Paura volumen 4

Larga fue la gestación de este volumen de Paura, que llegó a las librerías con más de un año de retraso respecto a cuando debiera haber aparecido (finales de 2007). Una muestra de las dificultades que tienen las publicaciones formadas a base de relatos a las que apenas se acercan la gran mayoría de lectores, más interesados por novelones de (lo menos) 400 páginas.

Publicado por la nueva editorial Portal Editions, ofrece sustantivas mejoras de formato respecto a las tres entregas previas de Bibliópolis. Las que más destacan son el tamaño del volumen, bastante mayor hasta aproximarse al de las ediciones en rústica; el de la letra, lo que depara una lectura más cómoda; y un diseño y una maquetación menos convencionales, con un resultado final más agradable a la vista. Por contra hay que señalar el aumento de precio, el doble de los anteriores volúmenes. Supongo que una consecuencia de pasar a una editorial más pequeña y la imperiosa necesidad de conseguir, al menos, cubrir costes.

Pasando al contenido en sí, no puedo quitarme la sensación de que es, con diferencia, el Paura más flojo de los cuatro publicados hasta el momento. No he encontrado ningún relato que me haya inquietado y hecho removerme en el sillón como sí me ocurrió en las antologías anteriores. Está mal comparar pero no hay nada equipotente a cuentos como “Bibelot”, “Dragón podrido”, “El hombre de la pala”, “Huerto de cruces” o “Consuelo en la Luna”. Tampoco me queda claro que la selección haya sido del todo acertada. Por ejemplo ahí tenemos “Pityocampa”, de Nuria C. Botey, un relato imbricado en la España profunda de la posguerra, que le da la vuelta al mito de la lamia de una forma fresca, pero que concluye de forma bastante abierta dejando al lector con la sensación de haber leído un posible apunte de novela corta o, incluso, de novela.

Más grave me parece el caso de la pieza más extensa publicada en un Paura (habría que cotejar la extensión de “Capítulo LIII” aparecido en el segundo volumen), “Giovannina está contigo”, de David Mateo; una novela corta ramplona que dejó de interesarme desde el momento en que no se preocupa por situar la historia. El lugar donde ocurre el relato, los sitios que se describen, la personalidad de sus personajes, su evolución… deben ser coherentes con la narración, y aquí tenemos una historia gris sin apenas ambientanción que se desarrolla en Philadelphia porque así se nos dice, con personajes anodinos que tanto podrían ser de allí como de Malasaña, una serie de situaciones dilatadas que extienden la historia sin sentido, que se podría haber contado en la mitad de extensión… Pero lo peor es que no produce esa angustia existencial que se supone era el propósito de esta antología, y queda como un ejercicio superficial de ¿terror? contemporáneo. Cosa que en una pieza más breve, o más conseguida, habría importado menos, pero en una tan larga…

En la misma línea está “El encargo”, de Juan Díaz Olmedo, aunque al menos como thriller me ha resultado más interesante, con guiños Lovecraftianos, un escenario más cuidado y un ritmo alegre. Se aleja mucho de lo que habíamos leído al mismo autor en “Dragón podrido”, “El Señor de las Ratas” o “Casa de muñecas”, quizás porque es otra cosa. Una narración donde la acción es fundamental, menos adecuada para usar el estilo que nos había sacudido en los relatos anteriores.

Más conseguidos y, también, cercanos al “espíritu” de Paura son “El tacto de tu piel”, de Santiago Eximeno, una fantasía oscura que se desarrolla en su universo creativo de Umbría; “Sobras”, de Alfredo Álamo, un crudo descenso a los infiernos de la superficialidad y el arrepentimiento; “Expiación”, de Eva Díaz Riobello, donde destaca la voz del narrador al igual que en el arrollador “Facilis Descenus”, de Francisco Javier Pérez, probablemente el mejor relato de la antología. Y confieso que me ha sorprendido mucho “La sala de autopsias”, de la australiana Shane Jiraiya Cummings. No me gustaron demasiado los cuentos de autores extranjeros seleccionados en las anteriores antologías y aquí me he encontrado con una historia muy sencilla pero con un punto de perversión de lo más atractivo.

Y, poco más puedo decir… (quedan varios relatos por valorar pero apenas recuerdo de qué iban)

Releo lo escrito y me duele dejar la sensación de que este Paura no merece la pena. No es eso. Pero o bien la selección se ha descuidado o no había suficientes relatos de entidad para completar el volumen, lo que creo debiera haber conducido a una reapertura del plazo para reunir más material. En todo caso, espero que haya al menos otra entrega porque sería triste que una iniciativa como ésta concluyese su andadura con este regustillo a hiel.

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