Sherlock Holmes y la huellas del poeta

De las novelas fantásticas de autores españoles que leí el año pasado hay dos que destacan bastante por encima de la media: Rihla, de Juan Miguel Aguilera, y Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos. De las aventuras a través de la historia de Aguilera tardaremos en leer una nueva entrega, pero dentro de una semana Bibliópolis publica el segundo pastiche Holmesiano de Rodolfo Martínez, Sherlock Holmes y la huellas del poeta, del que el autor habla en esta entrada en su blog.

Sobre su génesis, comenta:

Con el tiempo comprendí que, tarde o temprano, estaba condenado a escribir una nueva historia holmesiana. Supuse que tarde, pues tenía el impulso de hacerlo, pero me faltaba todo lo demás: la historia, el ambiente, los personajes. Poco podía suponer yo que unos meses más tarde, un comentario de pasada en la biografía de Franco escrita por Paul Preston desencadenaría un proceso casi vertiginoso que me llevaría a escribir una continuación de La sabiduría de los muertos.Preston menciona que en julio de 1938 un tal lord Phillimore es enviado desde Inglaterra como embajador oficioso en la corte de Franco. Mi primer pensamiento fue pensar que era una lástima que no hubiera descubierto ese detalle mientras revisaba mi novela, pues entonces habría intentado ingeniármelas para relacionar al James Phillimore ficticio que aparece en ella con el lord Phillimore real que estuvo en España.

Y, claro, a partir de ese momento estuve perdido. La figura de Holmes alzándose de pie en medio de la Guerra Civil Española (un periodo sobre el que había estado leyendo con bastante detalle durante el último año, así que buena parte del trabajo de documentación ya estaba hecho) surgió en mi mente y, por más que yo intentara no pensar en ello, la historia empezó a tomar forma en mi cabeza.

Un periodo convulso y muy apegado a nuestra realidad, una nueva mezcla entre ficción e historia, otro (espero) juego literario emulando la voz de Conan Doyle, un personaje mítico tratado con conocimiento y respeto, una narración llena de misterio, intriga y un sutil componente fantástico,… desde luego que no me lo pierdo. Y supongo que lo mismo pensarán todos aquéllos que leyeron y disfrutaron con la primera entrega, que no fueron pocos (si no fuese así no podríamos leer apenas un año después su continuación).

Publicado en En capilla | Etiquetado , , | 1 comentario

Siento una presencia que no había sentido desde…

Ahora que ya ha acontecido El Estreno y se pueden leer en centenares de blogs, listas de correo, foros,… incontables opiniones a favor, en contra, fifty/fifty, interpretaciones de todo lo jedi y lo sith… resulta absurdo resistirse a hacer lo mismo. Sobre todo cuando este blog versa *casi* al ciento por ciento sobre puro vicio y subcultura fantásticos. También es el momento de reconocer que, a imagen y semejanza de esa legión que orgullosamente lo repite como si fuese un certificado de pedigrí, llevaba 28 años esperando el final la saga. Aunque en mi cargo he de confesar que no me acuerdo de nada de la primera película porque apenas tenía 3 años. Cosas de mi padre, que me llevó al Casino de Santander, por aquél entonces reconvertido en cine, a ver una de esas del espacio que siempre le han gustado (aunque después pase bastante de la ciencia ficción literaria; cosas veredes)

Pues bien, puesto a decantarme he de decir sin sonrojo que disfruté más que mucho con La venganza de los Sith. Sin duda una experiencia gratificante. EMHO no sólo es el mejor episodio de la última hornada (no era difícil) sino que casi iguala al que se tiene como mejor entrega de la primera tanda, El amperio contra paca. Sus 140 minutos cumplen con donaire su función narrativa en la saga, tiene una factura visual intachable, ofrece una serie de secuencias de una espectacularidad prodigiosa, los personajes… pues son personajes de Star Wars, su guión… pues es un guión de Star Wars con los fallos y aciertos habituales en las mejores películas de la serie, y, por ir terminando la enumeración, no se hace para nada larga. Cosa que no me ocurrió con la anterior entrega en la que, aun gustándome, me dejó ligeramente aburrido.

No puedo esconder que cualquier análisis que mi rutinaria mente puede hacer está constreñido por una lectura autoreferencial del film, situación que me resulta del todo inevitable. No tengo manera de separar La venganza de los Sith de todo lo que implica y significa para mi el fenómeno de Star Wars ni establecer un análisis compartimentado de cada una de las facetas que componen el todo. Para entender la razón de esta incapacidad (por si alguien no lo entiende, claro, que me da que mi público se lo sabe de memorieta), nada mejor que leer lo que Rodolfo Martínez escribió ayer en su blog, y que resume a la perfección lo que tantos sentimos cuando oímos hablar de esta mitología moderna que se ha ganado un lugar en muchos corazones.

Desde luego hay detalles que resultan demasiado evidentes y que le dan a la narración toques algo más que artificiosos (y absurdos), como ese «mira tú qué casualidad que cuando va a pasar el meollo de la cuestión Obi-Wan sea enviado a detener al Señor de la Guerra de los Droides y Joda se vaya a Kashyyyk porque es amigote de los wookies«. Otros que me levantan los mismos sarpullidos que en los últimos años, como los consabidos gags payasetes protagonizados por el dúo sacapuntas de androides (R2D2, que C3PO emula a Jar Jar quedándose en casita, esta vez haciendo de chacha a Padme) o ese royo compadreo entre Anakin y Obi-Wan cuando están de misión que se antoja igual de natural que los postizos del Dioni.

Este deporte friki de buscar pegas, haya o no, está dejando numerosas perlas en mil y un sitios que van más allá de estas meras trabas para hablar de los sempiternos «agujeros» en el guión. Que si el embarazo de Amidala tiene lugar a velocidad de vértigo (cuando hay hechos que permiten calibrar que entre el comienzo y el desenlace del film pasan varios meses); que si los Jedis son una pandilla de mediocres que se merecen lo que les pasa porque no se dan cuenta de lo que ocurre a su alrededor (cuando en nuestro mundo tenemos incontables ejemplos de actividades mucho más evidentes que pasan desapercibidas hasta que se precipitan los hechos); que si el paso de Anakin al lado oscuro en la secuencia en la que salva a Palpatine de morir ajusticiado no tiene sentido con lo que se ha visto anteriormente (cuando es una consecuencia lógica de a donde le han llevado sus actos y acciones); y docenas más.

EMHO, lo miremos por donde lo miremos, independientemente de su condición como buen o mal guionista, buen o mal director, buen o mal productor, George Lucas ha conseguido cerrar su ciclo galáctico con un ladrillo que, analizando sus virtudes y defectos y considerado dentro del contexto que es Star Wars, se me antoja notable. Nos ha regalado un space opera clásico sumamente gozoso, un relato de aventuras básico que se disfruta de principio a fin con el mismo espíritu que la primera película, una conclusión completamente coherente consigo misma y una serie de secuencias que subliman lo mejor del llamado cine palomitero (obviando lo mejor). La única decepción que me he llevado está en que me esperaba una trama más oscura y triste y en estos apartados la encuentro un pelín light.

Centrando unas palabras en La venganza de los Sith, las dos secuencias en torno a las que pivota la película (la conversión de Anakin y el duelo final a dos bandas) son vibrantes. Lo mismo se puede decir de parte de la secuencia inicial (justo hasta que el torpedo que impacta en la nave de Obi Wan revela su ridículo contenido), la tragedia del templo Jedi y el ajusticiamiento de los caballeros que estaban luchando en la guerra, el asesinato de los líderes rebeldes en el «infierno», los múltiples guiños a sí mismo que tapizan el metraje (como el recurso de Obi Wan a un arma «incivilizada» para solucionar cierto combate) o el que es, para mi, el momento más emotivo de la película. Ése en el que Maestro y Aprendiz se despiden en Coruscant por última vez como tales.

Obviamente después también tengo mis propios y particulares «agujeros», como que el momento más vistoso del film, la lucha final, tenga lugar a veinte centímetros de un gigantesco río de lava que, sin forzar mucho la credulidad, puede encontrarse a más de 1000 ºC y ante el que nuestros aguerridos Jedis se muestran como si estuviesen encima de una playa de Benidorn, por eso de sudar un poco y no prenderse fuego…

Pero son circunstancias insignificantes si confieso que, por primera vez en muchos años, sentí ganas de visionar otra vez una película nada más verla terminar.

P.S.: Y todo a pesar del penoso doblaje con el que nos ha llegado, que vuelve a privarnos de un correcto disfrute de la película, sobre todo en los momentos en los que Anakin o Palpatine entran en acción donde no hay color respecto a las voces originales que pudimos oír en los trailers vistos por internet. Parece mentira que hoy en día los progresistas que salen por la tele vean como ideal el doblaje a las diversas lenguas que se hablan en este país y no el que las películas se distribuyan únicamente en V.O. con subtítulos en el idioma que sea. La de inglés que aprendería la gente y lo que disfrutaríamos degustando las películas tal cual son.

Publicado en Cine y TV | Etiquetado , , | 4 comentarios

Episodio III versión A.D.L.O.

Si se ha visto ya La venganza de los Sith es un delito perderse la siguiente entrada de Adlo! Novelti Librari. Contiene abundantes spoilers, así que sólo está prescrito si se ha visto la película. Garantizo uno de los mejores ratos que se pueden pasar leyendo un texto satírico.

Así Lo Vio Él: Episodio III – Jedis 0

Publicado en Cine y TV, Cosas de la red | Etiquetado , , | Comentarios desactivados en Episodio III versión A.D.L.O.

Darth Vader fo@#¬ndo con el traje

Ya comenté hace un mes una barrabasada que había llevado a algún enfermo hasta esta bitácora. Desde entonces he detectado todo tipo de audaces internautas que han dado con sus huesos por estos pagos haciendo un uso de internet que, estadísticamente, está dentro del esperado entre el público varón tipo entre 15 y 99 años y al que, a dios gracias no pertenezco.

Haciendo memoria he tenido «tíos fo@#¬ndo tíos», no se quien «fo@#¬ndo en la granja», más «mutiladas fo@#¬ndo», algún «alumnos fo@#¬ndo maestras» y «maestras fo@#¬ndo alumnos», un «japonesas fo@#¬ndo»,… lo usual. Pues bien. Ayer sábado 21 de Mayo a las 18:46:31 alguien llegó hasta aquí buscando «darth vader fo@#¬ndo con el traje«. Aunque dudo mucho que vuelva a aparecer por aquí dado lo escasamente lúbrico del material publicado, me gustaría felicitarle; me ha proporcionado una carcajada de un minuto compartida con Paula que me ha llenado de gozo. Va por tí, viciosillo (nota mental: después de lo que le ocurre en el episodio III dudo mucho que Vader a) tenga ganas de pasarse por la piedra a alguna asistenta del Imperio; y b) le quede algo con lo que solazar sus bajos instintos)

De paso, invito a todo lector de esta entrada a participar en el siguiente no-concurso (que tendrá su correspondiente no-premio). A ver quién llega hasta una entrada de Reflexiones de un aburreovejas utilizando la referencia sexual más divertida, procaz y salida de madre. Seguro que esto no es nada comparado con lo que se puede conseguir.

Publicado en Mejor reír que dejarse las venas largas, Sobre el blog | Etiquetado | 1 comentario

Pyongyang

Resulta complicado encontrar ahora mismo un país más demecial que Corea del Norte, un completo desconocido (como tantos otros) del que sólo tenemos noticias por los medios de comunicación cuando a) prueban misiles balísiticos de cada vez más amplio alcance, b) se nos habla de su intento por conseguir La Bomba (con su inmediata ascripción al Imperio del Mal), c) se recuerdan las enormes hambrunas que padece su población o d) en algún video su Querido Líder, Kim Jong-Il, emula a James Bond librándose de un grupo de sediciosos agentes capitalistas a golpes de puro arte marcial. Yo llevo dos días nadando en detalles adicionales que penetran en la realidad nor-coreana gracias a Pyongyang, un tebeo publicado por Astiberri hace unas semanas, obra de Guy Delisle, y que presenta desde el punto de vista de un occidental que llega allí lo que se encuentra en sus calles.

Estamos ante una obra que, en primera instancia, recuerda a los trabajos periodístico-costumbristas de Joe Sacco sobre la guerra de Yugoslavia o el conflicto palestino-israelí, pero que goza de unas cualidades propias que le dotan de otra dimensión. No hay un intento de reflejar las causas que originan la situación actual, ni denunciar una serie de atrocidades frente a la que el público occidental vive autista, aunque algo de eso haya. Constituye un diario de viaje que muestra el día a día de Delisle mientras realizaba un trabajo temporal en Pyongyang, las cosas que vio (más bien, le dejaron ver; existe otro país alejado de los lugares que pueden ser frecuentados por los turistas) y las ideas que le pasaban por su cabeza sin profundizar más allá.

De hecho, frente a la implicación de Sacco en sus historias, Delisle impregna el tebeo de una limitada distancia a la que contribuye mucho un humor socarrón, divertido e irreverente con el objeto de su crítica, muchas veces acompañado de brillantes soluciones narrativas, aunque en ocasiones un tanto «fácil» y poco comprometido. Personalmente me llegó a molestar en un par de ocasiones, cuando se las da de subversivo (llevándose para leer 1984 e introduciendo una radio clandestina en el país) o, en especial, cuando al final ya está de vuelta de todo y se burla de sus acompañantes, pobre gente situados junto a él por el régimen para servirle de guía, intérprete y control, que repiten una tras otra las sandeces que el sistema ha puesto en su cabeza y que no merecen la frivolidad con la que son tratados.

Esta sensación se me hizo más gravosa cuando no hay alusión alguna a la contradicción inherente al hecho de que los países occidentales (y tan democráticos como la Francia donde vive el autor) que, de boquilla, repudian estos sistemas sean los primeros que se aprovechan de su existencia a la hora de hacer caja o reducir costes con muchos productos (en el caso particular de este tebeo, la producción de dibujos animados; en los estudios de Corea del Norte el precio final del producto es irrisorio comparado con lo que costaría hacerlos aquí, de ahí que el autor viaje a supervisar la producción). No hubiese venido mal un poco de autocrítica…

A parte de esta nota personal (y supongo que intrasferible), Pyongyang bien que merece su lectura (aunque al final decaiga un poco). Hay momentos delirantes de descubrimiento de una realidad que, si no fuese porque sabemos que se relata algo que está ocurriendo, pensaríamos que es pura ficción escrita por George Orwell a mediados del siglo pasado (aunque claro, comparado con la Camboya de Pol Pot pueda hacerse un tanto light). Mismamente me quedo con el viaje que realiza Delisle por unas autopistas por las que no transitan coches y que no tienen ni una salida que lleve a los pueblos que se ven en los alrededores. O el gigantesco mausoleo dedicado a la figura de Kim Il-Sung y su hijo, a todas luces la misma persona para su pueblo, donde un cartel señala todos los pueblos del mundo donde se estudia en las universidades la obra y escritos del Querido Líder. O el destino de la ayuda humanitaria que se tiene que mandar para que gran parte de su población no muera por inanición pero que acaba siendo pasto de los ascritos al régimen. O toda la iconografía deificante propia de un sistema que rinde culto a un gobernante desquiciado que preside sus vidas como si fuese el dios emperador de Los tejedores de cabellos.

Eso sí, la edición es completamente cuestionable. Pagar 18 € por un tebeo de menos de 200 páginas en tapa blanda, con un lomo que se «aja» y despelleja en cuanto lo abres más de 40º, errores de corrección del texto cantosos y unas notas al pie de página que necesitan de una lupa para ser leídas trasciende el límite de lo soportable. Quizás ya estoy vacunado contra este tipo de abusos editoriales cada vez más abundantes, pero no por resignarme voy a dejar de patalear.

Publicado en Cómic e Ilustración | Etiquetado , , , , , | 3 comentarios

La definición cronotemporal en el cine «épico» actual…

Joe, menudo título a lo tesis doctor-al y con ripio fin-al me ha salido…

Éste es un tema que pasó por mi cabeza después de ver, hace una semana, El reino de los cielos, pero que venía de muy atrás. De hecho ya ha sido discutido en diversos foros por gente más docta al poderse observar, por ejemplo, en el anterior film «histórico» pergueñado por Ridley Scott y otras películas que iré citando a continuación. Me refiero al nulo interés de sus directores (al fin y a la postre los ejecutores encargados de definir el curso de la narración) por concretar de forma clara y explícita el hilo temporal con el que se desarrollan sus historias. Circunstancia que conduce a una serie de absurdos que parecen no preocupar en comparación con otros temas más del gusto del público o la crítica actual pero que a mi, que en el fondo soy uno de esos (como acertadamente nos calificó Knut en cYbErDaRk.NeT) yonquis de la narrativa, me gusta que se trate, al menos, con corrección. Porque, después de todo, sin un adecuado desarrollo cronológico los sinsentidos se multiplican, muy especialmente si estamos ante una película que quiere pasar como verosímil.

En El reino de los cielos hay mucho donde sacar partido. La parte inicial relata el periplo de Balian de Ibelin hasta Tierra Santa desde algún lugar de Francia, trayecto durante el cuál realiza un viaje iniciático que forjará sus actos durante el resto de la película. Pues bien, un viaje que en aquéllos tiempos llevaba muuuuuuuuchas semanas aquí no hay manera de saber si trascurre a lo largo de un día, una semana o un año (a lo que viene unido la casualidad de que el naufragio de su barco ocurra junto a las costas de Palestina, con lo que el espectador se quede con la sensación de que, a parte de tener más potra que Luke Skywalker el día que acabó con la primera estrella de la muerte, el Mare Nostrum por el que están navegando tenga una anchura equivalente a la del Pantano de Mequinenza).

Después podemos hablar del tiempo que se pasa Balian cultivando la tierra en su señorío en fraternal convivencia con sus campesinos. En una escena poco después de su llegada, se quita la cota de malla y se pone a cavar un pozo en ¿seis o siete horas? Y en la siguiente ya tenemos un vergel surgiendo después de haber creado las oportunas irrigaciones. Ahí (¿Un mes? ¿Medio año?) aparece la chica, que se lo lleva al catre, y después parte hacia la batalla, tras… ¿Un día? ¿Dos? ¿Diez? de feliz estancia a su lado. No sin que antes le haya soltado que llevaba «años» sin yacer con hembra placentera, cuando supuestamente había enterrado a su mujer al comienzo del metraje, desde el que han transcurrido en tiempo Scott apenas… ¿unos meses?

Y, para abreviar, paso al detalle más sangrante: el tiempo durante el cual Jerusalem es asediada por las fuerzas de Saladino. Después de lo que para Ridley Scott son tres días y dos noches (y, hay que reconocerlo, serios contratiempos) su macroejército se caga por la pata para abajo cuando ya había abierto brecha en la muralla (nota mental: bien que Peter Jackson podría haber indagado en los poderes defendeasedios de Legolas. Mira que mandar a Gandalf a defender Minas Tirith cuando el elfo hubiese sido la decisión más lógica; la de muertos que se habrían ahorrado). Uno pensaba que ante unas murallas tan bien construidas y con la ciudad llena de cristianos luchando por sus familias el ejército atacante habría esperado una campaña más dilatada en el tiempo y un tanto más durilla.

Esto, y más detalles que quizás sólo sean producto de una lectura superficial por mi parte, hermanan El reino de los cielos con otros ejemplos que hacen plantearse si realmente los directores se preocupan por este detalle que es algo más que un pecado venial. Recordemos, por ejemplo, los momentos más sonrojantes del ya mencionado Gladiator, una película cimentada en un personaje con carisma y tres luchas de gladiadores que destilan el mejor sentido épico del cine. ¿Cuánto tiempo le llevaba a Máximo llegar, con un par de caballos de na, sin vituallas ni medios para conseguirlas, desde Germania hasta Emérita Augusta? Y, obviando el paleto paso al Norte de África, ¿cuánto duraba su «aprendizaje» en las artes bélicas de los Gladiadores? ¿El mismo tiempo que tardó Comodo en retornar triunfante desde Germania? ¡Anda ya! ¿Y cuánto tiempo pasó hasta que retornó a Roma? Tal y como figura en la película, todo ocurre en, como mucho, dos semanas y Europa occidental más que un continente parece Manhattan.

Yendo más de dos décadas hacia atrás podemos recurirr a un ejemplo muchas veces denunciado y que, sinceramente, no hay por donde cogerlo. Sitúense en una galaxia muy lejana durante el desarrollo de El Imperio cotraataca, en el justo momento en que su curso argumental se escinde en dos líneas: la que conduce a Luke Skywalker hacia su aprendizaje con Yoda y la que nos arrastra por la cinética persecución del Halcón Milenario y sus tripulantes acechados por las fuerzas del Imperio. Creo que ya saben a qué me refiero. Mientras que la primera parece desarrollarse a lo largo de varias semanas la segunda produce toda la impresión de ocurrir en 48 horas. Y por mucho que me guste este filme… es algo que desde que cumplí los quince años y la vi por cuarta o quinta vez daña de muerte la suspensión de incredulidad que necesito para tragarme cualquier narración.

Otro ejemplo mucho más reciente y, también, revelador: la trilogía en la que Peter Jackson «adaptó», a su peculiar manera, El Señor de los Anillos. El viaje de Frodo desde La Comarca hasta Mordor parece hacerse a lo largo de, como muy mucho, un mes, cuando en el libro lleva medio año. Esto le permite a Jackson sacarse de la manga una serie de variaciones argumentales que en su momento ya fueron tocadas en un artículo de cYbErDaRk.NeT (probablemente con el que mejor me lo pasé mientras fui coordinador editorial de la página) y que ponen bien a las claras que: a) Todo vale con tal de adaptar una historia al cine b) En la gran pantalla respetar el curso histórico-argumental de la «realidad» importa lo mismo que la verdad en la segunda Guerra del Golfo.

Pudiera parecer que estoy pidiendo una descripción pormenorizada de los días que pasan entre unas escenas y otras, cuando no es el caso. Lo único que exijo es una mínima coherencia; que si entre A y B pasa un mes tenga alguna forma de saberlo, para no acabar con la absurda sensación de falsedad que me surge con cada uno de estos ejemplos citados y que se podría seguir ampliando (¿Nadie le dijo al director de Troya que el asedio de Ilión duró diez años y no diez días? ¿Se puede construir un caballo de esas características en menos de 24 horas?)

Sin duda el problema está en que el cine tiene un serio handicap en este asunto en su «competencia interespecífica» con la literatura. Mientras que en ésta hay formas de solventarlo con naturalidad (un simple texto situacional de una o dos líneas, más o menos elaborado), en el cine no existen muchas opciones: un texto en pantalla, un fundido en negro con un cambio de algunos detalles en el escenario, continuas referencias en los diálogos que atentan contra su credibilidad (O Ulises, llevamos diez meses ante estas murallas y…; Sí Néstor, mi hijo al que no he visto desde hace tres años,… Como si no lo supiesen). Y se deja de lado.

Sin embargo tiene que haber una solución, aunque sea de compromiso. No puedes terminar en estos filmes con la sensación de que las historias que te están contando apenas duran más que las dos horas y media que tardan en desarrollarse.

Publicado en Cine y TV | Etiquetado , , , , , , | 4 comentarios

Pasión por los cómics

Poco a poco se van asentando medios de difusión del cómic que ya se utilizan en otros países de nuestro entorno como Francia o Bélgica. A las habituales colecciones de libros, diccionarios enciclopédicos, atlas del mundo mundial, recetarios de cocina, volúmenes de arte,… que ofrecen los diarios de tirada nacional se le están uniendo los tebeos. Hace un año, más o menos, El Mundo hizo sus pinitos con cómics procedentes fundamentalmente del mercado de los superhéroes, iniciativa repetida hace unos meses por el diario deportivo As. Ahora le toca el turno a El País, que en vez de elegir el tomo, que da más páginas en un formato usualmente más pequeño, apuesta por el álbum de tapa dura y una selección ecléctica donde sólo se echa en falta algo de material japonés y algo más de superhéroes. Puede que para el comprador usual sólo determinadas entregas se antojen interesantes, pero para el lector normal, ése que no pasa de mortadelos, tintínes y asterixes, resulta interesante porque a parte de grandes clásicos ofrece otros clásicos mucho menos divulgados, incluyendo varios bastante recientes.

Si a esto le sumamos las iniciativas por parte de Planeta, con su línea de coleccionables otra vez funcionando a todo trapo y que nos está trayendo títulos imprescindibles como el Lucky Luke de Goscinny y Morris, todo El Príncipe Valiente de Harold Foster, los momentos estelares de los últimos 20 años de Batman o las tiras cómicas de Alex Raymond, Milton Caniff o Charles Brown, vemos que el tebeo ya no se limita a ser carne de librería especializada sino que empieza a hacer su aparición en otro tipo de comercios más próximos al público en general. Otra cuestión es que éste se acabe interesando por ellos, pero al menos debemos alegrarnos porque se esté intentando recuperar lo que jamás se debió haber perdido: el carácter popular del «cine de los pobres»

Publicado en Cómic e Ilustración | Etiquetado , | 1 comentario

23 Saló del Cómic de Barcelona

Hace tres años escribí para cYbErDaRk.NeT El Saló «Fantástico», un artículo recomendando novedades de cómic relacionadas con la temática de la página y que iban a aparecer durante el vigésimo Saló del Cómic de Barcelona. Un texto informativo con unas gotas de valoración y del que me siento satisfecho; tanto por la selección como por la manera en que refleja mis gustos. Sin embargo no he vuelto a repetir nada igual. La falta de tiempo y el que haya otras (muchas) personas más capacitadas haciéndolo lo han convertido en una excepción entre mi «producción» divulgativa.

Pero como se aproxima una nueva edición, y siempre es bueno estar informado, os invito a visitar la lista de tebeos que Álvaro Pons recomienda en su imprescindible La cárcel de papel. A mi me tiran más lo superhéroes, y ni harto de grifa recomendaría la pila de tebeos caros que él cita en su lista (soy bastante considerado con este tipo de consejos; asaltar una farmacia es mucho menos peligroso que desvalijar el banco que invita a atracar la suma total de sus recomendaciones). Pero como indicador, es un buen termómetro. Si buscan buenos tebeos para los próximos meses, háganle caso que él sabe

A vuela pluma, entre los que selecciona, me quedo con los cinco que siguen:

  • Berlín/Ciudad de Piedras, de Jason Lutes. Astiberri. Cartoné.216 págs. BN. PVP:22€. Por fin podremos leer de una santa vez este tebeo como «diso» manda. Una historia enclavada en la Alemania de Weimar en los años previos a la llegada del nazismo al poder. Una época convulsa contada con una maestría fuera de toda duda.
  • Partida de caza, de Enki Bilal y Pierre Christin. Norma. Un álbum que todo el mundo califica como obra maestra y que tengo unas enormes ganas de leer.
  • Kyle Baker Cartoonist Vol. I, de Kyle Baker. Planeta. 128 págs. Historias cortas de uno de los autores más divertidos, ingeniosos e inquietos del panorama americano actual. A ver si hay suerte y uno de estos volúmenes recoge su hilarante historia sobre la canguro del bebé Superman (estúpidamente censurada por un cateto editor yanqui)
  • Batman: La Saga de Ra’s Al Ghul #1. Planeta. 176 páginas. Color. Todavía no tengo muy claro las características de la edición, pero este cómic de superhéroes tiene algo que ninguno de los otros de superhéroes que se publican este mes (ni este año) repite. Neal Adams. Y aunque ya los tengo, no me importará nada repetir por volver a verle en acción (espero que en un formato adecuado)
  • Tierra de Sueños, de Jiro Taniguchi. Ponent Mon. 200 páginas. Rústica. BN. 14€. Tengo por aquí una entrada a medio redactar titulada Taniguchi en vena y que loa los múltiples tebeos de este autor que nos están llegando últimamente. Como bien dice Álvaro Pons cuando lo recomienda sin haberlo leído, por esta obra bien que se puede poner la mano en el fuego.

Y eso es todo. Ahora me retiro a seguir leyendo Ash. Llevo cien páginas y, como prometía Hartree, es potente. Lástima de tener que esperar tanto para leer su desenlace.

Publicado en Cómic e Ilustración | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , | 6 comentarios

Loarre, un precioso fondo de pantalla

Anoche fuimos al cine a ver El reino de los cielos, el nuevo delirio histórico de Ridley Scott del que, a bote pronto, sale mejor parado que en Gladiator aunque carezca de épica alguna. Pero no abro esta entrada para comentarla. Me gustaría hacer una breve mención al precioso Castillo de Loarre que se entrevé en un par de momentos de la película.

Lo visitamos el pasado verano durante una semana de puro disfrute natural por el Pirineo Aragonés en el que visitamos, entre otros sitios, las foces navarras de Arbayún y Lumbier, los alrededores de Jaca, los preciosos pasajes naturales que rodean Canfranc o Panticosa y el Parque de Ordesa.

Era el último día, el de vuelta a casa, y nos acercamos a este pueblo alejado de las carreteras principales para toparnos con una maravilla arquitectónica espléndidamente inserta en el medio natural (el paisaje resulta esplendoroso; apenas se observa al mano del hombre) que, a pesar del paso del tiempo, conserva todo el encanto de las construcciones medievales. Incluyendo el característico remedo hispano de ir aprovechando los edificios existentes para ir añadiendo nuevas edificaciones que, a veces, chocan con el concepto original (y que, siempre, acaban siendo pasto de las llamas). Pocos sitios recuerdo de esta época que me hayan causado una sensación semejante (a bote pronto, sólo el monasterio de Sant Pere de Rodas me transmitió lo mismo)

Como se pueden imaginar, la visita merece la pena. No sólo porque los guías son de calidad, de esos que son algo más que una grabación metida a fuego en la memoria y saben jugar con las palabras y sus conocimientos para construir un atmosférico viaje al pasado del monumento. Sino porque es lo que te venden: el castillo románico mejor conservado. Si lo desean, pueden hacer una visita virtual. No es lo mismo pero pone en situación.

Lo triste es que en El reino de los cielos sale muy poquito. Su anecdótica presencia se limita a ser una mera (e imponente) imagen de fondo situada ahí para crear ambiente. Habrá que aguardar a la versión extendida (Scott promete una hora más de duración; este sí que es un aburreovejas experimentado) para ver las escenas rodadas en su interior (al menos eso decían los guías) y que se quedaron en la mesa de montaje.

Publicado en Cine y TV, Lugares con encanto | Etiquetado , , , , | Comentarios desactivados en Loarre, un precioso fondo de pantalla