Tangram, de Juan Carlos Márquez

Tangram

Tangram

Tangram cuenta con uno de esos títulos oblicuos que tanto dicen y, a la vez, tanto se guardan a la espera de que el lector descubra las claves que encierra. Su autor, Juan Carlos Márquez, ha reunido siete historias breves que emulan las figuras geométricas del rompecabezas del mismo nombre; relatos con un cierto sentido por sí mismos que ven cómo éste se amplia a medida que los posteriores se suceden para formar un todo mayor. Además esa interacción entre ellos no ocurre de manera lineal, sino más bien global; cada uno mantiene conexiones explícitas e implícitas con el resto de manera que el todo es mucho mayor que la suma de sus partes.

Tangram nos lleva en una búsqueda en pos de las razones últimas de lo que les sucede a sus personajes por escenarios como Bilbao, un viaje por Islandia, un pequeño pueblo de Calabria o lo más recóndito de la campiña inglesa. Lugares donde padecen vicisitudes que a veces producirán ecos en otros relatos, o sufrirán efectos causados por algo que ya hemos leído. Así, por ejemplo, el personaje desencadenante de los fatales hechos de “El sótano” aparece en el segundo como sujeto de la investigación del detective protagonista y, también, es la hija pequeña de uno de los personajes que se presenta en otro. Márquez traza una compleja red que supone un plus adicional para su lectura. Sin embargo no es un ejercicio de estilo vacío. Las relaciones van más allá del simple engarce entre hechos o personas y unen temas como la soledad y el encuentro entre personajes dañados, la desconfianza y las barreras que levanta, cómo perdemos el control de nuestras vidas en cuanto interaccionamos con los demás, la incomunicación… Un microcosmos reflejo de ese mundo tan aterrador, confuso y carente de misericordia en el que nos movemos, donde el azar nos modela tanto o más que cualquier sentido que queramos imponer a nuestros actos.

Márquez cuenta cada historia en primera persona, y en presente, a través de uno de los protagonistas. Algunas tienen voz propia, caso de la que nos encontramos en “Crotone”, por el lugar donde se sitúa (un pueblo de Calabria dominado por la mafia de la región, la Ndrangheta) y tener a un niño como narrador; o “Gemelas”, un monólogo bastante intenso. Es posible que mi lectura no haya sido todo lo atenta que podría haber sido, pero apenas he encontrado rasgos diferenciadores entre el resto, aparte de algún que otro trazo mínimo. Una carencia que disminuye la riqueza del conjunto.

Y también tengo la sensación que no todas las narraciones tienen el mismo peso. A diferencia de las figuras de un tangram, aquí hay piezas más importantes que otras; unas principales que ayudan a cohesionar el conjunto mientras otras son más secundarias, meros apéndices de las primeras. Es bastante evidente en la comentada “Gemelas”, el elemento aglutinador final que cohesiona y cierra los interrogantes que han quedado abiertos, con mucho más peso que, por ejemplo, “Un millón de libras”. También se puede especular que esta interpretación es una consecuencia del orden en el que he leído cada una de ellas y que, en una relectura, jugando ya con el libro y tomando otro orden diferente al que “impone” la linealidad del volumen en papel, esta impresión se diluya.

En todo caso, Tangram es una novela estimulante que pone a la historia en primer plano y busca ser algo más que una colección de relatos. Una obra polifacética que, si era posible, afianza un poco más a Salto de página como sello imprescindible para estar al tanto de la mejor narrativa de género que se publica en España.

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