro es este hombre y qué poca atención se le está prestando…

Publicado en Píldoras | Etiquetado , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Identida secreta, Los muertos vivientes, The Fall y Dontar