Memorias de un friki de boquilla

Aparte de su condición como mecanismo de contacto entre lectores, promoción de la literatura fantástica, aula para progresar en el conocimiento de ésta,… cYbErDaRk.NeT se caracterizó por dar la palabra a una serie de lectores que, hasta entonces, había llevado su afición en silencio (ya se sabe, como los usuarios de hemoal). Lectores que se habían movido muy poquito, por no decir nada (suma de apatía, pudor, desconocimientos,…), acumulando una serie de ideas sólidamente asentadas y con inquietud por exponerlas en público.

Hay nombres que, sin duda, marcaron una pequeña «época». Estoy pensando en Iñaki Bahón, con unas críticas cinematográficas llenas de sentido e intención, siempre argumentadas de forma sólida, muy amenas, originales, que trascendieron del todo el público de la página. Pero si se habla de literatura, creo que las dos aportaciones más cualificadas de cYbErDaRk.NeT al fandom del fantástico en nuestro país fueron Iván Olmedo, Odemlo, al que creo conocen de sobra y que persevera, e Iván Fernández Balbuena, también conocido como cebra, del que me gustaría recordar su trayectoria pública.

Mientras estuvo entretenido en los foros de la página, desde su bautizo a finales de 2002 hasta mayo de 2003, tomó el papel de hábil divulgador y lúcido contertulio, metiendo baza en cualquier tema de los foros temáticos, dejando extensas y argumentadas disertaciones, independientemente que el tema fuese la nueva ola, la política en la ciencia ficción, los grandes clásicos del terror o las cualidades literarias de Arthur C. Clarke. Sin embargo el gran pollo que se formó en enero de 2003 con aquel asunto de Cosmodelia que ya nadie recordará (Ls y Cs, ¿Escribía Asimov para robots?, Ivanbaleyzación del foro,… o cómo algunos se emplearon en transformar La Clave en Tómbola), en el que se acabó metiendo en la nevera utilizando una razón injusta sólo a uno de los tres pirómanos principales mientras a los otros dos se les daba sendos cachetitos, le dejó desencantado. Aunque siguió siendo el mismo… hasta que se topó con el «lobby» de cierta tienda madrileña conocida por sus «ajustados» precios (y su pasión por los libros piratas) en la que al dependiente sólo le falta el parche y el loro para parecer un bucanero. «Lobby» que quería saber quién era para meterle, literalmente, dos hostias por emitir un comentario como el que he puesto en cursiva. Comentario que fue borrado por la administración de la página para evitar mayores problemas y que provocó el justificado cabreo de cebra, que abandonó los foros durante un prolongado tiempo. Retornó, aunque puntualmente y sin su pasión anterior. (A ver si recupero los nostalgias naranjas, que se podría hablar mucho sobre el desencanto forero, que hemos sufrido bastantes usuarios.)

Sin embargo para la portada conseguí mantenerle fidelizado. No fue capaz de dejarme colgado. Cuando me encargaba sólo de los especiales, me ayudó a poner en marcha los dos primeros con sendos artículos de esos canónicos. Primero uno de divulgación sobre las raíces de la fantasía épica, que con brevedad y claridad expositiva situaba una tradición milenaria como sólo un aquilatado maestro es capaz de hacer. Y después uno que salió con un año de retraso (el tan demorado especial Martin, siempre a la espera de que David sacase tiempo para maquetarlo), en el que mostraba su otra cara: la de fino analista de un asunto concreto, radiografiando a través de los cuentos de George R. R. Martin lo que le define como escritor y, por extensión, como ser humano. Algo que está al alcance de contados lectores y que constituye uno de esos artículos que merecería ser recuperado por alguna publicación en papel. De paso me echó una mano con un artículo sobre fantasía heroica actual en el que necesitaba que alguien me escribiese algo sobre Los libros de Prydain, de los que casi no recordaba nada.

Fue un mes y medio fecundo que se prolongó algo más de año y medio con proyectos como los dos gloriosos artículos sobre las adaptaciones pseudotolkenianas de Peter Jackson, un repaso a la vida y obra de Olaf Stapledon, una excelente entrevista a un experto en Tolkien, una crónica de la HispaCon de Xatafi,… Y múltiples reseñas de libros, de esas que da gusto leer (por cierto, no se pierdan la última entrega de La estación fantasma de fonz, con dos críticas mayúsculas de Los tejedores de cabellos e Incordie a Jack Barron)

Al final, debido a problemas de tiempo, desconexión de la red, le echaron el lazo, el ya mencionado desencanto,… quedó desconectado y dejó en suspenso ideas como un análisis con un manual histórico-político delante de la ideología de Robert A. Heinlein, un extenso repaso a la protocienciaficción (una de sus pasiones) que habría escrito si no le hubiese estado encargando de todo, un macroespecial sobre Robert Silverberg para una nueva sección nonata,…

Pues bien, chicos. Cebra se ha reconectado (con lazo y todo) y vuelve con ganas de dar guerra. Los ejercicios de masturbación mental a los que nos hemos entregado los blogeros del onanismo naranja (David, chico, a ver cuándo creas nuestro propio portal como Tebeologs! exclusivo para tus diez mil hijos) le hemos dado envidia y acaba de inaugurar su garita en la blogsfera. El título no mola (Memorias de un friki), sin embargo el contenido va a ser otro asunto. Habla el ínclito:

¿Qué se podrá encontrar en estas mis memorias? Pues la cosa está clara: comentarios y desvarios sobre la literatura fantástica (terror, fantasía y ciencia-ficción) que es de lo que más me gusta en la vida. Así que nadie espere confesiones en plan «Querido diario intimo…», ni análisis políticos, de arte o de lo que sea. Simple y llanamente hablaré de las cosas del fantástico que me apetezcan y a mi aire, como bien hacia en cyberdark cuando tenían a bien publicarme (que fue siempre, para que nos vamos a engañar, que era gente maja y condescendiente con frikis como yo). Eso si, un par de avisos: en la vida real trabajo como profesor en un instituto, así que tengo una cierta tendencia «pedagógica», en mis mejores momentos creo que eso me permite iluminar a los descarriados, la mayoría de mis amigos opinan que me convierte en un insufrible y pedante bocazas, ustedes juzgarán. El otro aviso: no suelo seguir modas, así que igual me paso meses y meses, si aguanto tanto, hablando de libros, autores y demás que estuvieron de moda hace 10, 15 0 100 años y me dejo en el tintero debates de la más rabiosa actualidad.

No explica que nos ha dejado un poco de lado y ahora se encuentra sumergido en la lectura de grandes clásicos del XIX, como Walter Scott, pero la experiencia acumulada durante sus muchos lustros de Lector se va a ver recogida en él. De momento ha comenzado calentando motores con la primera entrega de una serie sobre cuentos de ciencia ficción del siglo XIX. Ya va siendo hora que los pececillos jóvenes del fantástico, mesmerizados por los nuevos nombres, nos demos cuenta que somos fruto de una tradición surgida hace más de un siglo y que hasta lo más novísimo no lo es tanto si se analiza bajo la perspectiva histórica.

Otro lugar que seguir según se vaya actualizando. Y van…

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Night Watch

Antes de entrar a ver Charlie y la fábrica de chocolate (enlazo una entrada del blog de Errantus Aquila que anima a no perdérsela), me he topado en el pasillo de la multisala con un cartelón bastante grande de Night Watch, un sorpresón mayúsculo. ¿Por qué? Resulta que es la respuesta rusa al cine blockbuster norteamericano; un largometraje rodado con menos medios pero con muchas ganas y un buen acabado formal, con el fin de emular a esos thrillers de acción que mes tras mes arrasan en taquilla sin aportar más que fuegos de artificio (y no siempre bien orientados). No les ha debido ir tan mal; a parte de arrasar en taquilla como no se veía en eones en aquel país, se están preparando dos continuaciones, la primera de las cuales está en fase de postproducción. Y la Fox ha comprado los derechos para hacer su propia versión yankilizada. Como curiosidad, Nikita Mikhailkov dice que es nuestra respuesta a Tarantino

En sí la sinopsis no llama la atención. De hecho invita a no entrar en la sala. Por lo que cuenta un comentario en su ficha en imdb.com, es una de fuerzas de la luz contra las de la oscuridad en nuestros días, con una guardia de la noche liándose a guantazos contra vampiros, brujas y demás jarcia malidicente, con los curritos de toda la vida sin ser conscientes de este enfrentamiento (salvo que te encuentres con un hombre lobo duchándose en tu casa), y un héroe predestinado que, supongo, terminará venciendo a las fuerzas del mal en la última película. Si a esto le sumamos algún cartelillo que he encontrado, como éste que sitúo al final de la entrada, un alarde kitch estratosférico de los que marcan de por vida, se te bajan las ganas del todo. Sin embargo para el lector fantástico tiene atractivo. A parte de ver cómo hacen estas cosas en otro país (a los chinos no se les da nada mal el cine de acción; a ver qué tal a los ruskies), es necesario saber que es una historia fantástica basada en una novela de Sergei Lukianenko, del que Bibliópolis va a publicar Línea de sueños. Que, advierto, no tiene nada que ver (es un space opera). Pero habiendo catado otros autores europeos que ha publicado la casa permite que la expectación esté fundamentada. Que después sea como la película basado en Geralt de Rivia, de la que Sapkowski se hace cruces, es otro asunto. Pero que nos dejen comprobarlo. A ver si va a terminar pasando como con Equilibrium y tenemos que verla clandestinamente en nuestros ordenadores en versión original con subtítulos en inglés. Un ejercicio para poner a prueba a los más pacientes.

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Paura

Independientemente del resultado final se hacía necesario un libro como éste. Una antología de cuentos de terror contemporáneo que diese la oportunidad a algunos de nuestros escritores más interesados en esta temática para mostrar en público sus lanzas en un mismo libro, acompañados de sendos autores estadounidenses que no habían sido traducidos hasta el momento (creo). Un hipotético gancho comercial. La necesidad se explica desde el momento que así como historias de diversa extensión de ciencia ficción y fantasía son «relativamente» fáciles de colocar, el terror anda de muy capa caída desde comienzos de los años 90. Resulta algo más que complicado encontrar en las librerías libros que escapen a los grandes nombres anglosajones que todos nos sabemos de carrerilla o los clásicos que tiene a bien recuperar (esperemos que por muchos años) Valdemar. Una situación complicada de asumir al ser el terror un género literario tan necesario como el resto. Así lo explica la presentación:

Las noticias sobre el avance imparable del Mal entran a diario en nuestras casas. Vivimos escuchando, día tras día, experiencias terroríficas reales. Ya no se trata de un muerto viviente bebedor de sangre que vive lejos en Transilvania. Ahora el individuo que guardaba en maceración con romero y tomillo los deditos de la niña en su frigorífico vivía en una ciudad como la mía, en un barrio como el mío y, ¡por Dios, que alguien haga algo, se parecía a mi vecino! E incluso el máximo terror no queda ahí, sino cuando reconozco que a quien se parece más nuestro amigo el psicópata es al desconocido que sonríe ante mí desde mi espejo y que me jura que soy yo.

El terror se ha vuelto íntimo, personal; muy, muy cercano. Ya no sale casi a la Naturaleza, sino que se queda en lo urbano y, oh, no, juraría que tiene el rostro de la persona a la que amo.

Y eso nos hace sentirnos solos. Para colmo, debemos conformarnos, nadie nos invita a creer. Los medios, los psicólogos, la sociedad nos abronca diciendo que debemos aprender a vivir solos, ser fuertes, no necesitar a nadie porque… porque alguna vez esa persona a la que necesitamos puede ser precisamente quien nos haga sufrir y, ¡cuidado!, hay que estar prevenido. Nunca bajes la guardia, nunca te confíes. Vivimos con miedo y ese miedo se refleja en nuestras lecturas de terror.

Un hermano, un padre, una novia… Todos son sospechosos.

Pero, en fin, también hay cosas buenas, nos dirás, asustado lector. ¿Por qué tener pesadillas con lo que aún no ha ocurrido? En primer lugar porque desde la felicidad hasta la muerte, todo parece llevar al sufrimiento. Nada dura y cual­quier placer es fugaz. Pero, además, porque hoy y siempre el sentimiento más poderoso del ser humano es el sufrimiento. No queremos sufrir, mas, ¿acaso existe algo que nos afecte tanto, que sea tanto parte de nosotros mismos, de quienes somos, como el sufrimiento? Por eso el sufrimiento nos vuelve tan egoístas y por ello siempre debemos encontrar bien cómo justificar nuestro sufrimiento. Debemos ser siempre quienes más suframos porque así quizá nos amen más o así, en caso contrario, quedará justificado el Mal que hagamos. Sí, los seres humanos somos así de horribles. ¿Cómo no nos va a atraer ese personaje cuyo traumático conflicto interior le lleva a resolver sus problemas de la manera más violenta, cruel y egoísta posible? ¡Estará justificado! Por consiguiente, reconozcámoslo, nada debería aterrorizarnos más que el Mal que está justificado.

Y esto nos lleva al razonamiento de Heidegger: la angustia es el sentimiento más definidor del humano. No podemos escapar de ella, pero el propio filósofo sentenció: divina angustia. Divina porque nos obliga a no conformarnos, a no quedarnos parados, a actuar, a dejar impronta de nuestra identidad torturada en el mundo. A no contentarnos con nuestro sufrimiento.

Divina angustia.

Sé que ya lo he escrito demasiadas veces, pero no me canso de repetirlo. ‘Nuff said.

Otra cosa es que los relatos que se recogen en la antología traten esta angustia existencial. De hecho algunos, caso de «Y Ella dijo no» o «El domo de la amenaza», están en un punto diametralmente opuesto e, intuyo, contradictorio. Sin embargo sólo por descubrir «Bibelot», del siempre impresionante Félix J. Palma, merece la pena acercarse a Paura. Una de esas fábulas modernas que parece desarrollarse entorno a una circustancia ya conocida para llevarnos a su terreno y allí someternos a un revulsivo tratamiento de esos que te dejan anodadado. Porque no sólo está lo que se cuenta, un delicado acercamiento a la soledad y el cinismo que propicia nuestra sociedad, sino cómo se cuenta. Sobresaliente.

Además viene acompañado de buenas muestras de Marc R. Soto, Santiago Eximeno, Nuria C. Botey, Carlos Gardini,… O Michael Arnzen, que sin deslumbrar recupera ese aire de indefinición que tiene el terror que más miedo nos produce: aquél que aun conociendo su fuente no acertamos a comprender.

Los encargados de abordar esta empresa fue el Colectivo Xatafi, un grupo de aficionados de la comunidad de Madrid que se cohesionó alrededor de la HispaCon que organizaron a toda prisa en Getafe en el año 2003 y que suponen un ejemplo a seguir para otros grupos del país. Alberto, Natalia, Juan, Javier, Santi, Julián, Fidel, Fernando Ángel,… va por vosotros chicos. Y también por el editor, Bibliópolis, que se puso a su disposición para permitir que el libro llegase a buen puerto.

La pena es que la respuesta ante la iniciativa me temo que no haya sido acorde a la que la empresa demandaba y, si no me equivoco, aunque va a haber segunda edición, señal de que no ha habido fracaso, se va a confeccionar bajo el mismo criterio que la primera. Es decir, muchas ganas, un trabajo árduo de creación, edición y corrección, y unos réditos nulos para los autores. No por el hecho de estar acostumbrados a este tipo funcionamiento deja de ser de tercera división. Aunque claro, de los lectores depende que se pueda mantener o mejorar. Y como grupo, a la hora de hacer nuestras compras, somos tan tan tan miedicas…

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Novela de Andrés Choz

Hace poco más de un año leí Cuentos del reino secreto, una colección de cuentos de José María Merino que llevaba rondando por casa un tiempo. Sentía curiosidad por conocer a uno de los autores españoles más importantes del último cuarto de siglo y que acostumbra a sumergirse en el fantástico. Además había sido seleccionado como uno de los fundamentales de fantasía de cYbErDaRk.NeT por alguien que tiene una aquilatada experiencia como lector, Arturo Villarrubia. Así que nada mejor que dejarse llevar por el consejo. Mi experiencia quedó resumida en la siguiente reseña. Para este verano tenía preparada la lectura de algún libro suyo más, pero al final he acabado leyendo uno imprevisto, esta Novela de Andrés Choz que paso a comentar a continuación.

La narración nos sitúa en los últimos meses de vida de Andrés Choz, un hombre maduro al que le han diagnosticado un cáncer terminal. Ante esta situación, y un distanciamiento con su hija, decide recluirse en un pueblo gallego a culminar uno de sus múltiples proyectos inacabados: una novela de ciencia ficción que comenzó varias décadas atrás. Mientras va pariendo capítulos, vive el día a día del lugar, rememora su pasado, añora a su mujer fallecida, conoce a una pareja que ha ido allí a pasar el verano, rompe su autoimpuesto aislamiento,…

Merino aborda este entramado con un modus operandi que al lector neófito, como servidor, se le hace llamativo (supongo que para estupor de los más talluditos). El estilo supone una síntesis arrolladora en la que en un corpus en presente en tercera persona se alternan pasajes en pasado, extractos de cartas, secuencias que parecen extraídas de una obra de teatro, párrafos en segunda persona, cambios en el personaje protagonista,… con absoluta naturalidad y sin perder el rumbo, circunstancia a destacar en un autor novel. Igualmente hay que remarcar un completo dominio del lenguaje que, aun pareciéndome en algunos momentos un tanto engolado y artificioso, deslumbra por su pasión, poder evocador y precisión. O la férrea voluntad de mantenerse en una extensión controlada; sólo hay que observar cómo se relata lo que ha sido la vida del protagonista, un vibrante y sucinto recorrido por su pasado que cuadra el círculo de las descripciones hechas con un mínimo de palabras.

Y en su interior anida la obra que escribe Andrés Choz, una historia de ciencia ficción que se desarrolla con engañosa sencillez y que me ha hecho recordar lo poco que he leído de Joan Perucho. Una metanovela que le debe mucho a la tradición del género (extraterrestre que viene a observar nuestro planeta) pero que, sin embargo, se aborda bajo un patrón que bebe de la historia y la literatura de nuestra España del siglo pasado, sin quedarse exclusivamente en la situación histórico-geográfica o la ideosincrasia de los personajes.

Como es de rigor, entre ficción y metaficción aparecen incontables reflejos que comunican ambos mundos (impresionante esta portada que he encontrado en internet), y que indagan en el proceso creativo: cómo la vida del autor acaba permeando sus personajes y sus avatares vitales, la tendencia a recorrer caminos ya marcados, el relieve de la imaginación y la fabulación, la importancia del retorno a los orígenes (visible también en Cuentos del reino secreto) y la memoria, la maleabilidad de esta última,…; o en la contradictora naturaleza humana, que observa y denota comportamientos reprobables para después caer en ellos; o en las múltiples caras de la identidad; o en la débil pátina que supone nuestra civilización y la facilidad con la que se desprende;… Todo esto desde una aparente simplicidad que estimula la búsqueda y la reflexión.

Una obra rica e intensa que se hace necesario descubrir. Sobre todo si se es lector de género.

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Sobrevolando la ciudad del pecado

Hubiese comentado extensamente lo que me ha parecido Sin City, pero mi opinión iba a ser un tanto redundante con la que se puede encontrar en Naufragios en una taza de café, La cárcel de papel o Drímar. Así que me dedicaré a ejercer el divertido deporte del anarroseo, sin intentar engañarles y poniendo buena cara. Comienzo por Rita Vicencio

La película es un pulp total, una novela negra sin concesiones que, curiosamente, gira en torno a varias historias de amor. Toda la sangre, toda la brutalidad y violencia giran y se justifican en historias románticas pasadas por el filtro del alto contraste, donde no hay lugar para la ternura, no en un mundo regido por las pasiones más básicas, donde eros y tanatos se disputan el equilibrio.

En la Ciudad del Pecado no hay santos, sólo pecadores; existen los antihéroes, hombres con una ética y código de honor especiales, capaces de matar sin dudarlo, y de las formas más sanguinarias posibles, siempre y cuando estén convencidos que el contrario lo merezca; existen verdaderos monstruos, seres obscenamente desequilibrados; y existe una visión muy radical de las mujeres como víctimas o victimarias: musas hermosas, crueles y peligrosas, o simples objetos decorativos, jamás compañeras. Así es Sin City, un mundo de instintos desatados sin concesiones a la corrección política o las buenas conciencias.

Una opinión especialmente valiosa al venir de alguien que afirma no haberse sentido atraído por el cómic; buena medida de que el film puede ser apreciado más allá de los seguidores de Miller (o Rodríguez, que alguno tendrá). Además su lectura es certera. Si algo funciona a la perfección en esa obra sumamente imperfecta que es el cómic de Miller reside en la genial síntesis entre forma y fondo. Esa dicotomía Milleriana en dos colores que en la película es rellenada por toda una gama de grises, convierte un pulp sobreactuado, vodevilesco y un tanto absurdo en un festival primario, frenético, irreal y violento, donde el honor es el catalizador que nos salva de la corrupción y el poder absoluto. Una historia de samurais modernos observada bajo un prisma deformado capaz de producir belleza allí donde sería imposible hallarla bajo condiciones normales.

Pasamos a Álvaro Pons, que reflexiona sobre cómo el cine se ha transformado en cómic en las manos de Rodríguez y Miller

…En Sin City, Miller (y no sé hasta que punto Rodríguez) ha conseguido trasladar el lenguaje de la historieta a la gran pantalla de una manera única y nunca vista hasta ahora. Ang Lee intentó tímidamente hacer en Hulk alguna prueba de este traslado, pero Miller y Rodríguez han ido mucho más allá en un salto al vacío sin red. Si nos olvidamos de la impactante visualidad de la fotografía, del maquillaje y demás parafernalia (que ya existía casi idéntica, excepción hecha del color, en la versión de Dick Tracy de Warren Beatty), lo sorprendente es cómo la película reproduce el ritmo de lectura de un tebeo, llevando al celuloide el tebeo viñeta a viñeta. En Sin City, cada plano se convierte en una viñeta, casi estática, donde la composición y puesta en escena son las de la historieta, con pequeños movimientos que tan sólo llenan el espacio en blanco de las viñetas. Encuadres que son movidos reproduciendo el ritmo de lectura, casi llevándonos a alargar la mano y pasar la página. Pocas veces he visto una experimentación tan radical con el lenguaje cinematográfico, tan rupturista y vanguardista que, además, está inmersa dentro de un espectáculo visual de estética arrebatadora.

Como curiosidad, ese ritmo calcado del que habla Pons es tan marcado que hasta en la historia de Marv, la primera realizada por Miller a comienzos de los 90, se identifican con nitidez los pequeños capítulos que construían la historia (en origen fue publicado en entregas mensuales de ocho páginas), lo que provoca que de las tres historias sea la más floja desde el punto de vista de la continuidad y de la coherencia temporal.

Por cierto, que hay un detalle del film que sobrepasa al original: el sobresaliente uso del color. No sólo rompe el blanco y negro produciendo nuevos contrastes. La manera en que sirve para acentuar miradas, lo psicodélico de alguna situación, la violencia desatada,… revela matices que en las viñetas serían imposible enfatizar. Tengo ganas de verla pronto en DVD para revisarla con más calma.

Por último, copypasteo a Rodolfo Martínez

…Nunca estamos contentos. Lllevamos años quejándonos de lo poco fieles que son las adaptaciones del cómic a la pantalla (que si a Batman le cambian el traje, que si Kingpin es negro, que si Lobezno resulta demasiado alto) y ahora, cuando nos encontrarmos con una película en la que, casi viñeta a viñeta, se ha traducido el cómic original a la pantalla cinematográfica, respetando no sólo la estética, el aspecto de los personajes la narrativa y, a veces, hasta los encuadres, vamos y nos quejamos de que resulta demasiado fiel.

Pero es que es así. Lo que funciona en cómic no lo hace necesariamente en cine. Ciertos diálogos (o, como en el caso de Sin City, monólogos) que resultan creíbles y narrativamente eficaces al ser leídos, chirrían al oírlos en voz alta y pierden toda su carga dramática. Determinados acontecimientos (el atropello sucesivo de Marv a cargo de Wendy, por ejemplo) no sólo quedan bien el cómic cuando se exageran, sino que a veces es necesario exagerarlos para que tengan toda la intensidad necesaria. En cambio, si lo haces exactamente igual en el cine, el resultado es grotesco y a menudo (y contra las intenciones del director) hilarante.

En lo que lleva parte de razón. Aunque las exageraciones acaban siendo divertidas y no son contradictorias con el (relativo) sentido global que tiene Sin City; al igual que uno no se puede tomar en serio muchos pasajes de las películas de los hermanos Marx, hay que abrirse a esta experiencia nueva y rompedora. Tíos que reciben tres balazos y siguen dispuestos a matar al malo, protagonistas que sufren la explosión cercana de varias granadas y que no tienen el menor resto de metralla en su cuerpo, alucinantes conversaciones con interlocutores de ultratumba que no se explican por qué ocurren,… son coherentes con el lenguaje deliberadamente pasado de rosca, la estructura del guión (por cierto, mal conjuntado; era difícil conjugar las tres historias y se han dejado intentando casarlas pero sin casar. Salvo por el soberbio arranque que expone lo que se va a ver durante el resto del film), la fotografía, el atuendo del personal,… Se trataba de llevar un universo que no es el nuestro a la gran pantalla y desde la huida de Marv se comprueba que las normas del mundo de Miller son ajenas. Ni su forma de expresarse, ni los ropajes, ni el modo de vida,… De ahí que, con mi entregada complicidad, me haya funcionado.

Por último quería hacer un último comentario referido a cómo se tratan la violencia y el sexo. La primera se traslada tal cual aparecía en el cómic (salvo algún detallito que comentaré ahora mismo). Sólo hay que ver cómo termina Kevin. Sin embargo los detalles concernientes al sexo… Por poner un simple ejemplo. No es que tenga intención de ver los encantos ocultos de Jessica Alba, pero se hace chocante que a ese cobarde bastardo le arranquen su arma a pura fuerza de brazos y a esta chica no la hayan caracterizado de la misma manera en que era dibujada en el tebeo. Detalle que da idea de la doble vara de medir que tienen los productores. Violencia desatada toda la que quieras y por arrobas. Pero un sugerente baile con desnudo integral no, que después ocurre como con la Jackson y los chicos del lobby las mujeres con las vergüenzas tapadas, que mi hijo se desvía del camino «recto» nos la meten hasta el fondo. Puritanismo de vía estrecha.

Nota final: No perderse este enlace que puso Hartree en una entrada que escribí en el mes de Abril. Viene una comparación de la película con el cómic, cogiendo fotogramas y viñetas significativos. El nivel de mimetismo alcanzado es soberbio.

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Amplificando el eco de las cavernas

De todas las personas que he conocido virtual o personalmente desde que vengo participando en asuntos relativos al fandom de la literatura fantástica hay una que todavía me tiene asombrado. Jean Mallart. Miembro fundador de la TerSa, antiguo estudiante de filosofía y biblioteconomía, profundo conocedor de los secretos de la impresión y las artes gráficas, traductor amateur, ex legionario, gran lector, mejor conversador, escritor perezoso y buen navegador en asuntos informáticos. Inquieto, sereno, amable, curioso, participativo, un tanto eremita, rápido de mente y dueño de una memoria envidiable (salvo cuando está bajo los efectos del alcohol). Dicen que sus tartas están de muerte, pero todavía no he tenido la fortuna de probarlas. Alguien que se ve como un hikikomori aunque sus periódicas reuniones con nosotros o con otras personas lo contradigan.

Juan es todo esto y mucha más. De hecho creo que es una de las escasísimas personas que podría, con total el conocimiento, editar un libro él solito desde su primera fase (compra de derechos y traducción) hasta la última (impresión) consiguiendo un acabado profesional. Merece la pena conocerle. En persona es tan sencillo como acercarse a alguna de nuestras tertulias (segundo sábado de cada mes en el Naroba; pinchen en el enlace correspondiente del panel de la derecha). Y virtualmente, a parte de pasarse por el grupo de literatura de ciencia ficción en las news donde es una de las voces habituales, hace unos días abrió su propio blog, Ecos cavernarios, en el que se pueden catar pequeños sorbos de su polifacética persona. He aquí una muestra de su inquietud, su implicación y su calidad como conocedor de los asuntos de la literatura fantástica.

Preocupado por la confusión que existe con cierta terminología entre muchos lectores (como yo mismo) y su ausencia en el diccionario de la RAE, ha estado trabajando en las definiciones de fantasía y fantástico. Definiciones que me parecen redondas y bien podrían figurar así en futuras ediciones. Sin embargo no deja de ser un sueño ya que su correo ha debido caer en saco roto.

Dice

…En realidad, según creo, nuestras palabras “fantasía” y “fantástico” y las que figuran en su diccionario no son exactamente las mismas; en mi opinión, son homógrafas, de origen ligeramente distinto y uso más reciente. Podríamos, si no fuéramos tan rigurosos, incluirlas como acepciones nuevas de las viejas palabras pero consideramos, dados sus orígenes, semejantes pero diferentes, que se merecen sus propias entradas en el diccionario:

fantástico, ca.

(Del fr. fantastique).
1. adj. Perteneciente o relativo a la ficción fantástica. Me gusta el cine fantástico. Cortázar y Borges son los autores más importantes de la literatura fantástica argentina.
2. m. Conjunto de los géneros de ficción fantástica; el género fantástico. El fantástico es fantástico.
3. adj. Dicho de una obra de ficción: Que refiere hechos ajenos a la experiencia humana de lo real, o que trata de ellos. Poe escribió numerosos cuentos fantásticos.

ficción ~

f. Género de ficción cuyas obras se distinguen por narrar historias imaginarias en las que se refieren hechos, cosas o fenómenos irreales o de cuya naturaleza y existencia no existe certeza científica.

fantasía.

(Del ing. fantasy).
f. Género de ficción fantástica cuyas obras se distinguen por referir hechos o fenómenos contrarios a las leyes naturales, reales o ficticias.

Et voilà!. Un par de definiciones, creo, necesarias. Y con el debido rigor lexicográfico, siempre de agradecer en estos casos. Aunque son mías, no han salido de mi manga ni las he escrito a lo tonto. Son fruto de reflexiones larguísimas y bastante trabajo. Ambas han sufrido un largo proceso de mutación a medida que personas con indudable prestigio en el campo del fantástico, como Cristóbal Pérez-Castejón, o filólogos como José Gabriel Moya Yangüela, contribuían con sus sabias críticas a desbastarlas y pulirlas.

Háganme caso. No es otro blog más. Es un sugerente espacio al que se debe acudir para leer enfoques bien razonados sobre literatura fantástica… y muchos otros asuntos. Pasen y vean.

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Feria del libro antiguo de Santander

Ayer nos acercamos varios miembros de la TerSa (Carmen, Luisa, Álvaro, Juan y servidor) a «inaugurar» la feria del libro antiguo de Santander, que todos los meses de Agosto tiene a bien ocupar durante quince días una parcela de los jardines de Pereda. Un buen oasis para perderse mirando lomos y portadas de libros buscando títulos buscados (o no) a buen precio en un lugar que no es muy dado a estas manifestaciones.

Nunca he tenido mucha paciencia a la hora de escarbar minuciosamente entre los puestos. De hecho en los últimos tiempos he desarrollado hasta su máxima expresión el volátil arte de mirar por encima, lo que me ha convertido en uno de los peores rastreadores del territorio friki. Sin embargo ayer, mientras el resto avanzaba a velocidad de crucero «abriendo» puestos, Luisa y yo, en aparente viento sucio, descubrimos algún que otro libro interesante a muy buen precio. Y moviéndonos a una velocidad que antes no hubiese soportado ni de lejos. Cierto es que perdí la oportunidad de hacerme con un Muerte de la luz de Nebulae 2ª época (todo sea dicho, un tanto descuajeringado), pero se disfruta más de este placer indagando poco a poco.

Sólo hicimos una pasada (Juan no pudo disfrutar de una segunda en modo mainstream), así que acabaremos volviendo por separado a ver qué más se puede extraer, a medida que vayan apareciendo otras vetas.

Mis capturas:

  • Edición en tapa dura de Guerra y Paz, de Lev Tolstói – 10 € (estos libros hay que tenerlos así)
  • Golem 100, de Alfred Bester – 6 €
  • Los años de la ciudad, de Frederik Pohl – 3 €
  • Un ciego con una pistola, de Chester Himes – 2 € (recomendación expresa de Juan)
  • Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift – 5 €
  • Secuestrado, de Robert Louis Stevenson – 3 € (estos dos últimos en la edición de Tus Libros, de Anaya; algún día me pondré a completar esta memorable colección)
  • Fénix I, una antología argentina con relatos de Pohl y Kornbluth, Silverberg y Gorodischer – 3 €
  • Novela de Andrés Choz, de José María Merino – 3 €

Me he puesto a leer este último. En la lista del verano tenía otros libros de este autor, pero es su primera novela y tiene el aliciente de que en parte es ciencia ficción. Llevo cincuenta páginas y estoy cautivado. Supone una demostración más (¿acaso faltaba?) de que merece la pena alejarse del canon anglo para disfrutar de acercamientos sobresalientes al género.

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El hundimiento

Llevo un par de semanas bastante dvdófilas y, a parte de mis preceptivos capítulos de las primeras temporadas de Babylon 5 y Expediente X, he visionado dos películas del año pasado que por diversos motivos no había podido ver en el cine: Eternal Sunshine of the Spotless Mind (me niego a referirme a ella tal y como la han titulado en España) y este El hundimiento, de Oliver Hirschbiegel. Película que generó en su momento bastante polémica debido a su visión acerca de Hitler, todos los que le rodeaban, el nazismo…

He de decir que me ha parecido un film notable, honesto, vigoroso y sumamente atractivo para el público en general, ese que no se acerca a una película europea ni aunque le lleven arrastras. Hay que considerar que dura sus 140 minutos; casi todo su metraje acontece en interiores; las escenas bélicas de la toma de Berlín, meramente situacionales, denotan una enorme falta de medios en comparación con el estandar que nos han impuesto los grandes estudios de Hollywood; y lo que acontece se testa con una crudeza que se puede hacer dura.

Este gancho atractivo para el gran público es el que ha alarmado bastante a parte de la crítica cinematográfica y a algunos historiadores que, según lo que he leído en diversos artículos de prensa generalista y algún que otro foro de internet, presentaban como realista una visión del nazismo demasiado «edulcorada» y «humanizada», perdiéndose de vista todas las atrocidades que se cometieron bajo su yugo a lo largo de toda Europa. Sin embargo después de ver el film he de decir que nada más lejos de la realidad. El régimen Nazi, toda su plana mayor, los generales que rodearon a Hitler,… son retratados tal y como me los imaginaba a partir de lo que he leído este tiempo sobre ellos. De hecho hay secuencias en los que la locura execrable que les llevó a arrasar gran parte de Europa y el Norte de África y a asesinar vilmente a millones de personas queda expuesta con una clarividencia demoledora.

Me interesa particularmente la opinión de Anthony Beevor, autor de Stalingrado y Berlín 1945. La caída, dos relatos históricos inexcusables en los que la exhaustividad y el detalle van de la mano de un pulso narrativo descomunal. Quizás sea la opinión más representativa que se pueda encontrar sobre el tema. En la siguiente entrevista realizada por Jacinto Antón, dice:

«Bruno Ganz está soberbio. Pero se pueden criticar cosas. Hay gente que se queja de que Hitler aparezca como ser humano. Eso no es lo que me preocupa; de hecho, sirve para entender por qué tantos alemanes se sintieron atraídos por él. En cambio, ver asesinos como Mohnke tratados como héroes me ha conmocionado. Incluso un personaje terrible como Fegelin, el general de las SS cuñado de Eva Braun, cae bien en la película, es simpático.

Hay grandes diferencias entre las necesidades del director y las de los historiadores. Y eso es particularmente inquietante cuando la mayor fuente de información popular sobre el nazismo proviene del cine y la televisión, pues, desgraciadamente, son minoría los que leen libros. Para los alemanes, «El hundimiento» es la versión definitiva de Hitler. Lo peor del filme, es paradójicamente, lo bueno que es. En las películas de los años cincuenta, era fácil ver que aquello era ficción. Ahora es todo tan realista que la gente cree que es historia.»

Hay un extraordinario respeto en las escenas de la muerte de Hitler, con composiciones visuales cuyo análisis iconográfico requeriría de un Panofsky. “Sí, y en cambio todo aquello tuvo un lado grotesco que no aparece en la película. Uno de los SS del Leibstandarte en el búnker, Misch, al que entrevisté, me dijo que uno de los que habían dispuesto la pira de Hitler le espetó: ‘El jefe está ardiendo, ¿quieres subir a verlo?’. Hubo humor negro y faltas de respeto –le robaron el reloj al cadáver–, y en el filme, en cambio, se muestra como la caída de un gran guerrero. No digo que sea un filme neonazi, ni mucho menos, me parece un intento real de acercamiento con honestidad; pero es una tentativa fallida en buena parte por las necesidades dramáticas.

Desde luego, no voy a enmendar una opinión tan cualificada como la de Beevor. El punto que quería tocar es otro muy distinto. Beevor olvida que El hundimiento elige tratar únicamente los últimos días de la lucha por Berlín y así, circunscribiéndose exclusivamente a ese periodo temporal, es muy difícil señalar que fulanito, que consiguió extender una defensa absurda unos días más, era un criminal de guerra por asesinar a soldados británicos(como hizo Monkhe). Y que menganito fue responsable de la muerte de millones de judíos. Porque no es posible introducirlo de forma coherente en el argumento. No es una necesidad dramática sino una necesidad narrativa; una cosa es un libro de historia, donde siempre puedes recurrir a una nota a pie de página o extender el curso narrativo a varios meses atrás, y otra muy distinta hacer cine histórico. Que debe ser histórico pero, también y sobre todo, cine.

Y aquí, tal y como este humilde ignorante cree percibir, hay rigurosidad. De hecho la película queda muy lejos de glorificar a unos personajes cuyo único halo de gloria es el que ellos mismos sitúan sobre sus cabezas, justo en el momento en el que toda la miseria que habían sembrado a lo largo de millones de kilómetros cuadrados estaba a punto de llegarles a la altura de la coronilla.

¿Puede alimentar la película una imagen desvirtuada del nazismo? Ya digo que, en mi humilde opinión, no. ¿Puede contribuir al ideario de grupos neonacis deseosos de consolidar su demencial tergiversación de la historia? Seguro. Al mismo nivel que hay cretinos que ven en El sueño de hierro, de Norman Spinrad, una novela de ciencia ficción que apoya sus mitos, cuando es justamente lo contrario. Si algo sobra en este mundo son visionarios poseedores de la verdad auténtica que sólo saben sembrar, cultivar y recoger odio. Ese sentimiento que alimenta su maquinaria venciendo la imposibilidad del móvil perpétuo.

Por cierto, si tienen la posibilidad no desaprovechen la oportunidad de disfrutar de la actuación de Bruno Ganz en versión original. Su caracterización es soberbia. Sobre todo su voz. ES la que hemos oído en cualquier documental en el que Hitler tomase la palabra. Merecía un Oscar de los de verdad.

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El sorteo de «La Isla», la picaresca y los devorainfelices

Supongo que conocen cuál es la premisa de la que parte La Isla, el último videoclip de dos horas de Michael Bay (un combinado acelerado de La fuga de Logan, la escena de la autovía de Matrix: Reloaded y alguna noción extraída de el mito de la caverna o Incordie a Jack Barron, que ve cómo cualquier mensaje que pueda tener se diluye en una hora de una sucesión de persecuciones que ha debido tragarse, tranquilamente, el equivalente del PIB de algún país africano). Al inicio se ve cómo los seres humanos que quedan tras el holocausto ecológico viven en unas arcologías herméticas dedicados a trabajos rutinarios y con ocio escasito, con la única esperanza de que un sorteo les elija para abandonar su enclaustramiento y dirigirse a La Isla. El último paraje natural virgen en el que podrán participar en el repoblamiento del planeta y pegarse la gran vida.

Nuestras vidas, salvando las distancias, cuando se llega a la edad adulta comienzan a ser un poco así. Los que no hemos nacido niños de papá y encaramos el juego de la vida con las mismas cartas que el común de los mortales, nos entregamos a muchas servidumbres (y también, si lo buscamos, incontables satisfacciones; en eso salimos ganando).

Personalmente me encantaría dedicar mis emonumentos a lo que me apetece: vacaciones en paraísos naturales de otros continentes, ir a cantidad de conciertos de los de 60€ la entrada para arriba, ver cantidad de películas, comprarme todos los DVDs que me interesan, comer y cenar en restaurantes de los de 50 € por persona,… Pero a parte que tengo un sueldo de maestro de la concertada de autonomía de segunda (los hay de primera, p.e. Navarra o El País Vasco, y de tercera, p.e. Extremadura; maldito Reino de Taifas en el que vivimos), tengo que ahorrar para pagar las letras del piso (a ver si llega de una vez la maldita hipoteca a 30 años), el seguro del coche, la manuntención mensual, los vicios, las averías que puedan surgir, imponderables varios,… Como todo currito.

Sin embargo, ayer vi la luz. Ayer mi mundo cambió un poco. Recibí una carta inesperada, con remitente desconocido, que me hizo saber lo siguiente

Mi pequeña Isla se materializó de improviso y me sentí genial tocando mis futuros Renaul Laguna Full-Equip y el Bono de 7 días en un hotel de Lujo. Ya era hora de que la ilusión irrumpiese en mi gris vida para inyectarle optimismo y cosas nuevas que disfrutar.

Pero claro. Tu gozo en el proverbial pozo. En cuanto dejé de lado los sentimientos primordiales y analicé la carta, escrita de forma confusa y desestructurada, descubrí que lo más probable es que cuando llamase al 902 me tendrían media hora al teléfono y me engancharían a alguna presentación en la que regalarían un televisor de 13 pulgadas de los de 24 euros la pieza y un reproductor de DVD fabricado en un taller clandestino en Taiwan. Mientras, mi cerebro sería convenientemente programado para comprar las obras completas de Corín Tellado en edición Deluxe por 3000 €, a pagar durante 10 años con un 20% de interés.

Me pregunto cuántos responderán a este timo de la estampita moderno (o cualquier otro; ¿cuánto SPAM reciben en sus cuentas?) que vende duros a 25 pesetas, permitiendo que la rueda que alimenta esta publicidad fraudelante siga girando sin detenerse por siempre jamás.

Nota final: Estos devorainfelices me pusieron la miel en los labios para después quitármela de mala manera con esta letra pequeña

Tienen la decencia de pedirte disculpas si no puedes acceder a los premios.

Nota final 2: Joder. Igual hay una organización altruista que está regalando coches y probándonos a los que nos las damos de excépticos, separándonos del grano de los inocentes. Inocentes que en cuanto llamen pasarán a formar parte de los destinados a viajar al país de nunca jamás, a pegarse la gran vida mientras disfrutan de un paraíso sin dar un palo al agua. Qué cabrones.

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