Aparte de su condición como mecanismo de contacto entre lectores, promoción de la literatura fantástica, aula para progresar en el conocimiento de ésta,… cYbErDaRk.NeT se caracterizó por dar la palabra a una serie de lectores que, hasta entonces, había llevado su afición en silencio (ya se sabe, como los usuarios de hemoal). Lectores que se habían movido muy poquito, por no decir nada (suma de apatía, pudor, desconocimientos,…), acumulando una serie de ideas sólidamente asentadas y con inquietud por exponerlas en público.
Hay nombres que, sin duda, marcaron una pequeña «época». Estoy pensando en Iñaki Bahón, con unas críticas cinematográficas llenas de sentido e intención, siempre argumentadas de forma sólida, muy amenas, originales, que trascendieron del todo el público de la página. Pero si se habla de literatura, creo que las dos aportaciones más cualificadas de cYbErDaRk.NeT al fandom del fantástico en nuestro país fueron Iván Olmedo, Odemlo, al que creo conocen de sobra y que persevera, e Iván Fernández Balbuena, también conocido como cebra, del que me gustaría recordar su trayectoria pública.
Mientras estuvo entretenido en los foros de la página, desde su bautizo a finales de 2002 hasta mayo de 2003, tomó el papel de hábil divulgador y lúcido contertulio, metiendo baza en cualquier tema de los foros temáticos, dejando extensas y argumentadas disertaciones, independientemente que el tema fuese la nueva ola, la política en la ciencia ficción, los grandes clásicos del terror o las cualidades literarias de Arthur C. Clarke. Sin embargo el gran pollo que se formó en enero de 2003 con aquel asunto de Cosmodelia que ya nadie recordará (Ls y Cs, ¿Escribía Asimov para robots?, Ivanbaleyzación del foro,… o cómo algunos se emplearon en transformar La Clave en Tómbola), en el que se acabó metiendo en la nevera utilizando una razón injusta sólo a uno de los tres pirómanos principales mientras a los otros dos se les daba sendos cachetitos, le dejó desencantado. Aunque siguió siendo el mismo… hasta que se topó con el «lobby» de cierta tienda madrileña conocida por sus «ajustados» precios (y su pasión por los libros piratas) en la que al dependiente sólo le falta el parche y el loro para parecer un bucanero. «Lobby» que quería saber quién era para meterle, literalmente, dos hostias por emitir un comentario como el que he puesto en cursiva. Comentario que fue borrado por la administración de la página para evitar mayores problemas y que provocó el justificado cabreo de cebra, que abandonó los foros durante un prolongado tiempo. Retornó, aunque puntualmente y sin su pasión anterior. (A ver si recupero los nostalgias naranjas, que se podría hablar mucho sobre el desencanto forero, que hemos sufrido bastantes usuarios.)
Sin embargo para la portada conseguí mantenerle fidelizado. No fue capaz de dejarme colgado. Cuando me encargaba sólo de los especiales, me ayudó a poner en marcha los dos primeros con sendos artículos de esos canónicos. Primero uno de divulgación sobre las raíces de la fantasía épica, que con brevedad y claridad expositiva situaba una tradición milenaria como sólo un aquilatado maestro es capaz de hacer. Y después uno que salió con un año de retraso (el tan demorado especial Martin, siempre a la espera de que David sacase tiempo para maquetarlo), en el que mostraba su otra cara: la de fino analista de un asunto concreto, radiografiando a través de los cuentos de George R. R. Martin lo que le define como escritor y, por extensión, como ser humano. Algo que está al alcance de contados lectores y que constituye uno de esos artículos que merecería ser recuperado por alguna publicación en papel. De paso me echó una mano con un artículo sobre fantasía heroica actual en el que necesitaba que alguien me escribiese algo sobre Los libros de Prydain, de los que casi no recordaba nada.
Fue un mes y medio fecundo que se prolongó algo más de año y medio con proyectos como los dos gloriosos artículos sobre las adaptaciones pseudotolkenianas de Peter Jackson, un repaso a la vida y obra de Olaf Stapledon, una excelente entrevista a un experto en Tolkien, una crónica de la HispaCon de Xatafi,… Y múltiples reseñas de libros, de esas que da gusto leer (por cierto, no se pierdan la última entrega de La estación fantasma de fonz, con dos críticas mayúsculas de Los tejedores de cabellos e Incordie a Jack Barron)
Al final, debido a problemas de tiempo, desconexión de la red, le echaron el lazo, el ya mencionado desencanto,… quedó desconectado y dejó en suspenso ideas como un análisis con un manual histórico-político delante de la ideología de Robert A. Heinlein, un extenso repaso a la protocienciaficción (una de sus pasiones) que habría escrito si no le hubiese estado encargando de todo, un macroespecial sobre Robert Silverberg para una nueva sección nonata,…
Pues bien, chicos. Cebra se ha reconectado (con lazo y todo) y vuelve con ganas de dar guerra. Los ejercicios de masturbación mental a los que nos hemos entregado los blogeros del onanismo naranja (David, chico, a ver cuándo creas nuestro propio portal como Tebeologs! exclusivo para tus diez mil hijos) le hemos dado envidia y acaba de inaugurar su garita en la blogsfera. El título no mola (Memorias de un friki), sin embargo el contenido va a ser otro asunto. Habla el ínclito:
¿Qué se podrá encontrar en estas mis memorias? Pues la cosa está clara: comentarios y desvarios sobre la literatura fantástica (terror, fantasía y ciencia-ficción) que es de lo que más me gusta en la vida. Así que nadie espere confesiones en plan «Querido diario intimo…», ni análisis políticos, de arte o de lo que sea. Simple y llanamente hablaré de las cosas del fantástico que me apetezcan y a mi aire, como bien hacia en cyberdark cuando tenían a bien publicarme (que fue siempre, para que nos vamos a engañar, que era gente maja y condescendiente con frikis como yo). Eso si, un par de avisos: en la vida real trabajo como profesor en un instituto, así que tengo una cierta tendencia «pedagógica», en mis mejores momentos creo que eso me permite iluminar a los descarriados, la mayoría de mis amigos opinan que me convierte en un insufrible y pedante bocazas, ustedes juzgarán. El otro aviso: no suelo seguir modas, así que igual me paso meses y meses, si aguanto tanto, hablando de libros, autores y demás que estuvieron de moda hace 10, 15 0 100 años y me dejo en el tintero debates de la más rabiosa actualidad.
No explica que nos ha dejado un poco de lado y ahora se encuentra sumergido en la lectura de grandes clásicos del XIX, como Walter Scott, pero la experiencia acumulada durante sus muchos lustros de Lector se va a ver recogida en él. De momento ha comenzado calentando motores con la primera entrega de una serie sobre cuentos de ciencia ficción del siglo XIX. Ya va siendo hora que los pececillos jóvenes del fantástico, mesmerizados por los nuevos nombres, nos demos cuenta que somos fruto de una tradición surgida hace más de un siglo y que hasta lo más novísimo no lo es tanto si se analiza bajo la perspectiva histórica.
Otro lugar que seguir según se vaya actualizando. Y van…
Antes de entrar a ver 
Independientemente del resultado final se hacía necesario un libro como éste. Una antología de cuentos de terror contemporáneo que diese la oportunidad a algunos de nuestros escritores más interesados en esta temática para mostrar en público sus lanzas en un mismo libro, acompañados de sendos autores estadounidenses que no habían sido traducidos hasta el momento (creo). Un hipotético gancho comercial. La necesidad se explica desde el momento que así como historias de diversa extensión de ciencia ficción y fantasía son «relativamente» fáciles de colocar, el terror anda de muy capa caída desde comienzos de los años 90. Resulta algo más que complicado encontrar en las librerías libros que escapen a los grandes nombres anglosajones que todos nos sabemos de carrerilla o los clásicos que tiene a bien recuperar (esperemos que por muchos años) Valdemar. Una situación complicada de asumir al ser el terror un género literario tan necesario como el resto. Así lo explica la presentación:
Hace poco más de un año leí
Como es de rigor, entre ficción y metaficción aparecen incontables reflejos que comunican ambos mundos (impresionante esta portada que he encontrado en internet), y que indagan en el proceso creativo: cómo la vida del autor acaba permeando sus personajes y sus avatares vitales, la tendencia a recorrer caminos ya marcados, el relieve de la imaginación y la fabulación, la importancia del retorno a los orígenes (visible también en Cuentos del reino secreto) y la memoria, la maleabilidad de esta última,…; o en la contradictora naturaleza humana, que observa y denota comportamientos reprobables para después caer en ellos; o en las múltiples caras de la identidad; o en la débil pátina que supone nuestra civilización y la facilidad con la que se desprende;… Todo esto desde una aparente simplicidad que estimula la búsqueda y la reflexión.
Pasamos a Álvaro Pons, que reflexiona sobre cómo el cine se ha transformado en cómic en las manos de Rodríguez y Miller
Por último, copypasteo a Rodolfo Martínez
Por último quería hacer un último comentario referido a cómo se tratan la violencia y el sexo. La primera se traslada tal cual aparecía en el cómic (salvo algún detallito que comentaré ahora mismo). Sólo hay que ver cómo termina Kevin. Sin embargo los detalles concernientes al sexo… Por poner un simple ejemplo. No es que tenga intención de ver los encantos ocultos de Jessica Alba, pero se hace chocante que a ese cobarde bastardo le arranquen su arma a pura fuerza de brazos y a esta chica no la hayan caracterizado de la misma manera en que era dibujada en el tebeo. Detalle que da idea de la doble vara de medir que tienen los productores. Violencia desatada toda la que quieras y por arrobas. Pero un sugerente baile con desnudo integral no, que después ocurre como con la Jackson y los chicos del lobby las mujeres con las vergüenzas tapadas, que mi hijo se desvía del camino «recto» nos la meten hasta el fondo. Puritanismo de vía estrecha.
Llevo un par de semanas bastante dvdófilas y, a parte de mis preceptivos capítulos de las primeras temporadas de Babylon 5 y Expediente X, he visionado dos películas del año pasado que por diversos motivos no había podido ver en el cine: Eternal Sunshine of the Spotless Mind (me niego a referirme a ella tal y como la han titulado en España) y este El hundimiento, de Oliver Hirschbiegel. Película que generó en su momento bastante polémica debido a su visión acerca de Hitler, todos los que le rodeaban, el nazismo…




















