Nueva edición de Pirates

El creador de videojuegos pocas veces corre la misma suerte que el escritor o el director de cine, trascendiendo su nombre al gran público. Más en estos tiempos de proyectos de varios millones de euros, con decenas de programadores, grafistas, diseñadores,… trabajando en un mismo concepto en una tarea donde la cooperación entre los diferentes niveles es fundamental para conseguir el objetivo. Perdurar.

Atrás (joder, 20 años han pasado ya) quedaron aquellos computadores de 8 bits en los que uno o dos colegas se encerraban en un cuartuco minúsculo durante unos meses para parir maquiavélicas obras maestras como La abadía del crimen, en la que Paco Menéndez, ayudado por el excelente trabajo gráfico de Juan Delcán, rompió el tarro de las esencias; o las geniales aventuras isométricas de John Ritman y Bernie Drummond, que tienen en el Head over Heels su máximo exponente; o los demenciales puzzles en pseudo 3D creados por los hermanos Stamper para su Ultimate Play the game;…

(Nota mental: ¿Y para qué coño sirve saber estas cosas, además de para dárselas de marisabidillo? Ya me dice mi madre que he perdido demasiado tiempo con cosas que no dan de comer)

Con la llegada de los 16 bits y el consiguiente aumento de complejidad, salvo excepciones alucinantes como Chris Sawyer, que hasta el Rollercoaster Tycoon de finales de los 90 seguía preparando de forma casi íntegra sus juegos, los grupos de programación se convirtieron en ley y el sello acabó sustituyendo al nombre como distintivo creativo de calidad. No obstante, contados programadores, con un papel preponderante como diseñadores conceptuales, han mantenido su papel de prima donna y han trascendido más allá de la marca colectiva bajo la cual aparecen sus juegos. Japos a parte, ahí está, por ejemplo, Peter Molyneux, que desde Populous lleva revolucionando, con mejor o peor suerte, el mundo de los juegos de mover la materia gris con joyas como Powermonger, Syndicate, Theme Hospital, Dungueon Keeper o Black and White. Otro nombre que mueve a los jugones al mismo nivel es Sid Meier.

Decir su nombre es hablar de la serie Civilization, que nos ha mantenido enganchados a muchos al ordenador (en mi caso, tanto en las dos primeras entregas como en el absorbente Colonization) llevando una civilización antigua desde la edad de piedra hasta las estrellas; o del Railroad Tycoon, el delirio de todo (tardo)adolescente que de pequeño jugaba con los trenes de juguete y que podía llevar sus sueños a la realidad conectando las dos costas de los EE.UU. o iniciando la aventura del ferrocarril en la Inglaterra de comienzos del siglo XIX; o del primer Silent Service, un juego de submarinos donde tras ver mucho relojito estabas deseando sacar el periscopio para hundir un par de barcos; o del Gettysburg, en el que con tino mezclaba los wargames con la estrategia en tiempo real. Pero si hay una obra, a parte del primer Civilization, que me ha mantenido enganchado al ordenador, esa fue el Pirates.

Jugué en un 286 a 12 Mhz, con sus raquíticos 640 Kbs de RAM y 384 Kbs de video, que podía situar 256 colores en pantalla. Un alarde innecesario ya que el juego con 16 iba que chutaba. Su argumento era sencillito. Entrabas en la piel de un aspirante a pirata (Inglés, Francés, Holandés o Español) en el Caribe de los siglos XVII y XVIII. Llegabas a un puerto, te hacías con una tripulación, cogías un barco… y te lanzabas a recorrer el mar en busca de fortuna. Lo mejor era que tenías una relativa libertad para afrontar tus numerosas horas delante del ordenador. Podías ir de legal mercadeando con bienes entre diferentes puertos, obedeciendo la ley de la oferta y la demanda (ya lo decía Homer Simpson: Compra barato, vende caro. Ese es mi lema), rastrear la pista de piratas buscados para llevarlos ante la ley o mapas del tesoro que aumentasen tu riqueza, intentando encontrar una mujer entre las hijas de gobernadores de las diferentes ciudades,… O te podías lanzar a la aventura de convertirte en un filibustero, asaltando con tu pinaza mercantes españoles, enemistándote con los franceses, asaltando ciudades por mar o por tierra,… En suma, haciéndote una leyenda de esas de espantar en cuanto aparecías por el horizonte. Desde luego, para alguien con 15 años, está claro qué camino era el más atractivo.

Resultaba divertido eso de lanzarte con tu pequeña Carabela en pos de una Fragata francesa, de esas que de una andanada destrozabala mayor y masacraba a media tripulación, para dar vueltas alrededor suyo haciendo sonar tus 4 cañones hasta que, después de varios minutos de juguetear con ella, la diezmabas lo suficiente como para abordarla y acabar con su capitán en reñido duelo a espada. O sacar de quicio a los siempre victoriosos ingleses, protagonistas estelares de toda película de piratas que se precie y que vencían una y otra vez a unos malvados españoles que perdían recursivamente (claro, por no contar con alguien tan astuto como sevidor dirigiendo sus naves). O lanzarme al saqueo de alguna gran urbe como Maracaibo o Santiago de Cuba, de esas que a parte de gloria aseguraban un botín de retirarte y no volver a llevar esa vida. O casarme con la hija de gobernador más bella de las Indias Orientales.

Y quizás su gran atractivo residía en que, como en la vida real, había un comienzo y un final. Un momento de ser joven y hacer el tarín sin preocuparse de las consecuencias, y un momento de sentirse mayor, padecer los achaques de la edad y de las múltiples heridas recibidas durante veinticinco años de correrías, y decidir abandonar la carrera, repartir el botín, retirarse a la hacienda con tu querida esposa y observar qué lugar ocupaste, definitivamente, en el corsiarómetro.

¿Por qué me doy a la nostalgia con este tema? Ando bastante desconectado del tema de los juegos de ordenador, pero he visto que el año pasado salió una nueva edición adaptada a los tiempos del PC y, lo que es más importante para mi, en agosto se publica en España la edición de XBOX, que me compraré sin dudarlo a ver si recupero estas sensaciones. El juego se habrá hecho mucho más complejo (ya me ocurrió con las continuaciones de Civilization) porque es lo que se lleva. Pero estando Sid detrás seguro que conserva ese hálito que en los viejos tiempos me hizo perder incontables horas delante suyo. Ahora no tengo el mismo tiempo, pero siempre se le puede sacar dos o tres horas los fines de semana para reverdecer viejos laureles haciendo respirar a esos pérfidos ingleses toda la pólvora que nos hemos tragado en las películas y en la realidad. Se van a enterar.

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Madrid Julio 2005: Homenaje (1)

Cuando abrí este blog me había prometido no convertirlo en un acto de exhibicionismo desaforado contando cosas que sólo me interesasen a mí. Así que, salvo alguna que otra paja mental o autopalmada en la espalda, he mantenido la vocación de servicio «impúdico» entrando en temas relacionados con el mundo del cine, la literatura, el cómic u otros menesteres que han surgido por el camino. Siempre con afán divulgativo (más o menos conseguido). Pero con la pasada AsturCon me he salido un poco de la vía marcada, y ahora voy a desbarrar definitivamente. Es un encargo aceptado durante la comida que relato el pasado sábado con el fin de homenajear alguno de nuestros blogs favoritos.

Sé que me falta arte y precisión para acercarme al modelo original, pero allá voy.

Quedamos a comer en la Puerta del Sol. Asistentes Paula, Iván Fernández (cebra), David Fernández (cYbErDaRk), Fidel Insúa (Fidel), Fernando Ángel Moreno, Nacho Sánchez (Nasandi), Javier Vidiella (fjvidiella) y servidora (4 con blog, uno seguramente en camino, y todos posteriores a la defunción de nuestro hogar naranja; definitivamente hay algo que no funciona en la red de redes… y en nuestras cabezas). Después de tomarnos unas cervecitas en el Gambrinus de siempre (mira que hay locales autóctonos donde perderse, pero no hay vez que vaya a Madrid que no me lleven hasta esta franquicia), David nos llevó hasta Chueca a un restaurante que cumple la regla de las tres bs. Restaurante que tenía una pinta excelente pero que nos disuadió al no preparar una mesa conjunta para más de seis personas. Así que terminamos en uno de comida Tailandesa que estaba justo al lado, donde estuvimos fresquitos, nos atendieron bien y, personalmente, terminé deseando que se traiga la franquicia hasta Santander. Cuesta (no mucho) más que un chino pero la comida es de una calidad superior.

(En la foto, de izquierda a derecha, Iván, servidor, Paula y primer plano de Fernado) Allí (o durante el resto de la jornada, que mi capacidad de recuerdo es más volátil que la nitroglicerina), mientras esperamos a Natalia (magrat) y a Juan (Verence), que terminaron apareciendo a eso de las cinco, envidiamos la memoria de la camarera, fruto de un sistema educativo opuesto al nuestro, que sin necesidad de notas se acordó a la perfección de dos minutos de dudas a la hora de seleccionar nuestros platos; series de televisión; tebeos; la apatía que de vez en cuando surge a la hora de leer libros; la pasada AsturCon (a ver si el año que viene alguno se anima); el verdadero motivo del cierre de cYbErDaRk.NeT (próximamente en su bitácora amiga); el juego de tablero de moda entre las tertulias del país (¿hace falta que diga que es Juego de tronos); nuestros trabajos actuales; los planes del cyber para dominar el mundo (y que no le van nada mal); cómo van nuestras respectivas tertulias; la condición de friki y padrezo (Javi lo es por partida triple); el coleccionismo y la afición desmedida por nuestros gustos; el estado actual de la literatura fantástica en España; cómo va la próxima HispaCon; chascarrillos, rumores y cotilleos varios…

Mientras, degustamos la comida Wok, que no había probado (chicos, soy de pueblo), y que, como he dicho, me dejó buenas sensaciones. A la izquierda está la foto de mi Panda (tallarines con verdura y carne de pollo).

Posteriormente nos acercamos a la zona de Callao a tomar el café y a medida que la conversación seguía las huestes fueron abandonando por diversos motivos. Fidel, Nacho y Fernando a pelearse por Westeros con Alberto García Teresa (recuperándose poco a poco de un terrible accidente ocurrido hace dos meses; un abrazo desde aquí) y David a casita, que el pobre está muy atareado, con una mudanza de espanto y un nuevo lugar de trabajo. El resto, acompañados de Natalia y Juan, aguantamos el tirón hasta las 22:30. Y es que no hay nada como las ganas de pasarlo bien para pasarlo bien.

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La Engaña

El lunes he estado por primera vez en Pedrosa de Valdeporres, pueblo del norte de Burgos donde nació el padre Paula. Aparte de los motivos familiares, gancho fundamental y, para qué negarlo, inexcusable, tenía otro interés para visitarlo. Es lugar de paso de la abortada línea férrea Santander-Mediterráneo, un viejo proyecto surgido durante la dictadura de Primo de Rivera que iba a unir la capital de Cantabria con el puerto de Sagunto. Su utilidad la explican en el siguiente enlace (repleto de cantidad de información sobre el asunto y de muchas imágenes)

El Santander-Mediterráneo nació a principios del siglo XX, con la intención de unir los puertos marítimos de Santander y de Valencia mediante un ferrocarril, y para dar una rápida salida marítima a las mercancías originarias de las provincias que recorre. Y es que la lógica es aplastante: ¿Se dan cuenta de la cantidad de barcos que, diariamente, se ven obligados a rodear toda la península Ibérica? Un barco tarda una semana en dar la vuelta a “la piel de toro”. El Santander-Mediterráneo, de haberse concluido, habría permitido que los barcos atracasen en Santander y descargasen la mercancía sobre ferrocarril. Éste se habría encargado de transportarla hasta Valencia en cuestión de horas, frente a la semana que tarda un buque mercante en recorrer la costa. Allí, otro navío podría proseguir su ruta para llevar la carga a su destino final. Ídem sería posible en sentido inverso. Además, daría una salida marítima rápida a las mercancías originarias de la Meseta…

A 4 Km de Pedrosa se encuentra la Engaña, de casi 7 Km de longitud, el túnel ferroviario más largo construido en España. ¿Por qué no se le conoce como debiera?

Jamás entró en servicio. En el año 1959 se le pegó el tiro de gracia después de haberlo terminado, estar preparado gran parte del trazado (con centenares de km de vía) y haber construido decenas de estaciones por todo su recorrido. Apenas faltó rematar los últimos 70 kilómetros.

Cincuenta y seis años más tarde el aspecto que presenta es tan triste como el de la estación de Canfranc y sus alrededores, joya del modernismo y de la arquitectura civil que está pudriéndose a la intemperie irreversiblemente porque nadie apuesta un euro por su rehabilitación. Hace seis años el tunel sufrió un derrumbe en su zona intermedia y ya no se puede atravesar. Hecho que produce singular rabia al considerar que empezó a construirse utilizando esclavos republicanos, las ingentes cantidades de dinero invertidas en él o las muertes que se produjeron en su interior. ¿Para qué?

A su vez las estaciones y edificios varios que presiden su recorrido son ruinas decrépitas que nos hablan de lo volátiles que son las construcciones humanas hoy en día; y los viaductos y caminos que recorren las regiones por las que iba a atravesar el ferrocarril, excelentes vías verdes nada explotadas al apostar las correspondientes consejerías de turismo por otros lugares. Da coraje contemplar cómo una herramienta de disfrute del interior de España y una vía de comunicación alejada de las corrientes principales se está perdiendo (si no se ha perdido ya) a pasos agigantados. De hecho recuerdo cuando hace tres años fui de excursión con alumnos de primero y segundo de ESO a Soria y a ambos lados de la nacional observamos parte de la infraestructura abandonada, siendo pasto de la naturaleza. ¿No interesa recuperarlo, ni siquiera un poco?

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Fin de semana en Madrid

No lo teníamos previsto, pero el jueves nos invitaron a pasar el find en Madrid y allí hemos estado, visitando viejos amigos, disfrutando de buenas conversaciones, chismorreos varios, comprando unos cuantos cómics, no demasiados libros,… Por petición expresa de mis cicerones voy a escribir un par de entradas en el blog, una de ellas en plan homenaje a uno de las bitácoras españolas más visitadas. La otra… puro proselitismo. Lástima que las fotos estén sacadas todas con la cámara de varios móviles. Menos es nada.

Pero antes he de escribir sobre otro tema.

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El viaje de Chihiro (postrado ante Miyazaki)

A comienzos de Julio me acerqué al Corte Inglés para comprar mis preceptivas películas de todas las rebajas, ésas que se pueden adquirir con el 35% de descuento o en el 3×2. Cayeron la primera temporada de Babylon 5, que me estoy viendo poco a poco (habrá entrada; sin duda la merece), Los Increíbles y El viaje de Chihiro, la película de Hayao Miyazaki que ganó el Oso de Oro a la Mejor Película del Festival de Berlín hace ahora cuatro años. Después de visionar esta última me he quedado, como casi siempre con las producciones del estudio Ghibli, sin palabras.

Es un hecho que el espectador occidental vive bajo el prejuicio que asocia película de animación a película Disney, dibujos de la Warner,… En resumen, cine con clara vocación infantil. Unas narraciones que acostumbran a seguir un patrón determinado, con unos personajes que remiten a arquetipos fáciles de situar, todo suele estar muy mascadito para que hasta el más imberbe infante lo entienda, cualquier tipo de violencia, muerte, relación amorosa es tratada con una ingenuidad galopante,… Justo la antítesis de lo que se puede encontrar en la cinematografía de Miyazaki. No obstante me gustaría referirme exclusivamente a dos aspectos que me han maravillado de Chihiro.

Primero, al poder evocador y las lecturas tácitas que tiene (algo común a todas sus películas). Cito uno de los ejemplos que se pueden encontrar El viaje de Chihiro. En un momento dado, con Chihiro trabajando en unos baños públicos a los que acuden los viejos dioses para reposar y tomarse un respiro, aparece una inmensa babosa de lodo que produce un asco espantoso. Como nadie quiere atenderla por las arcadas y mareos que despierta, envían a Chihiro a que se encargue de ella. Tras introducirla en la bañera se descubre que tiene clavada una inmensa astilla de madera y, ayudada por el resto de la concurrencia, se la extraen. Pero, para su sorpresa, unida a esa astilla hay una bicicleta, y a esa bicicleta barro, lodo, neumáticos podridos, maquinaria oxidada,… Los típicos productos que podemos toparnos en un vertedero ilegal en el curso de un riachuelo. Resulta que debajo de la babosa está el espíritu de un río que ha sido completamente contaminado por la acción humana y ha mutado de aspecto.

Ahora bien. En ningún momento nos explican qué es lo que ha ocurrido, ni cómo ha sido posible la transformación, ni se enuncia una moraleja concienzadora. Se exponen los hechos y se deja al espectador no sólo la interpretación de lo ocurrido sino, y lo que es más importante, cualquier idea que pueda surgir de ella. Una forma abierta de entender el cine que choca con la enunciada anteriormente.

El segundo motivo sobre el que quería hacer un apunte es cómo se entiende el cine de animación generalista en Japón. Frente a la concepción naif, edulcorada y descafeinada occidental, los japoneses apuestan por un tratamiento diverso en función del tipo de historias que quieren tratar. Así, centrándonos en la obra de Miyazaki, podemos encontrarnos un uso de la acción y la violencia divertido y escapista como en El castillo de Cagliostro, una aventura de Lupin donde los golpes, porrazos, tiros y persecuciones se observan con una perenne sonrisa; otra más próxima a la realidad pero sin sangre, utilizada para acentuar los contenidos maduros de la narración, caso de Porco Rosso, con geniales combates aéreos y una de las mejores peleas a puñetazos de la historia del cine. Dos películas que el espectador occidental dejaría ver a sus hijos porque la visión de hemoglobina es circustancial y la violencia puro cartoon.

Pero también tenemos un film como La princesa Mononoke donde la sangre inunda la pantalla, hay decapitaciones y desmembraciones (todo sea dicho, sin regodearse en ello), se exhibe una violencia primaria explícita y tanto la muerte como la corrupción son monedas de curso corriente. O esta presuntamente infantil Viaje de Chihiro, donde aun siendo esta carga mucho menor, hay un par de seres visualmente acongojantes que producen auténtico asco, alguna que otra escena donde la sangre corre en abundancia y, por el tema y el enfoque, el espectador occidental genera la sensación que no es un film para niños. Mucho me temo que porque la ausencia de buenos y malos tradicionales, sustituidos por personajes atrapados por unos intereses y unas emociones reales como la vida misma, descoloca.

Tengo la sensación que en Japón mayores y pequeños se dan cita en los cines y alrededor de los televisores para disfrutarlas sin complejos, capitulando ante la belleza estética que rebosa cada plano, asumiendo toda la carga conceptual anidada en su argumento, sumergiéndose en su continua alabanza a la naturaleza o la amistad, y reivindicando el uso de la imaginación y la fantasía como mecanismo para cambiar al ser humano y, por extensión, al mundo. En definitiva, rindiendo pleitesía a todos los creadores que giran alrededor del maestro y que tratan al espectador como alguien inteligente que no se limita a degustar el producto al mismo nivel que un vermut en un bar. Beberlo, degustarlo y olvidarlo hasta beber el siguiente. No dejándose llevar por las apariencias ni la superficialidad y analizando el fondo que lo es todo. Por eso cada nueva producción se convierte en un acontecimiento único e irrepetible para aquellos que hemos caído en sus redes. No ha sido por casualidad.

Como comentario al margen, a ver cuándo llega a nuestras tiendas los DVDs de Nausicäa del Valle del Viento, cuya edición llevamos aguardando desde que empezaron a salir los primeros animés en vídeo, y la encantadora Mi vecino Totoro. Una película tranquila, reposada y llena de encanto hecha exprofeso para despertar el niño que todos tenemos dentro.

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El efecto Connery y «Las huellas del poeta»

Ando finiquitando la última novela de Rodolfo Martínez, Sherlock Holmes y las huellas del poeta, el segundo pastiche Holmesiano que sale de su teclado y que, seguramente, el año que viene se verá acompañado con una nueva entrega, esta vez enclavada en el far west. Ya he comentado que me gustó mucho Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos, y he de confesar que estoy disfrutando esta historia muchísimo, a pesar de ser diferente a lo que en un principio esperaba.

El argumento está ligado al anterior libro; de nuevo es la búsqueda del Necronomicón la que guía a los personajes, enfrentados a una logia hermética intrigante que desea devolver a nuestro mundo a los primordiales lovecraftianos. Pero ya no es Watson el que narra las andanzas de Holmes (estamos en plena Guerra Civil española y el buen doctor llevaba muerto unos años cuando se desarrolla la aventura), sino un nieto de la señora Hudson, corresponsal de guerra y agente secreto del MI ¿5 o 6? británico. Igualmente la historia ha ganado en «amplitud». Ya no estamos en una investigación por las calles de Londres sino que se van sucediendo los viajes por España o, en un flashback a mitad de novela, por los EE.UU.

Sin embargo, su rasgo definitorio que más me ha llamado la atención es que si La sabiduría de los muertos pasaba a la perfección como una novela de Doyle, por su manera de imbricarse en el canon y la contención con la que estaban tratados tanto los temas fantásticos como las apariciones estelares de personajes ajenos al cuerpo central de las historias Holmes, aquí estamos ante una explosión de guiños literarios, cinematográficos, históricos y tebeísticos de dimesiones colosales. Por sus páginas se citan o aparecen Rick Blaine, Serrano Suñer, Mycroft Holmes, Winston Churchill, George Smiley, Clark Kent, Frank Cappa, Francisco Franco o Howard Philips Lovecraft. Y algunos de ellos tienen un papel que va más allá de las habituales dos páginas con diálogo, convirtiéndose en secundarios de lujo que participan y condicionan el desarrollo de la trama. Eso le dota de una textura propia a Las huellas del poeta que, aun siendo un homenaje a la obra de Doyle, se convierte en algo diferente que puede no ser del gusto de algunos lectores por lo gratuito de parte de los guiños. Pero he de decir que en mi caso han funcionado a pedir de boca.

Además, el curso narrativo se convierte en una de esas paranoias históricas a lo Tim Powers, con una explicación de la Guerra Civil española en clave fantástica que si bien no es tan contundente como acostumbran a ser los delirios del estadounidense (normal, puede tirarse cuatro años preparando sus complejos engranajes pseudohistóricos), resulta consistente. De hecho la circustancia de que el argumento esté situado en dicho periodo histórico, la sencillez y amenidad con la que se trata, las participaciones de los caracteres mencionados anteriormente, la agilidad de los diálogos y el desarrollo de la trama hacen de este libro una excelente herramienta para acercar lo fantástico al gran público. Considero que es más atractiva y está mucho más conseguida que el reciente premio Minotauro, con el que Martínez seguro se ha enbolsado una cantidad de dinero muy superior y llegado a un sector de lectores más amplio, pero que, a mi modo de ver, es una obra fallida y carente de pegada.

Eso sí, personalmente me vuelvo a encontrar con una característica que ya me he topado en otras novelas de Martínez (es una de sus marcas de fábrica) y que amenaza con sacarme por completo de la lectura. Me refiero a las múltiples frases hechas con las que homenajea a sus iconos referenciales (los títulos de algunos capítulos, la famosa cita de Whitman que le define; «Aún no he salido de escena y ya te han entrado delirios de grandeza» y tantas otras visibles aquí) o los nombres de personajes que son estridentes (esos Oliver y Hardy como guardianes del secreto bajo el Alcázar de Toledo). Quizás porque, como comparto gran parte de esos referentes, lo veo demasiado evidente, poco elaborado, nada retocado y fuera de lugar. Aunque no sé si será algo único porque, como ya me ocurrió con El sueño del Rey Rojo, el común de los lectores suele disfrutarlo cantidubi.

En resumen, a pesar de no ser lo mismo, no desmerece para nada a La sabiduría de los muertos. Si gustó, esta nueva aventura no decepciona. Por cierto, la portada de Alejandro Terán, soberbia. Ha pasado año y medio desde su irrupción como portadista en las colecciones que publican literatura fantástica y, por lo que veo, su progreso es acojonante. ¿Tiene límites?

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«Mis siete autores» en Axxón

Sergio Gaut vel Hartman acaba de escribir en esta entrada lo siguiente:

… hoy comenzamos con una nueva serie, que se llama Mis 7 Autores. La primera estuvo a cargo de Eduardo J. Carletti, el director de Axxón, la de mañana será mía y luego irán apareciendo las de todos aquellos que deseen enviármelas. Estás invitado, por cierto, y también todos aquellos que se vinculan a tu blog. Espero ese aporte. Gracias.

Desde aquí os animo a todos a participar, porque es una iniciativa que, sin duda, aportará mucho a cada uno. Un poco personalmente: fuerza al análisis interno; no resulta tan sencillo ver cuáles se elige y explicar someramente por qué. Pero, también, se pueden extraer muchas conclusiones de ello. Seguro que no hay muchas sorpresas una vez que las leyes de los grandes números entren en juego, aunque alguna habrá. Y será interesante descubrirlas.

¿Os animáis? Si es así contactad con la dirección que aparece en la página de Axxón.

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Portada de Vogue

Echadle un vistazo a esta imagen que se acaba de subir a la página de la TerSa. Resulta que el ínclito Jean Mallart está preparando unas camisetas para los miembros más freaks de la tertulia (esos que anhelan sumergirse en las corrientes preponderantes del fandom imitando su aspecto), y no se le ha ocurrido mejor forma de dar entrada a los diseños que preparar este fotomontaje. Una puñalada trapera en toda regla que, todo sea dicho, no sólo está bien hecha sino que además permite leer unos titulares que gustarán a todos los que estuvieron en Gijón (espero).

Menos mal que no ha elegido esa revista que algunos tenemos en mente, porque si no a Paula le da algo.

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Un Hobbit Gualtrapa

Cuatro meses y medio después de la primera entrega, repesco esta pretendida sección que busca presentar y exponer brevemente los blogs que sigo habitualmente. Ya se sabe que siempre gusta compartir estas lecturas que nos enganchan y nos aportan otras visiones de nuestros quehaceres cotidianos.

El elegido para esta ocasión lo descubrí circustancialmente mirando las estadísticas de Extreme tracking, ya que había una enlace desde él hasta aquí. Desde entonces se ha convertido en uno de mis lugares favoritos de la blogsfera. Hay muchos otros sitios donde encuentro inteligencia, conocimiento, divulgación, reflexión,… Pero en muy pocos estos vienen acompañados del ingenio y la creatividad a la hora de tratar sus temas como en Un Hobbit Gualtrapa.

No me pregunten quién es su autor porque es un misterio que no quiere ser revelado (vamos, que ni flowers). Sólo sé que durante la diáspora naranja se lanzó, como muchos otros, al ruedo de la blogsfera a hacer su particular ejercicio divulgativo. Un ejercicio que no sé hasta qué punto puede estar pasando desapercibido y que debería ser más conocido que muchos otros sitios. Después de todo, aunque el Hobbit Gualtrapa habla desde sus íntimos conocimientos de La Comarca y sus gentes, o lo que puede saber de la Tierra Media, describe en clave freak, con donaire y, sobre todo, estilo, una realidad tan próxima a la nuestra que termina siendo todavía más real.

No tengo un plan prefijado para seleccionar entradas que comentar, así que voy a coger tres de las más recientes. Visiten el resto porque seguro que las encontrarán todavía mejores.

Para comenzar quisiera centrarme en «Si no sabes algo, di que es una mierda«. La idea central es por todos conocida. Internet es un medio muy interesante porque en determinados aspectos ha dado voz a aquéllos que, por lo que sea, nunca la habían tenido. Los foros y las reseñas han permitido que muchas opiniones fundamentadas hayan salido a la luz y tenido sus momentos de gloria en discusiones constructivas que han aportado mucho a aquéllos que han participado en ellas. Como contertulios o simples lectores. Pero, y es triste, también ha propiciado la aparición de multitud de talibanes de la red, gente con más o menos conocimientos que aupados (o no) por un número de incondicionales que jaleaban sus soflamas han hecho un arte de decir que algo es una mierda sin argumentar de ningún modo sus opiniones. Los juicios sumarísimos contra cualquier editorial, autor, novela, película,… están a la orden del día y no parecen tener fin. Poco importa la razón, la perspectiva histórica, el nivel de conocimientos sobre el tema en cuestión de la voz que habla,… Da mucha rabia que frente a gente que sí se molesta en sumar este tipo de comportamientos estén tan extendidos. Pero les dejo con el Hobbit

…Si hablamos de cine, la mayoría de la gente no sabe ni cómo se rueda una película. La mayoría cree que el proceso de montaje y post-producción no existe, y que tampoco existe el de pre-producción. La misma gente que dice cosas como «pero si ya se ha terminado de rodar, ¿por qué no la estrenan ya? Quiero ver esa películaaaa», es luego la que dice: «Pues vaya una mierda. El montaje es una mierda, la música es una mierda, los actores son una mierda…» y después, no tienen más que copiar los comentarios negativos que hace el resto, para tener argumentos durante toda la vida. Resultado: Su opinión es la argumentada (pues han copiado esos argumentos) y la tuya no, porque te niegas a ver la realidad.

Pero sólo pueden opinar negativamente. ¿Por qué? Porque es más fácil, y porque es mucho más difícil descubrir el engaño. Si alguien está hablando bien de algo o de alguien, es fácil saber si miente. Pronto queda al descubierto si se inventa algo, porque debe seguir dando argumentos. Pero los comentarios despectivos se auto-justifican a sí mismos. Basta con un «bah, no sabes discutir» para terminar con una discusión, pero sólo si estás criticando algo (negativamente, se entiende). Si estás defendiendo algo, el «bah» no funciona.

La Tierra Media internetera se ha convertido en un gran campo de batalla, en el que sólo salen victoriosos quienes ponen a parir algo. Entrad en cualquier foro de cualquier tema posible: Política, ocio, fútbol, religión… Ya puede haber un Gandalf dando su opinión defendiendo algo, que en cuanto lleguen un buen par de orcos diciendo «bah, es una mierda», Gandalf tiene la partida perdida. Pues si intenta rebatir su opinión, otros muchos se unirán a los orcos, diciendo lo mismo, repitiendo lo mismo, hasta que Gandalf se agote.

Aunque… ¿y si Gandalf hiciera lo mismo? ¿Y si Gandalf escribiera su opinión y sus argumentos, pero no para rebatir, sino para expresar su opinión? ¿Y si Gandalf no contestara nada más que «bah, es genial, digáis lo que digáis»? ¿Se perdería el debate, o sólo los enfrentamientos? ¿Se descubriría quién sabe de algo y quién no?

Por mi parte, tengo el serio problema de no saber ya cuándo alguien critica algo porque sabe de ello, o porque no tiene ni idea y quiere aparentar que sí. Las apariencias son algo esencial en estos tiempos. Veo muchos hobbits que se deben únicamente a sus apariencias. Y cuando no saben de algo, en lugar de callar y aprender, repiten como loros esas fáciles críticas que ni comprenden ni quieren comprender.

Pasamos a «Que paren el mundo, que me bajo«, un compendio de tres noticias a cada cual más contradictoriamente humana y que, una vez más, hace que nos cuestionemos dónde nos dejamosel sentido común cuando más lo necesitamos. Les anarroseo la primera, aunque las otras dos son, si cabe, todavía más tristemente escacharrantes.

Las subvenciones a ONGs se recortan este año en Hobbiton, porque la Comunidad de Hobbiton se ha gastado el dinero al intentar organizar las olimpiadas del 2012.»Casualmente», los anuncios del dinero que se da como subvención a las distintas ONGs, se hicieron públicos al día siguiente de conocerse la noticia de que, finalmente, será Bree la encargada de organizar las olimpiadas del año 2012. Y «casualmente» también, las subvenciones de este año con respecto a otros se han convertido en una cantidad simbólica. Es decir, que el dinero destinado a las ONGs (que se supone que intentan ayudar a quienes tienen problemas) se ha reducido drásticamente por intentar conseguir unas olimpiadas que, finalmente, no se celebrarán. ¿Y ahora? ¿Qué hacemos? ¿Habrá dinero al menos para terminar las obras que están dejando Hobbiton llena de grúas, agujeros (no «agujeros-hobbit», sino agujeros de verdad) y demás?

Y yo pensaba que en Hobbiton llevaban ya en la sangre lo de las perennes zanjas múltiples y esos contratos por los que el Thain compra losas para poner en aceras que se van a levantar otra vez dentro de una estación.

Por último, quería hablar de una entrada que está íntimamente relacionado con el lugar donde muchos trabamos contacto, cYbErDaRk.NeT, y que todavía se echa mucho de menos. Y lo hace tirando de la segunda trilogía de Star Wars. Es una parábola brillante sobre cómo evoluciona un portal a lo largo de su historia para enfrentarse a las hordas de trolls que siempre acaban anidando dentro de una estructura tan grande. Y después… bueno. No fue la historia de cYbErDaRk.NeT. Pero…

Por más foros, chats e incluso comentarios en blogs que visito, en todos veo la misma historia. Todo empieza igual: Unos pocos hablan, otros más se unen, se divierten, discuten, se respetan… Inconscientemente, se crea un lugar donde el debate es la esencia de la misma existencia. Un Senado Galáctico, que cuenta con el apoyo del Consejo Jedi que dirige los caminos de la Fuerza con buen juicio.Y un día llega alguien que conoce el Lado Oscuro de la Fuerza, lo que se conoce como un «troll». Empieza a discutir por discutir, a sembrar la discordia. Pero claro, como antes nadie había hecho eso, la gente se extraña, se sorprende. Unos pocos piden que deje de discutir por discutir. Otros piden que se le deje hablar, apelando a una libertad de expresión que hasta el momento no había sido mencionada en el Senado (porque no hacía falta).

Por mi experiencia (que no es demasiada, pero sí bastante) sé que sólo hay dos tipos de salida. No, en realidad hay tres, pero he visto pocos que consigan llegar a la tercera.

La primera: El troll gana. La gente empieza a discutir, el foro o el chat se convierte en un campo de batalla. Se olvida qué se estaba debatiendo antes, y se pasa a guerrear con armas como «déjame hablar», «tú no respetas a nadie», «no estás escuchando», y esa libertad de expresión que a casi todos los que la usan les es realmente desconocida. En estos casos, cuando interviene el Consejo Jedi (los ops, los mandamases, los moderadores o como se llamen) suele ser demasiado tarde. Por muchos trolls que expulsen, bloqueen, borren… el daño está hecho, y el Senado no volverá a ser el mismo en mucho tiempo. Puede que el canal o la web termine cerrando (a veces, es la mejor solución), o puede que se decida seguir a pesar de todo.

La segunda: El troll pierde. Este caso es menos frecuente, pero también se ha dado. Suelen darse varias circunstancias simultáneas: el Consejo Jedi op interviene a tiempo, mientras algunos de los senadores consigue dejar en evidencia la mala intención del troll. Habitualmente se expulsa del canal o de donde sea al troll. Todos cantan victoria… pero en todos queda ese «gusanillo» de la batalla. Suele dar lugar a una búsqueda de nuevos trolls. Una caza de brujas que desvía la atención de algunos Jedi.

En ambas soluciones, termina pareciendo buena idea iniciar una batalla, crear un ejército clon. Pero en ambas soluciones existe una falla: Posiblemente entren nuevos trolls, y entonces nacen los «cazadores de trolls», unos miembros del Consejo Jedi que, lejos de hacer bien, se convertirán en algo peor aún. Cuando se ha luchado contra un troll, uno se siente en la necesidad de seguir luchando contra ellos (por el bien, por la justicia y la verdadera libertad de expresión). ¿Y qué hace un cazador de trolls? Se convierte en un «aliado» de los senadores (tal vez de un Canciller, que después se revela como un Sith encubierto) que va buscando nuevos trolls. Y cuando los encuentra, lejos de avisar al Consejo Jedi, se planta delante del troll con su capa y su espada láser, y se pone a luchar con él abiertamente en el canal. Y suele vencer, a veces con ayuda de otros cazadores. El problema es que ese cazador de trolls ha cambiado. Ya no es el mismo. Y si le da la luz del sol, también se convertirá en piedra… porque para enfrentarse a ellos, se ha convertido él mismo en un troll. El Jedi ha sido tocado por el Lado Oscuro.

Y a unos cazadores de trolls es más difícil domarlos o vencerlos.

Para terminar, y siento ser pesado, vuelvo a invitarles a que le den una oportunidad. Léanlo, participen cuando tengan algo que decir, pongan un link en su blog (si disponen de él) y hagan un poco de sano proselitismo. Hay gente por ahí que lo agradecerá tanto como yo.

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